El mundo de Jessica y Amanda
La ventaja de un tipo como yo es que no solo tengo algunos años sino que tengo memoria. Y como tengo memoria veo que hay muchas, pero que muchas similitudes en las bonitas historias de dos mujeres, Jessica y Amanda. La historia de la primera se convirtió, como no podía ser de otra manera, en una película. La historia de la segunda, se convertirá en una película. La historia de Jessica ocurrió en Irak en 2003. La historia de Amanda ocurrió en Irán en 2026.
Y además de tener unos años y memoria, escribo. Incluso cuentos. Como los que recitaban los neonazis del país 404, antes conocido como Ucrania, en 2022 a los niños occidentales con lo del famoso "fantasma de Kiev", ese fantástico aviador que derribaba aviones rusos como churros. Solo había un problema: era falso, un cuento. Como los que han recitado este mes de marzo de 2026 a los niños occidentales los neonazis estadounidenses y sionistas con lo del "fuego amigo" kuwaití derribando aviones estadounidenses como churros para hacer creer a los niños crédulos occidentales que no los derribaron los iraníes.
Es en este mismo apartado, en el de cuentos, en el que hay que englobar lo del maravilloso, arriesgado y valiente rescate de un piloto estadounidense derribado en Irán. Una historia de las más audaces que se han escrito nunca, por supuesto. Pero como hablamos de EEUU, un país de analfabetos, hay que hacer una película porque en eso sí son maestros. Ya la hicieron en 2003 y la van a hacer ahora. Sin duda.
Pero hay un pero. La historia de Jessica fue una farsa. La historia de Amanda es una farsa. ¡Ah, que no os he contado la historia de Jessica!
Jessica Lynch era supuestamente una intrépida soldado estadounidense que sobrevivió a una emboscada en Nasiriya (Irak), que había agotado su munición disparando contra soldados iraquíes antes de ser herida y apuñalada. Sus nueve compañeros murieron, ella fue la única superviviente. Unos días después, Jessica fue liberada en una espectacular y dramática incursión nocturna (cuyas imágenes fueron transmitidas por televisión en todo el mundo) del hospital donde estaba siendo tratada, controlado por decenas de despiadados fedayines iraquíes.
En realidad, el 24 de marzo de 2003, Jessica no resultó herida en una emboscada, sino al volcar el camión militar en el que viajaba. No disparó ni un solo tiro, pero, según su propia confesión, comenzó a rezar, y no fue maltratada por el ejército iraquí: simplemente fue hospitalizada bajo vigilancia. Siete días después, los pocos soldados que custodiaban el hospital habían huido y fue en ese momento cuando el ejército estadounidense organizó toda la parafernalia heroica, preparada para filmar imágenes espectaculares, dignas de una película de aventuras, y vender la historia a los siempre crédulos (e ignorantes) estadounidenses. Y vaya historia: la de un ejército movilizándose para salvar a una simple soldado, la historia de una chica intrépida que resiste a sus torturadores iraquíes.
Solo que tampoco era verdad, como he dicho. Poco más de un mes más tarde, un periodista de la BBC británica, cuando esta cadena no era tan mierda como es ahora, contó lo dicho más arriba. El Pentágono lo negó de inmediato, calificando la reconstrucción de mera especulación, pero meses después fue confirmada por otras fuentes, en particular por una indiscutible: la propia Jessica Lynch. Pero ni eso sirvió para que en ese país de ignorantes que es EEUU, y en medio mundo que lame el culo de EEUU y consume sus películas, no se siguiese pensando que Jessica es una heroína.
23 años más tarde nos encontramos con otra heroína, Amanda Ryder, suponiendo que esa sea la identificación del famoso piloto(a) derribado(a) en Irán.
Es la documentación que apareció entre los restos de la maravillosa, fantástica y valiente operación de EEUU para, supuestamente, rescatar a ese piloto(a) derribado(a) en Irán. En esa documentación, difundida con todo lujo de detalles por la televisión iraní, aparece este carnet con ese nombre, junto con otra documentación en hebreo. Todo lo presentado por la televisión iraní, que incluye una buena porción de documentos (detalles del operativo militar, mapas de ubicación, registros de tiempo, fuentes de inteligencia locales y demás) indica que todo lo que nos han vendido es otro cuento. Y que lo que realmente ocurrió es lo que ha llevado a Trump a aceptar el alto el fuego: un desastre. Porque lo que aparece en esos documentos es que la misión fracasada de EEUU consistía en atacar las instalaciones nucleares iraníes en Isfahán y sus alrededores, capturar las reservas de uranio enriquecido y destruir simultáneamente la planta de enriquecimiento y a su personal.Así que voy a recoger lo que dicen en Irán que ocurrió:
"En una impresionante demostración de guerra defensiva coordinada, las fuerzas iraníes, que combinan el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), unidades de comandos policiales, combatientes de la resistencia Basij y elementos del ejército regular, destruyeron dos aviones de transporte estadounidenses C-130 y dos helicópteros Black Hawk en la provincia sureña de Isfahán a primera hora del domingo. La compleja operación transformó una misión de rescate estadounidense en el desastre militar estadounidense más vergonzoso desde la catástrofe del desierto de Tabas en 1980.
El trigésimo séptimo día de la agresión estadounidense-israelí contra la República Islámica de Irán no comenzó con un triunfo estadounidense, como afirmaron algunos funcionarios de EEUU, sino con fuego iraní.
Poco después del amanecer del domingo, Washington puso en marcha lo que más tarde presentaría, desesperadamente, como una operación de rescate exitosa para un piloto de F-15E derribado durante los enfrentamientos del 3 de abril. En cambio, la misión se convirtió en un completo colapso operativo.
En cuestión de horas, el portavoz del Cuartel General Central de Khatam al-Anbiya anunció que las fuerzas conjuntas iraníes habían destruido dos aviones de transporte militar C-130 y dos helicópteros Black Hawk en la provincia sureña de Isfahán.
Para la República Islámica, no se trató simplemente de una hazaña defensiva. Fue una venganza histórica, justicia divina y una declaración militar-tecnológica de que el poder estadounidense no tiene ninguna influencia sobre el espacio aéreo iraní, contrariamente a las afirmaciones del presidente estadounidense Donald Trump y su ministro de guerra.
Estos sucesos no pueden entenderse de forma aislada. Fueron la consecuencia directa del atentado que sacudió la fuerza aérea estadounidense el 3 de abril, cuando las redes integradas de defensa aérea iraníes derribaron un F-15E Strike Eagle sobre el centro de Irán, junto con un A-10 Thunderbolt II sobre el Golfo Pérsico, varios drones MQ-9 Reaper, plataformas de reconocimiento Hermes y misiles de crucero. El F-15E, un caza de ataque polivalente biplaza valorado en más de 90 millones de dólares, se desintegró al impactar contra la provincia de Kohgiluyeh y Boyer-Ahmad, en el centro de Irán.
El o los miembros de la tripulación permanecieron desaparecidos, a pesar de un intento inicial de rescate por parte de Estados Unidos que les costó a los agresores dos helicópteros Black Hawk dañados por fuego terrestre iraní el 3 de abril. No hay pruebas de que las fuerzas estadounidenses hayan podido localizar al piloto.
Para el sábado, los comandantes estadounidenses se enfrentaban a una elección imposible: abandonar a un aviador desaparecido a custodia iraní o lanzar una incursión más profunda y arriesgada en territorio soberano iraní. Optaron por la segunda opción. Esa decisión resultaría catastrófica.
El Cuartel General Central de Khatam al-Anbiya confirmó posteriormente que los estadounidenses habían planeado lo que denominaron una "misión de engaño y escape inmediato", utilizando un aeropuerto abandonado en el sur de la provincia de Isfahán como punto de partida secreto.
Sin embargo, la inteligencia iraní ya había trazado un mapa de la operación.
Según los informes, aproximadamente a las 09:20 hora local del 5 de abril, aviones estadounidenses comenzaron a entrar en el espacio aéreo iraní para buscar al piloto desaparecido. La formación incluía dos aviones de transporte C-130 Hercules —aeronaves turbohélice de cuatro motores diseñadas para el transporte aéreo táctico, el lanzamiento de paracaidistas y la evacuación médica— junto con dos helicópteros UH-60 Black Hawk que proporcionaban apoyo cercano y extracción de personal.
Según los informes operativos publicados por la Guardia Revolucionaria Islámica y confirmados por el Comando de Aplicación de la Ley, la aeronave estadounidense intentó descender hacia el aeropuerto abandonado previamente identificado. Lo que los estadounidenses no previeron fue la plena integración de los recursos defensivos iraníes: baterías de radar y misiles de la Fuerza Aeroespacial de la Guardia Revolucionaria, unidades de comandos de operaciones especiales de la policía desplegadas sobre el terreno, combatientes de la resistencia Basij familiarizados con el terreno montañoso y elementos de defensa aérea del ejército regular, todos operando bajo una única estructura de mando.
El portavoz de la sede central de Khatam al-Anbiya describió la respuesta como "guiada divinamente y ejecutada en el momento preciso". Cuando los C-130 se aproximaban a su zona de aterrizaje, unidades de comandos de la policía iraní abrieron fuego intenso desde múltiples direcciones, inmovilizando el primer avión de transporte antes de que pudiera desembarcar a su personal.
Minutos después, los sistemas de defensa aérea de la Guardia Revolucionaria Islámica fijaron el objetivo en el segundo C-130 y los dos helicópteros Black Hawk. Uno a uno, los aviones estadounidenses fueron alcanzados. Dos C-130 y dos Black Hawks como saldo de la derrota.
A las 10:20 hora local, los medios iraníes comenzaron a difundir las primeras confirmaciones oficiales. El portavoz de Khatam al-Anbiya anunció que dos helicópteros Black Hawk y un avión de transporte militar C-130 habían sido destruidos y quedaron incendiados en el sur de Isfahán. Informes detallados posteriores, incluidas imágenes difundidas por los medios locales y verificadas mediante análisis de geolocalización, revelaron el alcance total del incidente: dos aviones C-130 habían sido alcanzados, no uno.
La discrepancia se explicó por la dinámica del enfrentamiento; el primer C-130 quedó inmovilizado por el fuego de los comandos policiales y minutos después fue completamente destruido, mientras que el segundo fue alcanzado durante un intento de maniobra de escape. Ambos helicópteros Black Hawk fueron derribados en las inmediaciones del aeropuerto abandonado, y sus restos quedaron esparcidos por el paisaje árido.
Según fuentes militares iraníes, al menos cinco estadounidenses murieron en la operación. Algunos informes extraoficiales cifran el número de fallecidos en una cantidad aún mayor.
El Departamento de Relaciones Públicas de la Guardia Revolucionaria Islámica emitió un comunicado breve pero demoledor.
"Los aviones enemigos que invadieron el sur de Isfahán, incluidos dos helicópteros Black Hawk y dos aviones de transporte militar C-130, fueron alcanzados y ahora arden en las llamas de la ira de los heroicos combatientes del Islam", afirmaba el comunicado.
Por primera vez desde que comenzó la agresión el 28 de febrero, Washington había perdido no solo aviones de ataque, sino también las plataformas diseñadas para rescatar a los pilotos derribados, lo que supuso un fracaso catastrófico de la doctrina de búsqueda y rescate en combate.
En las horas posteriores al desastre de Isfahán, el presidente estadounidense Donald Trump recurrió a las redes sociales para afirmar que una operación de rescate "audaz" y "milagrosa" había logrado extraer al piloto desaparecido del F-15E sin bajas estadounidenses.
La Organización de Inteligencia de la Guardia Revolucionaria Islámica destacó la ausencia de fotografías o vídeos del piloto supuestamente rescatado, lo que contrasta fuertemente con la abundancia de imágenes iraníes de aviones estadounidenses en llamas. Analistas iraníes señalaron que, incluso si se aceptara la versión estadounidense sin cuestionarla, el costo de la operación había sido catastrófico: dos aviones de transporte C-130, dos helicópteros Black Hawk y un número desconocido de bajas, todo para la extracción de un solo aviador que había sido derribado días antes porque la superioridad aérea estadounidense ya había fracasado.
El portavoz de Khatam al-Anbiya desestimó las afirmaciones de Trump como un intento de "justificar la amarga derrota y el fracaso de su débil ejército creando ambigüedad en la opinión pública", y añadió que Estados Unidos ni siquiera había informado de todas sus pérdidas en la región durante varios días. El contraste entre la transparencia iraní —que incluyó la publicación de imágenes geolocalizadas, resúmenes operativos detallados y confirmaciones oficiales— y la evasión estadounidense no podría haber sido más evidente".
A esto se acompaña de este otro texto, que firma Tahar Lamri:
"Los C-130 estadounidenses —aviones de transporte pesado, no de combate ni de rescate— aparecen destruidos en una pista de aterrizaje abandonada a las afueras de Isfahán. A 35 kilómetros de esa pista de aterrizaje se encuentra la base nuclear de Isfahán, donde se almacenan aproximadamente 450 kilogramos de uranio enriquecido al 60%, material suficiente, una vez refinado, para fabricar una docena de bombas atómicas. Esto no es una hipótesis. El Director General del OIEA lo ha confirmado. El Director de Inteligencia Nacional de Estados Unidos también lo confirmó, declarando ante el Congreso el 19 de marzo que tenía "alta confianza" en la ubicación exacta de las reservas iraníes. Washington sabía dónde estaba el uranio. Se encontraba a 35 kilómetros de la pista de aterrizaje donde se hallaron los C-130.
Los C-130 son aviones de carga. Transportan cargas pesadas. El uranio iraní se almacena en contenedores de plomo que pesan entre 10 y 20 kg cada uno: compactos, transportables y aptos para ser cargados en un C-130. Los expertos que han analizado una hipotética operación minera han escrito que requeriría precisamente esto: pistas de aterrizaje construidas cerca de los yacimientos, aviones de carga pesada y cientos de fuerzas especiales para mantener un perímetro de seguridad. Imágenes satelitales de Airbus, citadas por CNN, muestran 28 cráteres, cada uno de 9 metros de tamaño, a lo largo de las carreteras en la provincia de Isfahán. No cerca del piloto. Cerca de los C-130. Cerca del sitio nuclear. Estaban allí para bloquear el acceso iraní a algo que sucedía en esa zona. ¿Pero qué?
Trump había declarado públicamente, semanas antes, que quería "exfiltrar" uranio iraní. Los generales le habían dicho que era imposible. Los despidió.
La televisión iraní mostró esta tarde a soldados de la Guardia Revolucionaria inspeccionando los restos de aviones C-130 y encontrando documentos. Entre ellos, la tarjeta de identificación de Amanda M. Ryder, mayor de la Fuerza Aérea de EEUU, con una visa de turista israelí B2, que expiraba el 20 de marzo de 2026. Un oficial estadounidense con una visa de turista israelí se encontraba en el lugar donde se estrelló un C-130, a 35 kilómetros del sitio nuclear de Isfahán. Al ser consultado al respecto, el Pentágono no respondió. Tampoco aclaró la identidad del piloto "rescatado", quien nunca ha aparecido en público, no tiene nombre oficial ni fotografía.
Luego viene el detalle más brutal de todos: se pueden ver restos humanos carbonizados dentro de los restos del C-130. Una autodestrucción controlada —el procedimiento que el Pentágono afirma haber seguido— requiere que el personal evacue antes de hacer estallar la aeronave. Si hay un cuerpo dentro, significa que alguien no salió. Significa que Trump mintió cuando dijo que "ningún estadounidense resultó herido ni muerto".
El Ministerio de Asuntos Exteriores iraní, con la cautela diplomática propia de quienes aún están en negociaciones, afirmó que la operación "pudo haber sido" una tapadera para robar uranio. No lo proclamó a los cuatro vientos, sino que lo susurró. Y es precisamente este susurro mesurado —no una acusación a viva voz, sino una pregunta planteada con pruebas en mano— lo que debería hacernos reflexionar.
Irán denomina a este suceso el "segundo Tabas", en referencia al desastre de 1980, cuando Carter intentó liberar rehenes en Irán, lo que provocó que helicópteros se incendiaran en el desierto y la muerte de ocho soldados. Entonces, como ahora: aviones estadounidenses destruidos en territorio iraní, un número indeterminado de muertos y el desmoronamiento de la versión oficial. La diferencia radica en que en 1980 nadie intentaba sustraer material nuclear.
Si todo esto es cierto nos enfrentamos a algo sin precedentes: un intento estadounidense de cometer el mayor robo nuclear de la historia, organizado utilizando el rescate de un piloto como tapadera, y que fracasó catastróficamente en una pista de aterrizaje abandonada en Isfahán, con muertes no reportadas y un nombre en un documento —Amanda M. Ryder— que el Pentágono se niega a reconocer o negar.
Las preguntas están sobre la mesa. Las respuestas, por ahora, se encuentran entre los restos calcinados de dos aviones C-130 en un desierto iraní".
No voy a entrar en el alto el fuego, que va a durar muy poco si es que sigue vigente. Hay tiempo para ello. Pero solo apuntar dos cosas: el fracaso de esa operación relatada más arriba, junto al doble veto de China y de Rusia al proyecto de resolución del Consejo de Seguridad de la ONU sobre legalizar el uso de la fuerza para "abrir" el estrecho de Ormuz, son desencadenantes directos de la marcha atrás de Trump, dure mucho o poco.
P.D.- Desde el movimiento de solidaridad con Palestina de Huesca, en el Estado español, ha llegado este vídeo. Difundidlo por ahí.
El Lince












.png)
