La trampa estratégica
Lo primero: nunca he estado en Irán, por lo que lo que escribo no proviene de un conocimiento directo de la situación sino de mis propios análisis. Unos análisis que, como ya he dicho en alguna ocasión, suelo que vengan precedidos de una declaración de honestidad: hasta quien se considere el más objetivo especialista está prisionero de sus experiencias, de los valores dominantes de su sociedad, de las tradiciones, de los estereotipos de su entorno (como somos europeos tendemos a aportar a todo una visión eurocéntrica, casi me atrevería a decir etnocéntrica). Cualquier teórico y/o académico que se aproxima a las relaciones internacionales lo hace desde la perspectiva de su ámbito cultural, nacional o ideológico y establece una elaboración teórica según esos valores. Por lo tanto, nadie es independiente; el teórico y/o académico se puede aproximar más o menos a la objetividad, pero nunca a la independencia.
Si no tenéis esto claro es que no tenéis claro nada de nada.
Lo primero que hay que decir es que Irán tiene 90 millones de habitantes y que, como muchas otras naciones, ha vivido durante décadas en un contexto geopolítico marcado por la injerencia imperialista, golpes de estado, bloqueos y sanciones occidentales, con EEUU como primer ejecutor de todas estas modalidades injerencistas. El punto de inflexión en esta presión injerencista creciente se produjo en 2018, cuando EEUU se retiró unilateralmente del acuerdo nuclear e inició una nueva ronda de sanciones económicas, posteriormente reforzadas por el zombi conocido como Unión Europea. Desde entonces, el régimen de sanciones se ha ampliado y endurecido progresivamente.
Como dijo Eduardo Galeano, de cuya muerte pronto se van a cumplir 10 años, siempre que oigamos hablar de que EEUU interviene por el bien de las naciones siempre vemos masacres y locuras. Esto no solo es aplicable a EEUU, sino a todo un Occidente putrefacto que está dispuesto a conservar su menguada hegemonía matando a todo lo que se mueva en contra. Pero, como digo, Galeano murió hace 10 años y en este tiempo las condiciones geopolíticas han cambiado, especialmente desde que Rusia se plantó en 2022 con el inicio de su "operación militar especial" en el país 404, antes conocido como Ucrania. Y así, vemos cómo hoy no todo es un camino de rosas para los injerencistas sino que hay muchos riesgos a la hora de abordar las potenciales ganancias. Esto vale para Venezuela, pero también para Irán.
Entre otras cosas, porque ni Venezuela ni Irán son problemas periféricos, sino que hay muchos otros parámetros detrás (Rusia, China, BRICS...) y Occidente, EEUU en particular, ya no es capaz de gestionar todas las consecuencias de su injerencismo y su margen de maniobra es cada vez más estrecho.
Dicho esto, que se suma a esa declaración de honestidad anterior, hay que tener muy en cuenta que todo lo que leemos está muy sesgado. Si es desde supuestas posiciones de izquierda, lo que hay que preguntarse es cuál es la presencia local que se tiene dentro de Irán y cuál es su base de apoyo. Nos podemos encontrar con antiimperialistas baratos que con unas pocas ideas superficiales repiten como loros (es decir, que hablan, pero no saben lo que dicen) toda la propaganda imperialista.
En el mundo de hoy, las condiciones de batalla no son tan lineales para pensar solo en la cuestión interna. Existe la necesidad de contener a un Occidente que ha entrado en su fase destructiva más que nunca y ahí Irán juega un papel central: se ha convertido en un gran obstáculo para el control de las rutas energéticas por parte de Occidente, de EEUU en particular. Pero esto no significa que los conflictos que estallan por todas partes sean únicamente producto del injerencismo occidental. Cuando la sociedad, o una parte de ella, reclama cambios es por algo y el poder tiene que estar atento a ello... manteniendo la conciencia de cuál es el enemigo principal. Y aquí hay que evitar romper una lanza por una generación joven que piensa más en el consumo que en la pertenencia a una clase.
Jamás se me ocurriría reemplazar a quienes están sobre el terreno, aunque sí comparto la idea de que lo peor es que el imperialismo, Occidente, controle la situación. Por eso hay que partir de un análisis lo sufientemente sosegado para acercarse a lo que está pasando. Y lo que está pasando ese que desde hace casi 50 años se nos está anunciando que la caída de Irán, de la República Islámica de Irán, es inminente. Hemos visto protestas y revueltas, pero en contra de lo que nos ha transmitido el estercolero mediático occidental, han sido dispersas desde el punto de vista geográfico o social. Esto es muy importante y lo que hay que tener en cuenta porque unos nos cuentan que ha habido consignas contra el islamismo, otros que a favor de la monarquía, otros que a favor de la mujer, otros que en contra de la ayuda a Gaza o Líbano (y esto último es una cuestión que influyó en una medida importante en la elección de los pro-occidentales actualmente en el gobierno, el que se criticaba la "excesiva" aportación que se daba a los movimientos de resistencia en detrimento de los asuntos económicos internos). Y así casi hasta el infinito. Cada uno ve lo que quiere ver.
Lo cierto es que hay un común denominador: las reivindicaciones económicas. Esto es importante porque están directamente asociadas al funcionamiento y a la estructura política existente en Irán. Y tiene que ver con el rechazo de las facciones más conservadoras al presupuesto que presentó el gobierno el 23 de diciembre y con el que se intentaba atacar en cierta medida, solo en cierta medida, la acaparación de la riqueza en pocas manos. En síntesis, se proponía terminar con las múltiples tasas de cambio y, por lo tanto, con la entrega de divisas a una tasa de cambio preferencial: la tasa de cambio oficial es de 280.000 riales por dólar, contra 1.400.000 en el mercado "libre". Esa tasa preferencial se aplicaba para las compras prioritarias, pero esas compras están en gran parte monopolizadas por personalidades e instituciones cercanas al poder que, a su vez, desde hace décadas alimentaban una economía paralela y una fuga masiva de capitales. Junto a esta medida, había otras que endurecían el control de las importaciones por canales poco claros, el control de cuentas bancarias vinculadas a estos chanchullos y medidas similares. Pero esto tuvo un efecto contrario al buscado: la revuelta de los comerciantes medios y grandes, pero no demasiado grandes, que se beneficiaban también de la corrupción de las élites al actuar de esa manera.
Este es el origen de las protestas: una revuelta corporativa de los comerciantes del bazar de Teherán que se extendió como una mancha de aceite a otros bazares de las pequeñas ciudades. Y aquí es donde empezaron a pescar otros sectores, básicamente monárquicos y asociados a los pro-occidentales Mujaidín del Pueblo. Que ha habido otros actores realmente izquierdistas, como el Partido Tudeh (comunista), y la Organización de Fedajines del Pueblo (comunista) tampoco es cuestionable, aunque su fuerza, muy mermada por la represión islamista, es cuestionable.
Fue precisamente por este factor, el del bazar, por el que Jamenei dijo que "comprendía" las causas de las protestas y que había que aislar esta demanda de las de los "alborotadores". La referencia no era tanto a las fuerzas comunistas como a las otras, apoyadas claramente desde el exterior. Por eso es por lo que las protestas han sido, en contra de lo que nos ha transmitido el estercolero mediático, dispersas, porque no ha habido, y no hay fuera de lo que se propugna desde el exterior, ninguna fuerza o dirigente con una perspectiva política clara y realmente arraigada en las masas.
No hay que perder de vista que las denominadas sanciones no son medidas simbólicas ni limitadas a los sectores militar o gubernamental, sino un conjunto de restricciones que afectan el funcionamiento general de la economía iraní. Afectan al sistema bancario y de pagos internacional, a las importaciones de bienes esenciales y el acceso a medicamentos, equipos médicos y repuestos industriales. El resultado ha sido un aumento de los costos de producción, el bloqueo de las cadenas de suministro y una presión inflacionaria persistente. También en los salarios. Desde el 2018, cuando se incrementan las sanciones, los trabajadores han perdido el 50% de su poder adquisitivo porque, aunque los salarios han ido aumentándose cada año, la inflación ha crecido mucho más rápidamente que ellos hasta hacer ineficaz esos aumentos. Para eso, y no para otra cosa, están diseñadas las famosas sanciones occidentales.
Es evidente que el gobierno, formalmente pro-occidental pero cada vez más dividido sobre cuánto hay que ofrecer a Occidente y cuánto hay que hacer para fortalecer los acuerdos con Rusia y China, no tiene ni recursos ni voluntad para ir a por los oligarcas que acumulan poder y privilegios. Si bien el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica es intocable, no lo es un clero encerrado en un islam tradicional y patriarcal, con cada vez menos base social e intelectual aunque todavía una gran parte de la población, sobre todo fuera de Teherán, está apegada, muy apegada, al islam. Aquí está el quid de la cuestión.
No se puede dejar que Occidente, EEUU de forma especial, controle el país y por eso el CGRI es intocable, porque es el único que puede impedirlo. Es necesario ser consciente de lo que representa Irán en el equilibrio o desequilibrio global, en el reforzamiento y expansión del nuevo orden multipolar que ya estamos viviendo o en el regreso a una hegemonía occidental que está desapareciendo.
No se puede perder de vista que durante más de 40 años EEUU ha considerado a Irán un obstáculo importante para su dominio en Oriente Próximo. Se han multiplicado las sanciones, las operaciones encubiertas, los ciberataques y las amenazas militares, pero sin resultados decisivos. Es lo que yo llamo una trampa estratégica para EEUU, para Occidente. Porque hay una convergencia de factores, de fuentes de tensión que hacen que sea muy complicado acertar: el malestar interno en Irán, la creciente hostilidad regional hacia la presencia estadounidense, la creciente influencia de China y el deterioro de la situación en Venezuela, donde el Departamento de Estado ha emitido una alerta de Nivel 4, instando a los estadounidenses a abandonar el país "debido a secuestros, disturbios civiles y grupos armados" lo que se junta a que las principales compañías energéticas estadounidenses consideran a Venezuela un país "sin inversión", alegando riesgos de seguridad e inestabilidad política.
Todo esto hay que verlo junto y no separado.
Atacar a Jamenei como se hizo con Maduro, o matarlo, es abrir la caja de Pandora porque Jamenei no es solo una figura política; es una importante autoridad religiosa chiita. Puede que el llamado Eje de la Resistencia esté debilitado, pero no está muerto y una situación así supondrá una guerra asimétrica, pero total, en Irak, Líbano y Yemen cuando menos, además del propio Irán. Las repercusiones de esto destruirán a las monarquías del Golfo, además de afectar en donde más le duele a Occidente: los mercados energéticos. Eso sin contar con la baza que tiene y tendrá siempre Irán: el cierre del estrecho de Ormuz.
Lo mismo se puede decir de cualquier ataque a la infraestructura civil y económica iraní (refinerías de petróleo, redes eléctricas, puertos, oleoductos y redes de transporte) y, al mismo tiempo, fomentar la inestabilidad interna. Esta estrategia busca el colapso social pero aquí sí las fuerzas de izquierda, por muy débiles que estén, tienen un campo amplio para crecer y desarrollarse poniendo en riesgo el hipotético triunfo de los colaboracionistas monárquicos y de los mujaidines pro-occidentales. Eso si no hay ataques de represalia a bases, embajadas, centros logísticos y demás occidentales en la zona y más allá.
Queda el factor sirio, el apoyo a los grupos armados (tipo kurdos y/o separatistas de matiz sectario, es decir, no chíitas), pero eso es a largo plazo y no es tiempo lo que tienen ni EEUU ni sus vasallos occidentales. En cualquier caso no hay más que ver cómo está la Siria de hoy: en el caos.
Y, sobre todo, queda el que Irán no es Venezuela. Ha dejado muy claro que cualquier acción militar de EEUU tendrá represalias. Y no solo será el IV Reich sionista, antes conocido como Israel, el que las reciba.
Ante todo esto ¿cómo van a actuar Rusia y China? Está por ver y no tengo muchas esperanzas en Rusia. Ya no estamos ante la Unión Soviética, que actuaba por ideología además de por intereses. Aunque hay quien dice que la ayuda rusa para descubrir y destruir la red satelital Starlink distribuida por Occidente a los llamados "disidentes" fue decisiva para parar y controlar las protestas.
Pero sí en China, puesto que Irán es un eslabón crucial para la seguridad energética, la estabilidad regional y los corredores terrestres y marítimos que conectan Oriente Próximo con Asia Central y Europa. Perder Irán es un riesgo sistémico para China porque consolidaría , y mucho, la influencia estadounidense sobre centros estratégicos de energía y tránsito además de suponer un plus añadido a la presión sobre China.
Por eso hablo de trampa estratégica, porque si EEUU ataca a Irán lo hace también a una red interconectada que no puede ser sometida mediante bombardeos sin incendiar todo el sistema. Si lo hace la pregunta es si EEUU puede sobrevivir a la reacción en cadena que desencadenaría tal ataque. Apuesto a que no. Y con él cae todo Occidente.
Conviene siempre tener un mapa a mano cuando nos enfrentamos a situaciones tan complejas. Por eso digo, y repito, que todo hay que verlo en su conjunto y no son fenómenos separados. Aunque la decisión de China de poner en marcha el Renminbi Digital el 1 de enero se había tomado mucho antes de ese día, EEUU lo sabía y de ahí que no haya que perder de vista que las protestas en Irán comenzasen el 28 de diciembre (aún teniendo la versión interna muy presente) ni que el secuestro de Maduro fuese el 3 de enero (suponiendo también que se hiciese para hacerlo coincidir con el de Noriega en 1989). Las dos situaciones, Venezuela e Irán, están interconectadas. Fijaos en este gráfico del Informe Estadístico de la Energía Mundial 2025 del Instituto de Energía que he encontrado en una página china (y repito: a quien hay que hacer caso es a los chinos).
Transcribo: "El panel izquierdo refleja el consumo global de energía primaria. A pesar de dos décadas de transición energética en curso y la ardua batalla para reducir las emisiones de carbono, con decenas de billones de dólares invertidos en la economía verde, la humanidad aún obtiene el 86% de su energía primaria de combustibles fósiles (el negro es carbón, el rojo petróleo, el morado gas natural, el rosa la energía nuclear, el azul la hídrica y el verde la de energías renovables, esto lo digo yo).El punto clave de este gráfico es que el petróleo es la fuente más importante de energía primaria humana: una de cada tres unidades de energía a nivel mundial se genera mediante la quema de productos derivados del petróleo. Y ningún país ha dejado aún de depender del petróleo. Para todas las economías, sin excepción, el petróleo es un recurso fundamental. Sin petróleo, todo se paralizaría en cuestión de días.
El gráfico derecho muestra el consumo agregado de energía primaria por macrorregión. Y lo más importante, más de la mitad de la energía primaria mundial se consume en el Sudeste Asiático y la región de Asia-Pacífico. China es particularmente rica, pero los países de la región, en crecimiento y densamente poblados, también se están atiborrando de petróleo, gas y carbón.
Mientras tanto, el derecho internacional establecido en las últimas décadas, la libre navegación comercial y el suministro estable "a demanda" han creado un sistema de suministro energético muy delicado y frágil. ¿Para qué mantener enormes almacenes de petróleo, gas y carbón cuando miles de petroleros y graneleros están listos para entregarlos a los consumidores de inmediato?
Los intentos de controlar Venezuela e Irán son un deseo de apoderarse de dos productos petroleros enlatados, o del petróleo de mediados de este siglo. Sin el petróleo iraní y venezolano, el delicado equilibrio energético de Asia se volverá extremadamente escaso hoy, y aún más en el futuro. En otras palabras, al controlar Irán y Venezuela, todos los países asiáticos que son importadores netos de petróleo están bajo un estricto control. ¿Venden tierras raras? ¡Aquí tienen un embargo petrolero! ¿No quieren comprar productos farmacéuticos estadounidenses? ¡Les cortaremos el suministro de combustible!
Básicamente, las aventuras de Trump no tienen como objetivo luchar contra socialistas y ayatolás, sino tratar de obligar a la China comunista a recurrir a la buena y vieja Quimérica: ustedes nos dan bienes de consumo, tierras raras y cobre, y nosotros les daremos dólares a cambio".
El Lince

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