lunes, 2 de noviembre de 2026

La ira y los agentes del caos

Estos días he tenido una muy interesante conversación con una amiga muy preocupada con la represión que se avecina en el Estado español. La lástima es que el Estado español está anestesiado por la "progresía" desde hace muchísimos años, hasta convertirse en uno de los pocos países de Europa donde no hay contestación social alguna y donde se fía todo a la cuestión institucional. Como si eso sirviese para algo.

Pero hay cosas que hay que tener en cuenta y donde el referente sigue siendo Francia. Porque el tercer fin de semana de ira en Francia ya ha calado con fuerza en Italia, en Alemania y en Albania. 

En Italia el día 30 hubo una huelga general bastante exitosa pese a que no fue convocada por los sindicatos tradicionales, cada vez más amarillos, sino por la Unión Sindical de Base. Mi amiga dice que no fue tan exitosa porque apenas ha hecho cosquillas a Meloni. Se equivoca. De medio a medio. Es un síntoma del colapso social, de cómo la gente ya está sobrepasando a los institucionales (sindicatos incluidos) y cómo el colapso social se está transformando en movilización política. Esto es evidente que no se ve desde el Estado español, donde la poca gente que se mueve lo hace por emociones, no por política. Aquí no hay ninguna referencia a la guerra, al rearme, a lo que se envía a los neonazis del país 404 -antes conocido como Ucrania-, al alto costo de la vida que es consecuencia de lo anterior. En Italia sí. Y en Alemania. Y, sobre todo, en Francia.

Así que comienzo por aquí, por Italia. La huelga general del 30 de octubre es importante, en el marco italiano, casi excepcional, porque fue en contra de los sindicatos tradicionales, porque marca una nueva fase de la lucha social y política en Italia y donde se produjo algo que ha hecho que los institucionalistas, de derecha y de la pretendida "izquierda", estén bastante preocupados con lo que llaman "los agentes del caos" porque hubo una convergencia de los movimientos obreros, estudiantiles, de trabajadores precarios, migrantes, estibadores, campesinos y defensores del derecho a la vivienda demostrando que hay un sector creciente de la sociedad que se niega a soportar pasivamente las políticas del gobierno de Meloni, la economía de guerra, la pérdida de poder adquisitivo y el desmantelamiento de los derechos sociales. Por ello, ya hay otra gran movilización convocada para el 20 de noviembre y para el 12 de diciembre, porque hay que dar continuidad, organización y perspectiva política a lo que se hace y no dejarlo como una acción aislada, por muy exitosa que sea.

La huelga del 30 de octubre tuvo una fuerte participación, que sorprendió a los institucionalistas confiados en que su inacción, su posición de poder, su control del estercolero mediático iban a ser suficientes para hacer que fracasase. Fracasaron ellos porque la participación no solo superó las expectativas sino que mostró que ha surgido una nueva capacidad de gestión de conflictos sociales. Y una cada vez mayor oposición de clase, concepto que había desaparecido en la práctica. Se empieza a reconocer la guerra, la austeridad, la privatización de los servicios y la precariedad laboral como diferentes manifestaciones de la misma lógica de dominación económica y política. Por eso es importante, porque se constata que no basta con modificar el panorama electoral si no se transforma el equilibrio de poder en la sociedad, si no se establece un liderazgo organizado de los trabajadores y las clases trabajadoras. 

Uno de los resultados más importantes del 30 de octubre fue vincular explícitamente la cuestión social con la cuestión internacional. El país antes conocido como Ucrania ya no es un desconocido, porque la cantidad de dinero que se ha enviado a los neonazis del país 404 repercute directamente en las condiciones de vida de la población europea. El comisario de Energía de la UE acaba de decir que 50 millones de europeos "tendrán que elegir entre comer o calentarse este invierno", y lo hace tan ufano el mismo día en que la UE acuerda dar a los neonazis otros 45.000 millones de euros (y ya son casi 160.000 los entregados). Y no hay reacción alguna excepto en Francia, en Italia y en Alemania. Porque eso va en detrimento de la protección social, la sanidad, la educación, las pensiones y las inversiones productivas y sociales.

No hay que perder de vista que esta huelga general en Italia coincidió con la iniciativa de Puertos en Acción, de los estibadores de 113 puertos de 22 países que paralizaron el transporte portuario contra el tráfico de armas y la complicidad económica en guerras y genocidios. Esto es importante porque se ha demostrado que los estibadores, que forman parte del mundo del trabajo, no están condenados a ser un engranaje pasivo en la economía de guerra. Al contrario, pueden convertirse en un actor activo, capaz de obstaculizar el transporte de armamento y denunciar la responsabilidad de los sectores económicos en la producción y distribución de armas de guerra. Es una práctica concreta de internacionalismo.

Por supuesto que no ha faltado represión, que ha habido amenazas, que ha habido prohibiciones, que ha habido campañas de criminalización desde el estercolero mediático. Pero todo ello no disuadió la movilización. Todo lo contrario. Lo mismo que en Francia, donde los movimientos sociales continúan manifestando una fuerte oposición a las políticas gubernamentales y donde el uso de prohibiciones y medidas represivas no ha logrado que se olviden las causas profundas del conflicto.

En Italia no se conforman con el éxito del 30 de octubre. Tampoco en Francia, y ya llevan tres semanas continuas de movilizaciones y hay quien habla ya, tal vez con optimismo, de situación preinsurreccional. Porque una movilización de un día no altera para nada el equilibrio del poder, pero sí una constante movilización. Por eso en Francia ya se está hablando de ampliar la huelga general convocada para el día 5 de este mes a los días 6 y 7. Y lo que venga. 

Mi amiga dice que en Francia todo se va a calmar declarando muerta la V República y diciendo que se instaura la VI. Puede que tenga razón y que quien quiera que herede el desastre francés institucional intensifique la dictadura de la burguesía, como dijo Marx. Ella es anarquista y no conoce mucho a Marx. Pero la respuesta a esto es que ahora, cada vez más, esa actitud se enfrentará a un tsunami social y político. Ya no hay en el mundo ni un Lenin, ni un Fidel Castro, ni nadie así. Pero eso no significa que no haya que prestar atención a lo que está surgiendo. Asistimos a una crisis de Estado y de gobernanza que no va a ser fácil encauzar.

El camino que se está abriendo en Francia está generando unos nuevos campos y marcos de confrontación. Ya lo dijo Fidel Castro en 1976: "cuando hay una revolución, esta genera sus propios marcos". ¿La hay en Francia? Todavía no, pero se ha sobrepasado a partidos, sindicatos y a todo bicho viviente. La gente, mucha gente, ya ve que vivimos en una sociedad estancada con élites que se perpetúan en un círculo cada vez más cerrado, y los jóvenes no tienen un futuro, así que hay motivo para el optimismo.  

Francia es el epicentro de la crisis sistémica en la que está Europa y por eso hay que prestar mucha atención a lo que sucede allá. El debate es hacia dónde se va y cómo se quiere ir, una cuestión que trasciende a la limitada canalización político-institucional. Pero sin lanzar las campanas al vuelo ni mucho menos, en Francia hay una fuerza política institucional, La Francia Insumisa, que es mucho más seria que cualquier otra en cualquier otra parte de Europa.

Ahora mismo los acontecimientos se desarrollan a una gran velocidad y lo que decimos hoy se puede quedar viejo mañana. También lo dijo Lenin: "Hay décadas en las que no pasa nada, y hay semanas en las que pasan décadas". En Francia el movimiento de masas ha desbordado claramente a todo el mundo, especialmente a los institucionalistas. Y esto por una sencilla razón: para la mayoría de la gente que se está movilizando el sistema ha fracasado por completo. Se pueden hacer manifestaciones pacíficas, referendos sobre si gusta más el color verde que el azul, lo que sea. Pero no es más que apariencia porque los de siempre dicen "te escuchamos", lo que en realidad significa "hacemos lo que nos da la gana". Y eso ya no cuela, al menos en Francia. 

En Francia ya no vale lo pacífico, entendiendo por pacífico lo suave. Ante la brutalidad política de los constantes recortes, ante la privatización y destrucción de lo público, ante la brutalidad policial solo cabe la ira. Y la ira es algo más que un enfado pasajero. Mi amiga dice que no se han saqueado supermercados por comida. Sí, se ha hecho. ¿Es indicativo de hambre? No se sabe, aunque en algunos suburbios sí. Por eso la crisis no cede y va a más, porque cuando entramos en estos niveles el pueblo arrasa con todo. Aunque a gran escala la crisis alimentaria aún no ha llegado, mientras que sí la financiera o la energética. Pero se está muy cerca.

¿Es una situación insurreccional y potencialmente revolucionaria? No, no todavía. Se está entrando en ese momento, pero solo entrando. Se están analizando las relaciones de poder, se están moviendo instituciones que hasta ahora parecían estatuas, como el Ejército. Aquí hay quien dice que la represión que se está ejerciendo por parte de la policía es "contraria a los valores republicanos" y quien plantea un golpe de Estado antes de que la situación les desborde por completo. Algo debe haber cuando el principal dirigente de LFI, Melenchon, ha dicho públicamente que "la policía es degenerada mientras que el Ejército tiene una lealtad republicana". Confiar en el Ejército es mucho confiar, sobre todo porque en el proceso de fascistización que se está produciendo también se está infectando al Ejército, aunque sea a niveles de mandos intermedios. Pero el comentario es significativo de la situación actual. Porque quien lo dice no es un pirómano, sino un hombre institucional.

Esta es la contradicción de LFI, el defender las instituciones cuando las instituciones saltan por los aires. Porque las instituciones son odiadas, porque la policía es odiada, porque la "sociedad de consumo", esa que hace atractivos los escaparates, no se toma en serio sus famosos "valores". Porque cuando no hay follón los de siempre se regocijan ("un día sin incidentes importantes", editorial de Le Monde) y dan por amortizada la manifestación. Por eso se necesita cada vez más acción, más ira. Porque es la única fuerza motriz que impulsa el progreso de la situación. 

Aquí entra la huelga general del 5 de noviembre. Los sindicatos, desaparecidos en los primeros momentos, ahora la respaldan, sobre todo la CGT, una CGT que vuelve un poco a sus orígenes. Si la clase trabajadora, esa de la que abomina mucha gente, esa que en un alto porcentaje también apuesta por el neofascismo, entra en escena, la cosa cambia de cariz. Las encuestas dicen que el 82% de la población ve negro su futuro y el de sus hijos. Eso es mucha gente. De uno y otro color. 

Por eso la huelga del día 5 es importante, porque una huelga de masas, y el movimiento que hay en Francia es de masas, es un instrumento político con un gran poder. Alguien puede decir, como mi amiga, que desde los "chalecos amarillos" hasta los movimientos de pensionistas y "la revuelta de Nahel" (un joven asesinado por la policía en 2023) todo han sido fracasos. Bien, fracasos relativos. Porque han dejado las brasas que ahora arden. Y la diferencia es que ahora todos ellos están juntos.

Así que atención a Francia. No se está retrocediendo en absoluto. Se está haciendo frente al poder, a los cierres de calles, a las prohibiciones con las que ni siquiera se pretende respetar los "valores" y "las reglas de la democracia". Hay que recordar que el gobierno de Macron resiste porque ha contado con la vergonzosa ayuda de los "socialistas", a quienes se dio aire al aceptarles como "izquierda" en el Nuevo Frente Popular de las elecciones de 2024 y que rápidamente lo abandonaron para apoyar a Macron. También Macron ha contado con el apoyo de los gaullistas y los neofascistas de Le Pen. 

El sistema es extremadamente violento y no se oculta. Los manifestantes responden y tampoco se ocultan. No hay que tener miedo, ni al discurso. El gobierno, el sistema, sigue adelante con su plan neoliberal de recortar el gasto social en más de 40.000 millones de euros, especialmente en educación, sanidad y pensiones, por lo que los movimientos no tienen más remedio que continuar con sus protestas. Y sus acciones. 

La "paz social" ya no existe. Ha saltado por los aires con la estupidez de unas élites que dan todo al país 404 (117.330 millones de euros hasta ahora, más otros 45.000 prometidos) mientras dicen que sus poblaciones tienen que elegir entre comer o calentarse en invierno. Y quieren "paz social" y "no violencia". No es posible.

Por eso, para el sistema lo recurrente es la represión, Se detiene a miles, se identifica a miles, se multa a miles (y en el Estado español sigue vigente la "Ley Mordaza", esa que "el gobierno más progresista de la historia" se comprometió a derogar hace 8 años) y se dice que todos son violentos. Todos los psicópatas que nos gobiernan, y sus colaboradores (en especial el estercolero mediático) critican duramente las protestas masivas durante semanas, sin ninguna concesión para nadie, y estas mismas clases dirigentes, sus funcionarios y sus secuaces, son incapaces de responder de manera muy diferente a como el funcionario de la Jefatura de Policía interpretado por Gian Maria Volontè en la gran película social italiana de 1970 "Investigación sobre un ciudadano libre de toda sospecha" concluye su discurso: "¡La represión es civilización!".

P.D.- Una buena noticia: la empresa de LBD quiebra en Suiza. Dicho así no os sonará a nada, pero es la empresa que fabrica las pelotas de goma que nos lanza la policía en todo el mundo, con las que se ha cegado y mutilado a miles de personas en todo el mundo. La empresa se llama Brügger & Thomet, y no solo fabrica(ba) pelotas de goma, sino los chalecos antibala de muchas policías. Hay que decir que esas pelotas de goma están clasificadas como armas de guerra.

Resulta que en la noche del 28-29 de octubre hubo un incendio que destruyó toda la empresa. ¿Fortuito? No se sabe. ¿Provocado? Pudiera ser. Cerca del lugar se han visto algunas pintadas como "Jode a LBD". LBD es Lanzadores de Balas de Defensa. Así de bonito. Y así de bonito es que el fabricante de estos instrumentos de terror se haya visto atacado por ¿el terror? Los manifestantes de todo el mundo no llorarán por ello, eso seguro. 

El Lince