martes, 18 de septiembre de 2018

Tanto va el cántaro a la fuente...

Un avión militar ruso derribado en Siria. Derribado por Siria mientras atacaba el régimen fascista de Israel que utilizaba el avión ruso como señuelo. Tanto va el cántaro a la fuente que termina rompiéndose. El régimen fascista de Israel ha atacado Siria cuando le ha apetecido. Rusia siempre ha mirado para otro lado. Ahora ya tiene su ración. Su torpe reacción cuando se produjo el ataque de EEUU, Francia y Gran Bretaña ha alentado todo lo demás. No respondió entonces. No lo va a hacer ahora.

Os dije que el envío de barcos y submarinos al Mediterráneo no significa nada si no hay intención de usarlos. Ni las había ni las hay. Putin no va a pasar de las palabras, otra vez. Acaba de decir que "ha sido una cadena de eventos aleatorios trágicos". Rusia, otra vez, va a aceptar la humillación. Como hace seis meses, como con el asesinato de Zajarchenko en el Donbás. Putin sigue con esa estupidez de "nuestros socios occidentales" aunque, por otra parte, refuerce su relación con China. Putin sigue tambaleándose como los borrachos, una vez sobre una pierna y otra sobre otra. Ahora mismo no hay un rumbo fijo en el Kremlin. Salvo que el derribo del avión ponga las cosas en su sitio.

Afortunadamente para Putin esto ha ocurrido tras las elecciones municipales y a gobernadores donde ha sufrido un fuerte revés, aunque haya ganado. El ascenso del Partido Comunista ha sido considerable, aunque todavía insuficiente (por ahora). Pero en aquellos lugares donde hay que ir a una segunda vuelta, la derrota de Rusia Unida, del partido de Putin, está ahora asegurada.

Putin ya no despierta pasiones en Rusia. Su aureola comenzó a declinar con la decisión de aumentar la edad de jubilación. Ahora va a acelerar su caída. Porque Rusia, que tiene una ocasión inmejorable para parar los pies al régimen fascista de Israel (y, de rebote, a Occidente) no lo va a hacer. Putin ya ha dicho, con eso de la "cadena de eventos trágicos", que no va a haber represalia alguna. Dice, eso sí, que Rusia "tomará medidas que todos notarán". Lo dudo. Palabrería, simple palabrería.

El Lince

lunes, 17 de septiembre de 2018

Desdolarización acelerada

Han pasado muchas cosas estos días: la concesión a Turquía sobre la provincia siria de Idlib, el nuevo ataque del régimen sionista de Israel a Siria, las maniobras ruso-chinas (con la también participación de Mongolia) que deja al descubierto la precariedad de la OTAN por mucho que ladre, el infame Almagro pidiendo una guerra con Venezuela (¿qué hacen todavía en la OEA países como Bolivia, el México "progre" de López Obrador, aunque aún no haya tomado posesión de forma oficial, la Nicaragua de ese no-sandinista que es Ortega, o El Salvador de Cerén?), los nuevos aranceles contra China, las nuevas sanciones estadounidenses contra China y Rusia por Corea del Norte...

Pero sin la menor dura lo relevante, para el ahora y para el futuro, es lo que ha ocurrido en el Foro Económico Oriental que acaba de terminar. No busquéis información en los medios de propaganda occidentales, que no la encontrareis. Pero lo que ha ocurrido allí es determinante.

No sólo han participado delegaciones de 60 países (es decir, unos pocos menos de los que integran el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras, la alternativa clara el FMI) sino porque se han firmado 175 acuerdos comerciales por un valor total equivalente a 4.300 millones de dólares. Y digo equivalente porque lo relevante es que la práctica totalidad de ellos se ha hecho sin tener en cuenta al dólar.

El dólar controla hoy casi el 70% de todas las transacciones comerciales. O controlaba. El euro el 20% y el resto se distribuye entre las otras monedas que están en la canasta de divisas del FMI: libra esterlina, yen y yuan. Esto ya ha pasado a la historia. El declive del dólar es ya imparable y aunque el ritmo aún es lento, se puede hablar sin miedo alguno de que asistimos a una desdolariación acelerada de la economía mundial.

Veréis por qué ha sido determinante este Foro Económico Oriental para ello. Además de la firma de contratos y acuerdos comerciales, se han producido procesos de fusión de empresas que van a dejar pequeñas a las mayores multinacionales occidentales. Por ejemplo, Rusia y China han llegado a un acuerdo para la creación de una empresa conjunta, que fusiona dos chinas y una rusa, para la extracción de gas licuado de los yacimientos rusos de Chukotka y la inversión en proyectos agrícolas en los países asiáticos. Al mismo tiempo, y para reforzar el flanco del gas, la rusa Rosnett y la China CNPC han establecido una empresa conjunta para la explotación petrolera. Es decir, China se vuelve prácticamente invulnerable en cuanto a su suministro energético y el cerco marítimo que esta intentando hacer EEUU se queda en esfuerzos baldíos. Rusia, por su parte, se asegura que el principal comprador de petróleo del mundo refuerza su posición como principal suministrador.

Occidente no tiene otra opción que patalear, otra vez. Insultar, atizar la rusofobia y la chinofobia en los medios de propaganda. Hacer ruido, en definitiva. Mucho ruido y pocas nueces, aunque siempre queda el margen de locura de los estadounidenses y sus vasallos europeos (sobre todo, los británicos) que pueden desencadenar un enfrentamiento directo para no perder lo que les queda de hegemonía que se escurre de sus manos cada segundo que pasa.

Putin y Xi se reunieron, por tercera vez este año, y lo que acordaron es para que Occidente se ponga a temblar: el comercio entre los dos países está creciendo a un ritmo espectacular (un incremento del 30% respecto al del año pasado, sólo en lo que va de 2018) por lo que se llegará a los 100.000 millones de dólares este año. Es decir, al equivalente a 100.000 millones de dólares porque el acuerdo es "expandir el uso de las monedas nacionales en acuerdos bilaterles (...) sin las condiciones de riesgo de los mercados globales". La estupidez occidental es proverbial: hay que dar gracias a las sanciones y, ahora, a los aranceles.

El año pasado Rusia suministró a China 30 millones de toneladas de petróleo, en lo que va de año ya son 52 millones. La construcción del oleoducto "Poder de Siberia" va tan rápido que Putin y Xi anunciaron su terminación a finales de 2019, por lo que a partir de esa fecha China será prácticamente invulnerable a las presiones energéticas. Adiós, Arabia Saudita. Bienvenido Irán. Porque este país también entra en el juego ruso-chino. Añadid lo que os he comentado del gas licuado y entenderéis mejor lo que pasa, que no tiene nada que ver con lo que nos cuentan. Al mismo tiempo, Rusia está a punto de convertirse en el principal suministrador de carbón y tecnología nuclear a China. Dos de los pre-contratos firmados fueron para la construcción de dos centrales nucleares. Aunque aún no son firmes, que a nadie le quepa duda de que el año que viene serán oficiales.

Otro de los acuerdos significativos, y que tiene que ver con los aranceles estadounidenses a China, es que Beijing deja de comprar trigo a EEUU y lo hace a Rusia. La venta de trigo ruso (que es el principal productor mundial) a China se ha incrementado un 50% desde que en marzo Trump impusiese los primeros aranceles. Eso ha supuesto que en lo que va de año los rusos hayan vendido a los chinos 656.000 toneladas de trigo más que en el 2017. Lo mismo se puede decir de la carne y de los productos lácteos.

¿Aún más? Pues sí. Aprovechando la coyuntura, muchos países están dando la espalda a Occidente, a sus monedas, al dólar y al euro. Y lo hacen acudiendo al yuan. La "yuanificación" de la economía mundial está creciendo de forma visible gracias a la bolsa de petróleo de Shanghai, que está aumentando, mes tras mes, su participación en los mercados de petróleo. Ya está en el 14'4% de todo el petróleo que se vende o intercambia en el mundo. Recordad lo que os decía hace poco tiempo, que los chinos están haciendo camino al andar. Por si queréis datos, ahora mismo el petróleo WTI tiene una cuota de mercado del 56'7% y el Brent del 28'9%. Recordad que la bolsa de petróleo de Shanghai  sólo lleva operando desde finales de marzo.

La desdolarización avanza y nadie la puede parar, salvo una guerra. Es una tendencia que está cobrando impulso en todo el mundo, con China y Rusia liderando el movimiento. Y también os recuerdo que en julio los BRICS se pusieron a la labor. Insisto, también: hay que dar las gracias a Trump.

El Lince


miércoles, 12 de septiembre de 2018

Demostración de fuerza

De nuevo Catalunya en la calle. De nuevo el clamor por la independencia. De nuevo la gente mostrando una firmeza de la que carecen sus políticos burgueses, esos que se asustaron hace un año tras el referéndum y que dejó en la estacada a quienes habían recibido estacazos. Catalunya ha vuelto a hacer una demostración de fuerza pero que se quedará en un simple atrezzo teatral, con un gran número de figurantes, si no se da un paso más: la desobediencia. ¿No es eso lo que, a fin de cuentas, se reclamaba al exigir a los partidos políticos timoratos "ni un paso atrás"?

El pueblo sigue cumpliendo son su deber, los políticos no. Y cuando el pueblo consiente esos políticos, su esfuerzo y su generosidad no sirven de nada. Se clamó por los presos políticos, pero éstos tienen una baza en su mano que, sorprendentemente, no han jugado: la huelga de hambre. Una decena de presos de ese calado en huelga de hambre sería una imagen insoportable para el régimen neofranquista y monárquico del 78. Cuando se aproxima el juicio contra ellos no se puede pretender reeditar un caso como el "juicio de Burgos" de 1970, cuando los militantes de ETA pusieron contra las cuerdas al franquismo. Ese momento ya pasó. Entonces el franquismo estaba solo, hoy su sucesor está apoyado por Europa, como viene quedando claro desde el referéndum del 1 de Octubre del año pasado al avalar la represión ejercida desde entonces. Es, por lo tanto, el momento de otro tipo de medidas, más radicales y más audaces.

La CUP volvió a ser el revulsivo, organizando su propia manifestación al final de la convocatoria oficial de la Diada, a la que también acudió. Es la única formación que garantiza que las camisetas y las banderas no van a quedar arrumbadas en un armario hasta la próxima representación donde se necesiten figurantes.


El Lince

lunes, 10 de septiembre de 2018

A medias

Ayer se celebraron las elecciones municipales y a gobernadores en Rusia. El desgaste de Putin y su partido, Rusia Unida, ha sido considerable aunque ha ganado. A medias, pero ha ganado. El avance del Partido Comunista de la Federación Rusa ha sido a medias, con algunos logros notables. En síntesis, y a la espera de más datos, la cosa ha sido así:

- Moscú (12 millones de habitantes), gana Rusia Unida con el 69'48%, segundo el PCFR con el 11'71%. Lo más significativo fue la abstención al alcanzar el 69'72%.

- Ulianovsk (700.000 habitantes), ciudad de nacimiento de Lenin, gana el PCFR con el 36'24%, segundo Rusia Unida con el 33'96%. Aquí la llave la tienen, por una parte, los neoliberales nacionalistas (Partido Liberal Democrático, no pro-occidental) con un 13'51% y los Comunistas de Rusia con un 5'83%. Los primeros son claramente de derechas, los segundos están más a la izquierda del PC. Pero ambos se oponen a la subida de la edad de jubilación, como ocurrió en la Región Autónoma Judía y es probable que apoyen al PCFR. Con algunas variaciones, lo mismo se puede decir en otras localidades.

- Toliatti (Togliati, 800.000 habitantes), ciudad que lleva el nombre del histórico dirigente comunista italiano, gana el PCFR con el 35'91%, segunda Rusia Unida con el 28'56%. El PLD tiene el 15'02%.

- Irkutsk (700.000 habitantes), gana el PCFR con el 33'99%, segundo Rusia Unida con el 27'88%. El PLD tiene el 15'8%.

- Sizran (200.000 habitantes), gana el PCFR con el 36'16%, segundo Rusia Unida con el 34'60%. El PLD tiene el 15'54%.

- Kaliningrado (500.000 habitantes), gana Rusia Unida con el 40'09%, segundo el PCFR con el 22'48%.

- Nóvgorod (300.000 habitantes), gana Rusia Unida con el 47'34%, el segundo es el PCFR que tiene el 22'32%.

- Sarátov (900.000 habitantes), gana el PCFR con el 45'35%, Rusia Unida tiene el 12'94% quedando por debajo del PLD que tiene el 16'01%.

- Tver (500.000 habitantes), gana Rusia Unida con el 36'21%, el segundo es el PCFR tiene el 20'82%.

Aún falta mucho para poder desbancar a Putin y su partido, pero el camino se está comenzando a transitar con mucha fuerza. Los porcentajes del PCFR son notables y el ascenso es espectacular en muchos lugares, aunque insuficiente (por ahora) para derribar la política neoliberal de Putin y su gente. Pero Putin es muy astuto y, refiriéndose a las elecciones, ya ha dicho que "toma nota" de los resultados y aprieta a Rusia Unida para que implemente políticas sociales y "se centre en la mejora de las condiciones de vida de las comunidades".

Estas elecciones han sido un aviso claro de lo que está pasando en Rusia. A nivel interno Putin ha logrado salvar los muebles, a medias, pero queda el desafío de la política externa. Aunque aquí cuenta con el apoyo de casi todo el mundo, una vacilación dará al traste con toda su popularidad, que ahora ha recibido un importante mordisco. Y, por cierto, los liberales pro-occidentales tipo Navalny, esos que aparecen siempre en los medios de propaganda, son inexistentes y con porcentajes casi ridículos allá donde se han presentado. En muy pocos sitios han logrado el 5%.

Una aclaración: en el Kremlin hay dos tipos de neoliberales, los euroatlánticos (Medvedev) y los euroasiáticos (Putin). La pelea está entre ellos, sin duda. Fuera están los no pro-occidentales (Zirinosvski, del PLD) y los sí pro-occidentales (Navalny). Tener esto en cuenta, al menos de forma simple, es fundamental a la hora de hablar de Rusia. Tened cuidado a la hora de hablar de ovejas: hay churras y merinas, ambas son ovejas, pero no son iguales. Lo mismo pasa con los neoliberales rusos.

El Lince

jueves, 6 de septiembre de 2018

Jeroglífico

¿Iniciar las represalias o aceptar las humillaciones? Esta es la gran incógnita en Rusia hoy, a nivel de política exterior y de geoestrategia. Tras el asesinato de Zajarchenko en Donetsk, Rusia tiene que actuar. Es una obligación porque el malestar es cada vez más evidente, dentro y fuera del Donbás. Recupero un cartel soviético de 1921 que dice "Donbás, el corazón de Rusia". Se refiere, básicamente, a la riqueza minera, imprescindible para alimentar la industrialización que comenzaba entonces en la URSS.


Mañana se celebra la crucial reunión entre Rusia, Irán y Turquía (el grupo de Astaná) para decidir la ofensiva final del gobierno sirio sobre Idlib. EEUU y sus vasallos europeos siguen insistiendo en que no y alientan, otra vez, el espantajo del "ataque químico" como amenaza para atacar a Damasco y proteger a los yihadistas (esos "revolucionarios" que tanta simpatía despiertan en los mal llamados "progres"). Rusia ha movido barcos y submarinos al Mediterráneo, junto a los aviones y misiles que tiene en Siria, pero eso no indica nada si no hay voluntad de utilizarlos. Dejo un gráfico sobre lo que ese despliegue podría (condicional) hacer.


Putin está en una encrucijada. Este mes hay elecciones municipales y a gobernadores en Rusia. La elevación de la edad de jubilación está pasando factura a su gobierno y a su partido. Titubear en política exterior sería la puntilla. Este es el jeroglífico ahora para el Kremlin (y para nosotros).

El Lince

lunes, 3 de septiembre de 2018

El final de la etapa romántica

Comencé a escribir estos análisis en julio de 2014 hastiado de la inacción de los mal llamados "progres" con el golpe nazi del Maidán ucraniano y la guerra de agresión lanzada contra el Donbás cuando los habitantes de esta zona se negaron a aceptar el nazismo. Fue el comienzo de dos cosas sobre los mal llamados "progres": la constatación de la mediocridad en política interna e ignorancia en política exterior y su estupidez a la hora de considerar como "revolución" cualquier cosa que se mueva aunque sea más que sospechosa. "Revolución" de la que, por cierto, abominan aquí y que cuando se produce, como en Catalunya, huyen despavoridos para refugiarse en los cómodos sillones del sistema.

Mientras estos mal llamados "progres", que no son otra cosa que la izquierda de la derecha, defendieron a los nazis, criticaron a los antifascistas del Donbás. Y les dejaron a su suerte repitiendo, una vez más, el discurso de "títeres de Putin" como luego hicieron con el gobierno sirio. Eso fue lo que me llevó a comenzar a escribir aquí.

Durante mucho tiempo seguí casi al día lo que acontecía en el Donbás y desde hace un tiempo, un año exactamente, no publico nada. Ahora hay que hacerlo porque ha sido asesinado Alexander Zajarchenko, el principal dirigente de la Republica Democrática de Donetsk.

Zajarchenko era el hombre de Moscú, por lo que su asesinato deja en muy mal lugar al Kremlin. Entre otras cosas, por la más que deficiente protección. En unos momentos en los que los neonazis ucranianos se están preparando para romper los acuerdos con Rusia firmados tras la desintegración de la URSS, con las provocaciones en el Mar Negro (con detenciones de pesqueros rusos) y con el evidente incumplimiento de los Acuerdos de Minsk, mantener la ficción de que todo sigue igual es otra estupidez de los neoliberales de Putin, a quienes arropa. Todavía siguen hablando de "nuestros socios occidentales" y dando oportunidades a los neonazis como hizo recientemente Putin en su reunión con Merkel dando garantías sobre el mantenimiento del tránsito del gas por Ucrania.

Si en EEUU hay un "estado profundo" que está engullendo a Trump, en Moscú también lo hay y son los neoliberales quienes están rodeando, como una anaconda, toda la política, apretando y apretando cada vez más haciendo que el cuerpo no deje de mirar a Occidente. Los Acuerdos de Minks fueron la última oportunidad de poder negociar con Occidente de una forma civilizada. Desde entonces, uno tras otro, los más significados dirigentes, claramente antifascistas, han sido asesinados uno a uno: Mozgovoi, Motorola, Givi y ahora Zajarchenko. Con él muere la etapa romántica del antifascismo. Ninguna de las muertes se ha aclarado, ni se hará. Unas son claramente achacables a los servicios secretos ucranianos, otras a ajustes de cuentas (como ocurrió con Mozgovoi) porque se negaba a aceptar el retorno de los clanes oligárquicos al Donbás.

Zajarchenko no era ajeno tampoco a esto. Él protegió los intereses de uno de los principales oligarcas, Ajmetov, y más recientemente a otro, Kurchenko. El antifascismo se fue diluyendo para caer en lo de siempre, pese a que se rehabilitasen los monumentos soviéticos destruidos por los neonazis y se reinstalasen las estatuas de Lenin. El antifascismo quedó en una simple fachada de cara al neonazismo de Kiev. La gente esperaba cambios, económicos y políticos, pero no fue así.

Es cierto que ha habido una política mejor que en Kiev, manteniendo ciertas ayudas sociales y controlando los precios, por ejemplo, pero poco más. Cuatro años después, no se ha avanzado ni un milímetro en la unificación con Luganks (aunque Zajarchenko ayudó a derrocar al corrupto primer ministro Plonitsky) y la famosa Malorossiya (Pequeña Rusia) que Zajarchenko se comprometió a proclamar este pasado mes de julio duerme el sueño de los justos.

Sin embargo, Zajarchenko era el último símbolo de esa etapa romántica antifascista. Era el exponente más claro del rechazo al nazismo del Maidán. Eso facilita, también, una nueva iconografía, un nuevo escenario tanto para los neonazis de Kiev como para Moscú. Zajarchenko era uno de los firmantes de los Acuerdos de Minsk, por lo que ahora hay que darlos formalmente por rotos. Si Moscú sigue insistiendo en ellos no solo cometerá otro error -como el reconocer el gobierno de Poroshenko- sino que estará dando validez a toda esta estrategia de asesinatos. La tibia reacción de Moscú tras el asesinato de Zajarchenko es una buena pista. Estamos en algo parecido a lo de Siria, o iniciar las represalias o aceptar las humillaciones. Llevándolo un poco más lejos, es una clara provocación a Rusia en unos momentos en los que está centrada en Siria. Es como reactivar de nuevo otro frente. Y Putin arropando a los neoliberales. Pues muy bien, ya tiene otra buena muestra del buen hacer de Occidente.

Además, según esos acuerdos, el estatus especial del Donbás que se aprobó, con muchos recortes, en la Duma ucraniana, expiran dentro de dos meses, por lo que o bien se prorrogan o se incumplen definitivamente. Eso lleva a un nuevo escenario en el que Zajarchenko era fundamental: se oponía a la presencia de tropas de "mantenimiento de la paz" en el Donbás. Esa era inicialmente una propuesta rusa, luego descartada y retomada por los neonazis.

Se entra, por lo tanto, en una etapa de desestabilización evidente y en el que la gente tiene que reaccionar, tanto contra las amenazas externas como contra las internas. Tiene que volver el antifascismo original, la lucha contra los oligarcas y dar un puñetazo encima de la mesa del Kremlin. Porque la impresión es que Rusia está relajando su política en el Donbás. Cuando te golpean el silencio no es una opción, hay que responder. Por ejemplo, diciendo al Kremlin que si no puede parar los asesinatos tiene que reconocer a las repúblicas del Donbás.



El Lince

viernes, 31 de agosto de 2018

Se la juega

Putin se la juega. Por primera vez desde el año 2000, está a la defensiva. Ha tenido que salir en televisión para defender el aumento de la edad de jubilación haciendo alguna pequeña concesión. Pero la gente no traga. El que haya sido él y no su primer ministro indica cómo están las cosas. Sólo él tiene la suficiente popularidad como para hacerlo, aunque desde que se anunció ese aumento de la edad de jubilación, en mayo, la disminución es evidente y sólo ahora, al salir en televisión, ha recuperado algo: ahora está en el 70%.

Por el contrario, su gobierno está absolutamente desprestigiado, con niveles de desaprobación altísimos que cada vez van a más: el 71% lo rechaza.

La Duma, el parlamento, no sale mejor parado: el 68% dice que no aprueba su labor.

Como veis, el rechazo no hace más que subir con la excepción de Putin, que parece haber recuperado algo de resuello.

Tal vez haya que aplicar a los rusos el viejo dicho de que sarna con gusto no pica si en las elecciones del mes que viene vuelven a apoyar a Rusia Unida. Putin ha hecho un llamamiento a "o yo o el caos" y, sobre todo, ha hecho un llamamiento al voto femenino ofreciendo una rebaja de tres años en el aumento de la jubilación de las mujeres, que de los 63 previstos pasa a los 60 años, al tiempo que utiliza el reclamo de los hijos para añadir un poco más de sal: para las mujeres con tres hijos la jubilación sería a los 57, para las de cuatro a los 56 y para las de cinco se mantendría en los 55 años actuales. Para los hombres queda igual, un aumento desde los 60 actuales a los 65 previstos.

Ayer, en un nuevo intento de evitar la catástrofe, el gobierno anunció que las pensiones más bajas serán del 70% del salario mínimo. Eso supone un aumento del 25% respecto a los mínimos actuales y con ello esperan revertir una situación que se les empieza a ir de las manos. Con esto dice el gobierno que se cumple una de las promesas de Putin en marzo, una verdad a medias y que ha tenido que producirse tras las movilizaciones de rechazo al aumento de la edad de jubilación. También ha anunciado un aumento de las inversiones en sanidad y educación, aunque sin concretar.

Son movimientos a la desesperada tanto de Putin como de su partido, y no se descartan nuevos movimientos que "suavicen" la ley antes de las elecciones. Putin no cumplió su promesa de renovar el gobierno tras las elecciones presidenciales de marzo. Al contrario, lo que hizo fue reforzar a los neoliberales. Ahora está pagando las consecuencias.

El Lince