Dos cuestiones predecibles: Venezuela avanza y Chile retrocede (si es que había avanzado algo). Así se puede resumir lo acontecido en estos dos países en las elecciones de este domingo pasado aunque hay un hecho que, para mí, tiene mucho más relieve: Nicaragua a iniciado oficialmente el procedimiento para la retirada del país de la OEA por sus acciones injerencistas.
La victoria del chavismo es aplastante, al igual que la derrota de los pro-estadounidenses. Todos los medios de propaganda de la burguesía han estado hablando del 58% de abstención en un intento de desvirtuar esa victoria, pero hay que recordar que la participación es la más alta desde 2002. Sin embargo en Chile la abstención ha sido del 52% y apenas nadie habla de ello. Desde luego, quien esperase otra cosa haría el tonto. Estamos ante el modelo estándar de la propaganda en los casos en los que los títeres pro-occidentales pierden o ganan.
La victoria del chavismo es relevante y va a dejar con el culo al aire a quienes desde el decadente Occidente, empezando por la moribunda UE, siguen con la cantinela del apoyo al Juanito Calamidad Guaidó. Y si esto es relevante, también lo es que la moribunda UE tres días antes, o sea, el jueves, renovó sus sanciones contra Venezuela en un claro intento de favorecer y fortalecer a los suyos. Y eso que en febrero la ONU pidió el levantamiento de las sanciones por sus efectos "devastadores" sobre la población. ¿Occidente y sus valores democráticos? ¿De verdad?
Pese a todo, que una parte de los pro-estadounidenses participase y ganase en algunos sitios (en 3 de 23) les debilita a los titiriteros. Pero como esta gente depende única y exclusivamente de EEUU y cuenta con un muy escaso apoyo local, como ha quedado reflejado, el resultado ha sido predecible.
Predecible porque la gente entiende que los problemas socioeconómicos son generados en gran parte por las políticas de EEUU y sus sanciones, ilegales según el derecho internacional. Predecible porque se ha demostrado, una vez más, que el chavismo mantiene un apoyo muy significativo en la sociedad y, de forma especial, entre los pobres y la clase trabajadora. Solo así se explica otro hecho del que no veréis .nada en los medios de propaganda de los demócratas habituales: de un total de 70.244 candidaturas a esas elecciones autonómicas y municipales 66.762 eran de "fuerzas opositoras". Traducido a porcentaje, 96% opositor frente al 4% chavista. Esto os da un relieve claro de la magnitud del triunfo.
EEUU no se va a detener en su agresión, y menos tras ver cómo otra pieza de su tinglado se desmorona porque el anuncio de Nicaragua de iniciar el proceso oficial para abandonar la OEA asesta a este engendro un buen golpe.
Un buen movimiento, también tardío, pero que se suma al que ya dio Venezuela en su momento al abandonar ese engendro injerencista aunque la OEA no lo aceptó y reconoció al Juanito Calamidad Guaidó. Con Nicaragua no tiene esa posibilidad siquiera. Para completar la derrota de EEUU solo haría falta que López Obrador dejase de hablar sobre la OEA y México la abandonase y que Bolivia dejase de felicitar a quienes abandonan la OEA e hiciese lo mismo.
Dicho esto, debo una explicación a las salpicaduras que produje cuando me tiré al charco el otro día en el escrito en el que apuntaba varias cosas (patronal, dinero, soberanía, la actitud de Cuba en el control de la producción de medicamentos y, sobre todo la diferencia entre el sistema capitalista y el socialista) aunque de ellas solo ha quedado una: la vacunación obligatoria contra el coronavirus. Decía que es algo que se había hecho en China, Cuba y Vietnam. Debería haber hilado un poco más fino dado que los trazos gruesos impiden ver bien los perfiles.
Estamos en cuestiones jurídicas, si de derecho o si de hecho. En términos de derecho, ninguno de estos países ha hecho obligatoria la vacuna, aunque dependiendo de los tramos de edad porque en niños y adolescentes ha sido prácticamente obligatoria, aún sin serlo. Tampoco la OMS recomienda la obligatoriedad, aunque sí recomienda y defiende la importancia de vacunarse contra el COVID-19.
Tanto en Cuba como en China y en Vietnam lo que ha primado ha sido la confianza en lo que dice el gobierno. En el caso de China y Vietnam es algo que trasciende de ellos y se extiende a otros asiáticos como consecuencia del confucionismo, donde se da más valor a la armonía social que al egoísmo individual, y supongo que no hará falta recordar cómo en los primeros meses de la pandemia en Occidente se contraponía a la “democrática” Corea del Sur con la “autoritaria” China en la forma de combatirla aunque en ambos casos se hablaba de la confianza de la población en lo que decían sus gobiernos en esta materia haciéndose eco del confucionismo social. En el caso de Cuba en concreto, lo que hay es una confianza sinigual en su sistema sanitario.
Tanto en Cuba como en China y en Vietnam lo que ha primado ha sido la confianza en lo que dice el gobierno. En el caso de China y Vietnam es algo que trasciende de ellos y se extiende a otros asiáticos como consecuencia del confucionismo, donde se da más valor a la armonía social que al egoísmo individual, y supongo que no hará falta recordar cómo en los primeros meses de la pandemia en Occidente se contraponía a la “democrática” Corea del Sur con la “autoritaria” China en la forma de combatirla aunque en ambos casos se hablaba de la confianza de la población en lo que decían sus gobiernos en esta materia haciéndose eco del confucionismo social. En el caso de Cuba en concreto, lo que hay es una confianza sinigual en su sistema sanitario.
Que eso haya sido obligatorio de derecho o no es irrelevante, aunque de hecho lo ha sido y no por decisión estricta de los gobiernos respectivos sino por decisión de la propia población.
En Cuba hay un plan nacional de inmunización desde 1962, incluyendo la polio (primera experiencia de su tipo con participación comunitaria en América Latina), difteria y así. Al contrario que en otros países (a excepción de China o Vietnam), en Cuba apenas se han producido negativas a vacunarse contra el COVID-19, y esta es la razón por la que no ha sido necesario decretar, de derecho, la obligatoriedad. No tenéis más que leer las páginas cubanas para saberlo. Directamente y sin intermediarios. En cualquier caso, en Cuba el índice tradicional de vacunación alcanza entre el 96% y el 100% para la práctica totalidad de las vacunas y ese es el porcentaje de vacunación de la población y el que se aspira a lograr con el coronavirus. Un buen estudio de todo ello, aunque anterior a la pandemia, lo proporciona la Revista Panamericana de Salud Pública.
No suelo hablar de oídas, y menos de Cuba donde pasé casi dos años cuando preparaba mi tesis doctoral. Desde entonces he vuelto unas cuantas veces. Si echáis un vistazo a la etiqueta Cuba os haréis una idea porque si algo he tratado ha sido, precisamente, la medicina en Cuba. En cualquier caso, en Cuba no hay en estos momentos ninguna normativa que obligue a vacunarse dado que la participación ciudadana ha sido de tal calibre y de tal responsabilidad que ha hecho innecesaria esa posibilidad que, en los primeros momentos, sí se pensó dada la imperiosa necesidad para Cuba de reabrir el país pronto para el turismo y escapar un poco de la agresión estadounidense recibiendo divisas.
Lo cierto es que ya en el mes de mayo del año pasado se inició la campaña de inmunización y en junio se estaba ya en la tercera fase de los ensayos con Abdala. Ya entonces se dijo que la vacunación no era obligatoria, y se alababa la alta responsabilidad de la población por la cantidad de voluntarios para probar las vacunas. Insisto: esta ha sido, sin la menor duda, la razón por la que se ha hecho innecesario decretar legalmente esa medida. Y por cierto, esta ha sido también la razón por la que ha fracasado estrepitosamente la campaña contrarrevolucionaria del 15 de noviembre, porque la inmensa mayoría de la población cubana es altamente responsable.
Una muestra de cómo suele actuar Cuba en cuestiones sanitarias lo tenéis en lo que escribí hace unos años sobre unos progres y sus estupideces.
El Lince
