Algo está pasando aquí, y puede ser bueno
La lucha entre los euroatlánticos y euroasiáticos en Rusia está adquiriendo rasgos épicos. En los últimos 10 días hemos visto cuatro apariciones del mejor ministro de Asuntos Exteriores del mundo, Lavrov, diciendo cosas que están en las antípodas del manido discurso que mantienen los euroatlánticos. Todo lo que dice Lavrov se resume en una frase: el "espíritu de Anchorage" está prácticamente muerto. Es decir, que el acuerdo al que llegaron Putin y Trump en Alaska en agosto del año pasado es ya agua pasada.
En castellano, la expresión "espíritu de un acuerdo" se refiere a la "intención, propósito o finalidad subyacente que las partes perseguían al firmarlo". Es decir, que la cosa se refiere tanto al por qué como al para qué. El por qué es la superioridad rusa en el campo de batalla en el país 404, antes conocido como Ucrania. El para qué es para iniciar un hipotético proceso de paz. Según lo que va soltando el sector euroasiático, Rusia aceptó la propuesta de Trump de controlar todo el Donbás (Donetsk y Luganks) y no ir más allá de lo que ha logrado en Jersón y Zaporoje (nombre ruso). Es decir, tal y como os comenté en octubre del año pasado, lo que aceptó es la medalla de plata rechazando la medalla de oro.
En esas apariciones de Lavrov, entrevistas y reuniones, lo que dijo fue muy extenso: desde el orden económico emergente hasta la guerra en el país 404 y lo enmarcó en la poca fiabilidad de EEUU como socio negociador. Esta expresión, hecha el día 9 y apoyada por el Ejército, ha sido determinante para la reacción de los euroatlánticos diciendo que no es así. O que todavía no es así. El contraataque declarativo ha venido del portavoz del Kremlin, Peskov, y ha sido expresamente apoyado por Kirill Dmitriev (el único negociador con EEUU, directamente nombrado por Putin) y los oligarcas rusos.
Lo que dijo Lavrov fue lo siguiente: "A pesar de todas las declaraciones de la administración del presidente Donald Trump en el sentido de que la guerra en Ucrania iniciada por el presidente Biden debe terminar, que debemos llegar a un acuerdo y eliminarla de la agenda, y que supuestamente entonces veremos perspectivas brillantes y claras de inversión mutuamente beneficiosa entre Rusia y Estados Unidos y otras interacciones, la administración no ha cuestionado todas las leyes adoptadas por Joe Biden para 'castigar' a Rusia tras el inicio de la operación militar especial. En abril de 2025, prorrogaron la Orden Ejecutiva 14024, sobre el régimen de emergencia, cuyo núcleo es el 'castigo' a Rusia y las sanciones contra nuestro país, incluyendo la congelación de las reservas rusas de oro y divisas. Ese documento menciona 'actividades extranjeras perjudiciales del Gobierno de la Federación Rusa'. Los ejemplos incluyen los esfuerzos para socavar la celebración de elecciones en Estados Unidos (algo que el presidente estadounidense Donald Trump rechaza a diario, rechazando categóricamente todo esto) y la violación del derecho internacional y los derechos humanos. ¡Allí encontrarán de todo!
Todo esto es puro 'bidenismo', que el presidente Trump y su equipo rechazan. Sin embargo, han logrado aprobar fácilmente la ley y las sanciones contra Rusia, que siguen vigentes. Han impuesto sanciones contra Lukoil y Rosneft. Y lo hicieron en otoño, un par de semanas después de una fructífera reunión entre el presidente Putin y el presidente Trump en Anchorage. Nos dicen que el problema de Ucrania debe resolverse. En Anchorage, aceptamos la propuesta estadounidense. Si la consideramos 'caballeros', significa que la propusieron y la aceptamos, por lo que el problema pudo resolverse. El presidente Putin ha dicho en numerosas ocasiones que a Rusia no le importa lo que digan Ucrania y Europa; podemos ver claramente la rusofobia primitiva de la mayoría de los regímenes de la Unión Europea, con raras excepciones. La postura estadounidense era importante para nosotros. Al aceptar su propuesta, parece que hemos completado la tarea de resolver el problema ucraniano y avanzar hacia una cooperación a gran escala, amplia y mutuamente beneficiosa.
Hasta ahora, la realidad es todo lo contrario: se imponen nuevas sanciones y se libra una 'guerra' contra los petroleros en alta mar, violando la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. Intentan prohibir a India y a nuestros demás socios comprar recursos energéticos rusos baratos y asequibles (Europa lleva mucho tiempo vetada) y los obligan a comprar GNL estadounidense a precios exorbitantes. Esto significa que los estadounidenses se han impuesto el objetivo de lograr el dominio económico. Además, si bien aparentemente presentaron una propuesta con respecto a Ucrania y estábamos dispuestos a aceptarla (ahora no lo están), tampoco vemos un futuro prometedor en el ámbito económico. Los estadounidenses quieren controlar todas las rutas para abastecer de recursos energéticos a los principales países del mundo y a todos los continentes."
El contraataque de Peskov fue ese mismo día: "El 'espíritu de Anchorage' refleja un conjunto de entendimientos mutuos entre Rusia y Estados Unidos capaces de lograr un avance significativo, incluyendo el acuerdo entre Moscú y Kiev. Existe una amplia gama de entendimientos alcanzados en Anchorage, que ya se discutieron incluso antes de Anchorage, durante la visita del Sr. Witkoff. Y fue después de esto que surgió la necesidad de una cumbre. Este conjunto de entendimientos alcanzados es precisamente el espíritu de Anchorage. Estos entendimientos, alcanzados en Anchorage, son fundamentales, y son estos entendimientos los que pueden impulsar el proceso de solución y permitir un avance significativo".
Observad que uno habla en pasado y otro en presente. Los euroatlánticos se aferran a eso contra toda evidencia, como bien refleja Lavrov. Entre otras cosas, porque han pasado 7 meses y EEUU no ha cumplido nada de lo supuestamente acordado.
El revuelo causado por todo esto es tan grave que hasta Rusia Today ha tenido que salir, dos días después, a decir que "esta es la política de doble vía de Washington: diálogo en el papel, presión en la práctica. En Moscú, esa contradicción se ha cristalizado en una división del trabajo. Un grupo de funcionarios continúa probando el compromiso transaccional con Washington. Otro ha comenzado a decir abiertamente que no es posible. En una vía está Kirill Dmitriev, el financiero educado en Harvard y director del fondo soberano de riqueza de Rusia, encargado de mantener el diálogo y explorar acuerdos económicos a gran escala con Occidente. En la otra está Sergei Lavrov, estimado diplomático y el ministro de Asuntos Exteriores con más años de servicio en el mundo. Él es cada vez más el hombre que dice públicamente lo que Moscú cree en privado: que Estados Unidos está negociando en palabras mientras escala en la práctica. Ese contraste ha salido a la luz tras una serie de entrevistas que Lavrov concedió respectivamente a RT, TV BRICS y en declaraciones públicas posteriores”.
Supongamos que es así, que hay una división del trabajo. Pero entonces no se entiende cómo Lavrov volvió a la carga el día 11, el mismo del artículo de RT, diciendo que "los dramáticos acontecimientos de principios de este año, incluyendo la invasión armada de Venezuela por parte de Estados Unidos, la escalada de la presión estadounidense sobre Cuba, los intentos de desestabilizar la situación en Irán y la crisis en torno a Groenlandia —todos ellos vistos y escuchados—, han confirmado nuestra evaluación de que el mundo ha entrado en una era de cambios rápidos y profundos. Algunos expertos incluso afirman que es una era de agitación. Sin embargo, algo está claro: no se trata de un acontecimiento fugaz ni temporal, sino de una nueva fase en el desarrollo global, quizás incluso una era que podría durar muchos años, incluso décadas. Nos solidarizamos con los pueblos de Venezuela y Cuba, quienes, como se mencionó anteriormente, se encuentran bajo una fuerte presión externa. Nos proponemos brindar a nuestros amigos todo el apoyo necesario, junto con otros socios afines: todos aquellos para quienes los ideales de libertad, igualdad soberana, autodeterminación de las naciones y democracia en los asuntos internacionales no son meras palabras".
Lavrov está poniendo los puntos sobre las íes y está obligando al Kremlin a ir mucho más allá de lo que quiere en su pretensión de no molestar a EEUU. A Trump, en concreto. Por eso, después de una tímida condena al nuevo bloqueo contra Cuba, ahora se habla de enviar directamente petroleros a la isla para paliar la falta de combustible. Aquí hay que remarcar que el último envío de petróleo ruso a Cuba fue... ¡en febrero de 2025! Entonces fueron 100.000 toneladas, ahora no se ha dicho la cantidad.
Por cierto, y esto va para los miopes, todo lo que se está diciendo de Claudia Sheinbaum y el apoyo de México a Cuba hay que matizarlo: el envío de ayuda calificada de humanitaria está bien, pero es insuficiente. México había estado enviando alrededor de 22.000 barriles diarios a la isla, pero esa cifra se redujo a unos 7.000 hacia finales de 2025 tras el secuestro de Maduro y las amenazas de Trump.
Volviendo a Rusia, hay un acuerdo de cooperación técnico-militar con Cuba. El envío de petróleo debería enmarcarse ahí y no como hace México de "ayuda humanitaria". Será interesante ver cómo se hace, si de esta forma para no enfadar a Trump o enfrentándole directamente. Porque la ayuda humanitaria por sí sola no resolverá el problema en más de unos meses. Se necesitan medidas más drásticas. Por ejemplo, ¿cómo responderá Rusia al bloqueo naval y aéreo estadounidense de la isla? ¿De la misma manera que lo ha hecho con Venezuela?
Rusia y China son oficialmente "países hostiles y adversarios peligrosos" para EEUU. ¿Hasta dónde va a seguir tragando Rusia? Y, sobre todo, si Rusia y China no colaboran para proteger a Cuba ¿dónde queda el mundo multipolar? ¿en palabras? China no tiene el petróleo de Rusia, por lo que le corresponde a este país dar el primer paso. Y aquí volvemos a la obsesión, y dependencia, de los euroatlánticos con respecto a EEUU. Y a lo que dice Lavrov, ahora convertido en el portavoz de los euroasiáticos.
Aquí hay que hacer una advertencia: cuidado con lo que se lee. Bloomberg, por ejemplo. Aquí la he citado alguna vez, pero lo cortés no quita lo valiente. Y lo valiente es que hay que decir que lo que esta agencia publica sobre Rusia hay que cogerlo con pinzas. Por ejemplo, esto.
Lo que dice es que hay un planteamiento, que denomina "Plan Dmitriev", que abarca siete áreas para alinear los intereses económicos de Rusia y EEUU tras la resolución del conflicto en Ucrania y que se resumen en contratos a largo plazo para la modernización de la flota aérea rusa con la posible participación de empresas estadounidenses; la creación de empresas conjuntas en el sector del petróleo y el gas, incluyendo la producción en alta mar y en yacimientos complejos, con compensación por pérdidas para las empresas estadounidenses; condiciones preferenciales para el retorno de las empresas estadounidenses al mercado ruso; cooperación en energía nuclear e inteligencia artificial; retorno a las liquidaciones en dólares, incluyendo las transacciones energéticas; producción conjunta de materias primas estratégicas como litio, cobre, níquel o platino, y promoción de los combustibles fósiles como alternativa a las políticas de bajas emisiones.
Insisto: hay que ver esto con mucha precaución. Porque entonces hay que volver a RT y su historia de la división del trabajo, algo así como lo del policía bueno y lo del policía malo. Y explicar el papel de Rusia en la desdolarización, si sigue adelante o no. Y el por qué Rusia acaba de anunciar que Dmitriev se incorpora formalmente a la delegación negociadora con EEUU, o al menos va a hablar con los estadounidenses antes, y el país 404 que se va a celebrar en Ginebra los días 17 y 18. Por cierto, Rusia había dicho que no se producirían reuniones en países que hubiesen apoyado de una forma u otra al país 404, y Suiza organizó en 2024 una cumbre favorable al país 404 y a la que no se invitó a Rusia. Esto, ya en sí, es otra concesión de calibre de Rusia a EEUU.
El Lince


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