La guerra de Siria ha sido siempre por el gas. El gas que tenía que llegar desde Qatar hacia Europa y con el que se eliminaría la dependencia que ese zombi que es la Unión Europea tiene de Rusia para calentar sus inviernos y elaborar sus comidas. Todo lo demás no es otra cosa que el envoltorio que unos y otros han querido poner al caramelo: que si "revolución", que si "democracia", que si... Nada de nada. Gas y solo gas.
Casi siete años después, el gas -y el petróleo- sigue siendo la causa fundamental que mantiene la guerra en Siria, especialmente alrededor de Deir Ezzor y los yacimientos situados al este del río Éufrates. El 12 de febrero el secretario de Estado de EEUU, Rex Tillerson, lo pudo decir más alto, pero no más claro: "Las fuerzas estadounidenses y de la coalición controlan hoy el 30% del territorio sirio, controlan una gran cantidad de población y controlan una gran cantidad de campos petroleros de Siria". Quienes aún pensáis que los kurdos no son los mamporreros de la estrategia de EEUU deberíais revisar vuestros planteamientos y vuestros análisis. Y vuestras cabezas. Por mucho que su discurso, asumido tan acrítica como irresponsablemente por mucha gente, se revista de autogestión y otras cuestiones, llamativas pero irrelevantes en el contexto geopolítico actual. Los kurdos son, hoy, uno de los principales eslabones de la estrategia imperialista y destructiva de EEUU en Siria y más allá.
EEUU está haciendo lo posible y lo imposible por provocar a Rusia, sin éxito hasta el momento. Y Rusia está haciendo todo lo posible por contenerse, con éxito hasta el momento. Pero eso dentro de Siria. Fuera es otra cuestión. Y fuera de Siria hay un conflicto cada vez más caliente y que puede incendiar lo poco que queda del mundo árabe: los yacimientos de gas marítimos que se disputan Líbano e Israel.
De todos ellos, el denominado Bloque 9 es en el que se han depositado más esperanzas por las grandes reservas de gas y petróleo que contiene. En el mapa que os pongo, la zona rayada es la que se disputan Líbano e Israel por cómo entiende cada uno la delimitación de sus fronteras marítimas.
El 18 de febrero Líbano alcanzó un acuerdo con tres compañías petrolíferas de tres países diferentes, Rusia (Novatek), Italia (Eni) y Francia (Total), para explotar esas reservas no sólo en el Bloque 9 sino también en el Bloque 4. De inmediato llegaron las amenazas del régimen fascista de Israel: "No nos provoquen y no exploren ni se acerquen a la línea de contacto". Y, también de inmediato, la respuesta de Hizbulá: "Atacaremos sin dudar si se impide o la entidad sionista establece alguna plataforma de prospección. Las observaciones del Ministro de Guerra en el gobierno del enemigo sionista son una nueva expresión de las continuas ambiciones israelíes para la riqueza, la tierra y el agua de Líbano y entran en el marco de la política de agresión contra Líbano y su soberanía y derechos legítimos. Reiteramos nuestra posición, firme e inequívoca, de enfrentar ferozmente cualquier agresión a nuestros derechos de petróleo y gas, defendiendo así los activos del Líbano y protegiendo su riqueza".
La respuesta de Hizbulá sorprendió por su dureza y porque no fue ni siquiera criticada por el gobierno de Hariri, que en realidad vino a apoyarla por boca del jefe del ejército libanés. Entonces todo el mundo entró en pánico, incluyendo al secretario general de la ONU que pidió la apertura de "un canal diplomático" para solucionar el entuerto. Y ya se sabe cuál es ese "canal diplomático": la presión de EEUU.
El subsecretario de Estado adjunto para Asuntos de Oriente Próximo de EEUU corrió a Beirut para parar el acuerdo y luego se trasladó a Tel Aviv para calmar a Israel. Los libaneses se mantuvieron firmes en su derecho a explotar el Bloque 9. Y para sorpresa de propios y extraños, los libaneses -cuyo primer ministro es el sunní Saad Hariri, cuya aventura reciente os comenté aquí y aquí entre otros análisis- han dicho a EEUU que este tema no puede separarse de los problemas de la región, que el Bloque 9 y el 8 no pueden separarse de la discusión sobre la Línea Azul (la demarcación fronteriza entre Líbano e Israel establecida por la ONU tras la vergonzosa retirada de Israel del sur de Líbano, derrotado por Hizbulá) y que ésta, a su vez, no puede separarse de la cuestión de Siria. O sea, que se vuelve al origen de todo.
Lo que está en juego es la "seguridad energética" de Europa y los intentos de reducir o eliminar la dependencia del gas ruso, hasta ahora fallidos. El 23 de enero de 2017 el régimen fascista de Israel llegó a un acuerdo con EEUU para invertir 3.750 millones de dólares en yacimientos marítimos pero mostrando, ya entonces, su miedo a que Hizbulá tuviese el armamento necesario para atacar esos yacimientos. También, y conociendo la relación entre Rusia y Hizbulá en Siria, ofreció a Gazprom una participación en su explotación que la empresa rusa rechazó por irrelevante. Entonces todo el mundo se felicitaba, hasta la UE firmo un acuerdo con Israel para sumarse a la explotación de esos yacimientos con la finalidad declarada de hacer de él "un proyecto mucho más fiable para Europa que el de Nord Stream 2". Pero la reacción de Hizbulá no ha caído en saco roto y todo el mundo sabe que Hizbulá nunca habla en vano.
Lo dicho, el Bloque 9 vuelve a situar todo en la casilla de salida de la guerra de Siria en 2011, solo que ahora se puede desplazar un poco más allá. Otra guerra por los recursos naturales se avecina.
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No me he podido resistir: los Juegos Olímpicos de Invierno de Seúl están terminando y nadie está hablando de ellos. Supongo que sabéis que Rusia no ha podido participar con su bandera acusada de dopaje masivo de sus atletas. Había una propuesta para que los atletas rusos desfilaran con la bandera de la victoria sobre el fascismo, pero el Kremlin la desestimó y ordenó que se desfilase con la bandera neutral, la de los aros olímpicos. Pero ha habido una mujer valiente, Svetlana Gladyseva, campeona olímpica en 1994 y ex Jefa de Deportes de la Federación de Esquí de Rusia que la ha levantado con orgullo y la ha llevado en todos los Juegos. En todas las ocasiones en las que la ha sacado los empleados del Comité Olímpico Internacional han intentado arrebatársela, pero no han podido. Svetlana siempre les ha retado: "No voy a renunciar a esta bandera, es la bandera de mi nación, la más grande del mundo". Escuchad lo que dice en inglés, para que todo el COI lo entienda. Y toda Corea del Sur, donde están prohibidos los símbolos comunistas.
Toda mi admiración por ella y su firmeza.
El Lince