viernes, 21 de agosto de 2020

El penúltimo error

Hay un dicho en el ajedrez: el ganador es el que comete el penúltimo error. La partida se está jugando en Bielorrusia y lo que parecía un cómodo paseo de las blancas (el blanco es el color de los pro-occidentales) se ha tornado en casi una posición de jaque contra ellas.

Se las prometían muy felices, y aún siguen soñando con ello gracias al apoyo occidental, pero la cosa no la tienen tan fácil como hace diez días, ni mucho menos. El tahúr, el mago, el viejo zorro (utilizad el calificativo que queráis) de Lukashenko se está reponiendo rápidamente, tanto que ahora quienes están desaparecidos son los pro-occidentales y solo se atreverán a intentar volver a ser visibles este fin de semana, sin duda. Pero entre semana, la calle ha sido de Lukashenko. Todos los días de esta semana, todos, ha habido manifestaciones en la práctica totalidad de las ciudades en favor no tanto suyo como del Estado y de lo que significa: un estado social.

Esta semana los pro-occidentales han cometido errores garrafales, como publicar su progama en el que el neoliberalismo, es decir, la destrucción del sistema público en beneficio del privado, es el eje de todas y cada una de sus propuestas. Y eso en un Estado social como Bielorrusia está comenzando a ser determinante para que se vaya deshinchando poco a poco el globo de colorines. Tanto que ahora dicen que ese programa es una manipulación de Lukashenko. Como suena. Todos los errores cometidos por Lukashenko se están quedando pequeños ante los planes de los "demócratas". Y claro, la gente los ve. Y reacciona.

Eso y la constitución de un Consejo de Coordinación de la Oposición en el que están rusófobos históricos como Svetlana Aleksievich, premio Nobel de literatura en 2015 (y por eso se lo dieron) que siempre ha defendido que el pueblo de Bielorrusia no es ruso sino polaco. Nunca entenderé a los mal llamados progres que hicieron de esta tipa uno de sus iconos a partir de ese premio. Ya lo decía una consigna anarquista en la guerra civil española: "la ignorancia es la antesala del fascismo". Y qué razón encierran esas palabras.

El caso de la Aleksievich es paradigmático de lo que está pasando y del papel de Polonia, sobre todo, en este asunto. Tanto que el ministro de Relaciones Exteriores de Polonia ha reconocido formalmente que se ha creado un fondo polaco-estadounidense para el apoyo financiero y legal de la sociedad civil bielorrusa.

Así que nada, a seguir creyendo en las hadas, en los cuentos esos de "lucha por la libertad", "no injerencia externa" y demás simplezas. Lo más gracioso es que se sabe que Merkel habló con Putin en nombre de la Unión Europea diciendo que no intervenga en Bielorrusia. Los rusos, que ya se sabe son malos malísimos, no pueden hacerlo; Occidente, que ya se sabe que son buenos buenísimos, sí.

Y luego están las fábricas, donde los pro-occidentales intentan desesperadamente lograr lo que están perdiendo. En realidad, la fuerza laboral del país a nivel industrial se concentra en cinco grandes fábricas de las que depende gran parte del presupuesto estatal y donde se está siguiendo con toda claridad el modelo polaco que lideró Walesa con el sindicato Solidaridad en Polonia. Es una empresa de potasas, otra de tractores y camiones, dos petroleras y una de automóviles. La batalla se está librando ahora en la de potasas, puesto que esa empresa es la mayor productora de fertilizantes del mundo, y en la de tractores. Aquí está la élite laboral, los trabajadores mejor pagados del país y los que pueden estar haciendo el caldo gordo a los directores que pretenden beneficiarse de la privatización segura si cae Lukashenko. Ya os comenté lo que ocurrió en la URSS, y ahora añado que muchos trabajadores sucumbieron a los cantos de sirena diciendo que se convertirían en accionistas de las empresas privatizadas si apoyaban a Yeltsin. Algunos lo lograron, muy pocos; la inmensa mayoría fue despedida porque se implantó la reducción de plantillas cuando no, simple y llanamente, el cierre de la empresa.

Los pro-occidentales llevan días desgañitándose con llamamientos a la huelga general que no está siendo seguida ni por el forro. Si hay que hacer caso a los datos oficiales, en la empresa de potasas de 17.000 trabajadores hicieron huelga 360. Puede que los datos no sean reales, pero lo que es cierto es que hoy por hoy las huelgas son muy pequeñas y sin repercusión. Y han transcurrido ya 12 días y los pro-occidentales claramente están perdiendo fuelle y apoyos dentro de Bielorrusia, que no fuera. 

En cualquier caso, la partida está embrollada y blancas y negras siguen cometiendo errores. Por ejemplo, Lukashenko sigue manteniendo a su ministro de Exteriores, el artífice del suicida acercamiento a Occidente; he leído por ahí que presentó su dimisión y no fue aceptada. Pero no lo he podido confirmar porque hay mucha basura publicándose. Si ese fuese el caso, significaría que Lukashenko se sigue aferrando a la suicida pretensión de buenas relaciones con Occidente intentando mantener su política oficial de "equilibrio" cuando Occidente le está intentando arrojar al abismo.

Y para intentar desenredar el embrollo hay que hacer dos anotaciones: la primera, que los hilos que está moviendo Rusia ya se están viendo y que Lukashenko está planteando una transición por etapas. El anuncio de cambios constitucionales que anunció en su discurso del domingo pasado se produce después de sus al menos tres charlas con Putin. Es muy probable que estemos asistiendo al último mandato de Lukashenko como presidente, pero todavía tiene por delante cuatro años para consolidar a su sustituto.

La segunda, que el factor pro-Rusia por excelencia, el Ejército, acaba de decir bien alto y bien claro que las elecciones fueron ganadas por Lukashenko sin la menor duda y que ante este hecho "hubo intentos contundentes de tomar el poder, coordinados desde el exterior". El dato es relevante, pero aún más el calificativo que el Ejército hace de los pro-occidentales, a quienes llama "fuerzas destructivas". Habla del programa de los pro-occidentales, neoliberal, y dice que hay que hacer pedagogía con él para explicar al país los verdaderos objetivos que se plantean y que "los resultados de este trabajo deben considerarse como el criterio más importante para evaluar la competencia profesional de los responsables de la implementación de la política del Estado".

Y dice algo que parece sacado de Venezuela: "Hasta que el Ejército no se ponga del lado de los manifestantes, el Estado no puede ser destruido. No estamos desmoralizados y debemos luchar, si es necesario, con armas. Porque hay estatutos que están escritos con sangre".

Por lo tanto, ya que la cosa va de ejércitos, se puede decir eso de alea jacta est para los pro-occidentales.

El Lince

martes, 18 de agosto de 2020

Cuando se ven los trucos, el mago deja de ser mago

La actitud de la izquierda con Bielorrusia es bastante curiosa. Hay, claramente, un intento de cambio de gobierno impulsado por Occidente y hay, también, una muy mala (y tardía) respuesta por parte de los partidarios del sistema político actual. Para el primer caso no hacen falta muchos más argumentos ni siquiera menciones. Para el segundo hay que mencionar el tema de las huelgas y de las protestas laborales de un colectivo harto de cargar siempre con la peor parte. Este es el factor determinante a nivel interno, si las huelgas se extienden o se circunscriben a pequeñas empresas y por pequeños colectivos de trabajadores. Hasta el momento, y en contra de lo que dicen los apologistas del cambio de gobierno, no son muy numerosas y se está lejos de paralizar la actividad industrial.

Los pro-occidentales no descansan nunca. Al igual que en Venezuela no se acepta ninguna otra disyuntiva que la derrota de Maduro, o en Nicaragua la de Daniel Ortega, o en Bolivia la de Morales (como se vio tras el golpe), en Bielorrusia no se acepta nada que no sea la derrota de Lukashenko. Ninguna otra cuestión es aceptable.

Como no lo es que el tan esperado Tribunal Internacional para el Líbano haya exculpado formalmente a Hizbulá y a Siria del atentado que mató al primer ministro Rafik Hariri hace 15 años. Durante todo este tiempo se ha hecho lo posible y lo imposible porque el discurso se amoldase a la realidad, y este tribunal -auspiciado por la ONU bajo la presión de EEUU- ha invertido todo este tiempo en encontrar algo en que sustentar todo lo que se dijo entonces y en este tiempo. No ha sido posible, pero 15 años después ¿a quién le importa? No, desde luego, a sus patrocinadores, aunque los pro-occidentales libaneses hayan montado en cólera por lo que consideran "absolución" de Hizbulá. Porque ese, y no otro, era el objetivo.

Con Bielorrusia pasa igual. El domingo, partidarios de unos y otros midieron sus fuerzas. Por primera vez, los partidarios del gobierno salieron a la calle. Y aquí está la novedad: que gran parte de la izquierda bielorrusa salió a defender al gobierno conscientes de lo que hay detrás de los pro-occidentales y que no es otra cosa que la destrucción del sistema público que domina la práctica totalidad del tejido social y laboral del país. Eso a pesar de la paternalista política gubernamental en sueldos, pensiones, políticas de juventud o de vivienda.

Junto a esta constatación, otra: no hay deserciones entre las fuerzas del gobierno o, al menos, significativas (sí algún embajador y algún funcionario intermedio). Esto significa una cosa: la élite gobernante que rodea o de la que se rodea Lukashenko es bastante monolítica y sin divisiones ideológicas notorias. Por lo tanto, Lukashenko puede resistir mucho tiempo aún y dar la vuelta a la tortilla con relativa facilidad. En este caso, el tiempo juega a su favor.

Lo pinten los medios de propaganda como lo pinten, lo cierto es que la llamada oposición no es mayoría y no tiene el monopolio de la calle como se ha trasladado en estos 10 días. Está claro que es el intento más serio de los pro-occidentales en los últimos años (y son varios los intentos, siempre coincidiendo con las elecciones) y que aún queda bastante para salir de la crisis. Pero la reacción del gobierno, tardía, pero menos da una piedra, está comenzando a poner las cosas en su sitio (con la excepción de las huelgas; el factor obrero es determinante).

¿Cuáles son las motivaciones de los trabajadores que están impulsando las huelgas? Sinceramente, no lo tengo tan claro porque hay bastante de todo. Pero hay un factor a tener en cuenta: los directores de fábricas están impulsando algunas de ellas. Esto solo tiene una explicación: están preparando el terreno para la privatización y su papel en ella tras el derrocamiento de Lukashenko. Al igual que en la descomposición de la URSS los directores fueron los primeros en beneficiarse de la privatización y se convirtieron en propietarios (y de ahí vienen los nuevos clanes oligárquicos en Rusia) lo mismo quieren hacer ahora en Bielorrusia. Pero eso no quiere decir que sean clientes occidentales porque también hay grandes intereses capitalistas rusos en las empresas bielorrusas y no les vendría nada mal una privatización, total o parcial. Lukashenko, de alguna manera, se refirió a esto en el mitin del domingo cuando dijo que "si uno no quiere trabajar no lo arrastraremos (...) pero los rusos, los canadienses, los alemanes y los estadounidenses se alegrarán".

Es evidente, como también os dije, que los neo-marxistas bielorrusos tienen una actitud negativa hacia ese paternalismo de Lukashenko y que no apoyan a la oposición pro-occidental porque tienen sus propios proyectos y defienden intereses sociales que no están en la mente de los pro-occidentales, al tiempo que consideran a Lukashenko un exponente tanto del capital estatal como del privado.

 Esta es otra batalla en Bielorrusia: al igual que en Ucrania la burguesía logró neutralizar a la clase obrera con mucha facilidad, a excepción del Donbás, hay un intento de hacer lo mismo en Bielorrusia y en ello tiene mucho que ver la política gubernamental de los últimos años, cada vez más alejada de los parámetros "soviéticos" que hasta entonces definían al país y con claras muestras de fortalecimiento del capital privado en detrimento de lo público y mirando siempre hacia el "mercado".

Lukashenko es visto casi como un padre por mucha gente, dentro y fuera de Bielorrusia, por su estilo y por sus políticas paternalistas. Pero no es oro todo lo que reluce.

En primer lugar, se está poniendo de relieve algo que los romanos ya iniciaron cuando un grupo de guerrilleros lusitanos mataron a uno de los grandes jefes que luchaban contra el imperialismo romano: Viriato. De ahí viene el dicho "Roma no paga a traidores". Pues eso es lo que le está ocurriendo a Lukashenko, un viejo tahúr.

Una de sus políticas estrella de los últimos años ha sido el "equilibrio" entre Occidente y Rusia, un equilibrio que nunca ha sido tal y que siempre ha sido apoyarse en uno más que en otro e intentar casar beneficio de uno y de otro alternativamente. Rusia, como dije, se cansó de este costoso (para su bolsillo) juego. Y ahora está pasando lo mismo con Occidente.

Como contrapartida al fin de las sanciones que la Unión Europea impuso a Bielorrusia en 2004 por lo de siempre, por elecciones no fiables, fraudes y demás, se permitió la libertad de acción sin restricciones a las fundaciones y ONGs europeas y estadounidenses. El 90% de ellas se dedicaron a trabajar entre la juventud al estilo de lo sucedido en Serbia: básicamente, formando cuadros especialmente en la parte más occidental, es decir, la más cercana a Polonia y los países bálticos para que estos países sirviesen como "espejo democrático". De esos polvos vienen estos lodos. No es extraño que Polonia tenga en sus presupuestos generales del estado una partida para financiar a los "medios de comunicación independientes" en Bielorrusia desde hace ocho años y que en este país se asiente la principal red de mensajes que están utilizando los pro-occidentales para la desestabilización actual.

Uno de los artífices de esta política de "equilibrio" es el ministro de Exteriores, un tipo incombustible que anda sin problemas con cualquiera de los dos pies en función casi de cómo se levante ese día. Y este hombre en los últimos tiempos solo ha caminado sobre el pie occidental. No es extraño que suene como reemplazo de Lukashenko y sea cortejado por Occidente en estos momentos. No es extraño porque fue él quien impulsó a Lukashenko para estrechar las relaciones con EEUU, hasta el punto de hablar de "asociación prioritaria" entre los dos países y abrir una "superembajada" (sic) en Minsk, entre otras lindezas.

Este "equilibrio" se sustentaba en una de cal y dos de arena y ha fracasado estrepitosamente. A la última jugada de Lukashenko de enviar un memorando a Rusia para volver a hablar la cuasi-fusión diciendo que los dos países "son como hermanos" Rusia ha respondido en el único ámbito en el que puede responder con rapidez: el militar. Su disposición de ayuda sirve para lanzar un mensaje a Occidente y reforzar, un poco, a Lukashenko. Pero un poco solo. Está dejando que el viejo tahúr, o el viejo mago, muestre sus trucos para constatar que la única opción realista que tiene ahora es volverse a Moscú. Lo que rechazó en los últimos años tendrá que hacerlo ahora, pero con otras condiciones y menos favorables.

Esta es su gran baza, porque Occidente se dará cuenta que presionar más a Lukashenko lo empujará más hacia Rusia. Por lo tanto, Occidente tendrá una victoria pírrica con la aprobación de "sanciones" contra unos cuantos dirigentes, incluido Lukashenko.

Ya prácticamente no le quedan trucos a Lukashenko. Por eso en su discurso del domingo habló de la introducción de reformas constitucionales (un guiño a los menos beligerantes de la oposición pro-occidental), de redistribución de poderes (sin especificar) y otras medidas más vagas pero que indican ciertas concesiones a derecha e izquierda.

El Lince

jueves, 13 de agosto de 2020

Dos problemas en uno

Hace un tiempo una persona preguntó sobre las elecciones en Bielorrusia. Ya se han celebrado. Los resultados oficiales indican un triunfo de Lukashenko, pero la oposición -como siempre alentada, financiada y apoyada por Occidente- habla de fraude, con manifestaciones y todo. Hasta aquí, todo normal. Lo que no es normal es la actitud de Rusia.

Como es lógico, Occidente no reconoce las elecciones mientras que China, por ejemplo, ha felicitado con entusiasmo a Lukashenko por su triunfo. Pero no Rusia, que está teniendo una actitud fría, muy fría. Aunque de derecho sí ha reconocido el triunfo de Lukasenko, en la práctica lo ha hecho con la boca pequeña. La historia está en desentrañar el por qué.

Y ese por qué se resume en que Rusia tiene dos problemas; por una parte, Bielorrusia; por otra, Lukashenko.

Bielorrusia llevaba un tiempo coqueteando con Occidente y alejándose de Rusia hasta extremos irritantes para el Kremlin: desde afirmar que Ucrania tiene que retomar el control del Donbás (eso dicho por el país que dio cobijo a los Acuerdos de Minsk que garantizan una cuasi independencia del Donbás y que, por supuesto, han sido incumplidos por Ucrania) hasta deshacerse en elogios a EEUU y ofrecer a este país la apertura de una "super embajada" para celebrar la "asociación prioritaria" entre los dos países abriendo, además, la posibiliad de otro tipo de colaboración (o sea, un cierto coqueteo con la OTAN). Así que cuando los medios de propaganda hablan de "la última dictadura de Europa" están desviando la atención hacia otro lado.

¿Por qué la "última dictadura de Europa" lo es ahora y no lo era antes? Pues porque Lukashenko ha estado utilizando ese coqueteo con Occidente para arrancar más concesiones a Rusia (económicas, sobre todo) al tiempo que ralentizaba el camino hacia una "democracia liberal" que se había comprometido a recorrer.

No tengo la menor duda de que Lukashenko ha ganado las elecciones, sea por el 80% como dice el resultado oficial o por menos. Bielorrusia mantiene un sistema social cuasi soviético, con muchas ventajas sociales de todo tipo, y eso hace que tenga un alto porcentaje de apoyo. La cuestión está en si ese apoyo está o no en las ciudades. En otras elecciones también hubo protestas contra el supuesto fraude; lo de siempre. Pero se circunscribieron a Minsk, la capital. Ahora se están dando en algunas otras ciudades.

Pero la cuestión no está ahí, sino en los trabajadores. Por primera vez está habiendo huelgas que están siendo de cierta importancia. Este es el factor nuevo y que inquieta, y mucho, a Lukashenko. Porque se está dando una confluencia de intereses entre los liberales pro-occidentales, que hablan de fraude,  y los neo-marxistas, por utilizar una expresión que tal vez sea poco afortunada, pero que están hartos de la crisis y de que siempre sea la clase obrera la pagana.

Por ejemplo, el Partido Comunista de Bielorrusia (que tiene 11 diputados) ha apoyado a Lukashenko en estas elecciones pero de forma muy crítica y ahora está haciendo llamamientos a no secundar las huelgas, pese a la mala situación socioeconómica, recordando lo que ocurrió en Rusia cuando se hicieron huelgas para apoyar a Yeltsin en la antesala de la desparición de la URSS y que fueron agradecidas con el cierre, la privatización de las que permanecieron abiertas y despidos masivos al tomar el poder. Desde luego, Bielorrusia seguiría sin duda alguna ese mismo camino de la mano occidental. Este es el quid de la cuestión.

Otro partido que también lo ha hecho ha sido el Partido Comunista de Todos los Bolcheviques de la Unión, que participó por primera vez en las elecciones y que centró su campaña en que su voto era sobre todo un voto en contra de "las fuerzas reaccionarias y neonazis que apoya Occidente" y no tanto un apoyo a Lukashenko, a quien califica de burgués. Y compara su postura con la de los bolcheviques en 1917 cuando se enfrentaron a la revuelta del general zarista Kornilov en contra del gobierno de Kerenski. No fue porque los bolcheviques defendiesen a Kerenski, a quien derrocaron más tarde, sino que combatían contra el impulso de una dictadura reaccionaria.

¿Por qué hay una mala situación socioeconómica? Pues porque Lukashenko es un tahúr, un tipo que ha querido camelar tanto a Occidente como a Rusia. Con Rusia se ha venido hablando de una cuasi-fusión desde hace años, y Rusia ha ofrecido ingentes cantidades de ayuda, sobre todo petróleo. Pero llegó un momento en que Rusia se hartó del saco sin fondo y cortó. Lukashenko incrementó sus coqueteos con Occidente y EEUU aprovechó para suministrar parte del petróleo que ya no llegaba de Rusia. Y eso, precisamente, es ahora la principal amenaza de Occidente: cortará el suministro de petróleo si no se cancelan las elecciones, no se dialoga con la oposición y, por supuesto, el resultado es la renuncia de Lukashenko. El viejo tahúr pillado en su propia trampa.

Este es el motivo por el que Rusia está actuando de manera tan fría. Porque ya no se fía del viejo tahúr. En una última jugada, Lukashenko ha enviado una especie de memorando a Rusia volviendo a decir que sí, que adelante con el proceso de cuasi-fusión, que los dos países "son como hermanos". Que yo sepa, no hay respuesta de Rusia y no la habrá a corto plazo. Supongo que Rusia está viendo cómo se desarrollan los acontecimientos y, sobre todo, cuenta con el papel que tenga en todo ello el ejército, muy prorruso y, hasta ahora, inactivo en toda esta crisis.

Pero Rusia no puede esperar mucho porque la pérdida de Bielorrusia sería mucho más determinante que la de Ucrania y entonces sí habría ganado EEUU: Rusia no solo tendría a la OTAN en todas sus fronteras occidentales, sino que se acabaría el tránsito del gas hacia Europa por estos países. Si ya ha tenido problemas con Ucrania por eso, por Bielorrusia pasa el 20% de todo el gas que llega a Europa.

Así que Rusia tiene dos problemas en uno: cómo deshacerse de Lukashenko y mantener a Bielorrusia somo tapón de la OTAN. Rusia no puede cometer el mismo error que en Ucrania, cuando reconoció al gobierno neonazi salido del Maidán, pero en la práctica casi ha actuado igual. Ahora ha reconocido la victoria de Lukashenko pero con la boca pequeña, que viene a ser lo mismo. O actúa pronto o eso de Putin como "un gran estadista" será bastante más efímero de lo que nos pensamos y hasta aquí habrá llegado.

La disyuntiva en Bielorrusia es la misma que en Líbano: o con Occidente o con el Este. Pero aquí se añade otro factor: nadie quiere a Lukashenko (aunque doy por hecho que Rusia ya está moviendo sus hilos para encontrar un sustituto, aunque debe darse prisa).

El Lince

miércoles, 12 de agosto de 2020

Los nada

He estado dudando sobre el título porque hablo de los nada, o sea, de los estadounidenses. Para ser más exacto, de esos especímenes que dirigen ese país. Desde Trump a Pompeo, desde Pompeo a Biden, desde Biden a su candidata a vicepresidenta, Kamala Harris, y de esta... a la nada. El círculo está cerrado.

El libro que sustenta el título es "El ser y la nada", de Jean Paul Sartre (que sigue siendo uno de mis filósofos de cabecera), aplicable a los nada estadounidenses, especialmente cuando Sartre dice que "lo que soy es una nada, esto me da a mí y a mi carácter la satisfacción de conservar mi existencia en el punto cero, entre el frío y el calor, entre la sabiduría y la necedad, entre el algo y la nada, como un simple quizás".

Y aquí tenemos a los simples quizás, a ignorantes como pocos (y EEUU es el país más ignorante del planeta: les sacas de su ombligo y se encuentran con un mundo que desconocen totalmente) y por eso tienen a los políticos que tienen, simples e ignorantes (aunque arrogantes). Los nada. Escucharles es sobrecogedor por su simpleza, leerles es aterrador por su ignorancia.

Estos días hay dos nadas de moda, Pompeo, que está recorriendo Europa en su campaña anti-china, y Kamala Harris de flamante segunda en la candidatura de Biden.

Pompeo, ese de "mentimos, engañalos, robamos" y matamos cuando era director de la CIA, en su simpleza, ha acabado por reconocer lo obvio y en su recorrido por Europa está lanzando un nuevo eslógan: "¡unámonos frente al siglo chino!".  Con lo que viene a reconocer una realidad: la hegemonía de EEUU de deshilacha como una bandera al viento ante el auge chino. Esta visitando Chequia, Eslovaquia, Austria y Polonia para meter en cintura a estos países y, sobre todo, acabar con Huawei. Pompeo ha "castigado" (sic) a Hungría al no incluirla en su recorrido porque no ha roto con Huawei y la piedra en el zapato de su gira es Austria, también en buenas relaciones con China y que no reniega de Huawei.

Y me da en la nariz que este país no caerá rendido ante un simple quizás, ante un nada. Entre otras cosas, porque en su arrogancia está detrás el tema del gasoducto "Corriente del Norte 2" y la presión a Alemania. Pero resulta que Austria es el segundo beneficiario del mismo, así que el nada Pompeo se va a encontrar con dos fracasos en Austria en su campaña anti-china y, de rebote, anti-rusa.

La otra nada es Kamala Harris. Elegida por tres razones, dicen que "buenas": mujer, negra y "demócrata de izquierda". Los demócratas, que dudo que venzan a Trump, creen que así consigen el voto femenino, el de los negros y el de los indignados tras los asesinatos policiales. Es, dicen, "de la cuerda de Bernie Sanders". Y entonces, al igual que pasó con Sanders, hay que recordar cuáles con sus planteamientos de política exterior.

1.- Apoya el derrocamiento de Al-Assad en Siria y mantiene el archifamoso discurso de los ataques con armas químicas desmentido por los propios técnicos de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas en informes confidenciales y contrarios a la "verdad" occidental.
2.- Quiere mantener las tropas en Afganistán.
3.- Es partidaria de la alianza con Arabia Saudita aunque votó en contra de la venta de armas a este país por la guerra de Yemen.
4.- Dice que Venezuela es una dictadura y que Maduro es un criminal.
5.- Considera que la ONU tiene "un sesgo anti-israelí" y, de hecho, su primera acción como senadora fue presentar una resolución en ese sentido en el Senado.
6.- Critica a Trump por "cruzarse de brazos ante el dictador norcoreano".
7.- Mantiene que Rusia "atacó a nuestro país" en las elecciones de 2016 no solo "en uno de nuestros valores democráticos más sagrados, las elecciones libres y justas, sino en nuestra propia identidad estadounidense".
8.- Dice que retornaría al acuerdo nuclear con Irán.

Es asombrosa la nadería de estos personajes, de uno u otro partido. Buscar algo de racionalidad o de cordura en ellos es misión imposible. Son, como decía Sartre, de una nada anonadadora por sus carencias, por sus vacíos, por creernos que unas nadas como estas pueden tender a alguna realización, cualquiera que sea, que no sea más de lo mismo o peor.

El Lince

lunes, 10 de agosto de 2020

Como pollos sin cabeza

La explosión en el puerto de Beirut ha tenido consecuencias no previstas para los occidentales, además de destruir un sistema basado en un reparto sectario del poder impuesto por el colonialismo francés como condición para aceptar la independencia de Líbano en 1943, aunque no fue efectiva hasta que las tropas coloniales abandonaron el país en 1946.

Aunque las protestas y tomas de edificios oficiales del sábado han sido orquestadas por ellos -y rápidamente terminadas tras el aviso de Hizbulá de contrarrestarlas con su gente- está claro que tiene que haber un nuevo gobierno. El de ahora es de tecnócratas y el primer ministro ha prometido elecciones anticipadas que no van a solucionar nada porque seguirán los mismos parámetros sectarios dado que si no se reforma la Constitución todo lo que se haga será papel mojado. Pero mientras tanto, todo el mundo se está moviendo y el impulso internacional para reconstruir el sistema político tiene que partir de nuevas bases. Y se está muy lejos de todo ello.

En primer lugar, porque tiene que haber un gobierno representativo de todas las partes y el sostenido por la Constitución establece un presidente cristiano, un primer ministro sunnita y un presidente del parlamento shií. Eso era porque entonces, en 1943, los cristianos eran mayoría y los shiíes minoría. Sin embargo, se mantuvo tras los acuerdos de Taif que supusieron el fin de la guerra civil en 1989. Ni en 1989 era así la correlación de fuerzas, sino al revés, por lo que la Constitución seguirá igual para defender los privilegios de los de siempre. Por ejemplo, los cristianos, en sus diversas variantes, y los musulmanes, en sus diversas variantes, tienen 64 escaños cada uno aunque se reparten por religiones (maronitas 34, ortodoxos 14, católicos orientales 8, sunníes 27, shíies 27, etc). Eso se vendió como un logro pese a que los musulmanes, en sus diversas variantes, son mayoría social. Por eso, para evitar que se extienda la necesidad de una reforma constitucional es por la que una parte de los parlamentarios cristianos, los críticos con Hizbulá, y los sunnitas están dimitiendo, para evitar el quorum parlamentario y evitar esa reforma.

El gobierno libanés, o lo que sea, ha terminado sin duda. Y con él el sistema político sectario. Pero...

Aquí está el quebradero de cabeza de Occidente. Tras las elecciones de 2018 Hizbulá y sus aliados, incluidos algunas formaciones cristianas y una pequeña minoría de sunnitas, consiguieron una cómoda mayoría y por eso se dice que el gobierno "está controlado por Hizbulá". El simplismo propagandístico occidental de siempre, pero no es así. Es, básicamente, un gobierno de tecnócratas aunque Hizbulá suele dar el visto bueno casi siempre.

Lo que no se dice, como en el caso de Venezuela, por ejemplo, es que Líbano está prácticamente bloqueado desde ese momento, cuando Occidente negó ayudas y créditos o los condicionó a que no fuesen a los "ministros de Hizbulá", que solo tiene dos y menores. El objetivo era, como en Venezuela, estrangular al Líbano "rebelde" que se había atrevido a rechazar las presiones occidentales eligiendo esa coalición. Pero aquí hay una diferencia: si en Venezuela no solo se trata de estrangular un gobierno, sino de matarlo, aquí solo se pretendía estrangular para reforzar de esta forma a los pro-occidentales.

No ha salido bien. La explosión se ha llevado por delante los planes occidentales, y por eso la rápida llegada de Macron, para galvanizar a los pro-occidentales y garantizar su apoyo a un cambio de gobierno que rompa los vínculos, incipientes, que comenzaba a haber con China (además de Irán). Macron ha actuado como el presidente de una metrópoli colonial, y así lo han recibido sectores cristianos en Beirut. Por que lo que no se dice es que hay una campaña abierta para que Líbano vuelva a estar bajo dominio francés. Vamos, igual que las colonias de Martinica, Guadalupe o Nueva Caledonia. No es broma, es lo que hay.

Lo que estamos viendo es un intento de internacionalizar la crisis, y ya se han comenzado a dar los primeros pasos en forma, supuestamente, humanitaria. Como siempre. Y se ha empezado por el puerto, distribuyendo a ciertos países el trabajo de las tareas de rescate en el mismo. Echad un vistazo.


Aquí lo importante es el papel de Francia y de Rusia (China está ausente, pero no hay que desdeñar el papel de Rusia). Los dos países están en el epicentro de la explosión, por lo que a priori son quienes encontrarán más pruebas de lo que pasó, si fue una explosión accidental o provocada. Francia quiere una "investigación internacional", el presidente de Líbano lo ha rechazado. De ahí la presencia rusa, para contrarrestar a Francia. Junto a ellos están la República Checa, Grecia, Qatar, Países Bajos, EEUU y Polonia (el papel vasallo de Polonia es de primera, no se puede negar).

Es decir, Occidente sabe que está a punto de perder otro país y que sus herramientas para mantenerlo son limitadas porque la idea de un "gobierno neutral" (es decir, sin Hizbulá) está fuera de toda discusión por el reparto sectario, y más con las elecciones anticipadas sobrevolando el escenario. Por cierto, Macron no mencionó en ningún momento las elecciones anticipadas; quería, simple y llanamente, la renuncia del gobierno y su sustitución por los pro-occidentales. Por eso presiona con la calle, porque quienes estaban saliendo eran los pro-occidentales. Esta es una de las pancartas exhibidas que sirve como ejemplo de lo que hay detrás. Por si quedan dudas.


El enojo popular es evidente con la situación, pero va mucho más allá de lo que nos venden y los cambios, que se darán, aún no están claros. Occidente apuesta por una recomposición del sector cristiano, especialmente que los ortodoxos y un sector de los maronitas abandonen a Hizbulá. Y eso, por el momento, no se está produciendo. Ahora mismo, los pro-occidentales son como pollos sin cabeza: se mueven, sí, pero dando bandazos y sin coordinación alguna. Solo esperan que la gallina (pongamos, francesa) les guíe y acoja bajo sus alas.

 El Lince

jueves, 6 de agosto de 2020

Lo simple, lo de siempre y lo complejo

Bueno, ya está aquí la histeria y la manipulación. Otra vez. La explosión de Beirut es la de un sistema que se resiste a morir, o se resistía. Y como no se pueden poner puertas al campo, hay que hacer dos cosas: mentir, de nuevo, y correr, otra vez. Son dos movimientos paralelos y que se complementan.

Ayer os hablé de la pelea entre pro-occidentales y pro-asiáticos en Líbano. Los primeros no pueden ayudar, los segundos ya se han puesto en movimiento. Y como los primeros no pueden ayudar, tienen que aparentar que lo hacen. Así, la ex potencia colonial, Francia, envió tres aviones (dos menos que Rusia) pero su presidente, Macron, corrió hacia Beirut para galvanizar a los pro-occidentales. Y lo que ha dicho no tiene desperdicio: "esta visita tiene como objetivo discutir cómo se puede ayudar porque este hecho [la explosión] representa una amenaza para la estabilidad interna del Líbano y las consecuencias que pueden tener para la seguridad europea". O sea, lo que os dije: la explosión ha derrumbado repentinamente todo el entramado político-económico establecido tras la guerra civil y la división sectaria impuesta por el colonialismo francés que se mantuvo inalterable tras la guerra civil que terminó hace casi 40 años. Pero al añadir lo de "seguridad europea" se está insistiendo en lo de siempre: el terrorismo, que, en el caso libanés, se circunscribe al movimiento político-militar Hizbulá, considerado "organización terrorista" por la UE a instancias de EEUU e Israel.

Y aquí entran los de siempre: los medios de propaganda, que no de comunicación, de la burguesía. Al unísono, desde Gran Bretaña a Francia, pasando por EEUU, se está acusando a Hizbulá de utilizar nitrato de amonio, la causa de la explosión, en sus bombas. No han tardado mucho, por cierto. Si se tiene en cuenta que el payaso de Trump habló de "algún tipo de bomba" como origen de la explosión, se cierra el círculo de la estupidez.

Al hecho se añade lo que os comenté, que uno de los muertos es el secretario general del partido Kataeb, la Falange Libanesa -integrada por cristianos maronitas- de la que hay que recordar algunas cosas. La primera, que se llama así porque se inspiró en la Falange Española de 1930, es decir, es una organización fascista. La segunda, que siempre ha actuado como aliada de Israel y de EEUU y, de hecho, sus integrantes perpetraron las matanzas de palestinos en los campos de refugiados de Sabra y Chatila, en 1982, colaborando con las fuerzas invasoras sionistas durante la invasión de ese año y a las órdenes de Ariel Sharon. La tercera, que es un furibundo detractor de Hizbulá.

Por lo tanto, los medios de propaganda hacen una ecuación simple: si Hizbulá utiliza nitrato de amonio y uno de los muertos no es un cualquiera, Hizbulá es responsable. Y tan panchos.

Ni se les pasa por la cabeza hacerse preguntas tan simples como por qué Hizbulá, con la infraestructura que tiene, actuaría en "terreno hostil", puesto que el puerto de Beirut está en zona cristiana, y no lo trasladó hacia sus zonas. La segunda, que los cristianos están tan divididos como los musulmanes y que una parte muy significativa, el Movimiento Patriótico Libre, es aliada de Hizbulá. La historia viene de lejos, de 2004 y se concretó en el 2006, cuando al bombardear Israel el barrio del Dahiye, en el sur de Beirut, casi en su totalidad poblado por shiíes, los militantes del MPL abrieron sus casas en el barrio colindante de Ain Al-Rumaneh para acoger a los shiíes, en su mayioría militantes de Hizbulá.

Para saber estas cosas no hace falta conocer al país, ni a sus gentes, sino investigar un poco. Y, por ejemplo, y dentro de la pelea que os llevo citando entre pro-occidentales y pro-asiáticos hay una historia a tener en cuenta: el puerto de Beirut.

Cuando apareció en escena China, una de las cosas de las que se habló fue del puerto de Beirut, de su ampliación para incrementar el comercio marítimo. Y varias facciones cristianas, entre ellas el Kataeb, se negaron con los argumentos de EEUU sobre el control por el Estado chino, del Partido Comunista, y bla, bla, bla. La entrada de China suponía el fin de la influencia histórica de los cristianos -establecida por el colonialismo francés, no hay que olvidarlo- en el comercio marítimo. Y eso era, simplemente, inaceptable. Así que los medios de propaganda ya tienen otra historia para sus neuras.

La explosión ha destrozado el puerto, por lo que Líbano se queda sin uno de envergadura dado que los que hay, sobre todo el de Trípoli (bajo influencia sunnita), no cubre ni de lejos lo que ofrecía el de Beirut (por el que pasa el 82% de todas las exportaciones e importaciones).

Y, curiosamente, cobra mayor relieve el puerto de Tartus en Siria (y una parte de este puerto es una base naval rusa), el único que podría, condicional, utilizar indirectamente Líbano. Pero EEUU aprobó la "Ley César" para dificultar todo tipo de comercio hacia Líbano por vía siria. Ahora Líbano está hundido y EEUU no puede acudir a socorrerlo.

¿Entendéis un poco más la carrera de Macron por aparecer? China observa en silencio, pero muy de cerca. Si alguien tiene dinero hoy, es China.

La explosión ha hundido el sistema libanés, lo repito, el sistema sectario y de reparto de poder establecido por el colonialismo francés y respaldado por Occidente. Pero la explosión también ha puesto al desnudo los intereses que estaban detrás de él y que no eran, precisamente, populares.

Las preguntas son, también, muy simples. Dado que Occidente no está en condiciones de acudir en apoyo de Líbano, que la reconstrucción del puerto requiere tiempo e inversiones multimillonarias ¿serán capaces los políticos libaneses de desafiar a EEUU y la "Ley César" para mantener su capacidad de exportación e importación marítima o se hundirán aún más en la miseria por el seguidismo servil hacia EEUU? Porque resulta que desde 2002 Líbano y Siria tienen un acuerdo de cooperación para utilizar sus puertos "en casos excepcionales". Ahora es uno de esos casos.

Os comenté antes de estas vacaciones que iba a ser divertido seguir las vicisitudes del gobierno libanés, si se somete a las presiones de EEUU mientras pierde las opciones chinas e iraníes (y siguen los cortes de electricidad, el hambre y demás) o muestra una valentía de la que hasta ahora carece. La explosión ha hecho que ya no sea divertido, sino trágico. O apuesta por la soberanía y la supervivencia o por la sumisión. No hay camino intermedio.

El Lince

miércoles, 5 de agosto de 2020

La explosión de un sistema

Han pasado bastantes cosas estos días de asueto que intentaré retomar, perola explosión en Beirut de ayer merece un pequeño apunte porque es la explosión de un sistema y tendrá consecuencias devastadoras en el futuro socioeconómico del Líbano. La lucha entre los prooccidentales y los proasiáticos se va a recrudecer, pero el margen de maniobra de los primeros se ha reducido sustancialmente.

Occidente no tiene dinero y Líbano lo necesita desesperadamente. EEUU impone sanciones y más sanciones (ilegales según el derecho internacional) y ha hundido, literalmente, la economía libanesa. Se había instaurado un gobierno de tecnócratas que negociaba con el FMI créditos y préstamos condicionados, como siempre, a privatizaciones y destrucción de lo poco público que hay en Líbano. Eso ya no será posible. La explosión ha derrumbado repentinamente todo el entramado político-económico establecido tras la guerra civil y la división sectaria impuesta por el colonialismo francés que se mantuvo inalterable tras esa guerra, terminada hace ya casi 40 años.

Además, la parte más castigada de la ciudad es el barrio cristiano, el más prooccidental, y uno de los muertos es el secretario general del Kataeb, el Partido Falangista responsable de las matanzas contra refugiados palestinos en esa guerra civil y fuerte detractor no solo de Hizbulá sino de todo lo que no sea Occidente. Si la solidaridad occidental no llega pronto, y no llegará, el shock irá mucho más allá de los efectos de la explosión.

Las palabras de condolencia de Occidente están bien, pero son insuficientes. Mientras tanto, Hizbulá ha desplazado a su personal sanitario y de protección civil hacia las zonas afectadas y Rusia ya ha anunciado el envío de cinco aviones con técnicos, médicos y equipos sanitarios. Han sido los más rápidos. Francia, Irán, Túnez, Qatar e Irak también anuncian envíos, aunque menores. Y la Unión Europea se conforma con enviar cien bomberos porque no puede hacer más, está exhausta con el coronavirus. Desde luego, en Líbano se toma nota.

El Lince