Mostrando entradas con la etiqueta Ecología. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ecología. Mostrar todas las entradas

lunes, 16 de enero de 2023

Los regímenes totalitarios continúan oprimiendo a las personas libres

¿China? ¿Rusia? ¿Irán? ¿Cuba? ¿Venezuela? ¿Nicaragua?... Los regímenes totalitarios que amenazan al jardín occidental, con sus valores, continúan oprimiendo a las personas libres. Es sabido, por lo que hay que luchar contra ellos con todos los instrumentos a disposición de las democracias, "ya sean políticos, económicos o militares", como recoge el punto 8 del Acuerdo entre la OTAN y la UE.

¿Cuál es el problema? Pues que los regímenes totalitarios que continúan oprimiendo a las personas libres son los del propio jardín occidental. Con sus valores democráticos y todo.

Por si hubiese duda alguna de que toda la propaganda de Occidente no es más que humo, lo que está ocurriendo en Lutzerath (Alemania) es de risa si no fuese trágico. Pero claro, teniendo como referente a los fanáticos Los Verdes, rusófobos, atlantistas y fieles sostenedores de los neonazis ucranianos, esos que no tienen reparos en reconocer que seguirán apoyando al país 404, antes conocido como Ucrania, "no importa lo que piensen mis votantes", el recorrido "democrático" es muy corto, si es que se puede hablar de eso. Y ahora Los Verdes lo han vuelto a hacer y están reabriendo una mina de carbón a pesar de lo que piensan sus votantes, a quienes están dando palos, utilizando caballos y tanquetas de agua entre otras cosas. 

Incluso han detenido a la chavalita que se había convertido en el icono de la luna de miel entre el capitalismo occidental y el ambientalismo, Greta Thunberg. El ecologismo (?), como el progresismo (?) siempre deseoso de ser aceptado por la burguesía y entrar en palacio, ha declarado la guerra a su propia base electoral. Lo que me sigue sorprendiendo es que alguien pierda un segundo de su tiempo pensando si vota mientras contempla con tranquilidad lo que pasa desde su sillón.

Estamos acostumbrados. Y es que no hay nada como ver a los regímenes totalitarios oprimiendo a las personas libres. ¡Huy, perdón, que estoy hablando de las democracias consolidadas, de las democracias plenas, del jardín occidental que se tiene que defender de las agresiones de la selva!

Como Rusia está dando para el pelo al muy democrático Occidente, y como el más democrático Occidente sancionó a Rusia y está sufriendo sus propias sanciones, la ecuación energética del zombi europeo cambió drásticamente, sobre todo en Alemania. De modo que los muy democráticos gobiernos, con los Verdes y los progres en varios de ellos, han decidido hacerse marxistas (versión Groucho) y decir aquello de "tengo unos principios, pero si no te gustan tengo otros" y van a reabrir la mina de Lutzerath y otras.

Pero resulta que esta, en concreto, es de lignito, muy contaminante, y a cielo abierto. Es decir, que no es de galerías subterráneas sino que se va expandiendo. En la actualidad, la mina tiene 48 kilómetros cuadrados y su ampliación va a terminar con siete pueblos que la circundan. Todo por derrotar a Rusia, por supuesto.

Imagino a los de Greenpeace mordiéndose las uñas viendo cómo un régimen autoritario oprime a las personas libres por protestar. Ya estoy viendo su campaña de protesta. Imagino a toda esa pléyade de incautos e incautas, esa que se cree que el ecologismo y la progresía son en realidad ecologistas y progres, viendo cómo saltan por los aires décadas de discurso sobre eso de que hay que participar en las instituciones, que los movimientos sociales tienen que tener "representación política". Viendo, en definitiva, cómo el consenso "democrático", el consenso electoral, salta por los aires.

Ya en octubre el canciller alemán anunció la reapertura de centrales eléctricas alimentadas con lignito y se pudo ver al presidente del partido "ecologista" y ministro de Economía, firmar el acuerdo con el gigante energético RWE.

Luzerath se había hecho famoso cuando, hace unos años, varios movimientos ecologistas se instalaron en pueblos abandonados construyendo casas en los árboles, sistemas fotovoltaicos, centros comunitarios y repoblando un pueblo fantasma para demostrar que una sociedad basada en la justicia climática y la solidaridad es posible. Vuelvo a decir que no, que en Occidente eso no es posible y que, como Catón el Viejo, solo destruyendo a Occidente se puede salvar a la humanidad.

Estoy deseando ver cómo el capitalismo occidental, ahora que su chica les está saliendo rana, busca desesperadamente otra referencia, a ser posible mujer, con la que volver a los encuentros paternalistas donde los referentes del capitalismo occidental, en su agonía, ponen su mejor sonrisa al hablar de su interés por "los temas medioambientales".

Y estoy deseando ver si de una puñetera vez los movimientos ecologistas asumen una caracterización anticapitalista, puesto que ahora no la tienen (y soy muy generoso calificándolos de ecologistas y no de ambientalistas).

El Lince

miércoles, 15 de abril de 2020

No hacer de la ignorancia un argumento

El zombie de la UE sigue revolviéndose como si estuviese vivo. Los nigromantes continúan con sus experimentos y los propagandistas habituales siguen siendo fieles escribanos a las órdenes de su señor. Si ya ensalzaron la tontería lanzada por el Partido Demócrata de EEUU -un sector, ese que entronizó a Bernie Sanders como un "rojo" y que tiene en Alexandria Ocasio-Cortez a uno de sus máximos exponentes- del Green New Deal (Nuevo Acuerdo Verde), ahora vuelven con energías renovadas (por el chute de dinero que habrán recibido).

Son los mismos, revestidos de progresismo, de ecologismo y demás ismos insignificantes. Sobre todo cuando ese ismo se refiere a "europeísmo".

Resulta que ese zombie que es la UE, que no es una sino tres, publicó el 9 de abril un manifiesto titulado "Recuperación Verde" del que son firmantes 12 países (un poco entremezclados los representantes de las tres tendencias, aunque hay predominancia de la Europa Mediterránea) que pretende que la salida de la recesión en la que ya está la UE por el coronavirus tiene que ir "de la mano" de la "acción medioambiental". No son solo países, son también partidos, empresarios (por ejemplo, en el caso español está Iberdrola) y como no podía faltar, sindicatos. Incluso ONGs. Vamos, todos buenos servidores porque están muy acostumbrados a las subvenciones. Y eso va a suponer que nos van a bombardear con decenas de artículos sobre la bondad del proyecto.

Y para venderlo bien, hay que endulzarlo. Se habla de "situación difícil", de "shock para la economía más duro que la crisis de 2008" y de que, por ello, tiene que haber una "respuesta económica coordinada" que no puede ser igual que la del 2008 porque "hacen falta más inversiones y menos austeridad". Preguntas ¿con esta UE? ¿con la que acaba de demostrar lo que es aplastando a los países mediterráneos que imploraban los "coronabonos" para salir de la pandemia? ¿de verdad se puede ser tan ingenuo?

Igual me he adelantado, perdón. Porque leyendo... "a diferencia de 2008, la transición ecológica es mucho más fácil ahora: las energías renovables con muchísimo más rentables y baratas que antes". ¡Cachis, lo de siempre! Y yo que empezaba a creérmelo. Supongo que recordaréis el "impuesto al sol" que existió en el Estado canalla, más conocido como España, entre 2015 y 2018 y que fue abolido al perder el PP las elecciones. Y supongo que sabréis que existe en Bélgica y que en Alemania están a punto de imponerlo. Y resulta que estos tres países están entre los proponentes de la pomposa "Recuperación Verde". Luego aquí hay gato encerrado, sobre todo si las eléctricas están por medio.

O tal vez no sea más que un engañabobos para ocultar el famoso "Plan Marshall" que reclaman casi todos los gobiernos, empezando por el español. Y así los dos socios del gobierno de "progreso", PSOE y UP, tienen una patita en cada historia: los unos, a lo duro y los otros, a lo blando. Porque los dos planes son lo mismo: ayudas a empresas, nada de justicia social. Aunque se pinte de verde.

Porque, de inmediato, y como mal pensado que soy, voy y me dedico a hurgar. Y entonces veo lo que hay detrás. Porque en paralelo a esta iniciativa tan bonita como engañosa hay esto otro: "BlackRock asesorará a la UE sobre regulación verde para los bancos". Un momento, ¿BlackRock? ¿El mismo fondo que no solo es accionista de innumerables empresas (entre ellas de petróleo y gas) sino que vota sistemáticamente en contra de todas las cuestiones relacionadas con la sostenibilidad y el medio ambiente? ¿el que está asesorando a Trump sobre cómo manejar económicamente el coronavirus en EEUU? ¿el que está detrás de la privatización de las pensiones en Francia? ¿el fondo buitre que controla casi 30.000 viviendas de alquiler en el Estado español? Pues sí, el mismito BlackRock.

Ahora entenderéis mejor lo que también os dije del cuento para niños del capitalismo con rostro verde, como cuando en Davos se llevó a "ecologistas" para mostrar preocupación por el cambio climático. ¿No os dije quién compone la Junta de Asesores Asociados de Davos que estaba detrás de la Agenda del Cambio Climático que se discutió allí? Os lo dije: entre otra gente, BlackRock.

El círculo se cierra. La UE no da más de sí. Niños y niñas "progres": engañar no está bien. Si no lo sabíais, mal. Pero en cualquier caso os voy a ayudar un poquito con la cultura recuperando a Joan Fuster diciendo algo que tendría que convertirse en norma: "no hagas nunca de tu ignorancia un argumento".

El Lince

viernes, 14 de febrero de 2020

La antítesis está en el Caribe

¿Recordáis el nuevo cuento para niños que se nos relató en Davos? Un cuento pintado de verde para hacerlo más tragable. Los capitalistas sin alma decidieron que había que tenerla y pintarla de verde, y decidieron que había que demostrar que se vuelven buena gente llevando a otras buenas gentes y permitiénendolas hablar, como a esa buena chica llamada Greta Thunberg convertida en el icono de quienes dicen que se preocupan por el planeta. Y todos tan contentos. ¿Os dije que detrás de la Agenda del Cambio Climático está la Junta de Asesores Asociados de Davos en la que está Cristina Lagarde, directora del Banco Central Europeo y ex jefa del FMI; David Rubinstein, fundador de Carlyle Group (principal firma de inversión global); Feike Sybesma, preboste de Unilever (multinacional de alimentos) y encargado del Banco Mundial para el carbono; Larry Fink, preboste de BlackRock (fondo de inversiones que está detrás de la reforma laboral y de pensiones en Francia), que...? ¿No lo dije? Se me olvidaría. Un error imperdonable que tal vez habréis subsanado leyendo los muy democráticos medios de propaganda habituales. Mientras tanto...

Érase una vez un país pequeño, pobre, maltratado, vilipendiado y despreciado casi por todas las buenas gentes que acudieron a Davos a pintarse de verde que resulta que ¡es verde! Sin recurrir al capitalismo, sin recurrir al FMI, sin recurrir al BM, sin recurrir a Davos. Sin recurrir a Greta alguna que llene páginas y horas con sus trenzas hablando de lo bonito que es el color verde. Sin estridencias, trabajando día a día y convirtiendo en norma lo que para el capitalismo verde es la excepción: la agroecología.

Este país pequeño, pobre, maltratado, vilipendiado y despreciado por casi todas las buenas gentes que acudieron a Davos a pintarse de verde resulta que tiene los ríos más limpios del mundo, con niveles más bajos de contaminación del mundo por fertilizantes. En consecuencia, este país es el puntero del mundo en agua dulce. Un país que está rodeado de agua salada por todas partes. Este país es una isla. Se llama Cuba.

No busquéis los datos entre los ecologistas occidentales -y tampoco en los otros-, no lo busquéis entre los capitalistas vestidos de verde. Ambos son como la mafia, comportándose como la mafia: la "omertá", la ley del silencio es su norma. Sólo hablan de la nueva ley escrita en Davos. Todo lo que no se escribió ahí no existe. Y más si quien está a la vanguardia pasa de Davos (y sus añadidos de colores) como de comer mierda.

Cuba es un país pequeño, pobre, maltratado, vilipendiado y despreciado por todas estas buenas gentes pintadas de verde. A pesar de tener una historia de agricultura intensiva (la caña de azúcar) tras la desaparición de la URSS y del "campo socialista" Cuba convirtió a la necesidad en virtud y en lugar de recurrir a los caminos trillados que tan bien conocemos (mirad a vuestro alrededor) decidió centrarse en la agroecología, en reconvertir su agricultura a prácticas agrícolas de menor escala y más sostenibles. Era el año 1990, el inicio del "período especial". Y hoy, 30 años después, es el país más desarrollado del mundo en esta área.

Este país pequeño, pobre, maltratado, vilipendiado y despreciado por todas estas buenas gentes pintadas de verde también está sometido a bloqueo, desde hace 60 años, por el patrón de todos ellos: EEUU. Pero pese a todo, está por encima de todos y cada uno de los países de estas buenas gentes pintadas de verde.

Perdón, casi me olvido también de deciros que no son estos pérfidos comunistoides cubanos quienes lo dicen para darse bombo, sino la Geological Society of America (30 de enero de 2020) que no puede evitar rendir homenaje a quien así se comporta y finaliza su estudio diciendo: "esto sugiere los beneficios del cambio de Cuba a la agricultura de conservación después de 1990 y proporciona un modelo para una agricultura más sostenible en todo el mundo".

Bueno claro, en Davos no se habló de agricultura sostenible sino de cambio climático. La agricultura quedó en las manos de siempre, en las multinacionales y con los conservacionistas más o menos "progres" desplegando la alfombra roja para ellas. Pronto veremos la comida sintética sin necesidad de agricultura y ganadería en nombre del planeta. O carne falsa para las clases bajas (y dirán que así se combate al hambre), si es que lo pueden pagar aunque ya hay algo similar en los Burger King o McDonalds.

El Lince

martes, 21 de enero de 2020

Capitalismo para todos (pintado de verde)

Hoy ha dado comienzo el ritual anual del capitalismo: el Foro de Davos. Y lo quieren hacer grandioso porque cumple 60 años: 2.800 invitados de 118 países (de ellos, 1.700 son empresarios), políticos, politiquillos, "líderes sociales", "figuras públicas"... ¡Qué bonito!, que suenen las trompetas, que arrojen pétalos de rosas a nuestros benefactores porque...

El lema de este año es, también, grandioso: "Capitalismo para todos". ¡Ah!, se les ha ido un poco el buenismo porque de forma encubierta reconocen que el capitalismo hasta ayer no era para todos. Debe ser porque ayer se dijo eso de que los 26 más ricos del mundo tienen tanto dinero como la mitad de la población del planeta. Pero tranquilidad, eso era ayer. Hoy todo el mundo es bueno, de lo mejor, y el capitalismo va a ser para todos. Ya me estoy imaginando a esos 26 dándose golpes de pecho y lamentándose por lo que tienen y cómo van a dar un poquito a los que no tienen. Leyendo los temas de discusión no puedo evitar las lágrimas: "el objetivo es crear el capitalismo de los interesados", que todo el mundo quiera hacerse rico es legítimo y hay que ayudar. O sea, un "capitalismo popular" que hasta ayer no se veía por ninguna parte. Pero eso era ayer. Hoy Davos lo cambia todo. Me veo obligado a mostrar mi más sincero agradecimiento. Gracias, ricachones, gracias por vuestra condescendencia y magnanimidad.

Y me imagino los discursos autocríticos con el neoliberalismo, al que van a dar si no por muerto sí por amortizado. Eso ha creado demasiados pobres. Y pobres los pobres. Por eso ahora hay que hablar de "capitalismo para todos". Por eso y porque anda por ahí circulando una encuesta terremoto, hecha en todo el mundo y según la cual el 56% de los habitantes del planeta creen que el capitalismo "hace más daño que bien".

Así que ahora los capitalistas se asustan un poquito, y ahora resulta que ahora los capitalistas van a recuperar el Estado, ese estado que han destruido con el neoliberalismo. Y por ello hablan de "revitalizar la asociación público-privada", o sea, una especie de socialdemocracia muy devaluada (el retorno de Keynes) como la que existió en Europa hasta la desaparición de la URSS. Una "asociación público-privada" que debe actuar en seis áreas: ecología, economía, sociedad, industria, tecnología y geopolítica. No sé si os habéis dado cuenta, pero el orden de los factores sí altera el producto. Ecología en primer lugar, economía en el segundo...

"Enfrentando el apocalipsis climático". "Camino sostenible hacia el futuro común". "Libérese del plástico desechable". Así se denominan algunas de las sesiones de estos tres días. Y ahí tenemos a nuestra joven heroína, Greta Thunberg, hablando en Davos sobre todo esto, siendo aplaudida por estos arrepentidos depredadores, como lo serán otras figuras que hablarán sobre feminismo, igualdad de género, derechos de las minorías sexuales... No me diréis que no es para llorar de agradecimiento. ¡Gracias, mil veces gracias!

Casi a otro nivel está el tema económico: "Pronóstico económico global" (y el FMI diciendo que ciudadito que puede haber una nueva recesión), "El futuro de los mercados financieros", "El futuro de la economía digital". Tanto interés por el futuro significa que el presente no se tiene claro. Y no se tiene, entre otras cosas, porque lo que han dejado para lo último o como último tema, la geopolítica, es lo primero y está revuelto. Por eso en Davos se va a hablar de "El futuro de la política exterior de EEUU", "Prioridades del G-7" (sin tener en cuenta que aquí no está ni Rusia, ni India, ni Indonesia, ni México, ni Brasil...) o sobre "Nueva narrativa europea" (pero con el secretario general de la OTAN como perro cancerbero estrella).

En fin, de esto es de lo que están hablando ahora y estos tres días. Pero como mal pensado que soy lo interpreto a mi manera: el capitalismo ha alcanzado un punto de crisis real, una crisis de sobreproducción que se está enfrentando a dos intentos de salir del embrollo diferentes: el de EEUU, que está actuando ahora en el segmento más retrógrado y reaccionario del capitalismo (casi un neofascismo dentro y fuera del país) y el de una moribunda Europa que quiere levantar algo la cabeza poniendo el énfasis en el color verde. Y Europa lo ve como una oportunidad para hacer negocios (con el añadido de Greta, buena chica) porque una buena mano de pintura verde puede ocultar el rojo de la sangre y la pobreza.

Y aquí están los verdes, sobre todo los alemanes, defendiendo el "progresismo capitalista" (¡huy, casi hablo de los "progres" españoles de Unidas Podemos!).

Es la importancia de los que mandan, cómo manipulan el lenguaje y a nosotros mismos, cómo se dan una pátina de democracia invitando a personajes y personajillos "de oposición" (de nuevo Greta y similares) y cómo, con todo ello, forman las opiniones de la mayoría. O sea, la nuestra. Lo más gracioso de todo es que en esta sesión de Davos a la aparición de estos personajes "sociales" se le ha llamado "contraste de estrategias". No me negaréis que no es democrático.

Mañana hablará Trump, y mañana todo el mundo verá cómo a Trump se le lee la cartilla con lo del cambio climático. Y se dirá algo así como ¡hemos ganado a Trump, se ha quedado solo! La pintura verde sobresaldrá sobre todas las demás. Sobresaldrá sobre la pugna con China y el acuerdo comercial de "fase 1".

En definitiva, mucha retórica pero mucha preocupación porque el modelo de producción capitalista está tocado y por eso hablan ahora de "nuevo modelo de desarrollo" (verde) porque es la única posibilidad de que el sistema capitalista se mantenga vivo y se reduzcan los riesgos de una nueva crisis que sería más dura que la de 2008 y, tal vez, letal.

El Lince

miércoles, 13 de julio de 2016

La lección de los ignorantes a los Premios Nobel

Recordaréis que no hace mucho tiempo un puñado de Premios Nobel y otros científicos paniaguados, al servicio de las grandes industrias "alimentarias" como Monsanto, Syngenta, DuPont o Dow Chemical se atrevieron a criticar a Greenpeace por su oposición al arroz dorado transgénico diciendo, ni más ni menos, que ello equivalía a un "crimen contra la humanidad".

Los transgénicos son buenos y si lo dicen los Premios Nobel, al servicio del sistema y de las empresas que sustentan este sistema, será que es así. Los ignorantes, que para eso son ignorantes, no tienen nada que decir frente a la inteligencia manifiesta de tantas lumbreras.

Los Premios Nobel no saben que los agricultores indios rechazan los transgénicos, ni tampoco que los agricultores españoles hacen lo mismo. Seguro que hay muchos otros lugares donde lo hacen, pero me voy a centrar en lo que acaba de pasar en una zona muy extensa del Estado español (España, para otras latitudes) que se llama Aragón y que es uno de los lugares donde más terreno se ha sembrado de maíz transgénico. Pues bien, los agricultores de esta zona han decidido renunciar a plantar maíz transgénico y han comenzado a optar por siembras de otros alimentos naturales, incluyendo el propio maíz.

 Los agricultores aragoneses lo hacen por varias razones, entre ellas que el maíz transgénico es más caro, por lo tanto menos rentable, que la cosecha es peor que la del maíz natural y que el maíz transgénico perjudica a la larga el rendimiento de las plantaciones. Añaden, además, que no es cierto que sea un medio eficaz para combatir el hambre porque lo que se ha hecho con las semillas transgénicas es aminorar y liquidar las especies locales. 

Esto está comenzando a ser corroborado por otros estudios -hechos por las propias instituciones- que cuestionan lo que dicen los paniaguados y famosos Premios Nobel: "la disminución de las cosechas de maíz transgénico es un hecho y eso ha permitido que los cultivos de maíz tradicional sean más eficientes en términos económicos".

Los Premios Nobel son muy listos, pero también hay otros listos por ahí que no son Premios Nobel y que dicen, por ejemplo, que el maíz transgénico no es tan resistente a los gusanos que comen el maíz como dice Monsanto y los famosos Premios Nobel. Resulta que estos listos no Premios Nobel hacen estudios y llegan a conclusiones radicalmente diferentes a las de los famosos Premios Nobel. Puede ser por dos razones: o porque son más íntegros o porque no están en nómina de las multinacionales. Elegid la que queráis.

Por ejemplo, el pasado día 10 se publicaron dos estudios, realizados por dos equipos de investigadores diferentes y en lugares diferentes, sobre el maíz y el algodón que llegan a las mismas conclusiones críticas con los transgénicoslos gusanos evolucionan y son capaces de resistir las toxinas que incorpora el maíz transgénico (por lo tanto, uno de los principales mitos de Monsanto y sus apologistas se desvanece porque las cosechas sí son atacadas por los gusanos) y, por otra parte, las variedades de algodón que han sido tratadas de una forma similar lo que están logrando es inhibir el desarrollo de hongos naturales que tienen funciones útiles para el crecimiento y la salud de las plantas que mejoran la absorción de nutrientes y generan una especie de inmunidad natural a las enfermedades y plagas.

Así que mira tú por donde, las dos cuestiones llevan a las mismas conclusiones: toda la historia, científica y literaria, sobre los transgénicos es más que cuestionable. Aunque la defiendan los famosos y paniaguados Premios Nobel y sus campañas bélicas contra quienes las refutan, sean Greenpeace, otros listillos que no son Premios Nobel y los agricultores ignorantes.

En este caso, los ignorantes agricultores aragoneses han dado una lección a los famosos Premios Nobel. Claro que como para ellos los ignorantes son invisibles, no tendrán ninguna noticia y no les hará la más mínima mella, al igual que no les hace mella la resistencia de los agricultores de la India a los transgénicos. Tampoco los medios de propaganda se harán eco de ello, como sí se hicieron de la carta de los famosos y paniaguados Premios Nobel contra quienes se oponen al arroz dorado y otros transgénicos.

Ya veis, parece que la verdad está ahí fuera, en los campos y en quienes los cultivan.

El Lince

domingo, 3 de julio de 2016

El factor cien de los científicos

Primero fueron las llamadas élites políticas quienes arremetieron contra "las masas ignorantes" británicas por haber tenido el atrevimiento de rechazar la Unión Europea. Luego fueron los paniaguados académicos de esas élites quienes arroparon con su discurso académico el que "las masas ignorantes" no tienen potestad de posicionarse sobre ciertos temas precisamente por su ignorancia. Luego fueron los famosos Premios Nobel quienes arremetieron contra los ecologistas por tener el atrevimiento de rechazar los alimentos transgénicos. Como no somos británicos, no nos incumbe. Como no somos académicos, no nos incumbe. Como no somos ecologistas, no nos incumbe. Como en el famoso poema, cuando vengan a por mí ya sólo habrá un enorme rebaño que acepta todo.

La guerra es cada vez más clara y abierta. Es una guerra a gran escala frente a la que hay que responder a gran escala. Cuando se acusa a los ecologistas -aunque se centre la crítica en el más fuerte, Greenpeace- de "crimen contra la humanidad" ya no hay ninguna barrera para el sistema. Los famosos Premios Nobel no arremeten contra el sistema por sus crímenes contra la humanidad -por ejemplo, el desarrollo cada vez más sofisticado y mortífero de armas-, ni contra la causa que genera desnutrición y pobreza que no es el arroz sin vitaminas sino el mismo sistema. La pobreza y la desnutrición no surgen como las setas, por generación espontánea, sino que son consecuencia de un sistema social y político concreto: el capitalismo. Lo que sí hacen es aplicar "el factor cien" que EEUU aplicó a rajatabla en la guerra de agresión contra Vietnam.

Los famosos Premios Nobel han arremetido contra Greenpeace por su crítica contra el arroz amarillo porque, dicen, ayuda a que los niños puedan reforzar su organismo con la vitamina A y, así, poder prevenir la ceguera. Pero los famosos Premios Nobel van más allá: acusan a Greenpeace por rechazar todos los transgénicos. Greenpeace tiene predicamento entre "las masas ignorantes" y hay que destrozar todo eso. Las masas ignorantes sólo tienen que seguir a quienes tienen que seguir, y eso lo decide el sistema. Nada mejor que los famosos Premios Nobel para decirlo. No hay que dudar de la ciencia, al menos en este caso porque si hablamos de religión... 

El problema es que las empresas han manipulado la idea de la ciencia y han sido capaces de distorsionar la investigación científica. Su gran influencia financiera significa, de hecho, el control de la misma ciencia y de las instituciones científicas. El resultado es que los institutos de ciencias, los programas de investigación y los propios profesionales sirven de buen grado a los intereses de las grandes corporaciones. Aquí está en el engaño. Porque la ciencia, tampoco es neutra.

Corría el año 2014 cuando el secretario de Agricultura (ministro) de EEUU solicitó a la ciencia "una postura sólida" para apoyar el comercio de alimentos de EEUU en todo el mundo. Hasta aquí, bien. Pero la historia es otra y tiene que ver con los famosos Premios Nobel. Resulta que en EEUU los ecologistas y los consumidores presionaban para que el gobierno pusiese en todos los alimentos transgénicos la etiqueta diciendo que son transgénicos. Y el gobierno dijo que no, que se corría el riesgo de "enviar una impresión equivocada de un problema de seguridad" y que dificultaría el comercio. Y entonces recurrió a la ciencia para la "postura sólida" al respecto. Este es el origen de lo que vemos ahora.

Los patanes ignorantes habían creado el "derecho a saber" qué hay detrás de las empresas que investigan los transgénicos y los científicos. Y encontraron que gran parte de los científicos que defienden los transgénicos tenían relaciones con empresas como Monsanto, Syngenta, DuPont, Dow Chemical y con empresas de comunicaciones como Fleishman Hillard y Ogilvy & Mather que se dedicaban a difundir de inmediato artículos "adaptados al gran público" para difundir las bondades de los transgénicos.

Encontraron un dato muy aleccionador: uno de los científicos había sido empleado de Monsanto durante nueve años, de 2004 a 2013, y cuando se convirtió en editor asociado de una revista de cabecera como Food and Chemical Toxicology lo primero que hizo fue eliminar de la misma un estudio dirigido por el biólogo francés Gilles-Eric Seralini en el que se demostraba que los alimentos transgénicos habían causado importantes problemas de salud en las ratas, especialmente entre las hembras con tumores mamarios. 

Así que los científicos partidarios de los transgénicos cambiaron de táctica y acusaron a los detractores de "menoscabar la libertad académica". ¿La censura? Es necesaria para el gran objetivo: no hay peligro con los transgénicos y cuestionarlo ataca ni más ni menos que la libertad académica.

Se habla mucho de las puertas giratorias de los políticos, pero no se habla apenas de las puertas giratorias de los científicos, incluidos los famosos Premios Nobel y los científicos que les han secundado en su crítica contra Greenpeace. Muchos de ellos no sólo forman o han formado parte de las grandes empresas de la agroindustria, sino que también lo son de los organismos reguladores de los alimentos a nivel estatal. En el de EEUU hay ni más ni menos que ocho ex trabajadores de Monsanto. Lo mismo ocurre en la moribunda UE y en otro país donde se está desarrollando la guerra contra los patanes ignorantes: India

Aquí la resistencia a los transgénicos es muy alta y es donde se está centrando la gran batalla de la que Greenpeace es uno de los grandes objetivos, pero sólo en tanto que tiene mucho predicamento en el mundo occidental y hay que evitar que desde aquí se apoye la lucha de los agricultores indios. En la India Monsanto es propietario del 90% de las semillas de algodón que se plantan, por ejemplo. Y eso ha sido una decisión tanto del Ministerio de Agricultura como del Consejo Indio de Investigación Agrícola, institución público-privada relacionada con la industria de la biotecnología. La situación es igual en casi todo el mundo (por cierto, el único país del mundo que ha prohibido los transgénicos es Rusia).

La resistencia de los agricultores a los transgénicos en la India es muy alta. Tanto que, gracias a su lucha, el Tribunal Supremo ha ordenado la paralización de la siembra de berenjenas transgénicas y los "ensayos a campo abierto" de otras semillas si no van acompañados de "controles exhaustivos y rigurosos de evaluación de riesgos".

En la India se habla de "efectos no deseados" de los transgénicos, de que tardan años en aparecer, pero aparecen, y que hay que preservar la biodiversidad, algo que también dice Greenpeace en su respuesta a los famosos Premios Nobel. Las élites políticas que desprecian a "las masas ignorantes" despreciarán, también estas cuestiones. En la India la lucha y la resistencia de los agricultores ha logrado importantes victorias y hay que impedir una más contra el arroz transgénico. Eso es lo que hacen los famosos Premios Nobel.

Los famosos Premios Nobel que tienen el atrevimiento de hablar de "crimen contra la humanidad" son conscientes de sus mentiras aunque las arropen con un lenguaje científico. El crimen contra la humanidad está en otra parte pero, como en la guerra de agresión contra Vietnam, lo que hay que hacer es aplicar el "factor cien": si los muertos son nuestros, dividimos por cien; si los muertos son del enemigo, los multiplicamos por cien. Este es el factor que han aplicado los famosos Premios Nobel.

El Lince