miércoles, 4 de febrero de 2026

La voluntad del dragón

China va a por todas. No tiene otra opción, como os decía: o se rinde, como quieren los pro-occidentales del "konsomol", y de ahí la purga contra los generales, entre otros, o va a la guerra. Y, por supuesto, va a la guerra. Pero hoy la guerra son algo más que tiros y bombas. El anuncio hecho público por la revista teórica del Partido Comunista, "Qiushi" ("Teoría"), sobre la decisión de convertir al renminbi (yuan) en la moneda de reserva global para el comercio internacional ha puesto los pelos tiesos a todo Occidente.

Es el fin del dominio del dólar que se deriva, sobre todo, de la transformación de las relaciones de producción y el comercio internacionales. Luego se puede hablar de otras cosas, como la reestructuración completa de los intercambios monetarios internacionales dentro de un marco multipolar. El hecho de que China mantenga convenios con 28 países para comerciar en sus propias monedas sin usar ninguna moneda occidental, el que los BRICS certifiquen que su comercio intra BRICS supera los 500.000 millones de dólares (el 65% de esa cantidad no es en moneda occidental) y la creación y fortalecimiento de centros financieros alternativos a Wall Street o la City de Londres, como son Shanghái o Hong Kong, indica que no hay vuelta atrás. 

Pero hay más: China es un país formalmente socialista (ya podéis poneros a elucubrar otra vez si mucho, poco o nada) y es un país de estas características quien altera profundamente la naturaleza de la transformación geopolítica que estamos viviendo.

Durante mucho tiempo en esta página he venido abordando este hecho, la desdolarización. Ayer, en una conferencia en la que participé, hice una comparación entre la situación pre-Stalingrado que había hace 80 años, donde se asistía a unas amplias alianzas no ideológicas entre diferentes sectores -desde la burguesía nacional a los partidos comunistas- pero con el objetivo común de la derrota del fascismo, que entonces tenía que ser obligatoriamente militar, con la que se está dando ahora, también una especie de pre-Stalingrado, con unas amplias alianzas tácticas (los BRICS) que con todos sus conflictos y contradicciones también tienen un objetivo común que es la derrota de la hegemonía occidental y hoy esta es obligatoriamente económica.

El estado desastroso de las cuentas nacionales de EEUU, que minan la verdadera competitividad del sistema productivo estadounidense (y por eso la presión con los aranceles), al tiempo que dificultan la capacidad para atraer la inversión, debilita profusamente al dólar. De ahí que haya comenzado el año en su nivel más bajo en 50 años, con el 46% del total de las reservas monetarias del mundo.

Es un proceso que viene desarrollándose desde 2008, la crisis capitalista de la que no se ha salido todavía, y que se ha acentuado tras el puñetazo encima de la mesa que dio Rusia en el año 2022 con su decisión de dar una lección a los neonazis del país 404, antes conocido como Ucrania, y sus amiguitos otanistas occidentales, principalmente europeos. De esa crisis se salió parcialmente gracias a China, esa China a la que ahora se sataniza por todos lados. Porque en China habían recalado toda una pléyade de empresas occidentales, en su gran mayoría de EEUU, que buscaban mano de obra barata. Seguían el canon clásico del capitalismo: la búsqueda del máximo beneficio. 

Se suponía que con la desaparición de la Unión Soviética se había acabado el enemigo ideológico y económico, que el triunfo del "libre mercado" era incuestionable y que el sistema liberal y supuestamente democrático iban a gobernar el mundo por los siglos de los siglos. Ya lo dijo con arrogancia Fukuyama: el fin de la historia. Y en todo ello iba a estar, y todo ello iba a ser gestionado por una única potencia: EEUU.

Que ya el déficit de EEUU fuese exorbitante era lo de menos. No habría quien se pusiese a su nivel, ni quien le pidiese cuentas, ni pagos, ni nada de nada. Es como la fábula de la liebre y la tortuga. Y la tortuga ha ganado la carrera. De hecho, dos tortugas: Rusia, que a pesar de no tener la fuerza demográfica ni industrial necesaria para superar o igualar a EEUU sí ha recuperado su lugar y su fuerza en términos militares y estratégicos; y China, por supuesto, que no solo tiene un enorme peso demográfico sino industrial (por lo tanto, económico) y cada vez más militar.

Y en medio de todo ello, y mientras esta carrera se producía, el zombi conocido como Unión Europea se beneficiaba de la energía barata proveniente de Rusia, lo que le permitía competir, por poco que fuese, con EEUU. Pero todo eso se acabó. Se acabó cuando se inició el conflicto en el país 404 y EEUU cortó, u obligó a cortar, como prefiráis, esa sonda de oxígeno industrial que le llegaba a Europa desde Rusia. La prepotencia occidental ante ello fue de tal calibre que al imponerse las sanciones se dijo que se pretendía "provocar el derrumbamiento de la economía rusa".  Ha sido al revés. Y, además, ha logrado un aspecto que la prepotencia occidental ni siquiera llegó a sospechar: la alianza entre Rusia y China.

Occidente está muerto. EEUU está actuando como el peor jugador de ajedrez, el que ante la vista de la partida hace un movimiento zugzwang, mueve porque está obligado a mover mientras no abandone, sabiendo que su situación empeora con cada movimiento. Da igual que sea en Venezuela, en Groenlandia, en Cuba o en Irán. Nada puede parar la derrota a medio plazo. 

No es una cuestión solo de EEUU, es de todo Occidente aunque EEUU sea el referente principal. Este es el momento que está aprovechando China. ¿Quieres guerra? Pues la vas a tener. Y la vas a tener donde más te duele: en la economía, en el dólar. Aunque los BRICS no han logrado generar una moneda capaz de reemplazar al dólar en el comercio internacional, sí se han dado pasos para ir erosionando su poder. Eso ya se ha logrado. Ahora hay que dar el paso definitivo, y eso solo lo puede dar China porque no basta con lo anterior, sino que hay que ofrecer al mundo, al Sur Global sobre todo, una alternativa. Esa alternativa es el anuncio hecho por Xi Jinping y publicado en la revista teórica del PCCh: China tiene la fuerza económica para ofrecer una alternativa al dólar, y por ello anuncia que trabaja para que el renminbi se convierta en la moneda de reserva global. Por el momento, en una de ellas.

La revista "Qiushi" es de teoría, crítica y práctica marxista. Que en ella aparezca desarrollado que China deba tener "una moneda poderosa que pueda utilizarse ampliamente en el comercio internacional, la inversión y los mercados de divisas, y alcanzar la categoría de moneda de reserva" es algo más que sensacional: es el desafío público a la hegemonía de EEUU no sólo en las esferas monetaria y financiera, sino también en la política y geoestratégica.

Xi propuso esto en 2024, que se haga público ahora no solo se hace en el marco del XV Plan Quinquenal, sino cuando la situación geopolítica lo requiere. Desde 2024 hasta ahora China ha ido preparando el escenario (acumulación de oro, bolsa de oro de Shanghái, renminbi digital, precio en yuanes para el gas natural licuado y el níquel, entre otras), dando un fuerte impulso a su Banco Central y a las instituciones mencionadas al principio de este escrito.

Se da a conocer, además, en unos momentos de una gran incertidumbre en los mercados globales, con el dólar bajo presión debido a la creciente burbuja financiera, la imprevisibilidad e irregularidad de las acciones de Trump que están llevando no solo a muchos operadores financieros, sino incluso los bancos centrales (Alemania está reclamando su oro depositado en EEUU) a reducir su tenencia de dólares (de ahí el descenso como moneda de reserva global).

No hay un plazo para lograr que la moneda china sea la de reserva mundial. Primero, el objetivo es que se sitúe firmemente en la tercera moneda de reserva (ahora es la quinta) en unos 5-10 años y luego dar el salto definitivo. A China no le interesa por ahora que el dólar pierda su hegemonía. Recuerda lo que dijo Napoleón, lo de no interrumpir a un enemigo cuando comete errores. China, un país, un pueblo milenario, con una historia milenaria, tiene otra concepción del tiempo que Occidente. Por eso desde hace tiempo se marcó la fecha de 2035 para lograr lo que llama "la modernización socialista". Hay que cimentar bien el camino, no andar a saltos ni a la ligera.

Por el momento, a lo que asistimos tras este anuncio es a la voluntad del dragón sobre la conversión del renminbi en una moneda "competitiva", para usar una palabra capitalista, y, sobre todo, de uso común en la zona de influencia china, es decir, en Asia. Con una moneda y un sistema de pago diferente al occidental se limita sustancialmente la influencia y la presión de EEUU en un sistema financiero que se está fragmentando, al igual que el mercado global.

Aún hay trabajo por hacer, pero el camino ya está trazado y la voluntad del dragón es firme.

El Lince