miércoles, 3 de junio de 2020

El momento oportuno

Tras la burla, llega el momento de ponerme serio. Pero no con EEUU, si no a costa de EEUU. Porque lo que está ocurriendo es el acelerador de muchas cosas, especialmente la que importa: la desdolarización.

Lo he dicho y lo repetiré: EEUU no tiene ya nada más que un solo poder, el económico. Ni el militar, ni el político y ni siquiera el social si es que este último lo tuvo alguna vez más allá del mundo peliculero. EEUU es un matón de barrio que solo se atreve con los pequeños y que recula cuando otro grande le hace frente. Mucha parafernalia verbal contra China, mucha aprobación de leyes, mucho de todo pero que solo ha servido como acelerador de la respuesta china.

Los chinos son, ante todo, confucionistas y su concepto del tiempo no es el nuestro. Ellos siempre miran a largo plazo, siempre, y no solo es algo que reflejó Mao. Pero llega un momento en el que el largo plazo de China empieza a acortarse. Y ahora es el momento oportuno.

Dos son los movimientos que hay que tener en cuenta, que en realidad son uno y consecuencia de lo mismo: de la agresión económica de EEUU.

EEUU utiliza al arma económica (las sanciones) porque no tiene otra. Meteros eso en la cabeza y dejad de autojustificaros con la historia del "imperio" (el sueño y la pesadilla). EEUU no es ningún imperio, es una Roma ardiendo, literalmente, y sosteniéndose solo y únicamente por el dinero. Hasta ahora.

Cuando el Congreso Nacional del Pueblo chino anunció la semana pasada que elaboraría una ley de seguridad nacional para Hong Kong, el matón de barrio hizo el movimiento en falso definitivo: amenazar con retirar a China del sistema SWIFT (las transacciones financieras internacionales) donde el dólar es la moneda única. Solo se ha hecho con Irán, dos veces, en 2012 (lo que obligó al país persa a aceptar el acuerdo nuclear con EEUU, China Rusia, Francia, Gran Bretaña y Alemania) y en 2018 (cuando EEUU abandonó unilateralmente este mismo acuerdo nuclear). Pero se ha amenazado a Rusia con lo mismo (en 2014, cuando el referéndum de Crimea) y ahora a China.

No sirve de mucho porque China tiene su propio sistema de transacciones financieras, el Sistema de Pagos Interbancarios de China (CIPS, en inglés), que representa ya entre el 10% y el 29% del comercio exterior chino, dependiendo a quién se haga caso. Según los datos chinos (los más favorables, pero también de los que hay que fiarse), el CIPS movió el año pasado, en diversas monedas, incluyendo el dólar, un equivalente a 2 billones de euros con un aumento del 97% respecto a 2017 y del 233% a 2018. Por dar más cifras, de los 176 bancos e instituciones financieras, chinas y extranjeras, que inicialmente se sumaron al CIPS se ha pasado a los 2.266, y subiendo.

Es decir, que aunque el porcentaje de transacciones financieras chinas a través del SWIFT se mantiene alto, no es estrangulador ni mucho menos y estaría por ver si el resto de vasallos occidentales aceptaría tal decisión. China (o Rusia) no son Irán, desde luego. Y si con Irán hay una pequeñísima revuelta europea, con China ya sería total. Algo que no se puede permitir EEUU.

Pero EEUU tiene que aparentar que sigue siendo el baranda mundial, y por eso recurre a la amenaza económica porque sabe que es su única baza. Y aunque sea totalmente improbable que se ejecute, China acaba de dar el paso definitivo para el fin del dólar como moneda mundial: la digitalización del yuan.

La historia no viene de ahora, sino del año 2008. ¿Recordáis lo que pasó entonces? La otra gran crisis capitalista. China lo vio y, al tiempo que salvaba al mundo, comenzó a moverse para hacer del renminbi o yuan una moneda internacional. Así, presionó para que se incorporase en las monedas de reserva del Fondo Monetario Internacional (que se resistió casi durante dos años, aunque finalmente tuvo que tragar en 2015 y está operativo desde 2016) como Derecho Especial de Giro. Desde entonces, el yuan representa el 1'9% de los DEG del FMI aunque cada vez es mayor el número de bancos centrales de todos los países que lo incorporan a sus monedas de reserva.

China, una vez logrado ese objetivo, se limitó a esperar y ver lo que hacía el resto del mundo. Fue presionando hacia su moneda por otras vías, como con la creación del Banco Asiático de Inversión en Infraestructiras (BAII) en 2016, la Bolsa de Oro de Shanghai (2016) y el petro-yuan (2018). Si os fijáis, la secuencia es la misma: un movimiento cada dos años. Luego este año toca hacer otro. Y ya se ha hecho.

China acaba de anunciar oficialmente que pone en marcha la digitalización de su moneda. Lo hace cuando acaba de terminar la sesión anual del Congreso Nacional del Pueblo en la que se ha certificado el giro hacia adentro del país, es decir, hacia el consumo interno. No es una cuestión solo del coronavirus, sino de la realidad porque el consumo interno creció el año pasado el 64%, mucho más que el comercio exterior. Eso significa, lisa y llanamente, que China se va a convertir, aún más, en el destino final de las relaciones comerciales del mundo. Y eso le va a dar el impulso final al yuan porque la realidad es la que es y es China quien domina el comercio mundial.

China está recogiendo el desafío de EEUU, recogiendo y amplificando. De momento, la digitalización se está probando ya en cuatro ciudades: Shanghai, Shenzhen, Xiongan y Hainan. No han sido elegidas al azar (los chinos no hacen nada la azar), sino por sus características y significación. Shanghai es la ciudad más grande de China (23 millones de habitantes), además de un gran núcleo financiero; Shenzhen (13 millones) es el espejo socialista donde China está reflejando al Hong Kong capitalista; Xiongan (2'5 millones), es llamada "la ciudad de los sueños" porque en ella se están llevando a cabo los principales experimentos urbanísticos tanto ecológicos como sociales y con tecnologías punta; y Hainan (10 millones) es, después de Hong Kong, el principal puerto de libre comercio.

Está previsto que para el 2021 se añadan otras ciudades a la lista y que en 2022 esté prácticamente operativo para acoger a los Juegos Olímpicos de Invierno. Ese será el pistoletazo de salida a nivel mundial porque quienes participen o asistan, y serán muchos miles de extrajeros, solo van a utilizar la moneda local y desde sus aplicaciones móviles. Y ese será el comienzo del fin definitivo del dólar como moneda hegemónica. Seguirá siendo importante durante unos años más, pero no decisivo como es ahora.

La economía occidental está de capa caída, tanto en EEUU comoe en sus vasallos europeos y asiáticos; se enfrenta a una contracción pronunciada y prolongada de la que no va a salir con la facilidad que en 2008 porque, a diferencia de entonces, China ahora no va a tirar del carro. Y si de la crisis del 2008 el mundo capitalista aún no había salido (véase el caso español o italiano, sin ir más lejos), y han pasado 12 años, no hace falta imaginarse cuánto tiempo tardará en reparar alguna de las grietas de ahora. Porque el destrozo es mucho mayor.

Es en este escenario en el que China hace este movimiento. Acelerará la cohesión de la Nueva Ruta de la Seda contrarrestando el unilateralismo y la hegemonía de EEUU porque a medida que se extienda el yuan digital EEUU perderá su "poder nuclear" monetario. Y es, también, el golpe definitivo al lavado de dinero de las mafias occidentales que se hace en Hong Kong.

P.D.- Como no me puedo resistir a la burla, dentro de la tragedia, aquí tenéis a un convoy de las fuerzas del régimen dictatorial de Trump tras una emboscada de las fuerzas democráticas negras con el apoyo de la "oposición democrática y rebeldes moderados".



Y como no me puedo resistir a otro tipo de lenguaje, un recordatorio de los pioneros blancos antirracistas y antifascistas. The Almanac Singers, grupo en el que estaban dos clásicos como Woody Guthrie y Pete Seeger.

 

 
El Lince

lunes, 1 de junio de 2020

Un espectáculo hermoso para la vista

Racismo en Estados Unidos, protestas en Estados Unidos. Protestas que han dejado imágenes épicas. Un espectáculo hermoso para la vista. Y esta frase no es mía, es de Nancy Pelosi, la baranda en jefe del Partido Demócrata de Estados Unidos... dicha en septiembre de 2019 refiriéndose a las protestas de Hong Kong y un poco antes de que el Congreso aprobase la Ley de Derechos Humanos y Democracia en Hong Kong.

Así que viendo las protestas en EEUU no puedo más que dar la razón a la Pelosi: es un espectáculo hermoso para la vista.

Sería fácil hablar de "la revuelta de los excluidos", de  ponerme serio y trascendental y hablar de "instantes de deslumbrante conocimiento de la realidad estadounidense", de cómo el racismo y la exclusión están tan arraigados en EEUU como la coca-cola y la comida basura. De cómo la violencia estatal no es solo un asunto de policías porque es estructural. De cómo "el faro del mundo libre y democrático" muestra sin vergüenza su rostro y su verdad. Sería fácil hablar de cómo es precisamente por ello por lo que hay que apoyar a quienes protestan en EEUU y sonreír diciendo, como Nancy Pelosi con Hong Kong, que estamos asistiendo a un hermoso espectáculo y ojalá se convierta en algo mayor.

Pero, mientras tanto, he decidido ir por otro camino mientras veo este hermoso espectáculo.

Y me imagino a los chinos, al Congreso Nacional del Pueblo que ahora acaba de reunirse, aprobando una Ley de Derechos Humanos y Democracia para los Negros en EEUU y amenazando con sanciones a EEUU si no respeta sus derechos y si militariza la situación con el envío de la Guardia Nacional y el Ejército.

¿Ah, que esto último ya lo ha hecho EEUU? Cierto, por eso EEUU es el país excepcional, por ser el primero en todo. No había caído, así que daré un rodeo.

Elaboraré entonces un mapa de quién es quién y qué representa ahora mismo en EEUU, al estilo de lo que EEUU ha venido haciendo en Siria.


El rojo representa a las fuerzas del régimen dictatorial de Trump, en sus diversas variantes.
El verde a la "oposición democrática y los rebeldes moderados", en sus diversas variantes (1).
El amarillo a las fuerzas democráticas negras que quieren empoderamiento político y social, en sus diversas variantes y sin apoyos externos.
El morado a los mexicanos, dejando la invasión callada de los "espaldas mojadas" y haciéndola de forma abierta para recuperar lo que perdieron, partiendo de una columna de resistencia histórica de la Baja California.

A la vista de ello, y dado que EEUU es un estado fallido, la comunidad internacional exige la salida inmediata del poder del dictador Trump y el inicio de una transición democrática. En caso de no hacerse así, impondrá sanciones a EEUU (y Venezuela y Cuba facilitarán esas sanciones de inmediato con un bloqueo naval). La ONU está dispuesta a acoger en Ginebra negociaciones entre los diferentes actores estadounidenses para redactar una nueva norma constitucional y reconocer los derechos de los negros. La UE estudiará el posible envío de alguna fuerza militar para ayudar a las fuerzas democráticas negras y encabezará una coalición internacional para oponerse al dictador.

Divertido si no fuese trágico. Sobre todo porque Trump acaba de nombrar a los antifascistas (a quienes acusa de las revueltas) de Antifa como "organización terrorista", es decir, en román paladino: vía libre para los asesinatos. Por parte de la policía y de las milicias racistas y supremacistas.

Explico la nota (1): ha sido el gobernador de Minnesota, un demócrata del pàrtido de mi muy admirada Nancy Pelosi (sin ella no hubiese sido posible este titular), quien ha dicho que las protestas son "terrorismo interno" y ha ido un poquito más lejos al decir que no solo es una cuestión de "extremistas ideológicos" sino que se puede tratar de "una desestabilización internacional". Es lo que tienen los "progres", aquí y allí. Y a este partido pertenece el "super progre" Bernie Sanders, tan jaleado por los "progres" del mundo mundial.





 PD.- Como sabéis, estos días he estado viendo los medios de propaganda árabes, sobre todo del Golfo Pérsico pero también de Jordania y Egipto (incluyo a los que se editan en EEUU y en Londres) con el tema de los petroleros iraníes a Venezuela y ¡oh, sorpresa!: solo se han hecho eco del asesinato y de la revuelta en EEUU los dos primeros días, ahora el tema está desaparecido. Es decir, cinco días sin decir nada. La pregunta que se hacían cuando llegaron los petroleros iraníes sin que EEUU interfiriese, tal y como había anunciado, aún les está resonando en la cabeza y han decidido, simplemente, ocultarlo. Lo que no se dice, no existe (aunque haya internet, esto siempre tendrá un recorrido menor que las televisiones, por ejemplo, entre ciertos sectores sociales; y no digamos los periódicos). Los vasallos tiemblan mucho, pero que mucho más, cuando el amo aparece desnudo.

El Lince

viernes, 29 de mayo de 2020

Los perros ladran, pero la caravana pasa

Es un viejo proverbio árabe que no se sabe de cuándo pero se estima que de allá por los siglos XI-XII. Y es lo que hay que decir cuando el quinto petrolero iraní está a punto de llegar a Venezuela.

Quienes sigáis esta página sabréis que el mundo árabe ha sido relatado y retratado en múltiples ocasiones, producto de varios años de recorrerlo. Así que no me es desconocido, aunque sí últimamente algo aburrido. Pero cuando se conoció la noticia del acuerdo Irán-Venezuela, o Venezuela-Irán, me tomé la molestia de ver qué decían los propagandistas árabes sobre el tema y lo he venido siguiendo hasta ahora.

En todos los países del Golfo Pérsico circuló un único titular: "Washington está decidido a evitar que los petroleros iraníes lleguen a Venezuela". Se hacía con regocijo y al leer esta propaganda la sensación que me quedó es que no era tanto un deseo como una orden, que las monarquías del Golfo estaban diciendo a EEUU lo que tenía que hacer (aunque bien es cierto que ayudó la fanfarronada habitual de Trump de que Venezuela estaba "rodeada").

Mal asunto: los petroleros han llegado. La decepción es enorme, aunque no se desesperan (del todo) y ahora se dice que EEUU tiene la opción de capturar los petroleros cuando regresen de vacío y que de no hacer nada "la reputación de EEUU está en juego" porque "si el desafío iraní termina sin respuesta de EEUU alentará a Teherán a enviar más petroleros y, además, alentará a otras partes sujetas a sanciones a hacer lo mismo".

Los sumisos hacen alarde de una cosa, de su impotencia, y muestran a las claras que sin EEUU no son nadie, que Irán está muy por encima de ellos (lo mismo habría que decir de Venezuela respecto a los países latinoamericanos).

En lo que no había caído yo hasta que lo he leído en estos medios de propaganda es en que Irán y Venezuela, Venezuela e Irán, han cronometrado todo y en fechas emblemáticas para los musulmanes: así, el primer petrolero llegó a aguas venezolanas el 24 de mayo, el día del Eid al-Fitr, el fin del Ramadán. Ayer os hablaba de que los dos países han hecho un acto que trasciende el simbolismo y no me equivoqué porque Irán ha transmitido un mensaje demoledor al mundo musulmán en una de sus fechas sagradas. Y eso se nota ahora, según lo que voy leyendo, porque en los países árabes este hecho no ha pasado desapercibido y ha sido, casi, como una afrenta para ellos: honrar el Ramadán abofeteando a EEUU.

El mundo árabe, especialmente el Golfo Pérsico, está viviendo entre la sorpresa y el enojo. El que los petroleros iraníes "estén haciendo un desafío impresionante y sin precedentes al país más grande del mundo" no entraba en sus cálculos, por lo que se preguntan, perplejos, "¿qué está pasando?".

Pues pasa que hay voluntad política de dos países de reforzar su soberanía y dejar de ser sumisos y vasallos a EEUU. Y pasa que la pandemia ha puesto al desnudo las vergüenzas del Occidente neocolonial y, sobre todo, de EEUU.

Y aunque EEUU responda, seguramente en el lado más débil, Venezuela, vemos la velocidad a la que el mundo está cambiando. Irán y Venezuela, Venezuela e Irán, han puesto en valor la geopolítica de los pequeños, del "sur-sur".

El Lince

miércoles, 27 de mayo de 2020

La apertura de un sueño

Y los sueños, sueños son, decía Calderón de la Barca. Soñamos con un imperio que ya no es imperio aunque nos empeñamos en seguir hablando de ese imperio como si todavía fuese imperio. Estamos cómodos con los sueños cuando no son pesadillas. Así que puestos a hablar de sueños, hablemos de lo que están haciendo Irán y Venezuela, o Venezuela e Irán. Porque no es otra cosa que la apertura de un sueño. Otro sueño.

El sueño del "sur-sur" que rompe definitivamente la hegemonía del "norte-norte". Después de que casi todos abandonasen a Venezuela y la dejasen como "presa fäcil" del bloqueo de EEUU nos encontramos con la sorpresa iraní. Irán ha decidido aceptar el desafío, el demostrar que siempre hay que combatir. Porque quien combate puede perder, pero también ganar. Porque quien no combate, ya está vencido.

Lo hizo cuando la historia del petrolero retenido por Gran Bretaña cuando llevaba petróleo a Siria. Y ganó. Ahora lo ha vuelto a hacer con el acuerdo con Venezuela y en unos momentos en los que Venezuela también ha decidido combatir. Los cinco petroleros enviados, de los que dos ya han llegado, no van solos sino que forman parte de un programa de mayor alcance como la llegada de ingenieros y material para rehabilitar las instalaciones petróliferas de refinación. Eso en unos momentos en los que hay que recordar, también, que la petrolera rusa Rosneft se retiró humillantemente de Venezuela, en marzo, después de las sanciones (ilegales, según el derecho internacional) de EEUU. Y Rosneft, que administraba el 60% de la producción de petróleo de Venezuela y le abastecía con todas las necesidades de su mercado interno de diesel y gasolina, dejó al país caribeño desabastecido.

Si Samir Amin estuviese vivo habría no solo escrito sino teorizado sobre el maravilloso simbolismo de este hecho, de las profunzas promesas estratégicas que hay en este sueño de romper la dominación estadounidense a través no ya de la entente chino-rusa sino de la alianza "sur-sur". De la esperanza de los marginados, en definitiva. De la demostración práctica para naciones y pueblos de que no solo hay que resistir, sino combatir.

Porque el acuerdo Venezuela-Irán, o Irán-Venezuela, se produce en el contexto de una comprensión más amplia que también incluye proporcionar asistencia técnica y equipos para que la refinería más grande de Venezuela, ahora paralizada, vuelva a funcionar. Y porque EEUU está imponiendo a sus vasallos la prohibición de que permitan a los aviones iraníes sobrevolar sus territorios para que los repuestos y materiales lleguen a esa refinería.

No hay que perder de vista que EEUU impuso unilateralmente (de forma ilegal, según el derecho internacional) un bloqueo económico, naval y aéreo a Venezuela en 2017. No hay que perder de vista que EEUU y sus vasallos (europeos y latinoamericanos) lo mantienen incluso tras los intentos golpistas que han incluido no solo el caso más reciente, sino el intento de asesinar a Maduro y sus principales ayudantes durante un desfile militar en 2018.

No hay que perder de vista que EEUU ha militarizado el Caribe hasta unos extremos no vistos desde la invasión de Panamá en 1989. No hay que perder de vista que ni Venezuela ni Irán, ni Irán ni Venezuela, se han asustado y que están jugando sus cartas con confianza y con calma. No hay que perder de vista que Irán, con teatro o sin teatro, ha devuelto dos golpes a EEUU: derribando un avión espía y atacando a dos bases estadounidenses en Irak.

Samir Amin era un leninista y no se hacía ilusiones. Tampoco hay que hacérselas ahora. No hay que hacerse ilusiones sobre la capacidad real de Irán para auxiliar a Venezuela cuando él mismo está en una situación difícil. No hay que hacerse ilusiones sobre Rusia y China que si bien están salvando a Venzuela no están haciendo tampoco que despegue (digamos que no la dejan morir). Pero es indudable el profundo significado, ya más allá del símbolo, que supone la llegada de los petroleros iraníes rompiendo uno de los mitos estadounidenses. Como diría Samir Amin, se ha roto uno de los techos de la hegemonía estadounidense: el discurso.

Los petroleros iraníes han recorrido miles de kilómetros, han atravesado el Canal de Suez, el estrecho de Gibraltar y se han adentrado en el Caribe. Es decir, han pasado por tres centros de influencia y hegemonía estadounidense. Todo un símbolo que ha dado un paso más y ha hecho que estemos un poco más allá de esa fase, del símbolo, y en la apertura de un sueño. Un sueño que permita construir la acumulación cuantitativa entre los países del sur en unos momentos en los que el norte de deshilacha como consecuencia del coronavirus. Con sus especificidades, porque Irán seguirá siendo un país islámico y Venezuela intentará seguir adelante con su bolivarianismo "semisocialista" utópico. Y entre medias hay muchas otras variantes.

No sé cómo se está viendo esto en China y en Rusia, pero seguro que hay mucho interés. ¿Han establecido Irán y Venezuela un precedente? Sin duda, porque se ha puesto de relieve que países pequeños pueden , al menos, perturbar la efectividad del instrumento de guerra preferido por EEUU (dada su debilidad militar): las sanciones, las presiones económicas, comerciales y financieras. ¿Veremos a petroleros chinos y/o rusos seguir el mismo camino? Lo dudo, al menos por ahora. Pero la puerta ahora está abierta. Si lo hiciesen sería la contribución decisiva para paralizar la herramienta de guerra estadounidense. Supongo que China está a la espera de la certificación "oficial" de la guerra fría lanzada por EEUU. Supongo que Rusia está a la espera de ver si la UE afloja algo su dependencia de EEUU. Pero Irán y Venezuela están ayudando sin la menor duda.

Dos petroleros iraníes ya han llegado a Venezuela, otros tres lo harán en breve. La acción, aunque simbólica, trasciende el simbolismo. EEUU está lamiéndose el arañazo y no va a aceptar el establecimiento de un estado de ánimo global que le ponga en ridículo y más en América Latina. Pero los dos países, Irán y Venezuela, Venezuela e Irán, han ganado un poquito más de confianza en sí mismos y nos han elevado un poquito más el nivel de confianza en el "sur-sur".

Mientras el mundo sumiso duerme, dos países díscolos han abierto una pequeña puerta al sueño.

El Lince

lunes, 25 de mayo de 2020

Sonido de ollas y sartenes



Tencere tava havasi, canción popular turca convertida -desde 2013- en icono de la protesta contra Erdogan y los islamistas.



El Lince

sábado, 23 de mayo de 2020

Primero, el pueblo

Ya está claro todo. La reunión del Congreso Nacional del Pueblo de China ha aprobado una serie de cuestiones que deberían poner en cuestión muchos parámetros mentales. ¿China es capitalista? Sin duda, pero un capitalismo "sui géneris" que está subordinado al interés del Estado como ha quedado claro en la pandemia.

Cuando dejemos nuestras fobias internas y nuestros parámetros occidentales veremos que la combinación de elementos del socialismo y del capitalismo es un hecho. Pero es la planificación la determinante. Y ahora lo vuelve a ser. Porque lo que ha aprobado el Congreso Nacional del Pueblo de China está claro: primero, el pueblo. Esta combinación del capitalismo y la planificación es lo que se llama "socialismo con características chinas".

Como de costumbre, todo lo que los propagandistas habituales han publicado no tiene que ver con la realidad, o tangencialmente. Y se hace con tonos alarmistas y catastróficos porque China no ha establecido un porcentaje de crecimiento anual como venía haciendo. Es decir, la visión occidental de políticas fiscales y monetarias expansivas que crean burbujas y que luego algún imbécil utiliza para justificar la destrucción de lo público, mal llamada "recortes", con el infame argumento de que "vivimos por encima de nuestras posibilidades".

China ha actuado justo al contrario de lo que hace Occidente y eso se interpreta como que China está casi en apuros por la pandemia.

Para nada. Lo que ha hecho el Congreso Nacional del Pueblo es centrarse en la gente, en el pueblo. En su lenguaje habitual, se habla de "las seis áreas" en las que se han centrado y que son, y por este orden: seguridad en el empleo, mejora de los medios de vida de las personas, sistema de mercado, suministro de alimentos y energía, cadena de suministro industrial y servicios públicos. Veis que al menos cuatro de ellas tienen que ver con la gente, con el pueblo, no son, digamos, "empresariales".

Pero de todo lo que se ha aprobado a mí lo que me interesa es el Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social. Porque lo que se ha decidido es apostar por el empleo, por la atención médica y por el aumento de las pensiones sobre todo. Y esto último no es baladí: en China hay 300 millones de pensionistas, es decir, el 30% de la población. Y en cuanto al empleo, se apuesta por crear 9 millones de puestos de trabajo solo en las ciudades, así como mantener el combate contra la pobreza en el mundo rural y debajarla a la mitad, de los 11 millones que hay ahora a 5'5 exactamente en este año.

¿De donde va a salir el dinero? Pues entre otras cosas, de la reducción de los gastos militares. El año pasado suponía el 7'5% mientras que ahora queda reducido al 6'6%. Comparad lo que hace EEUU y Europa, por ejemplo. En unos momentos en los que la agresividad estadounidense es evidente, China opta por lo que siempre hay que apostar: primero, el pueblo.

Y eso supone que se incremente el déficit público (el miedo de los neoliberales) desde el 2'8% al 3'6%. Eso significa, entre otras cosas, un aumento de salarios.

 No se dejan desamparadas a las pequeñas y medianas empresas, para quienes se establece una reducción de impuestos y se estipula que no tendrán que pagar los préstamos e intereses que les sean concedidos hasta dentro de un año. Pregunta: ¿por cuánto tiempo se hace eso en Occidente? No más de dos meses.

Se establece que el Partido Comunista impulsa a la ciudadanía a que se compren productos de las empresas de exportación chinas para solventar la caída de las exportaciones y eso, en el corto plazo, va a suponer una recuperación notable para ellas.

Y siendo todo lo demás importante, la guinda: China abre la puerta a la reducción de las horas de trabajo para fomentar el empleo. Hasta ahora solo un país, Nueva Zelanda, se ha planteado algo similar.

También se habla de aumentar y mejorar la infraestructura pública de salud, de acelerar la investigación y el desarrollo de vacunas y medicamentos y de mejorar el mecanismo de prevención de enfermedades infecciosas.

No solo se habla de infraestructura pública de la salud, sino de la otra, de forma especial en las nuevas tecnologías (5G) e inteligencia artificial. 

Y otro dato: aumentar en casi 6 millones de hectáreas las tierras de cultivo. Es decir, se apuesta por la soberanía alimentaria aunque este es un objetivo difícil de cumplir ante los casi 1.500 millones de chinos. Aunque China lleva años luchando contra los desiertos.


Es decir, China se sitúa en las antípodas de lo que hizo en 2008, cuando salvó al mundo capitalista impulsando los créditos financieros para las grandes empresas. Ahora lo hace justo al revés.

P.D.- Alguna gente ha considerado que me pasé cuando hablé de la diferencia abismal entre las tasas de contagio y mortalidad por el coronavirus entre Oriente y Occidente. Pues nada, comparad y sacad vuestras propias conclusiones.


El Lince

viernes, 22 de mayo de 2020

Y se ha hecho mayor

Que el siglo XXI ya está pivotando sobre Eurasia no solo es una realidad. Nació en 2008, cuando la otra gran crisis capitalista, y ahora se ha hecho mayor. Si hay alguien que haya estudiado historia entre quienes leéis esto, apuntad que este mes de mayo ha comenzado "el siglo asiático" de forma irreversible.

Occidente sigue sumido en el caos más absoluto por la pandemia del coronavirus, con EEUU no sabiendo cómo reaccionar más que con las habituales amenazas fuera y sin nada dentro, y con la UE mostrando su máscara muerta porque 76 días después de que se extendiese la pandemia no ha tomado ninguna decisión pese a todas las tonterías que se han ido apuntado y con las grietas entre las tres UE, o cuatro si contamos al frente franco-alemán, ensanchándose cada vez más.

Mientras tanto, allá en el lejano Oriente, las cosas van por otro lado y sin mirar solo a China. Así que mientras espero a lo que salga del Congreso Nacional del Pueblo, la gran reunión anual parlamentaria de China, os apunto algunas cosas de allá que tendrían, por lo menos, que haceros pensar que eso de la hegemonía occidental es un cuento de hadas.

No solo China, sino Vietnam, Corea del Sur, Singapur o Taiwan mismamente llevan ya mucho tiempo rehaciéndose de la pandemia, social y económicamente. Si hay que hacer caso a los datos, la recuperación económica asiática es consistente, tanto como su éxito al combatir la pandemia. Los datos frente a Occidente son abrumadores, y no los veréis en ningún medio de propaganda habitual de esos que se llenan la boca con las chorradas habituales: por no abrumaros diré solo que la tasa de mortalidad del COVID-19 en estos países que tomo como referencia es menos de una centésima parte de las de España, Italia, Gran Bretaña o Francia y que en el caso de EEUU es casi de una milésima parte. En este país, y a día de hoy, son ya 1'6 millones los contagiados y 95.000 los muertos.

El desastre está ahí, es visible y si se quiere, cuantificable. Se pueden poner datos uno tras otro, como las caminatas de la oruga procesionaria, y no terminaría nunca.

No solo es el éxito de unos sistemas muy diferentes a los nuestros, culturales sobre todo, sino también en cómo precisamente por lo anterior el continente asiático trabaja en la prevención de enfermedades mientras que Occidente se centra en curar (a mayor gloria de las farmacéuticas, ¡viva el mal, viva el capital!). No hay que perder de vista cómo en Asia tene un importante papel, reconocido oficialmente en China, la medicina tradicional.

Pero no quiero hablaros de eso sino de Eurasia como eje del siglo XXI. Desde 2008, y a iniciativa de China y de Rusia (por este orden), el continente asiático ha dado una vuelta a su sistema económico y ahora actúa como un bloque económico muy cohesionado, tanto o más que la moribunda UE por hablar de algo cercano: en solo 12 años ya el 60% de todo el comercio de los países asiáticos es entre ellos, un porcentaje algo superior al de la UE, por ejemplo. Y la UE lleva ya funcionando 60 años y 20 desde sus ampliaciones.

Ni qué decir que China es el gran motor y que sus iniciativas como la Nueva Ruta de la Seda han dado impulso y puesto los cimientos para ello. Por eso es importante el Congreso Nacional del Pueblo, porque lo que salga de ahí, especialmente en nuevas tecnologías e inteligencia artificial, va a ser determinante. Porque, además, en unos momentos en los que la agresión estadounidense va a ir a más, China tiene que replantearse muchas cosas (como los tratados comerciales) y ahí entra de nuevo Eurasia y cómo se va a canalizar eso en la Nueva Ruta de la Seda.

Hay que añadir que tanto el Congreso Nacional del Pueblo (Parlamento) como la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino (órgano de consulta) son en gran parte ceremoniales y lo que hacen es ratificar el trabajo realizado por las comisiones permanentes que trabajan todo el año, por lo que no es probable que haya variaciones a lo que ya se conoce (aunque siempre hay alguna sorpresa), como que no se establece un porcentaje de crecimiento (aunque se estima que puede ser del 3%, superior al 1'2% que pronosticaba el FMI en su "informe de primavera") y que, en cualquier caso, seguiría estando muy por encima de Occidente, este sí sumido en una profunda recesión como también reconoce el FMI en ese informe.

Lo interesante, para mí al menos, es cómo quedará el Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social en el que se marcarán los objetivos para "una sociedad socialista moderadamente próspera" y que tendría que ser (utilizo el condicional porque esto es lo que no tengo claro) un plan quinquenal en una situación normal, pero ahora no lo es. Y lo digo porque en 2008, cuando la otra crisis -que no tiene nada que ver con esta- China puso en marcha un plan masivo de inversión pública de casi 450.000 millones de euros con el objetivo de que no afectase ni al empleo ni a la sociedad en general. Y está claro que lo logró.

El Lince