viernes, 9 de enero de 2026

La respuesta

O no. Todavía no lo tengo claro. Ayer Rusia desempolvó el misil del minuto final, el Oreshnik, para atacar el mayor almacenamiento de gas de Europa en la localidad de Lvov (utilizo esta grafía conscientemente, y no la que se ha puesto de moda de Lviv como dicen los habitantes del país 404, antes conocido como Ucrania; todo el mundo lo ha acogido con simpatía porque hay simpatía con los neonazis, pero es una estupidez tremenda porque puestos así hay que escribir Kalaallit Nunaat para referirse a Groenlandia porque así es como se llama en el idioma inuktun si es que hay simpatía con los groenlandeses tras la amenaza de Trump de anexión, pero el cerebro occidental no llega a tanto). 

Oficialmente el Oreshnik es la respuesta rusa a tres cosas: el ataque a la residencia de Putin, los planes de Europa sobre tropas en el país 404 y la captura del petrolero. Me parece mucho, pero lo que sí es cierto es que la presión sobre el Kremlin para que respondiese a EEUU de forma contundente era de tal calibre que tenía que hacer algo. Porque es una respuesta a EEUU, que se había reído del ataque a la residencia de Putin, que acaba de enviar un supuesto plan de paz a Rusia negociado con los europeos y los neonazis del país 404 donde echa por tierra el "espíritu de Anchorage" que tanto gusta a los euroatlánticos del Kremlin y que ha secuestrado un petrolero con bandera rusa aunque fuese con permiso temporal para hacerlo. Tres agresiones en una respuesta.

Antes de conocer su uso por segunda vez, y Rusia lo está haciendo con cuentagotas, la Duma estatal, el Parlamento ruso, había comenzado a discutir cómo proteger sus propios buques en aguas internacionales porque el secuestro del petrolero ha sido el primero a un buque "casi ruso", pero no ha sido el único intento: ya ha habido otros dos en el Mar Báltico que, estos sí, fueron impedidos por la marina rusa. En el comienzo del debate sobre esta protección, desde Rusia Unida, el partido de Putin, se justificaba la inacción con un argumento: "Todo se va a complicar aún más. Porque sin una respuesta clara, Trump se sentirá impune. Si la recibe, la usará como pretexto para imponer sanciones o medidas más duras".

Si el Oreshnik ha sido la respuesta clara rusa, hay que esperar a la próxima semana cuando el Comité de Sanciones del congreso de EEUU discuta la Ley de Sanciones a Rusia en la que se otorga a Trump la autoridad para imponer sanciones contra Rusia y los países que compran su petróleo, incluyendo aranceles de hasta el 500%. Una medida que está dirigida a China e India en primer lugar. Entonces lo tendremos todo más claro.

Así que, a especular de nuevo. Una parte cada vez mayor de la población rusa quiere ataques y respuestas de mayor envergadura a Occidente que las que se están produciendo, y no solo en el país 404. El Kremlin está en una encrucijada, y lo sabe. El uso del Oreshnik puede, tal vez, acaso, que sea interpretado por Occidente, especialmente por EEUU, como una acción simbólica de lo que está por venir y que no es otro "ataque rutinario" porque el objetivo de ayer está muy cerca de la base polaca desde donde se surte de armamento al gobierno neonazi del país 404.

Pero también puede, tal vez, acaso, que se haya utilizado solo con un objetivo bélico concreto: destruir ese almacenamiento de gas porque es soviético, está a una profundidad que no se hubiese podido alcanzar con un misil convencional.

Lo dicho, puede que haya sido la respuesta. O no.

El Lince 

jueves, 8 de enero de 2026

El derecho y lo que se tuerce

Ayer me equivoqué cuando dije que Rusia había enviado un submarino y dos fragatas a proteger al petrolero "Marinera" que estaba en riesgo de ser capturado por EEUU con la ayuda de Gran Bretaña, como así fue. Rusia no envió buque alguno en su defensa, como queda claro en el comunicado del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso y a ello se añade el comunicado del Ministerio de Transporte ruso donde ambos insisten en que el barco tenía un "permiso temporal para navegar bajo la bandera estatal de la Federación Rusa, emitido de conformidad con la legislación rusa y el derecho internacional". 

Este es el talón de Aquiles de todo el proceso. Así que he ido a la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (aunque la apelación al derecho internacional ya no sirve de nada) para ver qué se dice al respecto y lo que se encuentra es esto: 

 
Por lo tanto, hay que hacer una apreciación que tiene mucho que ver con la (no) respuesta de Rusia: con esto de bandera temporal Rusia quería enviar una señal a EEUU (otra tontería, como la escenificada cuando entregó al agregado militar las pruebas del ataque a la residencia de Putin, rápidamente desestimadas por Trump) pero descafeinada, sin fuerza. Algo así como os avisamos, pero no interferimos. Apelamos al derecho del mar, al derecho internacional, a la libertad de navegación pero no pasamos de ahí.

En lo referente a que cada vez hay más buques que adoptan la bandera rusa es cierto y que en la actualidad ya lo han hecho 11 en aplicación de ese art. 92 de la Convención del Mar. 

Es lo que ha pasado y de ahí la tibia reacción rusa ante este acto de piratería. Los euroatlánticos del Kremlin siguen intentando no molestar a EEUU para que se reanuden las relaciones y se hagan negocios, que tanto desean para su estatus y bolsillo, aunque cada vez lo tienen más crudo porque cada vez se les tuercen más los planes.

Aún es prematuro decir cualquier cosa sobre cómo está moviéndose todo el entramado interno dentro del poder en Rusia, pero lo que sí se puede aventurar, y es lo que me llega, es que el tan alabado por los eurotlánticos "espíritu de Anchorage" (por aquello de la reunión en agosto entre Trump y Putin en Alaska) "es cada vez más desilusionante" (sic). Y más cuando se habla de una nueva andanada de sanciones impuestas por EEUU con el tema del petróleo por medio.

Esta desilusión de los euroatlánticos del Kremlin no es aún definitiva, pero ahora mismo están en horas bajas, con críticas por todos los lados -desde Dugin hasta el Partido Comunista- y con los euroasiáticos frotándose las manos. "No son más que sueños infantiles de los que cuando la URSS soñaban con un McDonald's y hoy con una gorra de béisbol como la de Trump", como dice Dugin. O "es bofetada a una oligarquía rusa cuya idea de un pacto que no es más que la aceptación de la subyugación", como dicen los comunistas. En cualquier caso, ambos sectores coinciden: "La reacción inicial de Moscú ante la humillación pública de nuestro país por parte de Trump con la incautación del petrolero parece sorprendentemente impotente".

La confluencia entre estos dos sectores se da en la conclusión: "los sueños infantiles de una reconciliación con EEUU están chocando con la realidad del presente". En lo que difieren es hacia dónde ir. Unos, hacia en repliegue interno diciendo "Rusia no tiene padre en Washington ni en Beijing, solo en Moscú". Otros, "hacia la construcción de un complejo militar-industrial, relaciones estrechas con China y una ideología de salvación del Estado". Sin embargo, ambos sectores se reafirman en la importancia del fortalecimiento de los BRICS y de la Organización de Cooperación de Shanghái.

En la entrega del pasado domingo os dije que la lucha de poder en Rusia entre los euroatlánticos y los euroasiáticos después de lo de Venezuela va a ser apasionante. Ya lo está siendo.

Sobre Venezuela, ahora todo el mundo es un experto. Pero nadie hace lo que hay que hacer: ver qué dicen los propios venezolanos. Os recomiendo una página impecable, Misión Verdad, donde hay artículos y reflexiones que se acercan mucho más de lo que lo hacemos nosotros a lo que está pasando. Por ejemplo, con gráficos como este para entender el tema del petróleo.

El Lince 

miércoles, 7 de enero de 2026

Visión china del secuestro de Maduro: el poder del dólar y la ciberguerra es mayor que la guerra clásica

Sigo con lo que se dice por los otros dos países que son algo en política exterior. Ayer fue el turno de Rusia, hoy de China. En esta ocasión son dos aportaciones. Ahí van, cortesía, como siempre, de Meili Yueguang.

"El 3 de enero de 2026, fuerzas estadounidenses secuestraron al presidente venezolano Nicolás Maduro y lo transfirieron a su jurisdicción. Anteriormente, las discusiones en los medios se centraron principalmente en dos temas clave: la confiscación ilegal de activos petroleros venezolanos por parte de Estados Unidos y la legitimidad del secuestro por parte de Estados Unidos de un jefe de Estado en funciones sin trámite ni consentimiento de extradición. Estos temas dominaron los titulares y las respuestas diplomáticas, pero no lograron esclarecer lo sucedido.

La operación en sí parecía precisa, rápida y fluida, como una escena de película. Parecía una incursión de una unidad de fuerzas especiales como la Delta Force, más que una operación policial tradicional. Para muchos observadores, las imágenes evocaban momentos de años pasados, como la operación de 1993 en Mogadiscio (posteriormente conocida como "Black Hawk Down"), cuando las fuerzas estadounidenses operaban en un entorno urbano hostil. Sin embargo, esta analogía rápidamente perdió relevancia, ya que la operación en Somalia finalmente degeneró en un conflicto prolongado, con repercusiones políticas y ambigüedad legal, mientras que la operación contra Maduro estuvo meticulosamente controlada y legalmente estructurada desde el principio. Estaba prediseñada para terminar en los tribunales, no en el campo de batalla.

Maduro enfrenta ahora un largo proceso federal en el sistema legal estadounidense, cuyo juicio probablemente se celebrará en Nueva York, donde se establecieron las pruebas financieras y la base legal del caso años antes de su secuestro. Si bien el debate en torno al petróleo, la extradición y la legalidad es comprensible, se centra únicamente en los resultados, sin desviarse nunca hacia una discusión sobre el sistema en sí.

La pregunta más crucial es: ¿sobre qué base Estados Unidos tiene la facultad de arrestar a jefes de Estado extranjeros y juzgarlos en sus propios tribunales? Esta pregunta desplaza el enfoque del debate de la política ideológica y de recursos al funcionamiento y ejercicio del poder en el sistema internacional actual.

Durante décadas, la aplicación transfronteriza del derecho penal se ha basado en la cooperación internacional. Mediante tratados de extradición, transferencias negociadas y la cooperación entre gobiernos locales, se han mantenido las normas procesales legales, incluso en casos relacionados con drogas, terrorismo o crimen organizado. Sin embargo, el caso venezolano ha alterado este modelo convencional.

Esta acción no constituyó una extradición ni una acción legal multilateral. Consistió en la aplicación directa de la ley estadounidense a través de las fronteras sin el consentimiento de los países involucrados. Esto, por sí solo, sitúa el caso de Maduro en un contexto histórico distinto al de la mayoría de las demandas internacionales iniciadas por Washington después de la Guerra Fría.

Para comprender por qué Estados Unidos cree tener el derecho a hacerlo, es necesario ir más allá del marco habitual de la dicotomía socialista versus capitalista. La base legal de la postura estadounidense reside en las leyes de sanciones, la jurisdicción financiera y el control del sistema global del dólar, no en la ideología ni en la situación política interna de Venezuela. En este marco, el poder deriva no solo de los territorios controlados por Estados Unidos, sino también de su control sobre los sistemas de los que dependen otros países.

Por lo tanto, las cualidades cinematográficas de esta operación no deben interpretarse simplemente como un elemento dramático, sino como una señal. Refleja la creciente convergencia de la autoridad legal, el dominio financiero y la capacidad militar en esta era, revela cómo opera el poder moderno y aclara por qué el impacto de este arresto se extiende mucho más allá de la propia Venezuela.

Una breve historia de la detención transfronteriza en Estados Unidos

Estados Unidos ha recurrido a la fuerza en el extranjero en numerosas ocasiones, pero los casos que combinan la acción militar con litigios civiles son poco frecuentes. Estos casos suelen indicar un cambio en la percepción de Washington sobre su propio poder.

Un caso de estudio frecuentemente citado es la operación estadounidense de 1993 en Mogadiscio, posteriormente conocida como "Black Hawk Down". La misión tenía como objetivo a Mohammed Farah Aidid, un líder miliciano que operaba en un estado prácticamente desmoronado. La operación fue de alto riesgo, se llevó a cabo bajo la autorización de la ONU, pero careció de una conclusión jurídica clara. Aidid nunca fue capturado, extraditado ni llevado ante un tribunal estadounidense. Toda la operación concluyó con la retirada estadounidense en lugar de su procesamiento, lo que demuestra que incluso cuando Estados Unidos está dispuesto a asumir riesgos significativos, la eficacia de la fuerza es limitada sin un debido proceso.

Un precedente histórico más similar es la captura de Manuel Noriega por parte del ejército estadounidense en Panamá en diciembre de 1989. Noriega había sido acusado formalmente en un tribunal federal estadounidense por narcotráfico antes de que comenzara la operación. Fue trasladado a Estados Unidos tras su arresto, donde posteriormente fue juzgado y condenado. Este caso sentó un precedente para que Estados Unidos usara la fuerza para arrestar a líderes extranjeros y llevarlos a juicio civil, pero ocurrió durante una intervención militar masiva que condujo al colapso del entonces gobierno de ese país.

En comparación con el caso somalí, la crisis de Maduro se asemeja más al caso panameño, pero también difiere en algunos aspectos clave. Venezuela en 2026 no es un estado fallido ni ha sido declarada invadida u ocupada. El país goza de estabilidad general y el presidente goza de una sólida protección, lo que hace que la operación militar en sí misma sea altamente riesgosa. Sin embargo, la escala de la operación es estrictamente limitada y su objetivo es claro: ejecutar una demanda existente, más que controlar el territorio del país o derrocar al régimen.

Estas distinciones son cruciales. El caso de Somalia demuestra que, incluso con acciones audaces, el uso de la fuerza por sí solo no puede producir resultados duraderos sin autorización legal; el caso de Panamá muestra cómo los procedimientos legales pueden seguir a una fuerza abrumadora. La situación en Venezuela refleja una evolución adicional: Estados Unidos sigue dispuesto a asumir riesgos significativos, pero lo hace de forma más selectiva: utiliza la fuerza para activar la jurisdicción legal y financiera en lugar de ocupar territorio directamente.

Desde esta perspectiva, el arresto de Maduro no es una medida inusual, sino un avance en la estrategia estadounidense. Refleja un patrón de combinación de capacidades militares, derecho penal y control financiero para lograr objetivos que antes requerían una guerra total. Este cambio explica por qué, si bien tiene raíces históricas, este evento parece inédito.

De lo militar a lo financiero

El hilo conductor que conecta la campaña panameña de 1989 y la campaña venezolana de 2026 no es la ideología, sino el procedimiento legal. En ambos casos, Estados Unidos se basó en cargos penales preexistentes como fundamento para la acción militar. Esto garantizó que sus operaciones militares no se presentaran como invasiones, sino como el ejercicio de la autoridad legal. Desde el fin de la Guerra Fría, la novedad reside en la significativa ampliación del alcance de esta autoridad.

Hoy en día, la influencia de Estados Unidos ya no se basa principalmente en el control territorial, sino en el control de diversos sistemas. Uno de los más importantes es el sistema financiero global, que aún se basa en gran medida en el dólar estadounidense.

Un componente clave de este sistema es la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), dependiente del Departamento del Tesoro de Estados Unidos. Las sanciones de la OFAC no se implementan controlando territorio, sino decidiendo a quién se le permite o se le prohíbe usar el sistema financiero basado en dólares. Estar excluido de este sistema dificulta enormemente el comercio, la transferencia de fondos o la realización de negocios a gran escala.

 Esto es crucial porque el dólar estadounidense sigue siendo la moneda por defecto en el comercio global. Los contratos de petróleo, transporte marítimo, seguros y materias primas suelen estar denominados en dólares estadounidenses, incluso si ni el comprador ni el vendedor son estadounidenses. Esto es particularmente evidente en el caso de Venezuela. Incluso los compradores dispuestos a adquirir crudo venezolano sancionado suelen exigir el pago en dólares estadounidenses. Esto no se debe a lealtad a Estados Unidos, sino a que la fijación de precios en dólares reduce el riesgo, simplifica los contratos y se ajusta a las normas del mercado global.

Esto plantea la pregunta: ¿Por qué utilizar el dólar estadounidense?

La respuesta es pragmática, no política. Rechazar el dólar podría significar perder a todos los compradores o tener que aceptar importantes descuentos. Usar otras monedas suele provocar retrasos en las transacciones, mayores costos y menos socios dispuestos. Para los vendedores venezolanos bajo presión, aceptar el dólar suele ser la opción menos perjudicial, incluso si aumenta los riesgos legales a largo plazo.

La mayoría de los pagos en dólares no se realizan completamente fuera de Estados Unidos. Por lo general, se completan solo después de pasar por un banco regulado en EE. UU. Este último paso implica la verificación, aprobación y formalización del pago. Las autoridades estadounidenses consideran que, dado que este paso se realiza dentro del sistema financiero estadounidense, la transacción debería regirse por la legislación estadounidense, incluso si el comprador, el vendedor y los bienes se encuentran en otro lugar.

Muchas entidades sancionadas creen que pueden controlar este riesgo creando distancia entre ellas y la actividad de pago. Venden a través de intermediarios, utilizan empresas extranjeras o recurren a bancos fuera de EE. UU., creyendo que esto proporciona suficiente segregación para eludir la jurisdicción estadounidense. Sin embargo, a menudo pasan por alto que los pagos en dólares rara vez permanecen completamente fuera del sistema financiero estadounidense de principio a fin. Incluso si una transacción parece ser extranjera en el papel, el pago a menudo pasa por un banco estadounidense antes de completarse.

Cada transacción deja un registro. Con el tiempo, estos registros forman patrones fijos. Los riesgos legales se acumulan en la sombra, mientras que las acciones policiales se llevan a cabo en silencio antes de ser lanzadas repentinamente.

Por eso la jurisdicción financiera es más importante que los factores geopolíticos. Estados Unidos no necesita demostrar que los delitos que alega ocurrieron en su territorio. Argumenta que el uso de un sistema que controla es suficiente para demostrar su jurisdicción. En el caso de Maduro, la fiscalía estadounidense alegó que los fondos relacionados con el narcotráfico, la corrupción y la evasión de sanciones fluyeron a través de un sistema basado en dólares, lo que hace que la actividad caiga bajo jurisdicción estadounidense mucho antes de que se produjera la acción militar.

Desde esta perspectiva, el uso de la fuerza parece ser el último paso de todo el proceso, más que el punto de partida. La vigilancia financiera, la aplicación de sanciones y las acusaciones constituyen el marco legal, mientras que la acción militar se utiliza para imponer la autoridad ya establecida en el papel.

Esto plantea otra pregunta: si Venezuela puede ser puesta bajo la jurisdicción de Estados Unidos basándose en el flujo de fondos en lugar de la afiliación territorial, ¿quién más enfrenta el mismo riesgo?

¿De quién son las alarmas?

Irán es la respuesta más obvia.

Al igual que Venezuela, Irán ha estado bajo severas sanciones estadounidenses durante años. Al igual que Venezuela, a pesar de estas restricciones, Irán continúa vendiendo petróleo y transfiriendo fondos, a menudo en mercados globales, mercados donde los compradores aún prefieren cotizar en dólares porque son moneda conocida, confiable y fácil de asegurar y revender. Esto genera el mismo dilema: rechazar dólares podría significar perder compradores o aceptar descuentos significativos; si bien aceptar dólares puede mantener el comercio, aumenta los riesgos legales a largo plazo.

Esto plantea una pregunta: cuando la lógica es tan clara, ¿por qué Irán correría este riesgo?

Parte de la razón es que los riesgos de las sanciones a menudo parecen lejanos hasta que afectan directamente a las personas. Los riesgos financieros pueden permanecer latentes en los registros durante años, pareciendo abstractos y manejables mientras la actividad cotidiana continúa con normalidad. El caso de Maduro demuestra cómo estos riesgos pueden resurgir repentinamente en forma de cargos penales y procedimientos judiciales cuando la política y la oportunidad se combinan. Este momento es notable porque es probable que casi nadie, incluido el propio Maduro, anticipara tal acción, incluso después de meses de visible actividad militar estadounidense en el Caribe. Parecía que la presión ejercida se mantendría en el plano económico o diplomático. Sin embargo, la actividad policial pasó abruptamente del papeleo a la acción real.

Otra parte de la respuesta es que a Irán le preocupa no solo la lógica legal, sino también las capacidades de Estados Unidos. Según declaraciones e informes estadounidenses de la época, en junio de 2025, Estados Unidos utilizó bombarderos furtivos B-2 y munición pesada para atacar las instalaciones nucleares iraníes en Fordow, Natanz e Isfahán. Esto es significativo porque demuestra que Washington está dispuesto y es capaz de operar en territorio iraní cuando considera que hay mucho en juego.

En resumen, estos dos factores explican por qué Teherán presta tanta atención a la situación. El sistema del dólar otorga legitimidad a Estados Unidos en su jurisdicción, y cuando Estados Unidos decide pasar del papel a la acción real, la fuerza militar puede reforzar dicha legitimidad.

Lecciones del evento

El secuestro de Maduro por parte de Estados Unidos no es una acción aislada ni una escalada repentina. Refleja un cambio a largo plazo en la forma en que Estados Unidos ejerce el poder. La fuerza militar sigue siendo importante, pero se utiliza cada vez más para hacer cumplir la autoridad legal establecida mediante acusaciones, sanciones y seguimiento financiero.

Este enfoque aporta a Washington algo que a menudo ha faltado en sus estrategias anteriores: primero crea un marco legal y luego actúa dentro de él. Con el tiempo, se recopilan discretamente acusaciones penales, registros financieros y reclamaciones jurisdiccionales. Cuando se utiliza la fuerza, ya no se describe como un acto político, sino como la aplicación de las leyes vigentes. Este marco es importante porque limita el margen para la represalia diplomática y convierte el conflicto en un ejercicio de aplicación de la ley.

El caso Maduro demuestra que esta estrategia ha madurado. Se utilizó el sistema financiero para establecer la jurisdicción; se dejó que los procedimientos legales evolucionaran y se consolidaran con el tiempo; las capacidades militares permanecieron en segundo plano hasta que se necesitaron. El resultado final fue que, si bien la operación pareció repentina, fue en realidad la culminación de una larga preparación legal.

Por eso, el impacto de este incidente se extiende mucho más allá de Venezuela. Para Irán, la advertencia no reside en la ideología ni en el tipo de régimen, sino en la exposición a riesgos. Participar en un sistema global dependiente del dólar conlleva riesgos legales a largo plazo, incluso aquellos cuya aplicación pueda parecer lejana o improbable. Estos riesgos pueden permanecer latentes durante años antes de volverse relevantes para todos.

Estados Unidos ha demostrado ahora una doble capacidad: poseer tanto los fundamentos jurídicos para ejercer su jurisdicción como la capacidad de actuar cuando sea necesario. Esta combinación confiere al caso una mayor relevancia: revela un modelo de poder que se basa menos en la presión sostenida y más en la paciencia, el registro de hechos y la capacidad de aprovechar las oportunidades.

Al analizar el impacto del secuestro de Maduro desde esta perspectiva, el evento se centra menos en un líder específico y más en cómo se ejerce el poder moderno. La ley proporciona la estructura; las finanzas amplían la esfera de influencia; y la fuerza impone lo ya establecido en la ley. Este equilibrio es cada vez más difícil de ignorar para los países que operan en la periferia del sistema estadounidense".

Xi Shou 

"Recientemente, Estados Unidos lanzó un ataque militar contra Venezuela y capturó por la fuerza al presidente venezolano, Nicolás Maduro, y a su esposa. Según informes de medios estadounidenses, la operación comenzó con una ciberguerra. La firma china de ciberseguridad Antiy publicó un informe el martes en el que afirma que Estados Unidos probablemente realizó ciberataques para causar cortes de energía generalizados, abriendo así canales operativos para posteriores ataques aéreos y operaciones especiales.

Con sus capacidades de ciberataque, Estados Unidos normalmente busca obtener un control profundo sobre los sistemas de información de otros países y realizar continuamente una recopilación de información encubierta; durante tiempos de guerra, estas capacidades pueden convertirse en ventajas de inteligencia en el campo de batalla, lo que permite ataques a infraestructura crítica como sistemas financieros y militares en cualquier momento, lo que podría conducir aún más al colapso y la desintegración de las operaciones sociales.

Según informes de medios estadounidenses, la parte estadounidense sugirió haber utilizado ciberataques u otras capacidades técnicas para cortar el suministro eléctrico en Caracas durante los ataques a la capital venezolana. La parte estadounidense también confirmó la participación del Comando Cibernético de EEUU en la operación.

El apagón en Caracas tuvo como objetivo principal brindar mayor apoyo encubierto para la entrada y las operaciones a baja altitud de la flota de helicópteros estadounidense, lo que requiere precisión, certeza y control. La probabilidad de que la infraestructura eléctrica se vea comprometida por ataques con gran potencia de fuego o daños físicos es relativamente baja, mientras que los ciberataques tienen mayor probabilidad de causar apagones, abriendo así canales operativos para posteriores ataques aéreos y operaciones especiales estadounidenses. No se puede descartar que Estados Unidos haya intentado desactivar los sistemas de armas de defensa aérea de su oponente mediante ciberataques durante la operación.

En la ciberguerra de Estados Unidos contra Venezuela, los posibles movimientos tácticos pueden incluir violar la infraestructura crítica y los sistemas de información clave de Venezuela para obtener documentos internos, materiales, inteligencia y otra información; violar y controlar los teléfonos móviles o las computadoras terminales de personal venezolano clave para acceder directamente a la información, convirtiendo estos dispositivos en herramientas de escucha móvil o peldaños para futuros ataques; violar los dispositivos de seguridad de Venezuela y los sistemas de hogares inteligentes en edificios clave para lograr fines de reconocimiento y vigilancia interna; y violar la infraestructura crítica para obtener el control, monitorear continuamente el estado operativo y prepararse para la transición a ataques ciberespaciales.

Durante mucho tiempo ha sido un secreto a voces que Estados Unidos lleva a cabo ciberataques e infiltraciones extensas e indiscriminadas contra numerosos países, incluidos sus aliados, y la reciente operación contra Venezuela es otro ejemplo de ello.

Se han producido profundos cambios en la tecnología militar. En la era de la guerra informatizada e inteligente, ahora existen métodos más efectivos, como ataques, infiltración e interrupción en el ciberespacio, que podrían emplearse para lograr el objetivo de degradar o neutralizar los sistemas de armas enemigos.

Ante los crecientes desafíos de ciberataques provenientes de fuerzas externas, los países deben fortalecer la concienciación sobre ciberseguridad y construir sistemas robustos de defensa contra esta amenaza. Por un lado, cada organización y empresa debe asumir la responsabilidad principal de la planificación, construcción y operación de la seguridad de sus sistemas de información. Por otro lado, y aún más importante, es esencial fortalecer la capacidad de confrontación sistemática y la defensa nacional integral". 

Li Baisong

P.D.- Xi Jinping no ha vacilado a la hora de criticar y condenar el secuestro de Maduro. En un movimiento diplomático de alto impacto ha roto su habitual reserva en asuntos operativos internacionales para condenar personalmente el ataque de EEUU en Venezuela y el secuestro de Maduro. Por el contrario, Putin delegó la condena a su ministro de Exteriores. En honor a la verdad, tanto Rusia como China han considerado el ataque a Venezuela y el secuestro de Maduro como "acto de agresión armada". Por lo tanto, apoyan la declaración de Maduro de considerarse prisionero de guerra.

Los petroleros que aún se encuentran en Venezuela intentan escapar en masa y en convoy. Tras el éxito del "Bella 1", ahora bajo bandera rusa, al escapar del bloqueo y cerco estadounidense, otros 20 petroleros de la llamada, por Occidente, "flota en la sombra" cambiaron la bandera de Gambia a otras. De estos, 8 cambiaron a la rusa. El número total de petroleros que han cambiado a la bandera rusa desde el inicio de estos cambios es de 11 y sigue creciendo.

Rusia, además, ha enviado un submarino y dos fragatas a proteger al "Bella 1", ahora renombrado "Marinera" tras adoptar la bandera rusa y que se dirige a un puerto ruso. Puede que no lleguen a tiempo porque EEUU está alcanzando al petrolero cerca de Gran Bretaña, y el apoyo de este país a los piratas es total. Vuelvo a lo mismo de siempre: si EEUU secuestra a un petrolero ahora formalmente ruso, ¿cuál va a ser la reacción del Kremlin?

Rusia no es el único país que está creando su propio sistema de registro y seguro de barcos. China también lo está haciendo. Con ello las sanciones occidentales, ilegales según el derecho internacional que está siendo destrozado por el muy "democrático" Occidente, pierden su efecto, por mínimo que sea. 

Por cierto, Petro se está haciendo el gallito pero mantiene todas las bases de EEUU en Colombia. Ni las menciona. 

El Lince

martes, 6 de enero de 2026

Visión rusa del secuestro de Maduro: el operativo y lecciones a extraer

De todo lo que he leído publicado allá, evitando las perogrulladas, frases hechas y retórica vacía, esto es lo que me parece más reseñable. Lo hago porque Rusia es hoy uno de los tres países que son algo en política exterior y lo que allí se dice es algo a tener en cuenta. Ahí va.

"Estados Unidos afirma no haber sufrido bajas en la operación relámpago para capturar al presidente venezolano Nicolás Maduro. ¿Cómo se preparó y ejecutó este ataque? ¿Por qué ni el ejército venezolano ni el equipo de seguridad del líder venezolano pudieron contrarrestarlo? ¿Cuáles serán las consecuencias técnico-militares y políticas de este crimen para el mundo entero? Desde el principio, Estados Unidos tuvo un objetivo limitado: capturar a Maduro (si su objetivo incluía matarlo si fracasaba es una pregunta interesante). Pero asignaron enormes recursos a este fin: prácticamente todas las fuerzas estadounidenses en la región participaron en la Operación Resolución Absoluta.

A las 23:46, hora de Venezuela, del 2 de enero, Trump dio la orden de iniciar la operación, y a las 2:00, aviones estadounidenses lanzaron el primer ataque aéreo sobre Caracas. Los principales ataques se dirigieron al aeropuerto, las posiciones de defensa aérea, los centros de comunicaciones militares venezolanos y Fuerte Tiuna, una base militar que albergaba un búnker destinado a servir de escondite a Nicolás Maduro durante un intento de toma de poder. Sin embargo, el búnker fue destruido previamente.

El ataque involucró a 150 aeronaves de la Fuerza Aérea y la Armada de EEUU y un número aún desconocido de helicópteros de ataque de la Fuerza Aérea, la Armada, la Infantería de Marina y el 160.º Ala de Operaciones Especiales. Además de las aeronaves tácticas, que realizaron ataques terrestres y protegieron a los aviones de ataque de los cazas, también participaron bombarderos B-1B Lancer. Las operaciones del grupo contaron con el apoyo de un gran número de vehículos aéreos no tripulados.

El ataque a las defensas aéreas, las comunicaciones y los sistemas de mando y control permitió la entrada de helicópteros de ataque al espacio aéreo de Caracas, con la misión de paralizar la resistencia restante de las fuerzas terrestres venezolanas. Caracas se encuentra en una llanura entre montañas y está densamente urbanizada con rascacielos. Además, si bien los estadounidenses llevaron a cabo un ciberataque contra la red eléctrica de la ciudad y dejaron sin suministro eléctrico algunas zonas, no lo cortaron por completo.

Como resultado, los soldados venezolanos sobrevivientes se encontraron en una situación en la que el eco de los helicópteros rebotaba en los edificios y las montañas (en las afueras de la ciudad) varias veces, lo que imposibilitaba determinar la dirección del helicóptero. La luz impide la detección visual de un helicóptero o aeronave en el cielo nocturno. En consecuencia, era imposible usar ametralladoras o sistemas portátiles de defensa aérea contra ellos; era simplemente imposible saber dónde disparar. Sin embargo, los estadounidenses, con un conocimiento perfecto de la situación, detectaron con precisión los movimientos de las unidades venezolanas y, gracias a los sistemas de puntería de sus aeronaves, las atacaron fácilmente.

Mientras todo esto sucedía, un grupo de helicópteros del Ala de Transporte Aéreo 160, con unidades de la Fuerza Delta, sobrevoló la ciudad a través de la cordillera al sur de Caracas. Allí, fueron atacados con misiles antiaéreos portátiles (ya se ha publicado un video), pero sus sistemas de defensa a bordo los protegieron.

La aproximación de Delta a la residencia de Maduro estuvo sincronizada con los ataques de apoyo.

El personal de seguridad que sobrevivió al ataque aéreo fue sometido a intenso fuego de cañones automáticos, cohetes y ametralladoras pesadas disparadas desde helicópteros estadounidenses. Debido a las tácticas de las Fuerzas de Operaciones Especiales de EEUU, no se puede descartar el uso de humo y gas lacrimógeno. Como resultado, la Fuerza Delta aterrizó en las instalaciones según el plan de la operación.

A continuación, entró en juego el entrenamiento y el equipo técnico de las fuerzas especiales estadounidenses. Previamente, los estadounidenses, utilizando información de ciberinteligencia, fuentes de inteligencia y analistas de fuentes abiertas, habían logrado construir una réplica exacta del edificio donde se encontraba Nicolás Maduro. Ensayar la operación en estas instalaciones les permitió ejecutarla prácticamente por reflejo, logrando lo que habían estado practicando durante cientos de horas. El equipo de seguridad, compuesto por venezolanos y cubanos, fue rápidamente abatido, Nicolás Maduro y su esposa fueron capturados, y las fuerzas especiales fueron evacuadas en helicóptero con cobertura aérea. Todo terminó en menos de dos horas.

Se están aclarando las bajas venezolanas; inicialmente se dijo que fueron cuarenta, luego más de ochenta. El gobierno cubano anunció la muerte de 32 de sus soldados, presuntamente muertos en un enfrentamiento con la Fuerza Delta en la residencia de Maduro.

Estados Unidos alegó daños en un helicóptero y, según algunos medios, en una aeronave, y también declaró heridos en su costado. Si el informe de la aeronave es correcto, algunos sistemas de misiles antiaéreos venezolanos también pudieron lanzar misiles.

Se desconocen actualmente las pérdidas de defensa aérea de Venezuela. Han aparecido en línea videos de dos lanzadores Buk-M2E dañados, y videos nocturnos muestran la distintiva explosión de una gran carga de combustible sólido en el motor de un misil; aparentemente, un misil antiaéreo detonó al impactar. En general, la magnitud de las pérdidas de defensa aérea de Venezuela se aclarará más adelante.

Incluso si Estados Unidos logró ocultar algunas pérdidas (como, por ejemplo, ocultó durante más de 20 años el segundo F-117, que fue dado de baja por las defensas aéreas yugoslavas, pero logró regresar a su base), no cambia nada. Ganaron. Maduro enfrenta un juicio farsa, al igual que su esposa, y la vicepresidenta venezolana Rodríguez ya ha declarado su disposición a cooperar con Estados Unidos.

En Rusia se predijo recientemente que los estadounidenses podrían matar o capturar a Maduro, pero entonces surgió la pregunta: ¿qué hacer a continuación? Desestabilizar Venezuela claramente no forma parte de sus planes. Ahora es evidente que han encontrado una solución a la vez criminal y efectiva: en lugar de derrocar al régimen gobernante, lo están subyugando, dejando todo lo demás como está. Y si los venezolanos no les dan a los estadounidenses "su" petróleo, las incursiones continuarán.

Si Estados Unidos no repite su postura (y no lo hará), Venezuela no podrá contrarrestarla. Y, al parecer, es precisamente esta comprensión la que subyace a la obediencia de Delcy Rodríguez.

Lo sucedido tiene dos aspectos: técnico-militar y político. Desde una perspectiva técnico-militar, no hay nada extraordinario en las acciones estadounidenses: simplemente una preparación meticulosa para una guerra que se ha librado durante décadas, sin interrupción, sin ostentación, con un control implacable de la efectividad real de cada decisión, una competencia genuina y justa dentro de la industria militar y el despido de oficiales y personal con bajo rendimiento.

Por ejemplo, un ejército que desee que sus aeronaves sean igualmente invulnerables a los misiles antiaéreos debería hacer lo mismo. En concreto, debería equipar sus aeronaves con estaciones de interferencia, señuelos remolcados con liberación automática y un sistema digital que integre estos sistemas con diversos tipos de sensores de radiación.

Destruir las defensas aéreas requiere tripulaciones especialmente entrenadas y aeronaves dedicadas y armadas. Además, se requiere entrenamiento continuo en situaciones de combate realistas. Esto aplica a todo, desde las comunicaciones hasta el entrenamiento de infantería. Por ejemplo, en el Ejército de los EE. UU., no se contabiliza el número de disparos utilizados para el entrenamiento de familiarización de un nuevo soldado de infantería; se disparan los necesarios, pero el soldado será un buen tirador.

La segunda conclusión puramente militar es que las tropas convencionales son fundamentalmente incapaces de luchar contra Estados Unidos. Esto no significa que los estadounidenses sean invulnerables, pero sí significa que enfrentarse a Estados Unidos requiere la maquinaria militar más moderna, incluyendo la mentalidad de los oficiales.

Aún más valioso es el resultado político para el mundo. Estados Unidos se ha apropiado del legado del predecesor del Imperio Romano, la República Romana. Y en su política exterior, sin darse cuenta, sigue el ejemplo de Roma. Roma, sin embargo, tuvo un período en el que comenzó a destruir a sus antiguos aliados, aplastando a todos a su paso.

Y justo después de Venezuela, Trump está redistribuyendo la 160.ª Ala de Operaciones Especiales a Alemania y empieza a insinuar a Groenlandia, que en realidad pertenece a Dinamarca, el "títere" de Estados Unidos. Y también a México, que tampoco es enemigo de Estados Unidos. Maduro desfila encadenado por Nueva York, y Roma hizo lo mismo.

Existe la posibilidad de que Estados Unidos siga el ejemplo de Roma y se lance a la conquista directa del planeta por la fuerza, apoderándose de todo lo que desee, incluyendo los territorios de sus aliados. Vale la pena estar preparados para esta posibilidad: para evitar ser víctimas y para aprovechar el caos inminente".

Alexander Timojin

P.D.- Ayer hubo una reunión de urgencia de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) para condenar el secuestro de Maduro. Fue convocada a instancia de Colombia con el apoyo de Brasil y México, pero no se llegó a acuerdo alguno.

Argentina, Bolivia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana y Trinidad y Tobago se opusieron a la condena y a cualquier crítica a EEUU.

El Lince

lunes, 5 de enero de 2026

Los latinos son la historia

Sigue la aparente tranquilidad en Venezuela, por lo que suena a algo más que pactado toda la parafernalia sobre Maduro y su compañera. Sorprendente. He hablado con mis contactos allá, mis amigos, que se remontan a 2005 y algunos de ellos, compañeros del fallecido (2009) "el Negro" Villafaña, ex guerrillero en los años 70 y ex-asesor de Chávez, aunque siguen apoyando al gobierno tienen una postura muy crítica con lo que se ha hecho y lo que se está haciendo aunque ahora mismo hay un cierre de filas total. El enemigo no es el gobierno, sino el imperialismo estadounidense.

Lo que se me traslada desde allá son dos cosas: la primera, que la llamada oposición está desaparecida. Las milicias recorren Caracas y otras ciudades un día sí y otro también, haciendo presencia pública, armadas en la mayoría de las veces, pero se mantiene la calma al mismo tiempo que el control de la calle. La segunda, que lo que hay que mirar no es tanto Venezuela como los propios Estados Unidos.

Me explico: están circulando miles de teorías sobre si fue una entrega pactada o no, si hay acuerdos bajo la mesa para moderar al chavismo, si... Nada de eso, con ser importante, va a ser abordado aquí sino la otra cuestión que me trasladan y que os traslado.

Este año se tienen que celebrar elecciones intermedias en EEUU y Trump no las tiene todas consigo. El Partido Demócrata está haciendo sangre del ataque a Venezuela y el secuestro de Maduro pero no por convicción, sino por recuperar un cierto segmento supuestamente izquierdista que les puede venir muy bien para derrotar a Trump. Es el caso del tan alabado, por una "progresía" cada vez más ignorante, de Bernie Sanders, entre otros. Pero también el Partido Republicano está rentabilizando el secuestro, paseando a Maduro por las calles como los romanos paseaban a los vencidos y retransmitiendo sus imágenes engrilletado una y otra vez. 

Hasta aquí todo normal en ese inmenso montón de ignorancia que son los Estados Unidos y cómo se entretiene a la plebe, ya de por sí ignorante en todo. Y no solo en cuestiones geográficas. Os recuerdo que según los últimos datos, el 21% del país es analfabeto. Pues bien. Visto lo que me han comentado mis amigos, he ido a recopilar datos.

Lo que me han comentado es que todo lo que está haciendo Trump (el ataque a Venezuela, las amenazas a México, Cuba y Colombia) tienen menos que ver con las excusas tradicionales tipo narcotráfico como con la cuestión interna: Trump considera a los latinos como su gran base electoral puesto que la tradicional, el mundo rural, está más que descontento por el tema de cómo las contramedidas de China a los aranceles -reduciendo la importación de soja, por ejemplo- están perjudicándoles y culpan a Trump por ello. Por lo tanto, solo le queda ese sector, el latino, para superar esas elecciones.

Los latinos suponen actualmente el 20% de la población de EEUU, casi doblando a la población negra.

Ahora, observad dónde residen.

Si os preocupáis de saber cómo es el supuesto sistema electoral de EEUU, antidemocrático donde los haya, es en California, Arizona, Nuevo México, Texas y Florida, sobre todo en las cuatro últimas, donde se deciden los resultados. Hasta las pasadas elecciones, cuando ganó Trump, los latinos votaban a los demócratas preferentemente, pero en ellas se produjo un cambio que es lo que ahora quiere cimentar Trump: del 32% se pasó al 46% en favor de los republicanos. 

¿Cómo es posible con una política anti-inmigración y represora como la que prometió y está llevando a cabo? La respuesta es fácil: los latinos son profundamente conservadores no solo políticamente, sino a nivel religioso. En el caso de EEUU (y seguro que lo veis también en las localidades donde vivís) han abandonado el catolicismo para pasarse al protestantismo. Y eso está más en la onda de Trump. Echad un vistazo a las procedencias.

De todos ellos solo el 21% tiene estudios superiores, el 71% habla inglés aunque con alguna dificultad y el 68% habla español siempre en casa. Ahora, poneos a pensar si mis amigos venezolanos tienen algo de razón o no. Tenga mucho o poco que ver, esta es una parte nada desdeñable de la historia aun por contar de lo que está pasando.

P.D.- Los BRICS no son ninguna alianza militar, solo económica. Sin más (ni menos). 

El Lince 

domingo, 4 de enero de 2026

Sigue la fábula

Emulando a Esopo, y no es fácil, sigue la fábula. En este caso los toros (en una fábula los animales tienen el papel central) son Rusia y China. Y con quien ya está hablando el león naranja es con el toro negro. No olvidéis esto. El Kremlin está lleno de euroatlánticos que babean por reestructurar las relaciones económicas con EEUU. Sus intereses, y sus bolsillos, están en juego. Por lo tanto, Rusia nunca, jamás, acaso, ni se enfrentará a EEUU si no hay un ataque directo de EEUU contra Rusia. Todo lo que está pasando en el país 404, antes conocido como Ucrania, corrobora letra por letra este discurso. De nada vale que los putinistas (por cierto, vuelvo a lo mismo: "putinistas del mundo, uníos") intenten justificar lo que tiene poca justificación. Y no me refiero a Venezuela (donde los rusos están repitiendo, palabra por palabra la misma disculpa que en Siria), sino al país 404 y a la estrategia rusa allí.

Dicho esto, hay algunas cosas sobre las que pensar. El secuestro de Maduro significa que EEUU ataca principalmente el sistema de mando y de control, siguiendo la estrategia del IV Reich sionista, antes conocido como Israel. En eso tiene toda la razón Delcy Rodríguez cuando habla del "matiz sionista" del ataque. Y EEUU lo hace porque no tiene recursos para librar una guerra de desgaste como la está haciendo Rusia en el país 404. Todo lo que puede hacer es lo que ha hecho (a parte de bombardear, pero sin tropas), con la finalidad no tanto de cambiar el gobierno como de hacerlo más dócil. Eso es lo que subyace de la patada que ha dado Trump a la payasa del Nobel.

Así que la cuestión es si el toro negro está comprendiendo o no las amenazas del bufón Zelenski contra Putin en su discurso de fin de año o el ataque con drones contra la residencia de Putin. Que Rusia haya ido corriendo a la embajada de EEUU en Moscú para presentar las pruebas de dicho ataque al agregado militar de EEUU solo puede arrancar una sonrisa a los estadounidenses. 

Trump se ha reído de Rusia abiertamente comparando su "brillante y rápida" operación con la de Rusia en el país 404. Con risa o no, el daño a la imagen del liderazgo político ruso es innegable. Rusia tiene ahora todas las cartas en la mano, como diría Trump, para actuar igual con Zelenski y compañía, pero no lo va a hacer. Cuanto más lo retrase, peor. 

Rusia es pasiva y hace todo esto por lo del principio: los euroatlánticos. Pero lo más grave es que la pasividad rusa, aunque Venezuela está a muchos kilómetros de distancia, no hace más que poner la mosca detrás de la oreja de sus aliados. Y los irá perdiendo de uno en uno si sigue actuando así. 

La lógica de todo lo que está pasando es que Rusia tiene que desarrollar una cooperación no solo política y económica con sus aliados, sino también militar. Y aquí insisto en algo: está por ver si esa cooperación se desarrolla o no con Irán, y no solo en la venta de armas, de esas que había proporcionado a Venezuela y que no han servido para nada. El por qué es otra cuestión. 

En este contexto, los euroasiáticos en Rusia tienen una buena razón para impulsar un acuerdo de este tipo con China. La lucha de poder en Rusia después de lo de Venezuela va a ser apasionante. 

Porque ahora tanto Rusia como China tienen problemas. Si EEUU se hace finalmente, por las buenas o por las malas, con el petróleo de Venezuela, tendrá en sus manos una fenomenal palanca con la que meter en cintura a los dos países. Por mucho que se diga, EEUU no necesita el petróleo de Venezuela. Pero su control supondrá un enorme porcentaje del suministro mundial. Eso pone en manos de EEUU el mercado petrolero y deja fuera de juego a la OPEP y, por lo tanto, a Rusia.

Alguien ha dicho por aquí que EEUU intenta volver a los años 80. Y es cierto, pero no como se apunta sino como referencia para ver cómo el petróleo remodeló el mundo. Entonces Reagan logró desplomar los precios, y si ya Rusia está vendiendo con descuento por las sanciones, entonces prácticamente será comido por servido. La ganancia, si es que hay, será mínima. Entonces sí que estará en problemas. Y, por cierto, la deuda de Venezuela con Rusia en estos momentos está en los 6.000 millones de dólares solo en materia petrolera. Si hay un cambio de gobierno, esa deuda será cancelada sin la menor duda.

Con China puede que no pase lo mismo. EEUU ya ha ofrecido a China una parte en el pastel aunque no tiene por qué hacerlo porque le basta con cortar el suministro venezolano a China directamente, como ya intentaba hacer antes del secuestro de Maduro. Sin embargo eso reforzaría a los euroasiáticos en Rusia y, consiguientemente, habría un acercamiento mucho mayor entre Rusia y China. Resulta bastante significativo que EEUU haya actuado un día después de la visita de un alto cargo chino a Venezuela, con reunión con Maduro incluida.

En lo anterior hay un hecho que definirá si es una hipótesis que se queda en eso, hipótesis, o adquiere rasgos de certeza: el pueblo venezolano. Por el momento hay una aparente tranquilidad que es difícil de analizar, por lo que no queda más que esperar y ver. Y especular con la trascendencia de lo acaecido poniendo la vista en otros lugares. 

El Lince

sábado, 3 de enero de 2026

Esopo para latinoamericanos

Y para "progres" varios. En cualquier lugar del mundo.

El Lince