Tres en uno
Estamos en una situación en la que se puede titular una entrada de muchas maneras. la pesadilla, la provocación, un paso adelante y dos atrás. Aparentemente no tienen nada en común, en la práctica están interconectados estos tres titulares.
Unos, los occidentales, están en estado de shock, en un estado de emergencia política, cultural, militar y emocional como consecuencia de la aceptación acrítica de unos sistemas construidos sobre la aceptación tácita de la "protección imperialista de EEUU". Cuando esa protección se convierte en una boa constrictor o en una hiena que solo espera el cádaver para saciarse con la carroña comienza la pesadilla. En esa pesadilla las sociedades occidentales se comportan como si no pasase nada, fingiendo que son gobiernos autónomos (independientes nunca lo fueron) pero siguen subordinados a EEUU ilusionándose con que no es más que una situación en la que hay una división de roles pasajera. Aceptan a regañadientes y con mucha resistencia que el mundo colonial (el jardín) ya no existe pero se niegan a asumir que otros modelos, el chino, por ejemplo, son muy superiores (la selva) y han sobrepasado con mucho a Occidente en todos los aspectos.
Los occidentales, viejos o jovenes, nos negamos a considerar las posibilidades históricas que se nos están presentando con el nuevo mundo multipolar que está en marcha, lo que demuestra una absoluta incapacidad de romper con el gen neocolonial que llevamos dentro y, sobre todo, y pese a todo, la incapacidad de comprender otros países, otras culturas, otras posibilidades. Sobre todo cuando los viejos asustan a los jóvenes con pesadillas como el rearme porque vienen los monstruos mientras, cuando están despiertos, nos asombramos porque los jóvenes nos dan la espalda y apuestan -por ignorancia y por nuestras renuncias- por los neofascistas.
Aquí Cuba nos puede dar una lección, nos está dando una lección. Lejos de lamentar el pasado (como eso de que Rusia, o la URSS, ayudaron a muchos pueblos) afrontan con determinación el presente. Lo tienen difícil, muy difícil, pero no lloran, dan la cara y buscan soluciones. Cuba nos da otra lección: no es un romanticismo ilusorio lo que hay que defender, sino cómo cuando hay determinación existe una posibilidad, por pequeña que sea, de impedir que el imperialismo mantenga su dominio. Ni México, ni Brasil, ni Colombia llegan a ese nivel y no llegarán ni ahora con los supeustos "progres" ni en mil años. Y no digamos Venezuela, de la que mejor no hablar.
Aquí ya habrá quien hable de "provocación". Como cuando se critica a la Rusia dirigida por los euroatlánticos del Kremlin. Bertolt Brecht utilizaba el escándalo, la provocación, la rudeza de sus comentarios y su lenguaje como un catalizador dialéctico. Su objetivo era romper la complacencia burguesa para obligar a quien lo leyera, a quien asistiese a la representación de sus obras, a cuestionar la realidad. Brecht decía que en un mundo "saturado de vacíos", solo la franqueza radical suponía una sacudida no solo ética sino pedagógica. Y decía que lo que pretendía era "despertar el pensamiento crítico frente a la pasividad". Algo así se pretende aquí.
Hay gente que se aferra con fuerza a sus ilusiones y que convierte esas ilusiones en certezas inmutables. Peor para ella. Hay gente que confunde las churras con las merinas. Peor para ella. En el caso de Rusia lo veremos en las elecciones de septiembre. Entonces esas ilusiones se romperán en mil pedazos.
Porque lo que está pasando en Rusia se puede resumir con una frase de Lenin: un paso adelante, dos atrás.
Alguien tiene que explicar el por qué de varias cosas. Por ejemplo, cómo es que cuando el ministro de Extriores Lavrov (euroasiático) llamó a su homónimo de EEUU (25 de mayo) se utilizaron las expresiones "ataques sistémicos y constantes" sobre las infraestructuras neonazis y un día después (26 de mayo) esas expresiones desaparecieron con una explicación rocambolesca: "desconocemos la reacción de Estados Unidos a la advertencia de Rusia sobre ataques a objetivos militares en Kiev". El comunicado del ministerio de Exteriores lo tenéis aquí. La reacción rocambolesca, aquí. Lo más interesante es el subtítulo de esta historia rocambolesca: "Dmitry Peskov se negó a interpretar la formulación del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso sobre si "ataques sistemáticos" significaba que los ataques se producirían a diario o a intervalos determinados". No temáis, pinchad y sacad vuestras propias conclusiones.
Porque si no lo hacéis, tal vez tengáis que plantearos una pregunta como ¿se está pidiendo autorización a EEUU para responder a los neonazis del país 404, antes conocido como Ucrania, como se merecen? O ¿ese desmentido a Lavrov indica cómo está la lucha entre los euroatlánticos y los euroasiáticos del Kremlin? O mejor aún, ¿espera el Kremlin que con estas cuestiones, llamadlas advertencias, Trump se encargue de Zelenski a cambio de seguir conteniendo a los militares?
Y si tenéis respuesta a una o a otra, o a las tres, ¿por qué el día 27 el emisario especial y personal de Putin para las negociaciones con EEUU, ese que siempre alaba a EEUU y que nunca critica a EEUU, publica que no hay que ir a una escalada? Lo que dice es "si Ucrania sufre una grave escasez de misiles de defensa aérea, quizás sea mejor centrarse en la paz que en las provocaciones y la escalada. La paz siempre es la mejor estrategia".
¡Qué bonito! Si no fuese porque el índice de descontento con la situación en el país 404, antes conocido como Ucrania, no deja de crecer entre la población rusa. En enero el 66% pensaba que se iba "en la dirección correcta", en mayo ya ha bajado esa opinión hasta el 55%. Si una cosa baja, otra sube: en enero el 21% pensaba que se iba "por el camino equivocado", ahora la proporción llega al 28%. Desde luego que el fantasmagórico "espíritu de Anchorage", los supuestos acuerdos alcanzados por Putin y Trump hace un año y no cumplidos por EEUU pese a la contención rusa y la obcecación de los euroatlánticos en ellos, no están pasando su mejor momento a nivel popular.
En cualquier caso, hay otras cuestiones a tener en cuenta, sobre todo en lo referente al mundo multipolar que está en marcha. Como el hecho de que Rusia ha emitido bonos soberanos en renminbis (yuanes) por segunda vez en menos de un año. La primera vez fue en octubre, la segunda ahora, ayer día 28. En octubre se hizo para compensar el déficit fiscal causado por la reducción del gasto militar y los ingresos petroleros. Ahora, con los beneficios que está suponiendo para Rusia el cierre del estrecho de Ormuz, la emisión de esos bonos tiene un carácter político que es reforzar la colaboración y cooperación con China y reforzar la política china de reemplazar poco a poco al dólar y al euro como referencias en los bonos a largo plazo.
Esto se produce en unos momentos en los que todo el mundo se está deshaciendo del dólar y aumentando sus reservas monetarias en oro (actualmente el 26'6% del total, situándose al nivel de la crisis del petróleo de 1973) y cuando Europa está cada vez más hundida en su propia mierda: Francia está técnicamente en recesión, con su economía contraída en el 0'1%, lo que ha supuesto un aumento de la inflación hasta el 2'8% (3'6% en España y 3'8% en EEUU)-
El Lince





