lunes, 6 de abril de 2026

Cien semillas de rubí

En el día 38 de la agresión a Irán por parte de EEUU y del IV Reich sionista, antes conocido como Israel, y a las puertas de la enésima amenaza del iletrado e ignorante Trump, y sus payasos, de "devolver a este país a la Edad Media, a donde pertenece" llega el tiempo de dar la voz a los iraníes. A una iraní, en concreto. Se llama Gulbahar Ahmadi y habla sobre la agresión de los bárbaros. Cuando lo leáis entenderéis el por qué. Por cierto, Gulbahar significa "flor de primavera". 

"Los escaparates se hacen añicos, las paredes se agrietan, los estantes se derrumban. Con ellos, miles de libros caen al suelo, muchos destrozados, como otras muchas casas de la ciudad, como muchos otros lugares. Pero hay cosas que permanecen firmes y no sucumben a la destrucción: la cultura, el deseo de leer, de recodar, de amar la vida. Los estadounidenses y los sionistas no saben lo que es nada de eso.

En Teherán hay un lugar que se llama Shahr-e Ketab, la ciudad del libro en farsi, y que fue bombardeado el 20 de marzo. Se colocaron unas frías placas de metal para simular paredes, ventanas. Y el 22 de marzo volvió a abrir. Fue la gente, los amigos, los artistas a quienes Shahr-e Ketab había dado cobijo a lo largo de los años quienes se pusieron manos a la obra para que esas frías placas de metal se convirtieran en un muro de esperanza, donde se cuentan historias de dolor, sí, pero también de resistencia.

Todo lo que allí se pintó lleva un título que es mucho más que un simple mural: es el símbolo de la determinación iraní, de la determinación humana. El título es Sad Dāneh Yāghūt ("Cien semillas de rubí") y lo arropan una mochila, tulipanes y alas. Sensación de movimiento y vuelo. Un recordatorio de los nombres que ahora figuran en el registro de las presencias celestiales: las niñas y las maestras de la escuela Minab, asesinadas en el ataque con misiles israelí-estadounidenses. 168 estudiantes y maestras, cada una de las cuales podría haber iluminado el futuro de esta tierra.

Sé que leéis esto desde el extranjero. Quiero creer que es así, que lo estás leyendo. "Cien semillas de rubí", en Irán, es el primer verso de una conocida canción infantil, aprendida y recitada en escuelas y hogares durante generaciones. Habla de la granada, de esa fruta redonda y modesta que se sostiene en la mano, y de las numerosas semillas de color rojo oscuro, densamente agrupadas en su interior, comparadas con rubíes colocados uno al lado del otro.

Esta poesía pertenece a los sonidos de la infancia, a las primeras lecturas, a las tardes en casa. Un mundo de asombro sencillo y otro sereno, una sensación de paz y una mano que guía a la naturaleza. La imagen de las semillas de granada, muchas, juntas, apiñadas, trae consigo la sensación de pertenencia, de vida compartida y de un futuro claramente definido, contenido en algo pequeño.

También es el símbolo de una infancia que tiene el derecho a jugar, a estudiar, a crecer, pero que en cambio se topó con una fuerza bruta de misiles y de fuego. Tal vez estas palabras deberían haber estado escritas en un cuaderno de tareas, pero no en una escuela. Esa mochila que acompaña el título estaba hecha para guardar lápices y papel, no para ser el recuerdo de la última mañana que se usó.

La cultura no es sihsheh (cristal) que se rompe al primer golpe. La cultura es risheh (raíz) que fluye a través de los libros, de las palabras, de la poesía, de la memoria colectiva. Nada de eso es conocido en Estados Unidos. Por eso todo el mundo acudió a Shahr-e Ketab. Hirieron al local, a nuestro local, a nuestro hogar. Cuando aparecen las grietas en las paredes, pintamos siguiendo esas grietas. Cuando las ventanas se rompen, las historias encuentran su camino a través de ellas.

Las "Cien semillas de rubí" es algo más que un homenaje a las niñas y niños, y a sus maestras, inocentes de la escuela Minab. Es algo que va mucho más allá. Nos invita a leer libros en su memoria, a contar historias en su nombre, a amar la escuela con una ternura más profunda y, con cada página que pasamos, a mantener vivo el nombre de una de esas "semillas de rubí".

Las placas metálicas de Shahr-e Ketab trazan un camino desde el dolor hasta la esperanza. Dicen que se puede destruir una parte del local, pero que eso no va a detener la  lectura, la cultura. Se puede bombardear una escuela, una librería, pero el sueño de aprender no se puede arrancar del corazón de un niño, de un adulto, de un pueblo con una cultura milenaria como el iraní, como el persa.



Me gustaría que tú, extranjero, veas este texto como un pequeño homenaje a mi librería, Shahr-e Ketab, y a las niñas de Minab, y que seas consciente que con ellas una antigua y tenaz creencia resurge una vez más: la cultura perdura, los libros perduran. Y un pueblo que sabe llorar, recordar y levantarse no será derrotado".

Este maravilloso texto debe acompañarse con una muestra de la barbarie de la "civilización occidental", representada en este caso por EEUU y el IVRS. Porque lo que cuenta Gulbahar Ahmadi no es más que una verdad incuestionable: Irán está siendo atacado por bárbaros. Porque EEUU y el IVRS están destruyendo monumentos culturales de renombre mundial, no solo una librería de barrio. La antigua Persia, la milenaria Persia, esta siendo bombardeada por bárbaros. Esto que sigue lo ha publicado un antropólogo ruso que ha estado trabajando en Irán, Andrei Mantchouk.
"El Golestán, el Palacio de las Rosas, fue construido en el siglo XVI en Teherán y ha sido residencia de numerosos Sha, incluido el último, Palevi. Es un palacio suntuosamente decorado con mármol, marfil, cristal. Sus azulejos representan escenas de la epopeya de Shahanameh, la caza del tigre turanio (ya extinguido), aventuras de hadas y de genios. 
Es, o era, un lugar habitual para las excursiones escolares, para aprender algo de historia. De su historia. Ahora está destrozado en parte junto a otros edificios históricos de Teherán, mezquitas, iglesias, lugares de culto zoroástrico e, incluso, una sinagoga. Ni EEUU ni Israel han dicho nada sobre la destrucción parcial de lo que está considerado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. 

También los misiles cayeron cerca de otro monumento emblemático en Isfahán, en Chetel Sotoun, el "Palacio de las Cuarenta Columnas". Sus bóvedas descansan sobre veinte columnas talladas en enormes troncos de cedro. Estas se reflejan en la superficie lisa del estanque, del cual toma su nombre esta residencia de los shahs. La propaganda occidental presenta a Irán bajo una luz oscura, como un reino siniestro de barbarie clerical. Sin embargo, las paredes de Chehel Sotoun aún albergan frescos brillantes, sin igual en todo Oriente Próximo y Lejano: mujeres bailando semidesnudas, escenas de citas románticas y banquetes reales donde el vino cantado por Hafez (poeta iraní del siglo XIV) fluye libremente: "De nuevo los tiempos están fuera del alcance; y de nuevo por el vino y la lánguida mirada del amado desfallezco".
No hay ninguna censura en estas obras maestras de valor cultural impereceredero. Estos frescos se conservaron cuidadosamente durante 400 años, pero los ataques aéreos de los bárbaros estadounidenses y los sionistas han destruido los elementos de madera y los ornamentos decorativos; la pintura central de Chehel Sotoun, que representa la batalla de Karnal, donde los persas aplastaron al ejército de los grandes mogoles, ha resultado dañada.

Occidente, armado con misiles, está desatando una auténtica barbarie contra Irán. Los ataques contra monumentos históricos no son en absoluto accidentales; bien podrían ser deliberados, incluso una demostración de fuerza. Ya en 2020, durante su primer mandato presidencial, Donald Trump prometió bombardear selectivamente estos lugares para quebrar la moral del pueblo iraní y aniquilar su voluntad de resistencia. “Ya hemos identificado cincuenta y dos objetivos en Irán… Algunos de ellos son muy importantes para Irán y la cultura iraní. Y estos objetivos serán atacados rápidamente”, escribió en las redes sociales.
No es una muestra de ignorancia propia de los estadonidensees, es una burla de los valores culturales de otros pueblos. Ya lo hizo EEUU en Irak, con el apoyo de sus vasallos europeos. Las colecciones de museos y los yacimientos arqueológicos de Mesopotamia fueron saqueados en beneficio de coleccionistas extranjeros. Todavía hoy, 23 años después de la agresión e invasión neocolonial de Irak, se están devolviendo con cuentagotas algunos de estos tesoros saqueados."
Los iraníes, las iraníes como Gulbahar, son conscientes de lo que les espera con el pretexto de la "liberación", esa tan prometida al principio y que ahora solo les va a llegar cuando retrocedan a la Edad de Piedra. Golestán Chehel Sotoun fueron construidos antes de la fundación de Estados Unidos. Estos monumentos han sobrevivido a numerosas convulsiones; sus muros han sido testigos de gobernantes arrogantes que hace tiempo desaparecieron en la noche de los tiempos, como les sucederá a Trump y a sus payasos. Pero mientras que esto está claro, no lo está que el patrimonio cultural de Irán sobrevivirá a la invasión de los bárbaros modernos.
EEUU y el IVRS están perdiendo esta guerra. Ambos están en una situación desesperada, de ahí el lenguaje cada vez más desquiciado de Trump porque ya no tiene margen de maniobra alguno. Solo en lo que va de abril, Trump ha dejado constancia de su colapso mental (es un decir, el que tenga algún atisbo de mentalidad racional) que nadie puede o quiere disuadir, limitar o controlar. 
El Lince

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