La causa madre
Cuba está en una situación crítica, pero el gobierno está dando la cara. Junto con la inmensa mayoría del pueblo cubano. El ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, no falta un día en el que no dé explicaciones sobre cómo está la situación y cuáles pueden ser las salidas que tenga la isla para paliarla. Pero la razón solo es una, la que llama "la causa madre": cuatro meses sin un barco de combustible. Bueno, sin un barco no, llegó uno ruso, sobre el que toda la progresía del mundo mundial lanzó vítores y alabanzas, pero no ha llegado ninguno más pese a las declaraciones y promesas que se hicieron. Ni uno más. Por eso se han incrementado las horas de apagones en Cuba. Porque la situación es crítica.
El ministro cubano es elegante y reconoce el valor de ese único barco, pese a las dificultades que encontró para descargar las 100.000 toneladas de petróleo que transportaba y la complejidad logística que supuso todo ello, pero sirvió para que la población viese mejorada la situación coyunturalmente. Aunque eso fue un espejismo temporal.
Es evidente que "la causa madre" tiene, a su vez, otra causa madre: como dice el ministro, "el férreo bloqueo energético que sufre la isla viene posterior a un bloqueo que teníamos durante muchos años y lo que hizo fue agudizar y tensar más la situación económica y energética del país". Ahora Cuba está en una situación mucho peor por dos razones, la primera por el avance de la estación cálida y la segunda por que ya no hay nada de petróleo. Nada.
A eso hay que añadir que las centrales termoeléctricas que aún surten la poca electricidad disponible están muy viejas y tienen frecuentes averías. El ministro lo reconoce, aunque es optimista dentro de lo que cabe y habla con esperanza de las energías renovables aunque con un pero que se centra en lo anterior, en el estado de fragilidad del sistema eléctrico cubano. Con la ayuda china, en Cuba hay más de 1.300 megavatios de capacidad solar fotovoltaica, cifra nada despreciable porque a pleno rendimiento supondría abastecer de electricidad a más de un millón de hogares, aunque no se pueden utilizar en su totalidad por eso mismo, la fragilidad de todo el sistema. ¿Cuánto es lo que se puede utilizar? El ministro no se esconde y lo dice: "el 50%, y ese desbalance trae problemas, la energía solar fluctúa con la nubosidad, la lluvia, las condiciones climáticas en cada provincia; si el sistema base fuera más robusto, podría absorber esas fluctuaciones sin mayores contratiempos".
La pregunta que hay que hacerse es cuándo se va a salir de este cuello de botella, y para ello hay que volver a hablar del "viejo bloqueo", del que lleva casi 70 años, porque aún impide la adquisición de piezas de repuesto. Y tampoco hay mucho financiamiento para mantener esa vieja tecnología.
Como digo, el ministro, al igual que todo el gobierno, da la cara y reconoce que hay un "encendido debate popular" sobre si los apagones se distribuyen equitativamente o no porque hay quien dice que una provincia tiene más luz que otra y que "el gobierno reconoce esa insatisfacción y la escucha", aunque mantiene que no hay criterios de desigualdad aunque sí "alguna mala planificación en la rotación de los circuitos".
Y explica que lo que se está haciendo es ver qué circuitos con apagables y cuáles no y que aquí está una de las principales fuentes de tensión popular. Porque un circuito no apagable es aquel que tiene alguna entidad económica o social extremadamente importante, como es un hospital, o bombeos de agua y objetivos económicos como centros de producción continua. Es decir: todos los hospitales, las instalaciones económicas prioritarias y los circuitos que regulan la frecuencia para evitar el colapso generalizado. Y también que cada provincia tiene distinta cantidad de circuitos y distinta demanda.
Eso no evita que en estos momentos haya apagones de hasta 20 y 22 horas diarias en algunas zonas, incluyendo La Habana, aunque las prioridades están claras: sistemas básicos de salud, policlínicos, funerarias, hogares maternos, casas de los abuelos, panaderías...
Cuba no tiene otra que seguir resistiendo, contra todo y contra todos. En el caso del que hablo, tiene que insistir en la transición energética. Como dice el ministro, "no solo para la generación de electricidad, sino de la cocción de alimentos, transportación, todo". Y aqui entran los municipios, donde cada uno desarrolla su propia estrategia con los recursos que tiene, desde biomasa forestal a los molinos de viento. Junto a ello tiene que haber un tema cultural, una conciencia del ahorro.
En cualquier caso, se vuelve a la causa madre: el bloqueo, que se profundiza con las nuevas sanciones. Y la guerra contra Irán: "ha hecho subir los precios vertiginosamente; la problemática del estrecho de Ormuz encarece y pone en riesgo el transporte marítimo, hay un aumento de los fletes y el transporte marítimo de combustible se ha convertido en un objeto de riesgo para transportarlo, por lo que las navieras y armadores elevan sus precios o directamente se niegan".
Esto da pie para hablar de Irán. Tomaos con mucha calma lo que se está diciendo sobre la cercana paz. Lo único que hay que saber es quién es el títere y quién el ventrílocuo. Si es Trump quien negocia o si es Netanyahu. Porque lo único que hay que saber es que aparece la famosa "libertad de acción" del IV Reich sionista, antes conocido como Israel, de momento para Líbano, y que la liberación de los activos congelados iraníes ahora es condicional y sujeto a no sé cuántas cosas. Así que tranquilidad y, sobre todo, escuchad a los iraníes. Solo cuando lo digan ellos será creíble la cosa.
Y mirad cómo los euroatlánticos del Kremlin se están encogiendo un poco, solo un poco, tras la masacre neonazi contra una residencia juvenil en Luganks. Ya no sostienen con tanta vehemencia lo del fantasmagórico "espíritu de Anchorage", los supuestos acuerdos entre Putin y Trump de hace casi un año y nunca cumplidos por EEUU pese a todas las esperanzas de los euroatlánticos (Putin incluido), y como había venido denunciando desde hace tiempo, la penúltima vez en la reunión de ministros de los BRICS, el titular de Exteriores Lavrov (euroasiático)
Lo interesante de Putin es que parece, solo lo parece, que comienza a lanzar lastre contra el IVRS al mencionarlo por primera vez como receptor de toda la pléyade de corruptos neonazis que huyen hacia allá. La pregunta es si sus recientes declaraciones tras ese ataque a la residencia juvenil son una nueva línea roja, de esas que lanza Rusia cada dos días y de las que Occidente no hace ni caso, o si es que levanta de una vez las restricciones a los militares para que traten como merecen a los "terroristas neonazis" (sic de Putin).
El Lince
Como cuestión previa: que yo sepa, las autoridades (civiles y militares) rusas no utilizan ese mantra de "línea roja", pese a que en los medios occidentales no paran de darle cancha. Utilizan comunicados bastante más precisos y elaborados, como los del presidente Putin y la dirigencia militar en las últimas horas sobre cuál va ser la respuesta al ataque contra el centro educativo. ¿Va a ser real esa respuesta? A estas alturas me paree que en Kiev ya tienen constancia de ello.
ResponderEliminarDos pequeñas correcciones: una evidente errata ("...me parece que en Kiev...") y una relativa a las fuentes; pues el aviso a las delegaciones diplomáticas para abandonar Kiev y a la población para no acercarse a instalaciones gubernamentales y militares proviene del ministerio de Relaciones exteriores. En cuanto a la certificación del aviso, ha sido proporcionada por el señor Oresnik & Cía
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