martes, 8 de noviembre de 2022

Esto se anima (esperando a Lula)

No tengo casi ninguna esperanza en Lula. Ha dicho tantas cosas, se ha desdicho de tantas cosas, no ha hecho más que asistencialismo (el bono contra el hambre, que mantuvo a su manera Bolsonaro) -lo que indica que no era nada estructural para el sistema- y ahora vuelve con más de lo mismo. 

Para los entusiastas de siempre, los que se encaprichan con tal o cual "progre" (véase el penúltimo, Boric), hay que decir lo evidente: el margen de maniobra interno de Lula es muy reducido porque Bolsonaro tiene mucho peso dentro de los aparatos estatales (no depurados por Lula en sus dos presidencias, ni por Dilma Rousseff), en el Congreso, en el Senado y en las gobernaciones de los principales estados industrializados. Eso por no hablar de la gentuza reaccionaria de la que se ha rodeado, como su vicepresidente.

Lula nunca ha preocupado al Occidente colectivo. Fue uno de los niños mimados por Davos cuando era presidente y Biden se apresuró a felicitarle por su triunfo electoral. Fue una devolución de parabienes y de palmadidtas en la espalda puesto que Lula saltaba de alegría cuando Biden ganó frente a Trump. 

Por lo tanto, voy a adelantar algo para los saltarines "progres" y su fe en la progresía "rosa": en lo único en lo que Lula puede, tal vez, acaso, quizás, hacer algo "progre" es en política exterior. Tiene todas las condiciones para hacerlo y la situación internacional d estos momentos es mucho mejor de la que había cuando fue presidente. Estoy hablando del fin de la hegemonía occidental y el reforzamiento del multilateralismo.

Lula siempre se ha presentado a sí mismo como el portavoz del Sur Global. Eso lo ha dicho también antes de las elecciones (que no en su discurso tras el triunfo), en las que no se cansó de repetir que "había aprendido de los errores" cometidos en sus dos presidencias. En especial, con la traición cometida tanto a Fidel como a Hugo Chávez con la UNASUR y el Banco del Sur. Lula dijo antes de la campaña, y resalto de lo antes, que había que recuperar la vieja idea de Chávez de crear una moneda propia. 

Es aquí donde me quiero detener, en la moneda propia. 

Los tiempos han cambiado desde sus dos presidencias anteriores. Ahora hay un número cada vez mayor de países, con gobiernos de diferentes signos, que se enfrentan a Occidente, que se rebelan ante la subordinación a EEUU. Y esos países con africanos, latinoamericanos y asiáticos, que se están uniendo a un nuevo y cada vez más consolidado sistema económico y comercial alternativo a Occidente.

Bueno, tanto no. Ya comenzaba a intuirse este cambio al final de su segunda presidencia y él mismo ha reconocido que Obama le llamó para saber si era cierto que iba a hacer caso a la propuesta de Chávez con el "sucre" (actualmente moneda de la ALBA, aunque solo a efectos de unidad de cuenta, o sea, de establecimiento de precios, entre sus miembros). Antes de la campaña, insisto en lo de antes, dijo que el recuperar una moneda propia latinoamericana sería una de sus prioridades.

Lula ya no habla del "sucre", pero sí del "sur", la pretensión de moneda latinoamericana que reemplace al dólar y al euro en las transacciones financieras del continente. Pero también hay que reseñar que todo esto es previo a la campaña.

Lo único reseñable de su anterior etapa como presidente fue la incorporación a los BRICS, algo que se ha mantenido con Bolsonaro porque la burguesía industrial brasileña nunca ha querido perder su espacio. Por lo tanto, es de suponer que sea aquí donde Lula se "salga del tiesto" (expresión castellana para decir que se hace algo que los demás no esperan, en este caso, Occidente).

Los BRICS no hace mucho anunciaron que realizaron la quinta prueba de su mecanismo bancario alternativo al SWIFT para agrupar sus reservas de "moneda alternativa" (sic) y protegerlas de las sanciones occidentales. Si Lula mantiene su palabra tendrá que dar pasos en esta dirección, máxime cuando en 2019 dijo una frase demoledora para Occidente y su hegemonía monetaria: "el BRICS no se creó para ser un instrumento de defensa, sino para ser un instrumento de ataque".

Alberto Fernández, el presidente argentino -que también recientemente solicitó formalmente ser miembro de los BRICS, junto con Irán-, fue el primer mandatario en verse con Lula tras su triunfo y dijo algo que hay que guardar y recordar: ""Con Lula, ahora tendremos un activista para nuestra candidatura para unirnos a los BRICS".

Para nadie es un secreto que lo que estamos viviendo es un agónico intento occidental por mantener su hegemonía a nivel mundial, y los BRICS son uno de los instrumentos de la multilateralidad ya existente que echan por tierra esa hegemonía. 

El mundo, que es mucho más grande que la fantasmagórica "comunidad internacional" de la que permanentemente habla el Occidente colectivo, es consciente de ello y ya hay otro país, Argelia, que hoy ha solicitado formalmente ser miembro de los BRICS. Ya participó en calidad de "país invitado" a la última cumbre, celebrada en junio, y ahora da este crucial paso. Otro país que se lo está pensando es, nada más y nada menos, que Arabia Saudita.

Así que esto se anima, esperando a Lula. En la actualidad son cinco los países BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), con tres que han pedido ser miembros de pleno derecho: Argentina, Irán y Argelia. Otra losa más en la hegemonía occidental.

El Lince

jueves, 3 de noviembre de 2022

La máquina de radicalización

Es sabido que para defender el jardín occidental de la amenaza de la selva hay que cuidarlo, y que para cuidarlo hay que arrancar las malas hierbas que son las que se convierten en la punta de lanza de la penetración de la selva. En Alemania, Los Verdes, tan verdes y tan progres, son los principales jardineros.

Los Verdes forman parte del gobierno alemán con los socialdemócratas y los liberales. Controlan varios ministerios: Asuntos Exteriores; Economía; Alimentación y Agricultura; Familia, Tercera Edad, Mujeres y Juventud; Medio Ambiente, Protección de la Naturaleza y Seguridad Nuclear. 

De las andanzas de los dos personajes que controlan Asuntos Exteriores y Economía ya os he hablado. Ahora llega el turno de la familia. Por una razón: estos tres son los más fanáticos dentro del fanatismo reaccionario de esta gente.

Resulta que dentro del Ministerio Federal para la Familia se ha creado una fundación para luchar contra lo que consideran "desinformación" cuya labor es "analizar el contenido de los medios críticos con el sistema" y, en particular, "las cuentas de la guerra en Ucrania". Como es lógico, todo ello en nombre de la "lucha contra la desinformación rusa". A esta gente no le importa llegar hasta el esperpento, como os comenté con la serie de dibujos animados "Masha y el oso". No, eso es poco para ellos (y ellas, no vaya a ser que alguien se ofenda porque tan estúpidos son ellos como ellas).

Una de las actividades del Ministerio de la Familia es controlar cómo los jóvenes utilizan y siguen los medios alternativos, con el peligro que conlleva. Por lo tanto, uno de sus programas es combatirlos con programas como "Los contramedios como máquina de radicalización", cuya explicación es: "Cada vez más personas utilizan los llamados medios “alternativos” como fuente de información. Tienen un efecto de largo alcance en la sociedad y alimentan la desconfianza hacia la democracia parlamentaria, la ciencia y los medios de comunicación. El contraanálisis da una mirada crítica a los canales que se ven a sí mismos en oposición al público de los medios existentes. Queremos explicar cómo los contramedios de oposición al sistema se convierten en una máquina de radicalización y qué se puede hacer para contrarrestarlos".

Y en ese programa se enseña cómo contrarrestar afirmaciones como "prensa del sistema", "que niega la independencia de los medios y los calumnia como instrumentos de ciertos intereses"; la crítica a "los de arriba", "porque eso puede llevar a alejarse del sistema parlamentario"; la crítica al "sistema corrupto", "que se entiende como un sistema que funciona parcial o totalmente en contra de la población y sus intereses". Si bien es cierto que esto se inició con la pandemia del coronavirus, también lo es que se mantiene en la actualidad a través de un programa federal que se ha reciclado con el nombre de "¡Viva la democracia!".

Pero como eso afea el bonito jardín occidental, de inmediato se acompaña con una amenaza: es la extrema derecha quien está utilizando esos medios y quien está promoviendo las manifestaciones y las protestas en estos momentos. Así que ya sabéis, si queréis que no os identifiquen con la extrema derecha, acudid a los medios oficiales y dejad los alternativos (aunque estos dejen mucho que desear y de alternativos cada vez tengan menos). Y seguid los consejos que ya se dieron hace un par de meses: no acudáis a las manifestaciones porque "corren en riesgo de ser secuestradas por extremistas" y "enemigos de la democracia".

Y aquí está la otra parte de la cuestión: los medios oficiales reciben cada 15 días instrucciones de lo que hay que decir o callar, en especial sobre Rusia. Pero supongo que esto no debería sorprenderos. Sobre todo porque se afirma que "el gobierno federal está en contacto regular con los operadores de redes sociales para controlar la desinformación en el contexto de la agresión rusa contra Ucrania".

Es todo el gobierno alemán quien está en esto: es una coordinación entre los ministerios de Defensa (en manos de los socialdemócratas, SPD), de Interior (SPD), Familia (Verdes), Digital (liberales) y Educación (liberales).

Quien lo coordina todo es el Ministerio del Interior, y cada dos semanas elabora un "informe de situación" que es enviado a los medios oficiales para que sigan a pies juntillas todo lo que allí de dice. Por ejemplo, "concertando enlaces a verificadores de hechos en los sitios web del gobierno federal". Este informe se envía también a todos los demás ministerios (fuera de los mencionados), a los miembros del Bundestag (parlamento), estados federados y municipios. La lista se completa con la referencia a "los multiplicadores en la sociedad civil".

En el marco de las cada vez más numerosas manifestaciones y protestas (las últimas tuvieron lugar el 30 de octubre) contra el gobierno por el seguidismo hacia EEUU ante la crisis de Ucrania y exigiendo el fin de las sanciones contra Rusia -que están causando la destrucción de la economía europea y la galopante inflación- es importante lo anterior para comprender a qué nos estamos enfrentando no solo en Alemania, sino en toda Europa.

Y tal vez por ello, solo tal vez, el canciller alemán visita mañana China con una delegación de empresarios de la industria. Es la primera visita de un occidental tras el crucial XX Congreso del PCCh y a ella se han opuesto tanto EEUU como varios de sus propios ministros, sobre todo Los Verdes. La fanática Annalena Baerbock, ministra de Asuntos Exteriores, ha dicho que "no hay que repetir los mismos errores que con Rusia", que "ya no debemos depender de un país que no comparte nuestros valores" y que "se corre el riesgo de ser políticamente vulnerable al chantaje". Cuando menos, es curioso que alguien que está en Exteriores mantenga este discurso. Y más aún que se oponga a este viaje.

Por supuesto no se puede esperar mucho de este viaje. Scholz no es nadie, como no lo es nadie en estos momentos en una Europa que está muerta. No habrá nada más que la constatación de que algunos empresarios harán negocios. Y acallarán durante unos días las críticas sociales, incluso de la máquina de radicalización.

El Lince

viernes, 28 de octubre de 2022

Girasoles marchitos

Van Gogh estaba como un cencerro, pero era un pintor genial. Vendió tres o cuatro cuadros en vida, en su tormentosa vida, pero a su muerte se convirtió en un genio y en un revolucionario de la pintura. Si os hablo de "Los girasoles", rápidamente situáis al artista y a la obra. Si os hablo de "Cuatro girasoles marchitos" no tendréis ni idea de qué os estoy hablando, pero también es otra de sus obras. Entre la exuberancia de colores de la primera y los grises de la segunda hay un año de diferencia.

Muchos más años de diferencia hay entre la exuberancia de Los Verdes alemanes y la decadencia marchita de ahora. Todo un ejemplo de lo que hay detrás de la "progresía" europea: si la visibilización de la decadencia marchita de toda esta peña comenzó con Syriza en Grecia, lo que estamos viendo de los niñatos y niñatas alemanas deja en pañales a los griegos. Porque esta gente son enemigos de todo lo emancipatorio. En estos momentos no hay nadie en Europa, y cuando digo nadie digo nadie, ni siquiera los neofascistas, tan serviles al poder como ellos y tan reaccionarios. Aunque se vistan de verde, o precisamente por eso.

Entre los días 14 y 16 de octubre celebraron en Berlín su conferencia anual, su congreso. Podía haber hablado de ello, pero con el XX Congreso del Partido Comunista de China por medio, un evento crucial para el devenir del mundo en los próximos años, lo de esta peña marchita y decadente podía esperar. 

Y aquí estoy con ello. Si hay un evento repulsivo, es este de Los Verdes: 817 delegados y delegadas hicieron pequeño el belicismo de EEUU. Si alguien tenía dudas de por qué se llama a Los Verdes  "la sucursal alemana del Partido Demócrata de EEUU", viendo lo que pasó saldrá de dudas. No solo se rechazó la historia del partido en favor de la paz, el desarme, la protección del medio ambiente y la eliminación de la energía nuclear, sino que con un cinismo sin igual se justificó el cambio en todo esto por "la agresión rusa a Ucrania". La culpa de este giro la tiene Putin, faltaría más.

Hubo voces críticas con todo ello, por supuesto, pero fueron muy minoritarias y derrotadas con estrépito. Quienes se oponían a que Alemania continuase suministrando de armas a los neonazis ucranianos fueron derrotados con el argumento de que "los ucranianos no pueden defenderse con girasoles". Y apareció la más fanática, la más fascistoide en estos momentos, la que dijo que le importaba una mierda lo que pensasen "sus" votantes y que seguiría apoyando a Ucrania, la gran estrella del circo capitalista, Annalena Baerbock: "apoyamos a Ucrania no a pesar de ser un partido de la paz y los derechos humanos, sino porque somos un partido de la paz y los derechos humanos". ¡Toma ya, los neonazis ucranianos a los altares!

El congreso de Los Verdes fue explícito: "tenemos que entregar más armas, tenemos que reaccionar más rápido; el tiempo de las vacilaciones ha terminado". Es de suponer que, por ejemplo, Irán diga y haga lo mismo con los hutíes de Yemen, que están siendo masacrados por Arabia Saudita con los aviones que les ha vendido Alemania. Puestos a no vacilar, hay mucha gente que no vacila en absoluto. Pero claro, el jardín occidental es el jardín y lo otro es selva, una asquerosa y amenazadora selva

Porque estos encantadores muchachitos y muchachitas, tan progres y tan verdes, como grandes defensores del jardín occidental, aprobaron la continuación de las exportaciones de armas alemanas. Entre otros países, a Arabia Saudita. De nuevo la encantadora Annalena a la carga: "si Alemania se retira del proyecto conjunto europeo que produce armas para Arabia Saudita, aumentarían los costes de equipamiento de la Bundeswehr (Ejército) y, por lo tanto, faltaría dinero para las prestaciones sociales". Así que ya lo sabéis, niños y niñas progres: los gastos sociales se sostienen con la exportación de armas. Ni más ni menos.

¿Todo en orden? Pues no. Rusia es mala, pero China es peor para esta peña. "China amenaza nuestro modo de vida democrático, y por eso tenemos que tomárnoslo muy en serio".

Ni una crítica, por pequeña que hubiese sido, a las sanciones (ilegales, según el derecho internacional aunque no según el "orden basado en reglas" occidental). Todo en orden y dentro del cánon del jardín colonial.

Los Verdes son, como todos los "progres", otra expresión de la derecha; una derecha moderna vestida de verde y desinhibida. Como dijo uno de sus presidentes (tienen dos, un hombre y una mujer, que en eso son muy paritarios) "somos portadores del Estado". Sin complejos y sin tapujos. No es extraño que todos los medios de propaganda lanzasen flores sobre Los Verdes con comentarios que les sonrojarían si fuesen en realidad "progres". Uno de ellos lo definió de forma gráfica así: "Hoy Los Verdes siguen siendo radicales, pero radicalmente realistas... las consideraciones éticas son para el ayer". 

Y si esto no es extraño, mucho menos el que las principales empresas alemanas patrocinasen la conferencia.

¿A que son un encanto? Y ecologistas, además. Aquí están, lo podéis ver en este panel, la patronal Gesamtmetall (industria armamentística), Bayer ( química), la Asociación Federal de Empresarios de la Vivienda e Inmobiliarios, la cadena de supermercados Lidl (que tendréis casi seguro en vuestra ciudad), y así. 

Los empresarios alemanes están pagando a Los Verdes por los favores recibidos. Por ejemplo, cuando en un referéndum oficial en la ciudad de Berlín en octubre de 2021 estos simpáticos niñatos, junto con sus socios del SPD que se dice socialdemócrata, se negaron a cumplir el resultado porque este fue favorable de forma abrumadora a la expropiación a los grandes propietarios de viviendas de alquiler. Los Verdes dijeron que "tomaban nota" del resultado, pero que no era vinculante y pidieron a las empresas propietarias de viviendas "generosas donaciones" para evitar su expropiación y socialización como se aprobó en el referéndum. El resultado es el que veis, las empresas inmobiliarias están tan agradecidas que financian su conferencia anual. En este caso, Roma sí paga a traidores.

No contentos con ello, Los Verdes dieron ayer otro paso más en su decadencia marchita: se opusieron hasta el final a que una empresa china se hiciese con una importante participación en la gestión del puerto de Hamburgo. El gobierno alemán llegó tras muchas discusiones a un compromiso para permitir que los inversores chinos adquirieran una participación en el puerto del 24'9% (la inversión inicial prevista era del 35%). Según la ley alemana si una empresa adquiere el 25% de algo tiene derecho de veto en las decisiones, por lo que los chinos no lo tendrán en el puerto. Esto es algo menos de 60 millones de euros, pero a Los Verdes les parecía que, según acordaron en su conferencia, "amenaza la seguridad nacional" de Alemania, además de "nuestros valores". Ningún reaccionario oficial lo hubiese expresado mejor.

A Los Verdes, los niños bonitos del capital, no les preocupa que el capital alemán controle puertos extranjeros. En Ghana, por ejemplo. La firma alemana Sellhorn Ingenieurgesellschaft mbH controla la mayoría del capital del puerto de Keta desde 2021. Eso no "amenaza la seguridad nacional" de Ghana, por supuesto, ni pone en solfa sus "valores" puesto que aquí el jardinero está cuidando que la selva no se coma el jardín europeo y occidental. En la actualidad ese puerto está en construcción y la propaganda alemana afirma que "su puesta en servicio ofrecerá, además de puestos de trabajo, nuevas oportunidades para la industria portuaria de Ghana. También será una puerta de entrada privilegiada para los países vecinos sin litoral, a saber, Burkina Faso, Níger y Malí". Animo a los chinos a que digan algo similar del puerto de Hamburgo, a ver si cuela y les amplían su participación hasta el porcentaje inicialmente previsto.

Los Verdes son el Estado alemán en la misma proporción que son una amenaza para cualquiera que tenga un mínimo de cerebro. Ellos no son responsables de la situación social, ni de la sonrojante profundización de la brecha entre ricos y pobres, ni de nada. Rusofobia y chinofobia teñida de verde. Pero hace mucho tiempo que los girasoles están marchitos.

El Lince

lunes, 24 de octubre de 2022

Un apacible fin de semana

El XX Congreso del Partido Comunista de China ha terminado este fin de semana con la aplastante derrota de los neoliberales y partidarios de un compromiso con Occidente. En un mensaje claro y directo, la expulsión de Hu Jintao del pleno final, en directo y retransmitido a toda la galaxia, ha dejado claro que China no solo no va a retroceder ante los ataques occidentales, sino que está dispuesta a contraatacar.

Un contraataque que tiene varias vertientes y un eje principal: Taiwán. Porque lo que se va conociendo de qué pasó tiene que ver con Taiwán y el intento de ese sector de mantener el statu quo con EEUU, algo inaceptable para la nueva dirección tras la provocación abierta que supuso la visita de la abuela Pelosi

Estamos asistiendo al final de la "era Deng" en China. Un final aún lento, pero inexorable. Deng, allá en un lejano 1981, dijo que había que iniciar un nuevo camino en China "sin teoría", es decir, relegando -nunca se pudo eliminar del todo- el marxismo. Sus sucesores, Jiang Zemin y Hu Jintao, lo aplicaron al pie de la letra, ampliando rápidamente el papel del mercado en la economía interna e impulsando ese movimiento con una postura en política exterior que engarzaba a China con el "orden económico y político" mundial que hegemonizaba EEUU. Es decir, se subordinaba la soberanía de China al crecimiento económico.

Jiang tiene 96 años y ya no es nada más que un antiguo dirigente sin peso en el Partido; Hu tiene 80 años y es cierto que tiene problemas graves de salud, como han dicho los chinos, y que esa fue una de las razones para "ayudarle" a dejar el pleno. Pero también lo es que aún conservaba un importante papel en el Partido con un alto número de acólitos pro-occidentales. Y ese papel lo intentó ejercer, hasta el punto de saltar la línea roja actual de China: Taiwán. 

Si hay que creer lo que dicen los chinos, y para eso hay que leer a los chinos y no a los occidentales, Hu y los suyos pelearon hasta el último momento en un aspecto crucial: que no apareciese en el documento final del Partido la expresión "no renunciamos a la fuerza" como último recurso para recuperar Taiwán con el argumento de que "los chinos no hacemos la guerra a los chinos". Su intervención en el congreso fue también que había que mantener "buenas relaciones con EEUU para mantener la senda del crecimiento económico". Un discurso rancio tras lo ocurrido en estos cinco años desde el anterior congreso, con aranceles, sanciones, presiones y provocaciones constantes (AUKUS, QUAD, etc.) y en unos momentos en los que, además, no solo EEUU sino el Occidente colectivo están en regresión política, económica y geoestratégica.

No solo eso. También se ha acusado a ese sector de ser el responsable, por su laxa política neoliberal y de dejar hacer a los capitalistas chinos, de la crisis inmobiliaria que se desató en China hace un año y que aún se está resolviendo. El Estado obligó a las inmobiliarias en apuros a ceder las viviendas construidas a los ayuntamientos, estos impusieron unos precios máximos -introduciendo importantes descuentos al precio inicial- y se ha logrado abaratar sustancialmente el coste que la ciudadanía china reserva para gastos de alojamiento en 51 de las 70 principales ciudades chinas en población.

Por eso hay que centrarse en otros elementos: la nueva dirección de China está compuesta por personalidades que a lo largo de su trayectoria han mostrado firmeza de principios y, sobre todo, "capacidad de resistir a los países occidentales bajo la presión de las sanciones". Esto es determinante.

Se ha puesto fin a los gobiernos pragmáticos y no ideológicos, se ha puesto fin a los acomodaticios y complacientes con Occidente aunque este Occidente agrediese a China. Punto final. China, tras el XX Congreso del PCCh, deja claro que no busca el conflicto -como es su postura tradicional-, pero que no lo rehuye si se le impone.

Y como era más que previsible, Occidente está en estado de choque. Por varias razones: la primera, por el tercer mandato de Xi, a quien ya se califica de "dictador de por vida", de "nuevo emperador" y cosas así; porque "no hay reformadores económicos en la nueva dirección", y porque, en consecuencia, "la nueva configuración política implica más solidaridad al más alto nivel, lo que puede conducir a una ejecución de políticas más efectiva y a cambios en las posturas políticas actuales".

Como os dije en la anterior entrega, hay que tener en cuenta que cuando Occidente critica algo, ese algo debe entenderse como un cumplido involuntario de lo que se critica y aquí tenemos una nueva evidencia: se está reconociendo que había fuerzas en en interior del PCCh favorables a las posiciones occidentales. Se está reconociendo, por lo tanto, que lo que ha ocurrido en este apacible fin de semana era inevitable según está el mundo.

El Lince

jueves, 20 de octubre de 2022

El pensamiento muerto que está vivo

De unos años a esta parte los "progres" occidentales (y, por supuesto la burguesía) vienen insistiendo en que el marxismo no existe y que, cuando alguien lo recoge, no es más que un pensamiento muerto sin influencia en la realidad. Esta es una forma como cualquier otra de regar el "jardín" occidental, lo riegue Agamenón (Borrell) o sus porqueros "progres". Si no fuesen patéticos, que lo son, nadie debería sorprenderse por lo que están diciendo del XX Congreso del Partido Comunista de China y que no es otra cosa que su versión edulcorada para papanatas de lo que dicen los medios de propaganda occidentales: que si el tercer mandato de Xi, que si control del poder, que si las amenazas contra Taiwán, que si... El primitivismo "analítico" es una muestra de su primitivismo general. 

Quieran o no, que quieren, su visión no es otra cosa que la del mundo occidental. Porque ni siquiera tienen en cuenta que cuando Occidente critica algo, ese algo debe entenderse como un cumplido involuntario de lo que se critica. Y así llegamos a este crucial congreso, el evento más importante no ya de este año sino de los próximos porque es lo que va a definir el mundo en este tiempo. Pero resulta que las conclusiones, que conoceremos en toda su amplitud en los próximos meses, tienen unos precedentes que se han venido desarrollando estos cinco años transcurridos desde el XIX Congreso y que tienen como eje el indudable peso que tiene la influencia del pensamiento marxista (incluso los chinos se atreven a hablar de marxismo-leninismo) en las decisiones que se están tomando.

Como todo lo que se refiere a China, hay que huir de la dicotomía clásica occidental de o yo o contra mí o del blanco y del negro, al igual que no se puede aceptar acríticamente todo lo que llega de China. Es decir, no se puede, ni se debe, considerar a China como el faro revolucionario mundial al mismo tiempo que no se puede sostener que es un país capitalista más. Y hay mucha gente supuestamente "progre" que se sitúa, sobre todo, en la segunda posición porque sus análisis están trufados de otros previos realizados por occidentales, siguiendo los parámetros occidentales.

Si en Occidente el marxismo se considera muerto, no digamos uno de sus conceptos clásicos, la lucha de clases. Sin embargo, la lucha de clases en China nunca ha desaparecido y ahora se está viendo de forma mucho más clara. Para Occidente, la "desaceleración económica" de China es presentada como el principio del fin del intento chino de ser alguien en el mundo. Acostumbrados a que el "jardín" se regaba con "la fábrica del mundo" se encuentran, de repente, con que ya no es así. No es solo la crisis de Ucrania, que también; no son solo las agresiones "democráticas" occidentales en forma de sanciones, que también. Son las decisiones políticas adoptadas por China y puestas en el papel en 2020 cuando se aprobó el XIV Plan Quinquenal y que se sancionan en las resoluciones de este congreso crucial. Y entonces se llega a la conclusión de que la tan traída y llevada "desaceleración", como sostiene Occidente, tiene mucho que ver con el aumento de la intervención estatal en la economía. Justo la antítesis del capitalismo occidental.

En este XX Congreso se está reforzando el control de lo público sobre lo privado y se está enfatizando la redistribución de la riqueza. Occidente lo ve, los "progres" no. Los analistas occidentales ya están diciendo que esto va a provocar una "caída de la confianza empresarial que reducirá la inversión privada", que "decae el atractivo para los inversores extranjeros" y que "las élites empresariales están asustadas por la campaña anticorrupción por la naturaleza arbitraria de un sistema judicial controlado por el partido comunista". Los occidentales nunca hacen lo más mínimo por comprender otro pensamiento que no sea el suyo, otra cultura que no sea la suya, y la china es milenaria: hay un dicho que dice que "es mejor ofender a unos pocos que no defraudar a miles". Occidente estará ofendido, los casi 1.500 millones de chinos seguro que no.

Porque este tema también ha sido abordado al reconocer sin tapujos que "existían graves amenazas ocultas al interior del partido, del país y de las fuerzas armadas" de carácter corrupto. Eliminar estos elementos dañinos dentro del PCCh está siendo determinante para la renovada confianza en el PCCh a nivel social. La corrupción fue una de las lacras del PCUS y una de las razones de la descomposición moral y social que llevó a la desaparición de la URSS.

Y lo ven también otros fuera de Occidente. Ven que lo que Occidente considera "obstáculos para la prosperidad", es decir el libre mercado como la única herramienta -a pesar de los desastres que ha generado y está generando-, es lo que realmente funciona, que el secreto del crecimiento chino está siendo el sólido control de las fuerzas del mercado por parte del Estado (de nuevo hay que remitirse al XIV Plan Quinquenal"). Este XX Congreso sanciona la visión marxista de un mayor control del Partido sobre el sector privado, la expansión del papel de las empresas estatales y la búsqueda de la "propiedad común" ya esbozada en el XIV Plan Quinquenal a través de la redistribución de la riqueza. Y aquí Xi Jinping ha jugado un importante papel.

El objetivo es "la transformación de China en un gran y moderno país socialista en todos los aspectos", y ese objetivo tiene dos etapas: la primera ya se está recorriendo y terminará en 2035 y la segunda comenzará entonces y terminará en 2049. Por lo que se lee en los documentos, esta "modernización con características chinas" aprovecha la globalización, sí, pero desecha los "subproductos perversos asociados con los modos occidentales de modernización: la hegemonía y la colonización".

Para ello, se pone el énfasis no en el crecimiento económico al estilo occidental, a cualquier costo, sobre todo el social, sino en el "crecimiento cualitativo", "igualando los ingresos de los diferentes grupos de la población y elevando las áreas rurales a los estándares del estilo de vida urbano teniendo en cuenta la preservación del medio ambiente".

De este congreso salen muchas cosas relevantes, una de ellas es la importancia de la geopolítica y el compromiso de China de contribuir a la creación de "un sistema internacional más equitativo y justo", con lo que da por hecho que ahora no lo hay -y que es a lo que se aferra con desesperación un Occidente moribundo-. China defiende el derecho internacional, y no eso de "orden basado en reglas" occidental, y por ello es el principal país en defender el multilateralismo lo que, a su vez, le ha granjeado un mayor carisma e influencia internacional.

Una de esas cosas relevantes es que en este congreso se ha vuelto a resaltar la "asociación estratégica integral de coordinación entre China y Rusia en la nueva era", lo que en estos momentos clave para el mundo como consecuencia de la guerra de EEUU-OTAN contra Rusia adquiere una importancia añadida a pesar de las consabidas referencias a que "las relaciones entre China y EEUU se adhieran a la dirección correcta de los tres principios de respeto mutuo, coexistencia pacífica y cooperación de beneficio mutuo" y a algo parecido respecto a la UE.

La conclusión es lógica: "Frente a la contención externa, las sanciones, la supresión y la interferencia irrazonable hemos lanzado una lucha de ojo por ojo firme y poderosa". Es decir, que soberanía nacional, desarrollo y seguridad van unidos de manera inexorable. China ya no se calla.

China tiene claro que vienen tiempos turbulentos porque Occidente se resiste a perder su hegemonía matando, pero también que las fuerzas del cambio histórico están impulsando a muchos países, y no solo a China, a ir hacia adelante abandonando el camino occidental. El reciente caso de Arabia Saudita queriendo unirse a los BRICS es la penúltima prueba de ello. O el que países como Egipto, Pakistán, Siria, Guyana, Malasia o la Organización para la Unidad Africana no se hayan dirigido al "jardín occidental" sino a China para aplicar su método de erradicación de la pobreza extrema dice bastante de por dónde van las cosas.

El Lince

lunes, 17 de octubre de 2022

El otoño es cálido

Las movilizaciones populares en Francia atacan la raíz del sistema plutocrático de Bruselas. Van más allá de la propia Francia. 

Comenzaron los "chalecos amarillos" en un ya lejano 2018 y fueron reprimidos con saña, dejando en el camino 11 muertos (¿dónde quedan los "valores democráticos" del la UE y el jardín europeo tan bonito?, centenares de heridos (Francia fue el país donde los "valores democráticos" sacaron los ojos masivamente a los manifestantes, ejemplo seguido luego por Chile) y miles de detenidos. Siguió la CGT con sus huelgas y ahora las ha vuelto a retomar. Los "valores democráticos" europeos riegan de la misma forma el jardín: reprimiendo. Ahora, con la intención de "intervenir" las empresas afectadas por las huelgas, despidiendo a los huelguistas y contratando esquiroles. Bonitas flores para un más bonito aún jardín.

Este fin de semana ha habido manifestaciones en Francia reivindicando casi lo mismo que los huelguistas: dignidad. O sea, combatir un aumento de la inflación que es consecuencia de la crisis energética y la progresiva pérdida de los salarios y el aumento del costo de la vida que tiene su origen en el vasallaje y sumisión de Francia, como de toda Europa, hacia los EEUU por su guerra encubierta contra Rusia en Ucrania.

Con ellas se ha pretendido dar continuidad a las movilizaciones sindicales y marca una etapa importante en la lucha abierta por los sindicatos aunque ya hay quienes se avienen a pactar con el gobierno, los cómplices y serviles de siempre. 

El creciente descontento social y la solidaridad general con la huelga lanzada por la CGT en las refinerías, sobre todo, es una importante toma de conciencia contra el sistema, contra la plutocracia de Bruselas, contra la sumisión a EEUU y un importante inicio de la convergencia de las luchas sindicales, políticas y sociales. 

Al menos en Francia, el otoño está siendo cálido.

Y cálido es también el tiempo en China. Los primeros documentos conocidos del XX Congreso no están defraudando. China ya no está "erguida", como se afirmaba en el XIX Congreso, sino en una posición en la que "la influencia internacional, el atractivo y el poder de China para dar forma al mundo han aumentado significativamente", como ha dicho Xi en su discurso. No es hablar por hablar: en el tiempo transcurrido entre un congreso y otro, cinco años, China ha enfrentado un aluvión de ataques políticos, aranceles, sanciones financieras y restricciones comerciales por parte del Occidente colectivo que no solo no han doblegado al país, sino que lo han hecho más fuerte. Mucho más fuerte. Esto merece un desarrollo más detallado cuando termine el congreso.

Todas las estupideces habituales de los medios de propaganda occidentales se han visto hechas añicos. Xi Jinping, y el resto de dirigentes, tienen muy claro qué está pasando y qué hacer. "Mejorar nuestra capacidad de contrarrestar las sanciones extranjeras" es una de esas cosas, con lo que se da por hecho que no solo se mantendrá esa práctica "democrática" occidental, sino que se aumentará. Junto a ello, "acelerar el progreso tecnológico y la autosuficiencia". Esto significa que hay un nuevo enfoque en la ciencia y en la educación para reducir, cuando menos, la dependencia de la tecnología occidental.

Y cómo hacerlo: la palabra "socialismo" aparece reiteradamente, aunque con el consabido añadido de "con características chinas", y lo hace en un marco donde "pueblo" y "desarrollo" se complementan. Por el contrario, y siempre comparando con el XIX Congreso, las referencias a "economía de mercado" y "reforma" han disminuido. Es un síntoma claro de que eso de "prosperidad común" establecida en el XIV Plan Quinquenal de 2020 va en serio y que el objetivo de redistribución del ingreso y de la riqueza va más allá del plan quinquenal.

El mensaje para Occidente es claro: rechazo a su modelo. El mensaje para el resto del mundo, también: China es tan o más poderosa que Occidente y con un modelo de desarrollo mucho más atractivo.

El Lince

viernes, 14 de octubre de 2022

Yo, me, mi, conmigo (y el jardín)

"De lo contrario, nuestro modelo perecerá, no podrá sobrevivir en este mundo". Exacto. Por una vez, alguien en Occidente está reconociendo, a regañadientes, por supuesto, la realidad. Es Borrell hablando ante los embajadores de la moribunda UE esta semana. Es Borrell en estado puro. Es Borrell como portavoz del colonialismo occidental, ese que se vanagloria de que es un "jardín" amenazado por la "jungla" que está fuera y que o se corta y se modela (o sea, eso de orden basado en reglas) o se tragará el jardín. Fin de la historia. Occidente no da para más.

Todos los medios de propaganda han elogiado la "autocrítica" de este tipo en un río de palabras, las mismas, de valoraciones, las mismas, y de simplezas, las mismas. Todos los medios de propaganda han hecho lo que Borrell dice que hay que hacer: "La comunicación es nuestro campo de batalla: luchamos en la comunicación. Os facilitamos materiales y tengo la sensación de que no transmitís el mensaje con la suficiente fuerza. Necesito que mis delegaciones den un paso adelante en las redes sociales, en la televisión, en los debates. Retwittear nuestros mensajes, nuestros materiales del Servicio de Acción Exterior. Ciertamente, mi blog, que es la “consigna” de todos los días... Necesito que estés mucho más involucrado en esta batalla de narrativas. No es algo secundario. No es solo ganar las guerras enviando tanques, misiles y tropas. Es una gran batalla: ¿quién va a ganar los espíritus y las almas de la gente?"... "Los europeos hemos construido un jardín. Libertad, cohesión social, progreso económico. Fuera está la jungla y es poco habitable".

¿Libertad de expresión? Por supuesto. Esta es una nueva muestra de los "valores democráticos" occidentales. Aprended un poco de gramática castellana: yo, me, mi, conmigo. Fuera de aquí, el caos. Fuera de aquí, el miedo. Nuestro modo de vida está amenazado, no es que nosotros amenacemos ni que lo hayamos provocado; es que somos provocados, es que nos tienen envidia. Eso es lo que hay que repetir una y otra vez. O el jardín, o la jungla. Tú eliges. Pero si no eliges lo que te decimos que tienes que elegir, atente a las consecuencias (véase la respuesta a las huelgas en Francia).

Yo, me, mi, conmigo (y el jardín). ¿Cómo se dice en inglés? En inglés se dice Estrategia de Seguridad Nacional. Fijaos la secuencia: la OTAN hablando de ejercicios nucleares, Borrell defendiendo el jardín, EEUU hablando del jardín... justo cuando el domingo comienza el XX Congreso del Partido Comunista de China. El evento más importante no ya de este año, sino de este lustro. 

El mismo discurso, las mismas palabras, el mismo comportamiento. Fuera está la jungla. EEUU marca el camino y otros lo siguen. Es tradición que cada presidente de EEUU apruebe su ESN y Biden no ha sido la excepción. La pregunta es en qué se diferencia esto de lo de Trump. ¿Recordáis a todos esos papanatas de "izquierdas", Pablo Iglesias, Rafael Correa, Lula..., felicitando alborozados a Biden por la victoria? ¿Y sabéis que Boric quiere sustentar su presidencia con una visita de Biden a Chile? -estos son los referentes de la "progresía", así que hay poco que esperar de ella-. Trump hablaba de hacer América grande, Biden ha hecho a América grande: se ha tragado a Europa y Europa bala la melodía que le dicta EEUU. ¿Alguna oveja negra en Europa? Hungría, pero ya se sabe que Orban es autoritario, que reprime todo lo reprimible y especialmente los colorines arcoiris, que le hace ojitos a Rusia y Putin y que, en definitiva, es una flor que desluce el jardín.

No hay diferencias entre la ESN de Trump y la de Biden. Trump hablaba de que EEUU se tenía que oponer a "dos fuerzas revisionistas, Rusia y China". Biden ha ido más lejos: considera a China "el desafío geopolítico más serio" y a Rusia "la amenaza actual para la seguridad europea". EEUU tiene que hacer frente a ambas puesto que es "una potencia mundial con intereses globales" cuyo objetivo es "ampliar nuestra presencia en dos partes del mundo, Europa y la región de Asia y el Pacífico". Conjuntamente. Porque si no se hace así, "si una región se sume en el caos o está bajo el control de una fuerza hostil, esto afectará negativamente nuestros intereses en los demás". ¿Quién es esa fuerza hostil? Fácil: Rusia (mencionada 71 veces en el documento) y China (55 veces). Estos dos países son quienes están regando la jungla que amenaza el jardín. 

Rusia y China son las dos principales amenazas para el jardín, pero tienen naturaleza diferente. A la primera hay que contenerla, a la segunda superarla. Y los dos son, por supuesto, "autoritarios" mientras que los del jardín son "democracias". ¿Y Ucrania, dónde queda "el país 404"? En ninguna parte. Es la puerta que impide el avance de la jungla, por lo que hay que defenderla a toda costa porque solo derrotando a Rusia se podrá derrotar a China, dado que "la próxima década será una década decisiva para que Estados Unidos compita con China".

¿Y Europa qué dice a esto? Borrell de nuevo: "delegamos nuestra seguridad a los Estados Unidos. Si bien la cooperación con la Administración Biden es excelente y la relación transatlántica nunca ha sido tan buena como lo es hoy, estamos en una relación fantástica y cooperando mucho; ¿quién sabe qué pasará dentro de dos años, o incluso en noviembre?... Ustedes, los Estados Unidos, se ocupan de nuestra seguridad. Ustedes, China y Rusia, proporcionaron la base de nuestra prosperidad. Este es un mundo que ya no existeEntonces, tenemos un cóctel difícil, interno y externo, y las viejas recetas ya no funcionan. Tenemos crecientes desafíos de seguridad y nuestra cohesión interna está amenazada".

La hegemonía occidental está desapareciendo y Occidente se está resistiendo a ello, pero cada vez comete más errores. Rusia nos ha metido de un empujón en un nuevo mundo, que ya existía, el mundo multilateral, y lo que pasa cuando recibimos un empujón y no caemos es que avanzamos varios metros de golpe. No todos. Europa no avanza, retrocede y está a punto de caer. El jardín se desmorona y la jungla (la multipolaridad) es presentada como la amenaza porque en la jungla ya se sabe lo que hay: gente no blanca, con otras culturas, con otros valores. Inaceptable.

Yo, me, mi, conmigo (y el jardín) para cortar de raíz cualquier posibilidad de coexistencia pacífica (esos bárbaros e incivilizados que viven en la amenazante jungla) y armoniosa entre las diferentes civilizaciones, que son muchas más que la occidental. El enemigo está ahí fuera, amenazando. Todo Occidente tiene que ser consciente de ello y para eso no hay que pensar, solo repetir: o conmigo o contra mí (Bush dixit). Ya lo ha dicho también otro emblemático medio de propaganda, el New York Times: "la ESN es una oda de auto-celebración al poder estadounidense". Yo, me, mi, conmigo (y el jardín). 

El Lince