viernes, 26 de junio de 2026

Misión incumplida 

Hasta ahora hemos hablado nosotros, los occidentales, incluyéndome a mí, aunque con un evidente sesgo pro-iraní. En mi caso es indudable, con las prevenciones de que quienes gobiernan Irán son pro-occidentales. Por eso creo que llega el momento de escuchar a los propios iraníes. Y lo que dicen es esto: 

"I.- La reciente guerra impuesta a la República Islámica de Irán por Estados Unidos y su aliado sionista se basó en numerosos objetivos ambiciosos y de gran alcance, entre ellos el "cambio de régimen", el desmantelamiento del programa nuclear iraní, la destrucción de su capacidad misilística y la contención de su influencia regional.

En cambio, Irán no solo sobrevivió a la ofensiva militar más intensa y sin cuartel de su historia moderna, sino que emergió más fuerte, más cohesionado y más influyente que nunca.

El Memorando de Entendimiento firmado digitalmente la semana pasada entre los presidentes de Irán y Estados Unidos es una prueba de la victoria estratégica de Irán. Cada cláusula refleja el éxito de Teherán en el campo de batalla y el fracaso de Washington en el mismo.

Objetivo 1: “Cambio de régimen”: una fantasía que murió en el campo de batalla

Estados Unidos lanzó una guerra ilegal y no provocada con el objetivo declarado públicamente de derrocar a la República Islámica. Durante décadas, Washington había soñado con un Teherán dócil, maleable y libre de la independencia ideológica y estratégica que ha caracterizado a Irán desde la Revolución Islámica de 1979, liderada por el imán Jomeini.

La guerra se presentó como el momento en que ese sueño finalmente se haría realidad.

La estrategia se basaba en la clásica doctrina estadounidense de "cambio de régimen": bombardeos aéreos masivos, estrangulamiento económico, guerra psicológica y el fomento de una quinta columna dentro de la sociedad iraní. Se partía de la premisa de que la presión sostenida quebraría el sistema y desencadenaría un levantamiento popular contra el gobierno.

En cambio, ocurrió lo contrario.

El liderazgo de Irán se mantuvo intacto y unificado. El asesinato del amado Líder de la Revolución Islámica no fracturó el sistema, sino que lo fortaleció.

El pueblo iraní, que los estrategas occidentales habían supuesto que se alzaría contra su gobierno bajo la presión de la guerra, salió a las calles por millones.

Noche tras noche, durante más de 110 días consecutivos, los iraníes se han manifestado en apoyo del liderazgo y las fuerzas armadas del país. La campaña "Janfeda" (Autosacrificio) se convirtió en un fenómeno nacional, donde ciudadanos comunes expresaron su firme compromiso con el sistema que gobierna la República Islámica y las fuerzas armadas.

La fantasía del “cambio de régimen” no se desvaneció por maniobras diplomáticas, sino porque nunca se fundamentó en la realidad. El sistema iraní demostró su resiliencia. Sus instituciones funcionaron bajo una presión extrema. Sus fuerzas armadas lucharon con cohesión y valentía, manteniendo la eficacia operativa a pesar de la pérdida de altos mandos.

Y, lo más importante, su pueblo se negó a traicionar a su nación. La comunidad de inteligencia estadounidense cometió un error de cálculo catastrófico. Habían asumido que la presión económica se traduciría en descontento político, pero se tradujo en desafío. Habían asumido que los ataques militares doblegarían la voluntad del pueblo, pero la fortalecieron.

El memorando de entendimiento no incluye ninguna disposición para un “cambio de régimen” porque Estados Unidos simplemente no pudo lograrlo. Es una admisión por parte de Washington de que su proyecto fracasó. El sueño estadounidense de un Irán post-Islámico está prácticamente muerto, y la guerra lo demostró sin lugar a dudas.

Objetivo 2: Destrucción del programa nuclear de Irán: un fracaso total

El programa nuclear fue una de las principales justificaciones de la guerra no provocada. Washington y Tel Aviv afirmaron que Irán estaba acelerando su desarrollo hacia un arma nuclear y que la acción militar era necesaria para evitarlo.

Los ataques contra las instalaciones nucleares de Irán —primero en junio del año pasado y ahora durante la Guerra del Ramadán— tenían como objetivo retrasar el programa años, si no destruirlo por completo. La meta era el "enriquecimiento cero": el cese total de las actividades de enriquecimiento de uranio de Irán, el desmantelamiento de sus centrifugadoras y la eliminación de todo el uranio enriquecido del territorio iraní.

Sin embargo, la infraestructura nuclear de Irán permanece intacta. Las instalaciones de enriquecimiento siguen funcionando. Las centrifugadoras siguen girando. El objetivo de "enriquecimiento cero", tan anhelado por Israel y sus aliados estadounidenses, ha sido abandonado de facto.

Los científicos nucleares iraníes, a pesar de haber sido blanco de campañas de asesinato durante años, han continuado su trabajo incluso en medio de la guerra. Las instalaciones nucleares subterráneas sobrevivieron al bombardeo y el programa nuclear del país demostró su capacidad de resistencia.

El memorando de entendimiento refleja esta realidad. Irán no se compromete a desmantelar su programa nuclear. No hay suspensión del enriquecimiento. No hay transferencia de uranio enriquecido. El único compromiso relacionado con la energía nuclear en el acuerdo es la reafirmación por parte de Irán de su promesa, en virtud del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), de no producir armas nucleares, un compromiso que Teherán siempre ha mantenido y que es totalmente coherente con su programa nuclear pacífico.

Estados Unidos se ha visto obligado a aceptar que los derechos nucleares de Irán no son negociables.

Esto representa un giro radical en los objetivos estadounidenses. Estados Unidos inició la guerra con la intención de acabar con el programa nuclear de Irán. Terminó la guerra al aceptar que dicho programa es permanente.  

Objetivo 3: Debilitar el poder misilístico defensivo de Irán – Fortalecerlo en su lugar

El programa de misiles de la República Islámica era otro objetivo primordial. Los estrategas estadounidenses e israelíes creían que un bombardeo incesante paralizaría la capacidad de producción de Irán, destruiría sus arsenales y mermaría su capacidad de proyección de poder.

El objetivo era dejar a Irán indefenso e incapaz de tomar represalias. Se lanzaron mil ataques aéreos contra instalaciones de producción de misiles, depósitos y plataformas de lanzamiento. El objetivo era destruir la capacidad de Irán para amenazar a sus adversarios o defenderse.

En cambio, la industria misilística iraní se ha fortalecido. La guerra proporcionó un campo de pruebas real para la tecnología iraní. El uso de municiones y equipos antiguos allanó el camino para sistemas más nuevos y avanzados.

Las ciudades subterráneas de misiles de Irán, excavadas en las profundidades de las montañas, demostraron ser resistentes a las bombas antibúnker. Las líneas de producción nunca se detuvieron. De hecho, se aceleraron.

El cálculo estratégico de los planificadores iraníes resultó profético. Al distribuir las instalaciones de producción por todo el país, situándolas a gran profundidad bajo tierra y manteniendo cadenas de suministro redundantes, Irán se aseguró de que ninguna campaña de bombardeos pudiera paralizar su industria misilística. Estados Unidos podía destruir objetivos en la superficie, pero no podía alcanzar el corazón de la producción de misiles iraní.

El memorando de entendimiento no menciona el programa de misiles de Irán. No se discutió ni se negoció. Ni siquiera se puso sobre la mesa. Incluso el primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, admitió el martes que no figuraba en la agenda durante las conversaciones mediadas por Islamabad.

Estados Unidos se ha visto obligado a aceptar que la capacidad misilística de Irán es una realidad con la que tiene que convivir. El programa que supuestamente debía ser destruido ahora es más fuerte que nunca, y Estados Unidos ha firmado un acuerdo que ni siquiera lo menciona.

Objetivo 4: Contención de la influencia regional de Irán – Ampliado

Washington y Tel Aviv esperaban utilizar la guerra para reducir la influencia regional de Irán. Querían desmantelar el Eje de la Resistencia, aislar a Teherán y reconfigurar el mapa regional a su favor. La estrategia consistía en separar a Irán de sus aliados en Líbano, Palestina, Siria y Yemen, y crear un nuevo orden regional que excluyera a Teherán.

En cambio, la influencia de Irán se ha expandido significativamente. El Frente de Resistencia es más cohesionado y poderoso que nunca. La guerra demostró que Irán no puede ser aislado, que sus aliados son socios estratégicos y que cualquier solución a la seguridad regional debe incluir a Irán.

Hezbolá, Ansarullah, Hamás y los grupos de la resistencia iraquí lucharon junto al ejército iraní, coordinando sus esfuerzos y demostrando la profundidad de la relación estratégica. Este eje demostró ser una alianza genuina, no un conjunto de aliados.

La guerra también puso de manifiesto la debilidad del sistema de alianzas regionales estadounidense. Los estados del Golfo Pérsico, que habían dependido del paraguas de seguridad estadounidense durante décadas, observaron con horror cómo las bases estadounidenses eran atacadas sistemáticamente y la capacidad de disuasión de Estados Unidos se derrumbaba.

La metáfora del "tigre de papel" adquirió un nuevo significado cuando los misiles iraníes impactaron en el corazón de la infraestructura militar estadounidense en la región. Las monarquías del Golfo Pérsico, ante la realidad del poderío militar iraní, se han visto obligadas a replantearse sus estrategias regionales.

Por eso, el Memorando de Entendimiento exige explícitamente el cese de la agresión del enemigo en todos los frentes, incluido el Líbano. Irán no solo se protegió a sí mismo, sino también a todo el Eje de la Resistencia. La inclusión del Líbano en el acuerdo es un claro reconocimiento de que el papel regional de Irán es ahora una realidad permanente e innegociable. Estados Unidos ha reconocido, de hecho, que no puede eliminar la influencia de Irán; debe adaptarse a ella.

Se suponía que la reciente guerra contra Irán sería el principio del fin para la República Islámica. En cambio, fue el principio del fin para la hegemonía estadounidense en la región.

II.- El reciente memorando de entendimiento entre Irán y Estados Unidos para poner fin a la guerra ilegal e impuesta a la República Islámica marca un momento crucial en las relaciones internacionales contemporáneas, que desafía fundamentalmente las suposiciones convencionales sobre la eficacia de la presión militar y la diplomacia coercitiva.

Durante décadas, Washington partió de la premisa de que la "máxima presión" —sanciones económicas, agresión militar y aislamiento diplomático— podría obligar a Irán a capitular ante sus exigencias maximalistas e irrazonables.

Los acontecimientos posteriores a la Guerra del Ramadán han refutado categóricamente esta tesis. Lo que ocurrió no fue la rendición de Irán ante la presión externa, sino más bien el colapso de dicha presión frente a una increíble resiliencia nacional, una adaptación estratégica y una concepción de la gobernanza basada en el principio de que "la humillación está lejos de nosotros".

El entendimiento que Irán logró no le fue impuesto, sino que fue moldeado por las realidades que Irán creó a través de su resistencia indomable, su poder disuasorio y su capacidad para transformar la firmeza militar en victoria política.

El principio de Ashura como doctrina estratégica

Para comprender la postura de Irán, es necesario entender el marco cultural e ideológico que fundamenta su respuesta a la presión occidental. El principio de Ashura, inspirado en el martirio del Imam Hussein (la paz sea con él) y sus compañeros en las llanuras desérticas de Karbala, ofrece algo más que inspiración religiosa; constituye una doctrina estratégica de resistencia digna y necesaria ante una adversidad abrumadora.

Tal como lo expresó el portavoz del IRGC, el general de brigada Hossein Mohabi, las fuerzas iraníes luchan "con la cultura de Ashura y consideran la rendición una deshonra para sí mismas", reconociendo que en esta batalla desigual, "nuestro combatiente o gana o muere como mártir".

Refleja un cálculo fundamental sobre la naturaleza del poder y los límites de la coerción material en la escuela de pensamiento de Karbala, que se encuentra en el corazón de la República Islámica.

Inspirándose en las enseñanzas de Ashura, la nación iraní jamás se rendirá ante las potencias hegemónicas mundiales, pues ha adoptado el lema «nunca a la humillación» como principio rector. Este marco religioso y cultural transforma la resistencia de una opción táctica en un imperativo existencial. Cuando los iraníes dicen «nunca a la humillación», no alardean, sino que expresan un compromiso civilizatorio que ha sido puesto a prueba a lo largo de los siglos.

Fundamentalmente, este principio ha demostrado su relevancia operativa. Frente a un adversario con recursos y experiencia militar superiores, Irán ha recurrido al diseño estratégico y a la preparación para hacer retroceder al enemigo. Como afirmó recientemente Mohammad Bager Qalibaf, presidente del Parlamento iraní y jefe del equipo negociador, Irán no es militarmente más fuerte que Estados Unidos, pero ha librado una guerra asimétrica y ha logrado hacer retroceder al enemigo.

El enemigo, por el contrario, poseía recursos pero carecía de coherencia estratégica.

El estrepitoso fracaso de la “presión máxima”

La piedra angular de la estrategia estadounidense hacia Irán ha sido la denominada campaña de "máxima presión", una política basada en la premisa de que el estrangulamiento económico provocaría un colapso interno o una capitulación política.

Esta suposición ha resultado ser un error catastrófico. La estrategia se basaba en tres pilares: sanciones económicas paralizantes, aislamiento diplomático y agresión militar. Sin embargo, casi un año después de su reinstauración, ninguno de sus objetivos se ha cumplido.

El sector petrolero iraní, principal objetivo de estas sanciones ilegales, sigue operativo. A pesar de la intensificación de las sanciones, la producción de crudo iraní se ha estabilizado en torno a los 3,2 a 3,4 millones de barriles diarios en 2026. Esta cifra supera los niveles de producción registrados durante el primer mandato de Trump, cuando la producción cayó por debajo de los 2 millones de barriles diarios.

Las razones de esta resiliencia son estructurales: el exceso de oferta mundial de petróleo ha limitado el poder de negociación del mercado, China ha absorbido más del 80 por ciento de las exportaciones marítimas de crudo de Irán, y la infraestructura de Irán para evadir las sanciones ha evolucionado desde tácticas improvisadas hasta convertirse en redes sistemáticas.

Quizás lo más revelador haya sido la admisión de los propios funcionarios estadounidenses sobre la ineficacia de las sanciones. Tras la firma del memorando de entendimiento, el vicepresidente JD Vance se vio obligado a reconocer que las disposiciones del acuerdo sobre las exportaciones de petróleo iraní no constituían una concesión importante, ya que lo que había impedido sus ventas de petróleo no eran las sanciones, puesto que estas, en aquel momento, habían perdido prácticamente toda su eficacia.

Esto representa un notable retroceso respecto al objetivo declarado de Trump de reducir a cero las exportaciones de petróleo de Irán, un deseo que el ministro de Petróleo iraní, Mohsen Paknejad, afirmó que "nunca lograrán".

El fracaso de la máxima presión trasciende el ámbito económico. Irán ha demostrado que las amenazas y la coerción externas no generan fragmentación, sino cohesión. El manual de desestabilización —guerra económica, intimidación militar, operaciones encubiertas y manipulación de la información— ha llegado a su límite.

En lugar de aislar a Irán, esta estrategia ha desestabilizado regiones enteras y afianzado ciclos de guerra, al tiempo que ha reforzado la firmeza y la resiliencia iraníes. Estados Unidos, tras agotar sus herramientas tradicionales, se encuentra en una fase peligrosa donde la retórica se ha vuelto más temeraria y el respaldo abierto a los disturbios, las amenazas públicas de uso de la fuerza y ​​el abandono de la moderación diplomática señalan un cambio de la coerción calculada a la escalada impulsiva.

Una diplomacia de fuerza

La diferencia fundamental entre las negociaciones actuales y los esfuerzos diplomáticos anteriores radica en el contexto estratégico. Como enfatizó el negociador principal, Qalibaf, las negociaciones se llevan a cabo ahora desde una "posición de fuerza", con el "estandarte de la victoria en el campo de batalla" como respaldo para la diplomacia.

Esto representa una inversión fundamental del paradigma tradicional, donde la diplomacia solía abordarse desde una posición de debilidad o desesperación. Irán ha trascendido el modelo lineal que separa la guerra de la diplomacia, optando en cambio por ambas simultáneamente.

Este enfoque de doble vía ha demostrado ser decisivo. Si bien los canales diplomáticos permanecieron abiertos, las fuerzas armadas iraníes demostraron que cualquier intento de aprovechar el clima de calma para obtener ventaja militar se encontraría con una respuesta firme e inmediata.

El valor estratégico del estrecho de Ormuz —donde Irán mantiene un control efectivo— ha funcionado como palanca de negociación, garantía y recordatorio constante de los límites de la coerción militar. Como señaló un análisis, Irán ha utilizado el estrecho no solo como un activo militar, sino también como un medio para «transformar la resistencia en el campo de batalla en influencia diplomática».

Las negociaciones en sí mismas han servido como método de lucha más que como señal de retirada, sin dejar lugar a la rendición ni a eslóganes vacíos. Este enfoque se basa en el reconocimiento expresado por el general Yadollah Javani, alto comandante de la Guardia Revolucionaria Islámica, de que "el adversario debe asumir el costo de sus acciones y comprender que no puede imponer sus demandas mediante la presión y las amenazas".

La experiencia de Irán ha demostrado que el adversario debe asumir las consecuencias de sus acciones imprudentes y temerarias, y comprender que no puede imponer sus demandas mediante la presión y las amenazas. Este entendimiento representa un reconocimiento de que la agresión militar ilegal y no provocada no produjo los resultados deseados.

Fundamentalmente, este enfoque ha generado un amplio consenso interno. El reconocimiento de que la diplomacia debe ser la voz elocuente del poderío militar se ha convertido en un principio unificador. Este consenso refleja la comprensión de que los logros militares deben, en última instancia, traducirse en ventajas políticas y jurídicas.

Como señaló Qalibaf, toda guerra que termine en victoria, si no se plasma en un documento legal y político y esas victorias no quedan registradas, no aportará ningún beneficio.

Implicaciones para la región y más allá

La experiencia iraní tiene profundas implicaciones para los países de la región y para el orden internacional en general. Demuestra que la premisa de que una potencia dominante puede imponer su voluntad mediante sanciones y amenazas militares ha sido cuestionada fundamentalmente.

En un mundo multipolar caracterizado por potencias emergentes y nuevos marcos multilaterales de cooperación, la coerción unilateral puede profundizar la resistencia en lugar de imponer la sumisión.

El memorando de entendimiento representa el reconocimiento de que los objetivos estratégicos no pueden lograrse únicamente mediante la fuerza o la presión. Lo que ha ocurrido es que el enemigo ha aceptado los términos posibilitados por la firmeza y la fortaleza de Irán. La lección es que las naciones que se mantienen firmes pueden obligar a sus adversarios a aceptar nuevas realidades.

Este es el mensaje perdurable de Ashura y del levantamiento del Imam Hussein contra el corrupto déspota omeya, adaptado a las complejidades de la política moderna.

La resistencia inquebrantable, combinada con la adaptación estratégica y la demostración de poder, puede transformar la presión militar y política en victoria estratégica. El entendimiento alcanzado por Irán no es un punto final, sino un hito en una lucha más larga, en la que la dignidad, la soberanía y el rechazo a la humillación siguen siendo los principios fundamentales de la política nacional.

A medida que el orden mundial sigue evolucionando, la experiencia iraní ofrece un caso de estudio convincente sobre cómo las naciones pueden afrontar confrontaciones asimétricas y convertir la resistencia en resultados políticos tangibles".

De mucho de lo que se dice aquí debería ser consciente Rusia. El problema es el mismo: los pro-occidentales. En Irán, por ahora, están supeditados a los militares de la Guardia Revolucionaria. En Rusia es al revés, son los militares quienes están supeditados a los pro-occidentales. Lo deseable también sería decir "por ahora", pero eso no es tan claro.

Tan es así que a pesar de lo que acaba de reconocer el Secretario de Estado de EEUU sobre la entelequia del "espíritu de Anchorage" (ha dicho que nunca ha habido tal) al que se aferran como desesperados los euroatlánticos, aún se va a recibir en el Kremlin a los dos enviados de Trump. Lavrov puede seguir desgañitándose contra el "espíritu de Anchorage" (lo acaba de volver a hacer en un discurso, también el día 24) en un ejercicio de descarga física y emocional, pero la realidad es la que es, y no es otra que lo que he dicho una y otra vez: los euroatlánticos del Kremlin nunca, jamás, acaso, ni se enfrentarán a EEUU.

Esta gente no tiene remedio. Y quienes les apoyan, por acción o por omisión, tampoco.

El Lince

5 comentarios:

  1. Creo que Irán cosechó una gran victoria, sobre todo política aunque, en menor medida, también militar.

    Dicho esto, considero que los episodios bélicos de 2025 y 2026 fueron batallas, no la guerra. La guerra continúa como queda demostrado en Palestina y El Líbano. Israel es el miembro más guerrerista, extremista e irracional del campo occidental. Mientras su derrota militar no sea inapelable, la guerra continuará.

    Respecto a Rusia, hago dos reflexiones:

    1. En el campo de batalla, Rusia está ganando, lentamente, con un costo humano (ruso) y material enorme, pero con firmeza.

    2. La apuesta de Rusia, pese al conflicto actual, es imponer militar o diplomáticamente su integración al campo occidental. Para ello, Rusia confronta con Europa, es decir con la nobleza de la corte, pero no con el monarca, Estados Unidos a quien el Kremlin rinde pleitesía.

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    1. Hasta el rabo todo es toro. Irán ha ganado la batalla y encara la tercera parte con mucha ventaja, pero no ha terminado y se va a intentar forzar la máquina al máximo, sobre todo desde Tel Aviv. Su talón de Aquiles sigue siendo la economía, aunque ahora la apertura de nuevos canales de intercambio y las tasas del Golfo van a ayudar mucho a las arcas de Teherán. Una guerra de desgaste en ese plano requeriría años, como se vio en Siria y en el propio Irán con dos revoluciones de colores y media a cuestas. EEUU no tiene tanto tiempo.

      En el caso ruso el Kremlin se deshizo masivamente de sus reservas en dólares hace ya muchos años y antes de la OME había firmado el acuerdo de pagos del gaseoducto con China nominado en euros, lo que no hizo gracia en Washington porque reforzaba a la moneda europea frente a la propia. Lo que ha sucedido desde 2022 (tras la congelación de activos rusos los intercambios entre chinos y rusos ya prescinden casi por completo tanto de dólares como de euros y el Nord Stream es historia) ha matado dos pájaros de un tiro, pero ahora los golpes a Washington le vienen por otro lado. A mi esto no me encaja en un cuadro en el que se busca una aceptación de EEUU pasando sobre la UE.

      Lo que ocurre es que EEUU tiene arsenal nuclear, la UE sólo el francés (el británico depende de los yanquis) Igual que desde un lado se ha intentado separar a Rusia de China, desde el otro se ha intentado separar a EEUU de la UE. Ambos intentos han fracasado. La diferencia es que rusos y chinos son socios mientras que europeos occidentales y yanquis vasallos y señor respectivamente. El primer dúo tiene mucha más fuerza que el segundo y sigue abriendo brecha.

      Los analistas rusos dan al bando pro occidental interno por arrinconado. Si EEUU y La City no consiguen arrastrar a Rusia a una guerra directa con toda la UE (que es lo que buscan desde el principio para repetir el escenario de 1945) los rusos sólo aceptarán la capitulación ucraniana. De hecho los polacos ya se relamen soñando con “recuperar” el oeste del país tras las provocaciones de los banderistas una vez el Donbass caiga.

      Otra cuestión más: los persas “sólo” han tenido que defenderse, aunque haya sido atacando. No han tenido que invadir a ningún vecino. En cambio los rusos tienen que quedarse en los territorios que liberan, por eso en su guerra la infantería juega un papel clave. No se pueden permitir el salir corriendo de esas tierras ni dentro de diez ni dentro de veinte años.

      En ese plazo, por cierto, es muy probable que el estado de la bandera con la estrellita azul ya haya desaparecido tal y como lo conocemos. Cambiar a Netanyahu no va a colar.

      Saludos.

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    2. "Las ciudades subterráneas de misiles de Irán, excavadas en las profundidades de las montañas, demostraron ser resistentes a las bombas antibúnker"

      La evidente supremacía aérea occidental contra Irán, de la que tanto alardea sobre todo EE.UU., ha quedado anulada a la hora de destruir eficazmente las armas usadas por Teherán para su guerra asimétrica. Semejante humillación de las fuerzas aéreas gringo-sionistas es un "mal" ejemplo de aquí en adelante, aparte de demostrar los límites de un dominio del espacio aéreo enemigo...impotente para doblegar a dicho enemigo.
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      "Lo que ocurre es que EEUU tiene arsenal nuclear, la UE sólo el francés (el británico depende de los yanquis)"

      Oh, es un "pequeño" detalle, pero hay que recordarlo por si acaso se olvida tal evidencia militar...

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  2. "Irán no solo sobrevivió a la ofensiva militar más intensa y sin cuartel de su historia moderna, sino que emergió más fuerte, más cohesionado y más influyente que nunca."

    Ya pueden sacar pecho en Teherán, porque por mucho que se disimule, y aunque a lo peor no dure mucho, el tratado de "paz" con EE.UU. es una vergonzante derrota estratégica para Trump, que no ha conseguido el cambio de régimen ni el resto de objetivos de Washington.

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  3. "Israel es el miembro más guerrerista, extremista e irracional del campo occidental. Mientras su derrota militar no sea inapelable, la guerra continuará."

    El país sionista lleva más de 80 años ganando las guerras (qué remedio, en cuanto empiece a sufrir derrotas impepinables y desastrosas, su destino histórico está cantado).
    Parece que Israel, desde hace unas décadas, está sufriendo una especie de "ley de rendimientos decrecientes" en sus victorias, cada vez más dudosas e inciertas. Por ejemplo, no es la primera vez que ha intentado borrar el mapa del Líbano a Hezbolá, pero no lo ha conseguido ni entonces ni por ahora en su actual ofensiva brutal para los civiles. El "éxito" de Gaza es un mero genocidio sin ningún mérito militar, dada la abrumadora supremacía aérea y de otros medios del ente sionista. Y para qué hablar de la "genial" idea de atacar en Irán las infraestructuras petroleras junto a su esclavo EE.UU., que provocó la esperable respuesta asimétrica iraní con los drones contra los lacayos del otro lado del Golfo Pérsico.
    Rentabilidades pasadas no aseguran rentabilidades futuras...

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