¿Primero Manhattan y luego Berlín?
Con unos días tan ajetreados es difícil decidir por dónde tirar. ¿Por la "Operación Marítima Especial" de China en los alrededores de Taiwán? ¿Por el espectacular incremento de las reservas de oro de China y lo que eso supone para la desdolarización mundial? ¿Por la respuesta iraní a la enésima agresión del IV Reich sionista, antes conocido como Israel? ¿Por el cierre del estrecho de Bab al-Mandeb para los buques del IVRS que han anunciado mis amigos en zapatillas? ¿Por el Foro Económico Internacional de San Petersburgo? ¿Por el enésimo compromiso de Rusia de apoyo a Cuba realizado en este foro, pero sin mención a lo importante, al petróleo? ¿Por el sorprendente discurso de alguien que ha puesto los puntos sobre las íes a la oligarquía rusa, muy presente en ese foro, sobre el por qué no se puede seguir haciendo en el país 404, antes conocido como Ucrania, lo que se está haciendo, es decir, dar largas en favor de un fantasmagórico "espíritu de Anchorage"?
Pues a riesgo de provocar un infarto a los putinistas, por acción o por omisión, o sea, eso de "no soy , pero...", voy a entrar por esto último.
El Foro de San Petersburgo es uno de los más importantes del mundo en estos momentos, situándose en un triángulo con el de Davos (capitalista clásico) y el de Boao (la alternativa china al anterior). Rusia llevaba años intentando que asistiese EEUU a este foro. Los euroasiáticos que controlan el Kremlin han hecho lo posible y lo imposible (sobre todo manteniendo el mantra de Anchoage) para que asistiesen. Y este año lo han logrado. A pequeña escala, pero lo han logrado. Con eso el "espíritu de Anchorage" ha resucitado durante algunos meses más para esta peña, ya muy debilitada ante la constatación social y militar de que es algo que no va a ninguna parte, en el mejor de los casos, o que solo ha servido para que se haya dado tiempo a la restauración del complejo militar europeo y, consiguientemente, a la ayuda militar al país 404, como dicen los militares. Es aquí, en este contexto, donde hay que situar el ataque con drones del país 404 a San Petersburgo en la inauguración de ese evento.
Putin, en su discurso, volvió a insistir en los fantasmas porque sigue creyendo en los fantasmas. Todavía hay "Anchorage" para rato porque los euroatlánticos nunca, repito, nunca se van a enfrentar a EEUU. Porque no quieren, porque en ello les van sus negocios, su posición, su todo. En unas palabras: su poder.
Y aquí saltó la sorpresa. Relativa, porque que el que un tipo como del que voy a hablar tenga una tribuna en ese foro indica que no actúa por su cuenta ni mucho menos. Así que o bien es un acuerdo con los euroasiáticos o bien es que la situación interna llega hasta tal punto que hay que dar algo de satisfacción a la crítica social y militar diciendo en público, y con un cierto respaldo del poder, lo que es vox populi.
Es Andrey Bezrukov, considerado uno de los "siloviki" (hombre duro) dentro del Kremlin y se dice de ellos que son quienes tienen más fuerza dentro el aparato estatal. Con independencia de que sea así o no, lo que dijo es muy relevante: Rusia permanecerá en estado de guerra durante quizás los próximos 20-30 años; será una guerra de desgaste cuyo objetivo es dañar los sistemas críticos del adversario: gasoductos, yacimientos petrolíferos, centrales eléctricas y redes de telecomunicaciones; la estrategia occidental consiste en mantener a raya a la "rana rusa" (provocar siempre un poco más hasta lograr el colapso pero evitar un enfrentamiento nuclear).
Por si esto fuese poco, añadió la bomba; "el enfoque de Rusia ante el conflicto es demasiado blando y, en esencia, favorece a Occidente y su estrategia de la rana hervida: Somos lentos. Les permitimos demasiado. No nos temen... porque muchas de las líneas rojas que hemos discutido se han quedado solo en el papel". Vaya, resulta que sí hay líneas rojas, de esas que algunos dicen que no hay porque el Kremlin dice que no hay pero resulta que sí hay porque alguien del Kremlin reconoce que sí hay.
No es por nada, pero es algo que vengo defendiendo desde octubre, que las tensiones entre los euroatlántiacos y los euroasiáticos ya han traspasado los muros del Kremlin y están en la calle. Y mucha gente tendría que comenzar a pensar algo sobre ello. Comenzar a pensar, si no es pedir demasiado.
Que una intervención como esta se produzca en un foro como ese indica hasta dónde están llegando las cosas. Y que Putin, aun suponiendo que esté en el medio, que no lo está, no puede parar. Indica que si los "siloviki" sustentan esta postura es porque la cosa está muy, pero que muy seria. Porque Bezrukov ha ido más lejos en su exposición: "Estados Unidos está enredado en una crisis de deuda externa cada vez más peligrosa (Posición Financiera Neta) y, además, se ve amenazado a nivel tecnológico, industrial y militar por el poder emergente de China; Francia y el Reino Unido también tienen enormes problemas de deuda externa que podrían traducirse potencialmente en graves crisis financieras tanto en términos de las finanzas estatales como en términos de la estabilidad del sistema financiero nacional; la Unión Europea está experimentando enormes problemas relacionados con la competitividad tanto por el agotamiento de las fuentes de suministro de energía de bajo costo (es decir, el gas ruso) como por la muy pobre capacidad de innovación del espacio económico europeo".
Es decir, Occidente está en las últimas, por lo que solo tiene una alternativa: la de la fiera herida, atacar, utilizar todas las estrategias que estén en sus manos para impedir o retrasar su decadencia hegemónica y, para ello, hay que centrarse en sus dos principales oponentes, Rusia y China. Pero como no lo puede hacer con los dos a la vez, se está centrando en el que considera más débil: Rusia.
En palabras de Bezrukov, "esto se observa en la 'Gran Estrategia' occidental con Rusia que se sustenta en tres pilares: la desestabilización del Cáucaso, que se lograría mediante la incorporación de Armenia y Azerbaiyán a la esfera occidental, tanto europea como de la OTAN; la penetración occidental en Asia Central para ampliar el arco de crisis existente o, al menos, aumentar el área en la que Rusia está rodeada de estados y naciones hostiles; militarización de Groenlandia, lo que permite amenazar toda la región rusa de Siberia con bombarderos y misiles de alcance intermedio desde el norte, ampliando así la amenaza y el cerco a Rusia también en esa zona".
Por lo tanto, a Rusia solo le queda lo que vienen sugiriendo los militares desde hace casi un año: dejarse de historias fantasmagóricas y atacar con mayor dureza. Dicen que así hay que interpretar lo penúltimo que dijo Putin, en ese foro precisamente: "trabajad, hermanos". Un lema que va dirigido a los militares.
Pero el sector euroatlántico del Kremlin no está por la labor. En ese foro estuvieron presentes, con un papel muy destacado, el ministro de Finanzas ruso, Antón Siluanov, la gobernadora del Banco Central, Elvira Nabiullina, y el negociador especial de Putin, nombrado directamente por él, con la administración Trump, Kirill Dmitriev. Ya os he hablado de este personaje, que no hace ni una crítica a EEUU, ni siquiera con los ataques a Irán. Pero junto a ellos apareció otra figura: Román Abramóvich. Este tipo no solo es ruso, sino que tiene otras dos nacionalidades: israelí y portuguesa. Todo un personaje. Y está en contacto directo con Putin. Otro multimillonario euroatlántico que estos días anda viéndose con Zelenski, aunque Putin dice que no tiene ninguna misión oficial.
Estos cuatro forman parte de la flor y nata de los euroatlánticos, los que vienen insistiendo una y otra vez en que hay que parar la cosa en el país 404 por "demasiado larga y demasiado costosa". Y abogan por un rápido acuerdo de paz que, en estos momentos, no solo favorece al país 404 sino a Europa. En este foro también lo han dicho: si no se hace, "el pueblo ruso debe pagar por el desgaste mediante la movilización de los jóvenes, la imposición de impuestos a los más pobres y la reducción del déficit presupuestario a costa de la destrucción de la demanda, los ingresos reales y la inversión en crecimiento económico". O sea, apelan al miedo.
Dos discursos diferentes en el mismo foro, lo que da una idea de cómo está el patio y cómo el debate no se puede parar.
¿Putin en el medio? Para nada. Pero para evitar infartos, digamos que lo está, que está entre lo que dice el "siloviki" y lo que dicen estos euroatlánticos.
Sin embargo, tal y como están las cosas, y el propio Putin lo reconoce, aún no es el momento de reconocer el fiasco de Anchorage. Por lo tanto, vuelve a posicionarse con los euroatlánticos, de los que forma parte. Primero se dijo que el plazo para su cumplimiento era mayo. Ya ha pasado (otra línea roja que no es línea roja aunque sea otra línea roja que no ha ido a ningún lado) y ahora la fecha se pospone a septiembre. ¿Por qué a septiembre? Porque el 20 de ese mes hay elecciones y los euroatlánticos tienen muchas esperanzas en que el Partido Comunista sea derrotado, entendiendo que esa derrota es que pierda la segunda posición que tiene hoy día tras Rusia Unida. Se reforzará así el espectro euroatlántico y les dará mucho más margen de actuación. Por eso cada vez hay más represión contra la izquierda. Pero llegará septiembre y se aumentará el plazo del fantasma porque estarán las elecciones intermedias en EEUU, y si Trump resiste tendremos Anchorage para rato. A eso es a lo que juegan los euroatlánticos.
Y eso que el ministro de Exteriores, Lavrov, no pierde ocasión de decir todo lo contrario: "Estados Unidos no muestra interés alguno en retomar los acuerdos alcanzados en Alaska. Espero sinceramente que la experiencia de fracasos anteriores, cuando Occidente se negó a implementar acuerdos que él mismo había respaldado, no se repita con respecto a los acuerdos de Alaska. Pero, lamentablemente, hasta ahora nuestros socios estadounidenses no han mostrado interés alguno". Y, lamentablemente, tiene las manos atadas para ir más allá de las palabras.
Así que ¿tomar Manhattan? Al Kremlin ni se le ocurre. ¿Tomar Berlín? Pudiera ser. Pero entre medias está el aburrimiento.
El Lince

