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lunes, 18 de febrero de 2019

Esto no es Venezuela, pero...

… a Venezuela le ha salido un defensor sorprendente y sorpresivo: el pueblo de Haití.

Por partes.

Primero, un vídeo. No es de Venezuela, por supuesto, sino de Francia, la Francia madre de la democracia con eso de "libertad, igualdad, fraternidad", el lema del que se apropia sin el menor sonrojo la burguesía. La Francia en la que los "chalecos amarillos" llevan ya 14 semanas de lucha sin desfallecer. Esto no es Venezuela ¡Qué se le va a hacer! Los demócratas habituales pueden seguir entretenidos llevando la democracia al mundo, sobre todo a Venezuela donde ya se sabe, hay una dictadura tan curiosa que no detiene al títere reconocido por los demócratas habituales en flagrante violación del derecho internacional pero ¿a quién le importa el derecho internacional si no beneficia a los demócratas habituales? Esto no es Venezuela y los "progres" pueden continuar alucinando y preguntándose por qué en vez de protestar no se les vota a ellos, tan majos y tan dispuestos a llevar las reivindicaciones del populacho, de los "palurdos", a las instituciones.

Segundo, los timoratos de la "transversalidad", los niñines y niñinas que están encandilados con viejecillas antaño peleonas y hoy connotadas y agresivas defensoras del sistema (como la alcaldesa de Madrid), deberían salir de su ignorancia ilustrada y saber que la extraña dictadura de Venezuela ha sido fundamental para el sostenimiento de millones de personas en el Caribe y más allá. La situación de Venezuela tras la muerte de Chávez no se debe sólo a la inoperancia de la camarilla dirigente actual, sino a las sanciones y a la agresión externa de esos demócratas habituales que ahora reconocen al títere. Pero...

Resulta que el pueblo de Haití también está en la calle, como los "chalecos amarillos" franceses. Haití, el pueblo que se rebeló contra la metrópoli francesa creyendo que eso de "libertad, igualdad y fraternidad" también iba con ellos, pobres esclavos, se encontró con una implacable represión. "Libertad, igualdad y fraternidad" si, pero no para los negros. Vamos, lo mismo que está pasando hoy en Venezuela. Fijaos en las fotos de unos, blanquitos -a quienes amparan los demócratas habituales- y de otros, pardos, quienes defienden lo poco o lo mucho que haya que defender en la Venezuela bolivariana.

A lo que voy. Haití logró su independencia, pero tuvo que pagar a la metrópoli por ella, pagos que, por cierto, todavía se producen a Francia. Haití es un foco de corrupción de las ONGs, de la ONU (¿o no recordáis la violación de mujeres y jovencitos producidas por las tropas uruguayas y brasileñas de la ONU? ¿Y qué me decís del foco de cólera que hubo y que llegó a través de las tropas nepalíes de la ONU y que la ONU negó durante meses mientras morían los haitianos?), de los Clinton, de...

Con todo, sólo dos países se preocuparon de verdad por Haití: Cuba, que envió sus mejores médicos tras el terremoto de hace unos 9 años, y Venezuela, que gracias a Petrocaribe (producto de Chávez) ayudó significativamente a paliar la escasez de combustible en Haití.

Venezuela proporcionó a Haití un sistema preferencial de pagos en la compra de petróleo (traducido, Haití pagaba sólo el 60% del precio y el resto se financiaba a 25 años al 1% de interés, repito, al 1% siempre que los precios se mantuviesen por encima de los 40 dólares por barril). Cuando EEUU impuso al títere en Venezuela, muchos vasallos se apresuraron a reconocerle. Entre ellos, Haití. Y aquí el pueblo dijo que no, que basta. Y salió a la calle, está aún en la calle defendiendo a Venezuela y a Petrocaribe. Y preguntando que dónde ha ido el dinero que se ahorró el país gracias a la generosidad de Venezuela y que ha repercutido muy poco en su bienestar.

Piden la renuncia del presidente, pero a diferencia de lo que ocurre en Venezuela los demócratas habituales pasan de ellos. Ni caso. Es más, con el cinismo que es habitual, Bolton no tiene empacho en publicar esto:

Apoyo total, diálogo, etc. ¿A que es lo mismo que oís en Venezuela? Como siempre, los demócratas habituales a lo suyo. ¿Y qué es lo suyo? Pues ni más ni menos que diciendo que "Maduro agita el descontento" (sic). Pero el pueblo de Haití, otra vez, está demostrando tener mucho más corazón y cabeza que los "progres" de cualquier país de demócratas habituales y estos están tranquilos, tranquilas. A fin de cuentas, esto no es Venezuela.


Podéis hacer un seguimiento de lo que pasa aquí.

Y os dejo una foto que es el referente de lo que os cuento.


El Lince

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Elogio de la ONU, esta vez en Haití

Supongo que a estas alturas de la historia habrá pocos –es un decir, lamentablemente no es así y seguimos creyendo en los cuentos para niños de lo real y lo imposible- que piensen que la ONU sirve para algo: derecho de veto, obsolescencia en los integrantes permanentes del Consejo de Seguridad, lentitud exasperante en la toma de decisiones y correa de transmisión de los intereses imperialistas. Ya os dije que uno de sus más sonoros fracasos, otro más, es ese cuento para niños de los Objetivos de Desarrollo delMilenio. Por no hablar de Palestina, o de Irak, o de...

Cuando el nicaragüense Miguel D’Escoto fue presidente de la Asamblea General de la ONU, en el año 2009, se encontró con un sistema corrupto y, por ello, servil a las presiones de los que más poder tienen. Pero ha sido el único que ha intentado hacer algo para que se reformase.

Miguel D’Escoto fue un presidente atípico y su mandato pasará a la historia de las relaciones internacionales por haber puesto en marcha dos iniciativas que molestaron, y mucho, a Occidente. La primera, la organización de una conferencia sobre la crisis financiera y económica mundial y sus impactos sobre el desarrollo; la segunda, la invitación a destacados intelectuales como Jean Bricmont, Ngugi wa Thiong’o y Noam Chomnsky, entre otros, para debatir frente a/con los siempre acartonados representantes diplomáticos ante la ONU sobre la nueva estrategia con la que Occidente quiere salvar su cara depredadora e imponer un nuevo sistema en las relaciones internacionales: la “responsabilidad de proteger”.

Es lo que antes se llamaba sin tapujos “derecho de injerencia”. Pero ese “derecho de injerencia” o “responsabilidad de proteger” no se aplica, por ejemplo, a los palestinos. Que les pregunten a ellos cómo ha ejercido la ONU este flamante uso de “la responsabilidad de proteger” a un pueblo que está siendo borrado de la faz de la tierra por el régimen fascista de Israel.

Uno de los países donde la ONU ha impuesto su “responsabilidad de proteger” es Haití, donde hay “fuerzas de paz” desde hace 2004, cuando una “intervención militar conjunta” de EEUU, Canadá, Francia y Chile derrocó al presidente constitucional Jean Bertrand Aristide. Hoy hay “fuerzas de paz” de 22 países con un total de 7.000 soldados.

No os voy a recordar el brote de cólera causado por estos soldados en 2010 y que ha matado al menos a 8.300 personas según la propia ONU, ni que aún sigue sin haber ni un solo responsable por ello; ni siquiera ha habido el recurso habitual de Occidente: pagar a las víctimas una compensación miserable.

Voy a poneros un ejemplo de cómo la ONU aplica eso de “fuerzas de paz”: a tiro limpio. Los altos niveles de corrupción en el gobierno, la miseria, el que no se haya reconstruido el país tras el terremoto de 2010, ese que salió tantas veces en los medios de propaganda (antes llamados de comunicación) contando las bondades de los gobiernos occidentales y de los “solidarios” prestos a “ayudar” a los negritos, han llevado a la población de Haití a la desesperación y a la protesta. Contra todo y contra todos.

Las elecciones se vienen retrasando desde el 2011 porque todos están corruptos hasta la médula aunque la escusa oficial, defendida por la ONU, es "problemas de organización debido a la crisis del país", la miseria se continúa extendiendo y la gente está comenzando a decir basta. Y salen a la calle. Y aquí tenemos a las “fuerzas de paz”, con sus casquitos azules y todo, defendiendo al poder y al sistema que les gusta a los blanquitos occidentales.

Los medios de propaganda que se han hecho eco de las protestas, muy escasos, entre ellos la propia ONU, han dicho que lo que se ve en el vídeo son disparos al aire y gases lacrimógenos para dispersar la protesta. Juzgad vosotros mismos y luego seguid pensando que la ONU, tal como está, sirve para algo. Pues salvo que los manifestantes volasen, lo cual no es descartable para los medios de propaganda, hubo al menos un muerto.


Vuelvo a D'Escoto y a lo que dijo en su discurso de despedida como presidente de la Asamblea General de la ONU en el período comprendido entre octubre de 2008 y octubre de 2009: “Yo soy de los que cree que la ONU es potencialmente una Organización indispensable para ayudar a la Humanidad a sobrevivir el conjunto de crisis convergentes que amenazan con llevarla a su extinción. El problema principal es, sin embargo, que no todos sus fundadores realmente creían, ni creen aún hoy, en la visión o los principios explícitos e implícitos en su Carta constituyente. Creo que no es desatinado señalar lo que todo el mundo sabe y eso, entre muchas otras verdades, es el hecho de que entre nuestros más poderosos e influyentes Estados Miembros hay quienes, definitivamente, no creen en el imperio de la ley en las relaciones internacionales y consideran, más bien, que eso de acatar las normas de derecho a que nos hemos formalmente comprometido al firmar la Carta, es algo que atañe solamente a los países débiles. Con tan bajo nivel de compromiso, no nos debería sorprender que las Naciones Unidas no haya logrado cumplir con los principales objetivos para los que fue creada. Consideran ciertos Estados Miembros que ellos pueden comportarse según la ley de la selva y defienden el derecho de los más fuertes a hacer lo que se les antoje con total y absoluta impunidad, sin tener que rendir cuentas a nadie. Además, consideran correcto el despotricar contra el multilateralismo y proclaman las bondades del unilateralismo al mismo tiempo que pontifican, sin ningún empacho, desde sus privilegiados escaños en el Consejo de Seguridad, sobre la necesidad de que los Estados Miembros cumplan a cabalidad sus obligaciones bajo la Carta, o que se les apliquen sanciones (selectivamente, por supuesto) por no hacerlo. Lo de la igualdad soberana de todos los Estados Miembros y lo de la obligación de impedir las guerras son, para ellos, pequeños detalles que no merecen ser tomados muy en serio”. Pues eso.

El Lince