La cuestión de la vivienda
Alguna que otra vez me he metido en cuestiones internas del Estado español (más conocido como España, para otras latitudes) y ahora lo retomo por la cuestión de la vivienda, que ha desatado un insólito movimiento social -que no político, por mucho que se haya arrastrado a los sindicatos a convocar una huelga general, al menos hasta ahora-, de la misma forma en que el año pasado se produjo con el boicot a la vuelta ciclista a España con el tema de Palestina y el rechazo a la participación de un equipo sionista.
En la ciudad en la que vivo, que no llega a los 50.000 habitantes, se ha generado un movimiento de simpatía con las acampadas que están extendiéndose por todo el Estado reclamando el fin de los desahucios y una vivienda digna. Al acercarme a ese movimiento me encontré con jóvenes muy jóvenes y hablé con varios de ellos, incluyendo a quienes encabezaban ese movimiento. Surgieron algunas preguntas como ¿son revolucionarios estos jóvenes? No, para nada. No lo son porque no están organizados, ni formados. Aunque sí hay una organización política juvenil (la Coordinadora Juvenil Socialista) que está realizando una importante labor en esa dirección, y con ideología. En donde vivo o no han llegado todavía o son escasos porque no hay carteles ni propaganda. En otros lugares, como es el caso de Catalunya, la organización juvenil Arran (Raíz) está haciendo algo parecido.
La movilización, como con Palestina, surge por la emoción, no por el convencimiento. Pero en la perspectiva de Marx, Engels y Lenin, estos jóvenes están agudizando las contradicciones del capitalismo y han puesto al desnudo a los "socialistas burgueses" (definición del "Manifiesto del Partido Comunista") que posan frente al espejo todas las mañanas (ahora más), practican la grandilocuencia (todos los días) pero que se derrumban a la primera de cambio (como ha ocurrido con toda la "progresía", desde Podemos a Sumar y otros). El espectáculo que se está dando es el de cómo se empujan para, posteriormente, ser los primeros en venderse.
Precisamente, "El Manifiesto del Partido Comunista" dicen que se ha convertido en tendencia en las búsquedas por internet gracias a la movilización por la vivienda. Bienvenida sea.
Lenin dijo que los fracasos enseñan más que muchos éxitos, si es que ha habido alguno más allá de la subida del salario mínimo con esta gente que va de "progresista". Así que tal vez estemos ante otro. Solo que esta vez es la juventud quien lo va a sentir. La juventud no es una clase social ni mucho menos, pero sí es quien tiene capacidad para cuestionar el futuro. Veremos.
Así que aprovechando estas fiestas pasadas he releído "Contribución al problema de la vivienda", de Federico Engels. Mis interlocutores en el movimiento juvenil pro-vivienda y antidesahucios de mi ciudad no tenían ni idea de su existencia. Resumiendo, Engels sitúa el origen del problema en que la escasez y la miseria de la vivienda no son un accidente, sino una consecuencia directa del modelo capitalista y del crecimiento descontrolado de las ciudades industriales; insistía en que no se puede solucionar el problema convirtiendo a los obreros en propietarios de sus casas mediante pagos a plazos; consideraba que los precios del suelo hacían muy difícil el acceso a una casa para un obrero "dejándolo a merced, del crédito, la usura y los vaivenes del empleo"; insistía en que el capitalismo necesita la penuria de vivienda y los alquileres altos porque esto presiona a la baja los salarios de los trabajadores y genera rentas para la burguesía y, por ello, la única solución real es que el problema habitacional no se puede resolver dentro del sistema capitalista y solo mediante una expropiación de viviendas vacías o la construcción pública.
Esto último lo imprimí y se lo regalé. Flipaban, porque Engels escribió esto en 1872. Les pregunté si había cambiado algo desde que se escribió eso o no y primero no supieron qué responder y luego dijeron que no.
Es evidente que toda lucha se desarrolla en un tiempo y en un lugar específico, que no es lo mismo lo que están reivindicando los jóvenes en Francia y en Bélgica que en el Estado español, aunque aquí hay ciertas similitudes con lo que ha llevado a Die Linke a ganar las elecciones en Berlín. Incluso ahora comienzan en Italia. En Francia y en Bélgica se escucha cada vez con más frecuencia la crítica al sistema en materia de empleo y formación, en el Estado español y en Berlín lo hacen por la vivienda. Los discursos de unos y otros no confluyen, esperando que sea "por ahora", como diría Chávez. En Francia la protesta juvenil está recibiendo el apoyo de la clase obrera, en el Estado español está por ver.
Entramos en un momento interesante, con tres huelgas generales convocadas el 30 de octubre (Italia), el 5 de noviembre (Francia), y el 11 de noviembre (Estado español). En Portugal hay una "manifestación nacional descentralizada" para el 17 de octubre. La cosa se mueve, aunque las razones son diferentes. Sin olvidar la histórica subordinación de la supuesta "progresía" a la caquistocracia europea (sin hacer hincapié en la disfunción entre la creciente necesidad de recuperar el "estado de bienestar" que se ha ido cercenando desde que desapareció la URSS -vivienda, salud, educación, pensiones- y el rearme y el gasto militar) y la colaboración sin precedentes que han tenido los sindicatos con todo esto. Y que solo ahora, cuando se les azuza desde la calle y el fascismo crece, se atreven a levantar el culo de sus cómodos sillones.
¿Cómo calificar a estos jóvenes? ¿como "socialistas utópicos"? Porque la cuestión de la vivienda se ha convertido en un tema recurrente tanto para el capitalismo supuestamente humanista (como el PNV, por ejemplo) como para la "progresía". Y los "socialistas utópicos" fueron mordazmente desmantelados por Marx y Engels precisamente porque confluían en muchas ocasiones con el "reformismo empresarial".
Engels creía que los trabajadores serían quienes liderarían la revolución habitacional, no los inquilinos, pero lo que lo indignaba, y de ahí su obra sobre la vivienda, eran las injusticias sufridas por quienes están atrapados en programas supuestamente subvencionados que, en realidad, eran trampas diseñadas para beneficiar a todo un sistema socioeconómico del que eran víctimas. En este sentido, fue un verdadero visionario.
Engels, en su obra, no tuvo el menor reparo en enfrentarse a gente como Pierre-Joseph Proudhon y Emil Sax, el primero anarquista y el segundo "reformador social". Proudhon propuso acabar con los propietarios privados transformando los alquileres en pagos para la compra gradual de las viviendas por parte de los inquilinos: creía que esto pondría fin a la relación de explotación entre propietario e inquilino que causaba tanto sufrimiento en aquel momento. Sax creía que poseer una casa y un jardín transformaría a los trabajadores en capitalistas, permitiéndoles obtener ingresos o beneficios de los bienes raíces en tiempos difíciles, y mejorando además su autoestima. Proudhon y Sax ofrecieron soluciones que no solo no cuestionaban la existencia del derecho a la propiedad privada, sino que incluso lo reforzaban: creían sinceramente que la propiedad de la vivienda entre el proletariado era "potencialmente revolucionaria".
Este es el punto de partida crucial de "Contribución al problema de la vivienda" porque, para Engels, el derecho a la propiedad privada no era en absoluto liberador para los trabajadores; constituía el principal arreglo institucional que permitía la expansión urbana capitalista, abarcando la miríada de características de la economía política (salarios, mercado, valor, precio, dinero) que había visto operar en Manchester y que eran responsables de graves desigualdades, explotación e injusticias atroces. Para él, lejos de apoyar el derecho a la propiedad privada, cualquier movimiento revolucionario debe reconocer su papel central en la creación de una sociedad enfrentada a la profundamente impulsada y moldeada por los intereses de la acumulación capitalista a expensas de los trabajadores.
Han pasado 150 años desde la publicación de esta obra y sus conclusiones siguen impactando porque aún hoy parecen vigentes. Pero han pasado 150 años y muchas cosas, como el mantra del "capitalismo popular" que es el que está defendiendo la derecha clásica (y la otra, la pretendida izquierda) basado en la compra de viviendas y que es la causa directa y principal de la actual escasez de vivienda asequible en muchos países.
La postura de la derecha (la clásica y la "progre") es que los trabajadores no se quejan tanto si de repente se ven inmersos en el mundo más seguro de la propiedad de la vivienda y el pago de hipotecas: una filosofía que es universal en todo Occidente. Es algo que comenzó con la primera ministra británica Thatcher y que se está llevando a cabo, sobre todo, en el Estado español en estos momentos y, de forma mucho más clara, en Madrid.
Teniendo en cuenta todo esto y la urgente necesidad de identificar las flagrantes asimetrías en el poder económico y político, y luego exigir responsabilidades a quienes han sido negligentes con respecto a cómo su propia ingeniería financiera cínica ha devastado a grandes comunidades poblacionales, cada vez más empobrecidas, quizás nunca haya habido un momento más oportuno para invocar y reconsiderar los escritos de Engels, para restablecer el valor del suelo urbano como una creación social colectiva. Porque es la especulación inmobiliaria lo que hace que la vivienda sea inaccesible. En lugar de construir viviendas para vivir, para personas con necesidad urgente de vivienda, se construyen como mercancías. Ya lo dijo no hace mucho un ministro del PSOE, ese que hoy se quiere poner a la cabeza del movimiento antidesahucios y pro-vivienda. Con este sistema político y económico, eso es imposible. Por eso la obra de Engels, "Contribución al problema de la vivienda", sigue siendo actual y de obligada referencia. Porque Engels pone los puntos sobre las íes. Porque el valor de uso de la vivienda tiene prioridad sobre el valor de cambio, la vivienda sobre el beneficio.
Y, mientras tanto, otra de las cosas que no sabían los jóvenes del movimiento antidesahucios de mi ciudad: el zombi conocido como UE va a gastar 574.000 millones de euros en armamento este año 2026. Mientras no se tengan en cuenta cosas como esta, estos movimientos emocionales son interesantes, pero burbujeantes. Hay que ir más allá de lo coyuntural, por muy bonito que sea. Los alemanes algo de esto están viendo y por eso el rechazo en las calles y más allá del servicio militar obligatorio. Mucho de lo que está pasando en ciertas partes de Europa tiene que ver con el declive del zombi europeo como consecuencia del desquiciamiento de quienes lo dirigen por la guerra contra Rusia.Por ejemplo, el Estado español ha enviado a los neonazis del país 404, antes conocido como Ucrania, 3.795 millones de euros desde 2022. Esto supone el equivalente a haber construido un mínimo de 12.000 y un máximo de 27.000 viviendas de 90 metros cuadrados, dependiendo de las zonas.
Los gobiernos europeos están destinando ingentes recursos económicos al militarismo y a la guerra indirecta en el país 404 contra Rusia. Eso es lo que está provocando la escasez de fondos de estos gobiernos. En otras palabras, sus supuestas dificultades fiscales son una decisión política, no un dilema misterioso. A esto se suma la complicidad de Europa en la guerra genocida israelí contra los palestinos, así como en la agresión de EEUU contra Irán, Yemen, Cuba, etc., son otros factores. Y todavía hay que escuchar -sin que haya reacción- a psicópatas lamebotas (literalmente) como el secretario general de la OTAN diciendo que hay que impulsar la industria militar, al tiempo que pide recortes drásticos en el gasto público y el bienestar social para financiar este militarismo temerario. Sin que haya habido reacción social alguna. Hasta ahora.
P.D.- No habrá elecciones en Palestina, inicialmente convocadas para el 28 de noviembre. Los movimientos alternativos a los colaboracionistas de Fatah, cristalizados en la "Lista Nacional Unificada" acordada por Hamas, la Yihad Islámica y la Corriente de Reforma Democrática, una facción liderada por Mohammed Dahlan, un antiguo alto cargo de Fatah, ha hecho saltar todas las alarmas a los colaboracionistas y sus patrocinadores occidentales.
La duda del Frente Popular para la Liberación de Palestina sobre integrarse en ella o no ha sido determinante para su anulación. Dos días después de que se hiciese público el acuerdo unitario presentó su propia propuesta, llamada "Iniciativa de Salvación Nacional", que justifica por "la división de la política palestina" y por "la persistencia de un enfoque político que, en muchos de sus términos y mecanismos, sigue anclado en la era anterior al 7 de octubre, como si la realidad no hubiera cambiado".
Para el FPLP, "la naturaleza de la guerra ha cambiado, el círculo de amenazas y los peligros de desplazamiento y desarraigo se han ampliado, el futuro de Gaza se ha reevaluado, la actividad de asentamientos en Cisjordania se acelera y la presión sobre Jerusalén y los refugiados se intensifica". Por eso propone "una vía de transición basada en el diálogo, el consenso y la reconstrucción de instituciones representativas que conduzcan a elecciones", y esas condiciones no se dan en la actualidad. En definitiva, justifica su iniciativa en que "va más allá de la simple reorganización de las relaciones entre las distintas facciones; se trata de un intento de desplazar el debate de la lucha por posiciones y legitimidad a la construcción de capacidad nacional, y de la gestión de la división a la reconstrucción de la política sobre la base de la contradicción fundamental con la ocupación".
Esta postura ha sido crucial para que Fatah, aprovechando su mayoría en el Comité Ejecutivo de la Organización para la Liberación de Palestina, haya decidido retrasarlas hasta septiembre del año que viene. Donde estaremos en las mismas. Hay que recordar que ni Hamás ni la Yijad están en la OLP, pero sí el FPLP. Sin embargo, en la actualidad en el CE de la OLP no hay representación del FPLP porque existe una cláusula interna que dice que solo se puede formar parte del mismo si se acepta la unidad nacional. El FPLP está por ella, pero no con las premisas de la mal llamada Autoridad Palestina. Por ello, el CEOLP tiene "vacantes sin cubrir" hasta que organizaciones como el FPLP, Hamás o la Yijad (estas dos organizaciones no forman parte de la OLP) acepten esa premisa que va más allá de ella, porque también se implica el reconocimiento expreso de los Acuerdos de Oslo y los "compromisos internacionales", es decir, el apoyo a la Junta de Paz de Trump. Sí hay representantes de otras facciones palestinas como el Frente Democrático de Liberación de Palestina, el Partido Popular de Palestina (ex Partido Comunista) y la Unión Palestina Democrática.
Según la información de la mal llamada Autoridad Palestina, el retraso de las elecciones "tiene como objetivo brindar un espacio para un diálogo nacional integral que fortalezca la unidad nacional, la unidad del territorio y del sistema político palestino, y que aborde los desafíos que enfrenta el proceso electoral". Pues muy bien, las tonterías "legalistas" habituales.
P.D.- En Irlanda del Norte los antifascistas pararon una marcha de lealistas -protegida por un imponente contingente policial- durante trece días en el puente de Garvaghy Road. El lema era "No pasarán. Ni un paso atrás. Ni ahora ni nunca". Y no pasaron. No es una cuestión religiosa (eso de lealistas=protestantes, irlandeses=católicos) sino política. La marcha de los lealistas británicos (es decir, partidarios de seguir subordinados a la monarquía británica y radicalmente anti-independentistas) contaba con la asombrosa cifra de 3 millones de libras esterlinas (3'6 millones de euros) en "medidas de seguridad" para los organizadores y en los gastos que la policía tenía que hacer para lograr el paso, además del apoyo judicial y político con eso de que "cumple la legalidad" y todas esas zarandajas. No fue suficiente. Los antifascistas ganaron. Cuando hay decisión, y cabeza, todo es posible. Y un reconocimiento especial a esta persona que, en apoyo a esa acción, acudió con esta pancarta reivindicando a los internacionalistas irlandeses de las Brigadas Internacionales en defensa de la II República española.
La solidaridad con el antifascismo español viene de lejos en Irlanda. Por ejemplo, este irlandés, Christy Moore, lo ejemplifica en esta hermosísima canción-homenaje a esos brigadistas internacionales que combatieron, y algunos murieron, defendiendo la II República: "Viva la Quinta Brigada". La canción termina diciendo "recordémoles esta noche". Y siempre.
El Lince













