sábado, 14 de julio de 2018

¡Demócratas!

El Estado español (España, para otras latitudes) es un estado canalla. Con todas las palabras.

En Pamplona se ha denunciado a los vecinos de un barrio por colocar pancartas denunciando el asesinato de un militante comunista en 1978, Germán Rodríguez.


Nunca se juzgó a los responsables. El crimen sigue impune 40 años después. La policía y los responsables políticos del Estado canalla han denunciado a los vecinos por "contenido injurioso contra las instituciones del Estado", además de "formar parte de una campaña de incriminación, desprestigio e incitación al odio contra la policía española".

En Catalunya hay hoy una manifestación por la libertad de los presos políticos independentistas y por el regreso de los exiliados. Y como no se pueden parar las ansias de libertad, ni con detenciones ni con intimidaciones, de nuevo la música (aunque hay 12 artistas procesados o encarcelados, el número más alto del mundo).


"¡Ni un paso atrás!", es el título de la canción. Es una adaptación del tema de Bruce Springsteen "No surrender".

Una solidaridad que llega, también, desde un histórico de la música y de la reivindicación: Tom Morello. Ex Rage Against de Machine y hoy en Prophets of Rage, no tiene ningún empacho en hacer pública su solidaridad con Catalunya.


Los Comités de Defensa de la República han ocupado el símbolo de la represión franquista en Barcelona, la antigua cárcel de la Modelo, ahora gestionado el espacio por el Ayuntament de Barcelona y que la empresa de seguridad que lo "cogestiona" no ha podido impedir la entrada de los y las militantes.


El Lince

lunes, 9 de julio de 2018

El sueño del loco

El miércoles y el jueves se reúne la OTAN. Mientras los pueblos de los países que la integran languidecen, este engendro militar se reúne en una sede que ha costado 1.021 millones de euros (1.200 millones de dólares). Están de estreno. Y tal vez de entierro.

Pese a toda la parafernalia la OTAN está más débil que nunca y asistiremos a un tira y afloja por gastar el 2% de los Productos Interiores Brutos de los diferentes países en temas militares. La clave de todo la tiene Trump. Como siga empeñado en el tema, la OTAN saltará por los aires. Pero no hay que adelantar acontecimientos porque la reunión se celebrará unos días antes de la que realmente importa: Trump-Putin.

Como se llegue a acuerdos entre ellos lo que adopte la OTAN va a ser irrelevante y este engendro, el único en el que hoy se aferra la hegemonía occidental -especialmente la europea-, va a quedar históricamente tocado. La disminución de las tensiones con Rusia no está en su médula espinal, todo lo contrario, por lo que si Trump decide que hay que dar el paso de reconciliarse con Rusia la OTAN y su parafernalia militarista va a quedar con el culo al aire. La OTAN, la moribunda Europa y el Pentágono son hoy la tríada que está cruzando los dedos para que la cumbre Trump-Putin sea un fracaso.

La OTAN lleva 24 años riéndose de Rusia, cuando el "progre" Bill Clinton decidió pasarse por el forro las promesas hechas a Gorbachov sobre la no ampliación al Este. Una genocida como Madeleine Albright, esa que justificó la muerte de medio millón de niños iraquíes en aras de la "democracia", fue quien dio cuerpo "intelectual" a la expansión hacia el Este. Esta genocida fue la que acuñó el concepto de "amenaza rusa" que sigue vigente hoy. Esto de los "valores democráticos" de Occidente, y de la OTAN, es tan grotesco que no merece ni una palabra.

Sólo un loco, y sólo cuando sueña, es capaz de aceptar semejante estupidez. Pero los locos son imprevisibles e impredecibles. La OTAN es un antro de locos, pero no en el concepto de Roland Laing cuando defendía a los locos argumentando que son aquellos que se niegan a cumplir las normas. Sin una introspección sobre cómo se ha llegado a este grado de paranoia es imposible hablar en serio de la OTAN, que está débil y en un callejón sin salida.

En 2017 la OTAN realizó 28 ejercicios militares, más de dos al mes. Y quien empujó para ello fueron los países europeos. Eso son miles de millones de euros, y de dólares, y eso es lo que pone de los pelos a Trump porque el 80% de toda la carga financiera y militar de la OTAN es de EEUU.

Los rusófobos (Polonia y los países bálticos, sobre todo) están presionando tanto a la OTAN como a EEUU. Hungría, Grecia, Italia y Bulgaria dicen que no, que hay que normalizar relaciones con Rusia. Alemania está entre la espada y la pared con el gasoducto Corriente del Norte 2. Francia también da una de cal y otra de arena... Es decir, ese zombi que es la UE vuelve a mostrar sus grietas. Apuntalar la "solidaridad euroatlántica" frente a la "amenaza rusa" es cada vez más difícil y se está volviendo cada vez algo más ilógico.

Y aquí aparece Trump, un tipo que no ve beneficio alguno en esta historia y que se siente utilizado cada vez más. El G-7 dio una buena muestra de ello. ¿Es Rusia un enemigo existencial? Esa es la gran pregunta que se resolverá en la reunión Trump-Putin y que puede hacer obsoleta a la OTAN. Porque la OTAN, que va de estupidez en estupidez como la que acaba de decir al felicitarse porque "cuatro países de la OTAN acaparan el mundial de fútbol" (sic), se ha quejado públicamente porque no ha sido tenida en cuenta para planificar esta reunión trascendental. Eso lo ha reconocido el coordinador de Merkel para los temas otánicos.

La plutocracia de Bruselas está nerviosa. Habla de que esa reunión Trump-Putin "puede descarrilar la OTAN". Los vasallos que no se rebelan por los aranceles, piden aún más a su señor. Pero el señor se está cabreando. La semana pasada dijo en un mitin que "somos los idiotas que estamos pagando por todo, (…) nos matan en el comercio".

¿Cumbre de la OTAN? Atenderla, sí, pero con la mirada puesta en lo importante: el 16 de julio y la reunión en Helsinki entre Trump y Putin.

El Lince

sábado, 7 de julio de 2018

La primera grieta (y grande)

El zombi que es la Unión Europea está mostrando grietas cada vez más grandes tras la imposición de aranceles por parte de EEUU. Os dije que la plutocracia de Bruselas había rechazado la alianza ofrecida por China para hacer frente a la guerra comercial de EEUU. Y eso está generando, ya, la aparición de grietas que va a ser muy difícil taponar. La primera, y grande, es la que acaba de aparecer en el Este. Si, ese Este rusófobo resulta que ahora es prochino. Es una primera rebelión entre los vasallos.

Resulta que 16 países de Europa Central y Oriental, dentro y fuera de la UE (dentro Bulgaria, Croacia, República Checa, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Polonia, Rumanía, Eslovaquia y Eslovenia; fuera Albania, Bosnia y Herzegovina, Macedonia, Montenegro y Serbia y un tercero que está dentro, Grecia, está como observador de todo lo que ocurra) van a mantener una reunión con China a finales de este mes para hablar de comercio e inversión. Mientras que la plutocracia de la UE (representada por Alemania y Francia) insiste en que China quiere "dominar los mercados globales" (como es sabido no es algo que haga Occidente, ¡qué va!) y que "China representa una amenaza para las instituciones políticas de Occidente mediante el uso de la influencia económica para socavar y amenazar a la UE" (sic) estos países tienen otro criterio.

O traducido a un lenguaje más comprensible: mientras que la plutocracia se mantiene a bordo del Titanic mientras se hunde al mismo ritmo que se hunde la hegemonía occidental, hay algunos pasajeros que apuestan por utilizar las balsas. Son países pequeños, sí, y su volumen comercial con China no es grande pero saben lo que está en juego, conocen el potencial de la Nueva Ruta de la Seda y no quieren quedarse al margen.

La plutocracia de Bruselas ha reaccionado en su forma habitual, con prepotencia e irritación: "Eso obstaculiza a la UE para que adopte una posición unificada en cuestiones globales clave como la defensa del derecho internacional (sic) y los derechos humanos". Encantadora esa mención al derecho internacional cuando se lo comieron con patatas al bombardear Siria, o cuando se niegan a denunciar a EEUU ante la Organización Mundial del Comercio, o apoyan a Israel frente a las demandas palestinas reconocidas por ese derecho internacional que dicen defender, o...

Os he dicho y reiterado que la UE está muerta y lo que está ocurriendo no es más que la constatación de ello. Ya Hungría se negó a firmar una carta común contra China el año pasado y Grecia bloqueó una declaración de la UE contra China por sus movimientos marítimos en el Mar del Sur de China.

No lo han hecho con Rusia, por cierto, puesto que sí han apostado por mantener las sanciones otros seis meses más, pero sí están rebelándose por China. Y es que poderoso caballero es don dinero. Un dinero que no llega desde una UE en decadencia y que sí va a llegar desde la que es ya la primera potencia económica del mundo.

Los vasallos rebeldes no se han quedado callados ante la prepotencia de la plutocracia de Bruselas. Uno de los más parlanchines, el húngaro Orban, ha dicho de forma muy gráfica el por qué de la actitud de estos países con China: "Europa central necesita capital para construir nuevas carreteras y gasoductos [¿no es eso la Nueva Ruta de la Seda, entre otras cosas?]. Si la UE no puede proporcionar suficiente capital, simplemente lo cogeremos de China".

Fin de la Historia.

El Lince

miércoles, 4 de julio de 2018

No hay honor entre los vasallos

La Unión Europea está muerta, no es más que un zombi que intenta a la desesperada vivir de los sueños coloniales (ver el comunicado del G-7) a mayor gloria de un señor que desprecia a todos y cada uno de sus componentes.

Estamos a dos días del inicio de la guerra comercial que va a poner patas arriba el mundo, una guerra desatada por EEUU contra China, sobre todo, y contra el resto del planeta. El viernes EEUU impondrá aranceles exorbitantes a China y China responderá en igual medida. El principio del fin,

China no quiere de ninguna manera esa guerra, pero no la va a rehuir. Mientras, está haciendo todo lo que está en su mano para que no se produzca, pero los resultados no son sorprendentes. Ha buscado la alianza de la UE dentro de la OMC y no la ha conseguido. Ha buscado una alianza con la UE prometiendo abrir más su economía a las empresas europeas y ha recibido un portazo en la cara. Los países de la UE vuelven a demostrar que son buenos vasallos de su señor, aunque les apalee y escupa de forma permanente. A pesar de los aranceles sobre las exportaciones europeas y las sanciones contra las empresas automovilísticas europeas, ese zombi que es la UE sigue manteniendo su sumisión a EEUU y manteniendo el discurso del patrón sobre el intento de China de "dominar los mercados globales". Es más, no es en absoluto descartable que la UE de un pasito más y haga lo mismo que con Rusia: imponga sus propios aranceles a los productos chinos.

Occidente está herido de muerte y su hegemonía se está deshaciendo. occidente, sus muy democráticos valores, importan una mierda y son despreciados una y otra vez en el intento de evitar lo inevitable

El mundo está en vísperas del caos. La guerra comercial que se iniciará el viernes va a cambiar la percepción del mundo sobre el "orden" global hegemonizado por Occidente y va a acelerar el proceso de des-occidentalización. La globalización que con tanto ardor ha defendido Occidente tras la desaparición de la URSS ha provocado algo con lo que Occidente no contaba: el surgimiento de mercados emergentes como China o India, por ejemplo. Esto ha cambiado la correlación de fuerzas y lo que está ocurriendo muestra la desesperación de Occidente, que vuelve a intentar reescribir las reglas.

La moribunda UE no se alía con China contra EEUU aunque sí comparte la visión china de que los aranceles "causan una seria disfunción en el mercado y el sistema comercial global". Pero del dicho al hecho hay un trecho, que la UE se niega a recorrer. Por el contrario, otros países vasallos de EEUU como Japón y Corea del Sur sí se han acercado a China por el tema de los aranceles. Esto ocurrió el pasado día 1 en un encuentro de ministros de comercio de países asiáticos.

Que a nadie le queda duda alguna que China va a responder y que la guerra será sangrienta.

El Lince

lunes, 2 de julio de 2018

López Obrador y el parecido con Dilma

Jano era un dios romano de dos caras, el pasado y el futuro. Tal vez eso mismo se pueda decir de López Obrador, el flamante nuevo presidente de México.

Su triunfo ha sido arrollador, con independencia del porcentaje final que saque en todo el país y que ahora está en más del 53% con la mitad de los votos contados. No es probable que la tendencia disminuya mucho más ese porcentaje. Sin embargo, con ser interesante este dato queda empequeñecido con lo ocurrido en estados emblemáticos como Tabasco (81%), Chiapas (66%), Campeche (64%), Baja California y Baja California Sur (62%), Colima (58%)…

El apoyo social con que cuenta es de los que hacen época, y eso hay que hacérselo saber. Tiene todos los mimbres necesarios para realizar un cambio profundo en México. Otra cosa es que quiera, y digo "quiera" y no "pueda". Su partido ha ido en coalición con una formación de derechas y otra de izquierda. Pero lo más importante: los principales cargos de los que se ha rodeado en la campaña, y que muy probablemente le acompañarán en la presidencia, son o están vinculados al empresariado mexicano. Algunos de ellos son de lo más rancio, por mucho que ahora se autocalifiquen de "centro" y muestren su preocupación por las "desigualdades".

López Obrador ha recorrido el mismo camino que hizo Dilma Rousseff en Brasil, optando por ir de la mano con los empresarios. Y supongo que la historia de Dilma es conocida y cómo terminó. Pues bien, los de siempre, esos con los que ahora va de la mano, están a punto de aprobar en el Senado una Ley de Seguridad Interior que va a hacer posible que en México se recorra el mismo camino que en Brasil: el golpe interno para deponer a quien esté en la presidencia. Porque en México hay una guerra no reconocida contra la propia población y en la que la plutocracia se asienta para ir controlando más y más recursos geoestratégicos, dentro o fuera de las ciudades. Y la preocupación por la seguridad ha sido uno de los factores por los que la gente ha votado a López Obrador y a los candidatos de su coalición Juntos Haremos Historia.

López Obrador no es un revolucionario, es un reformista. No va a tocar prácticamente nada de lo que se ha hecho a nivel macroeconómico, sobre todo en cuestiones energéticas que comenzó a privatizar Peña Nieto. No es probable que se oponga al Tratado de Libre Comercio con EEUU y no hará nada que choque con EEUU en este ámbito aunque sí puede que lo haga con la emigración. Ese es un caballo de batalla fácil para unir a la gente.

Pero López Obrador ha devuelto, al menos momentáneamente, algo de aire a la progresía latinoamericana, prácticamente asfixiada por la ola neofascista que recorre el continente americano del norte al sur.

El Lince


viernes, 15 de junio de 2018

Explicando el mismo final de dos cuentos

Otra vez el alfa y el omega, el principio y el fin. El otro día no tuve tiempo de explicarlo, así que lo hago ahora con un cierto detenimiento. La Organización de Cooperación de Shanghái no es que sea el futuro, es que es el presente. El G-7 no es que sea el presente, es que es el pasado. Así de sencillo.

La cumbre del G-7 fue un desastre, la de la OCS fue todo un éxito. Las dos no hicieron otra cosa que presentar la realidad, algo que también reconocen las propias estructuras en las que se asienta el G-7 como el Fondo Monetario Internacional. Este gráfico es de abril y es mucho más clarificador que cualquier palabra.

Cuando se vive de sueños coloniales cuesta asumir la realidad. Pero es la que es y al igual que no se pueden poner puertas al campo, tampoco se puede evitar la decadencia. Occidente sabe que la eterna juventud no existe, aunque lleva unos cuantos años intentando resistirse a la idea. La hegemonía occidental es humo y en geopolítica tiene fecha de caducidad: el 2025. Todo lo que se está haciendo, por una parte y por otra, va en esa dirección. Unos, para acelerarlo; otros, para evitarlo. En el 2025 estará operativa la práctica totalidad de la Nueva Ruta de la Seda, con todo lo que eso conlleva y, especialmente, la desdolarización de la economía mundial. Ese es el fin de Occidente.

Los documentos que se aprobaron en las cumbres son totalmente antagónicos.

El G-7 (G-6, puesto que no firmó EEUU) es la reiteración de más de lo mismo: Rusia amenaza la seguridad del mundo, tiene que dejar de apoyar al gobierno sirio, tiene que dejar de apoyar al Donbás ucraniano..."Si sus acciones lo hacen necesario, también estamos dispuestos a tomar nuevas medidas restrictivas para aumentar el costo de Rusia", se dice textualmente. Es decir, sanciones pese a que son ilegales según el derecho internacional si no son impuestas por el Consejo de Seguridad de la ONU. Corea del Norte es mala, China "está impidiendo la libertad de navegación en el Mar de China" (sic), "el programa de misiles balísticos de Irán es una amenaza para la paz y la seguridad internacionales" (sic), "condenamos todo apoyo financiero para el terrorismo, incluidos los grupos terroristas financiados por Irán" (sic), y así casi hasta el infinito. Son los viejos tics coloniales que ya a nadie interesan ni asustan. No valen ni el papel en el que están impresos.

Por el contrario en la declaración de la OCS no hay ni una sola amenaza o condena a nadie, aunque sí hay un toque de atención: "la OCS se afirma como una autoridad única, influyente y autorizada de organización regional" cuyas tareas "se desarrollarán en la estrategia de desarrollo descrita hasta el año 2025". Es decir, la fecha emblemática para el fin de la hegemonía occidental. Y, al contrario que el G-7, con o sin EEUU, hay una firme apuesta por el derecho internacional: "La OCS defiende sistemáticamente la solución de las crisis en Afganistán, Siria, Oriente Medio y la península de Corea, así como otros conflictos regionales, en el marco de las normas y principios generalmente aceptados del derecho internacional". Nada de sanciones ni injerencias ni cosas parecidas.

Se firmaron 20 documentos conjuntos entre los asistentes. Para la gente profana diré que la OCS tiene 8 miembros de pleno derecho, 4 países observadores, 6 socios de diálogo, 5 invitados y 5 interesados (aquí merece la pena mencionar que, aunque sea el último escalón, pertenecen a esta categoría Siria, Egipto y Palestina, así como otro país problemático para India, como Bangladés, y Serbia). Entre esos documentos hay uno vital: el Plan de Acción para el 2018-2022 que implementará el Tratado de Vecindad a Largo Plazo, Amistad y Cooperación entre los Estados Miembros de la OCS. Esto va a ayudar a resolver el histórico enfrentamiento entre India y Pakistán, ahora los dos miembros de la OCS.

Es lo que los chinos llaman "las cuatro ces": confianza, comunicación, coherencia y no coacción. Comparad eso con el G-7 o G-6.

Tal vez lo más importante es la certificación de que la OCS se ha convertido en la "capa protectora" (sic) del Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras (BAII), que está en plena expansión, y se da "prioridad" a la Nueva Ruta de la Seda (el nombre oficial es "Un cinturón, una carretera"). Ante las reticencias de India, como os dije, para los días 25 y 26 de este mes se ha previsto una reunión del BAII (del que India es el segundo país en aportación de capital, después de China) en la ciudad de Mumbai.

Es por eso que el documento final de la OCS "hace un llamamiento a todos los países para que abandonen la obsoleta mentalidad de buscar alianza o confrontación, actuar según la tendencia de los tiempos, tratarse mutuamente como iguales, valorar las consultas y el entendimiento mutuo y explotar alianzas incluyentes y constructivas en lugar de enfocarse en un imaginado enemigo".

El G-7 sólo es otra prolongación de EEUU. Ninguno de los otros países que lo integran es soberano, son simples vasallos de EEUU. Si el patrón se enfada, nada de lo que allí se diga tiene relieve alguno. Ni siquiera aunque aparezca en documentos. Y si se quieren muestras, está el tema de los aranceles, y el de Irán, y el de... la OTAN. 

No es posible convencer por las buenas a los colonizadores de que su tiempo ha terminado, y me temo que tampoco a los colonizados que se niegan a descolonizarse o tienen miedo a esa descolonización. Como es el caso de la práctica totalidad de los pueblos europeos. La UE está muerta. Su rusofobia (la de los políticos, que no la de los empresarios: ejemplo, los alemanes con el gasoducto Corriente del Norte 2 que ha obligado a Merkel a aceptarlo) casi supera a la de EEUU. Ahí está el caso de la absoluta estupidez española acusando a Rusia de alentar el fenómeno independentista en Catalunya.

Por el contrario, la OCS es una suma de intereses y lo más importante: de estados soberanos. Tal vez se pueda discutir esta apreciación con Tayikistán, Uzbekistán o Kirguistán, y relativamente, pero no con el resto. Sobre todo porque tienen armas nucleares y eso es una garantía de casi todo. Rusia es un problema para la UE y para EEUU porque insiste en su soberanía. China, no digamos.

Hay dos puntualizaciones que hacer sobre lo que dijo Trump de que Rusia tenía que estar dentro del G-7 otra vez y si Rusia quiere o no estar en él. Ahora mismo, a Rusia le da igual. Putin, en su discurso en la OCS no hizo mención alguna al G-7, algo que hay que hacer notar. Dijo que las principales áreas de trabajo de Rusia son la ONU, la OCS, los BRICS y el G-20 (sic). El orden es importante.

Los pro-occidentales del Kremlin claro que quieren volver al redil (palabra que utilizo conscientemente, lugar donde se acoge al rebaño), pero no los euroasiáticos. Aunque lo interesante será ver cómo, por una parte, Trump quiere romper la alianza ruso-china (y por eso dice que Rusia tiene que volver al G-7, lo que da alas a los pro-occidentales) y cómo, por otra, los euroasiáticos del Kremlin dan cuerda a los pro-occidentales para intentar romper la alianza de la UE con EEUU.

Esto da para otra entrega, sin duda. Porque el problema aquí reside en la fantasiosa idea yeltsiniana de que Rusia necesita a Occidente para sobrevivir. Y servirá para dar entrada a una explicación del neoliberalismo imperante en el Kremlin y apoyado por Putin.

El Lince

miércoles, 13 de junio de 2018

Dos cuentos con un mismo final

Alfa y omega, el principio y el fin. O lo que es lo mismo: la Organización de Cooperación de Shanghái y el G-7. Las dos reuniones no han podido ser más clarificadoras de lo que está ocurriendo en el mundo. Lo nuevo y lo viejo, lo nuevo que está naciendo y lo viejo que está muriendo. Gramsci en estado puro.

Dos reuniones, dos cuentos. Un mismo final: la hegemonía occidental ya es (casi) historia. Hemos asistido a una muestra clara del cambio histórico en el "orden" global. Occidente se deshilacha con cada paso que da, como los zombis que van perdiendo carne con cada paso que dan, mientras que Eurasia muestra un nuevo camino de multipolaridad, buen hacer, pacifismo y cooperación sin grandes estridencias. Las ambiciones unipolares de Occidente -y ahí está el comunicado final que no firmó EEUU- que inevitablemente fomentan el conflicto porque conllevan injerencia con afanes hegemónicos por una parte y por otra la multilateralidad basada en la asociación y en la hegemonía de un poder que no se impone sobre los otros.

EEUU ha mostrado un desdén evidente por sus vasallos, ha optado por minimizar lo irrelevante y dar relieve a lo relevante (la reunión con Corea del Norte). No sé si habéis reparado en un hecho que pone, otra vez, de manifiesto qué está ocurriendo: Kim Jong-un y su delegación llegaron a Singapur en un avión chino, con la bandera china en su fuselaje. Algo más que un símbolo.

Europa ha mostrado su indignación por la actitud de Trump y, sobre todo, porque no firmase el comunicado final que no es otra cosa que un cúmulo de más de lo mismo: Rusia, sanciones, Siria, agentes químicos, Ucrania, Donbás… El G-7, creado hace 43 años, mantiene la ficción de entonces, cuando eso de "los países más industrializados del mundo" era cierto y su poder, también. Ahora no son una cosa ni tienen la otra, pero siguen actuando como si la realidad no fuese con ellos. Viven de los sueños coloniales sin tener en cuenta que ya nadie hace caso a un ente moribundo.

Por el contrario, la OCS hizo un alarde de unidad incluso en aspectos que cuentan con planteamientos enfrentados. Por ejemplo, entre China e India por cómo se debe enfocar la Nueva Ruta de la Seda que India ve con reticencia pero que eso no fue obstáculo para que este país firmase el documento final donde se vincula a la OCS con la NRS aunque los chinos, haciendo alarde de su tradicional sutileza, introdujesen en el redactado final que sólo incumbe a los países que apoyan "sin reservas" la NRS. Un guiño a India y una muestra de buen hacer muy alejado de las normas del G-7.

Aunque no fue discutida la incorporación de Irán a la OCS (pero sí se hizo hincapié en el apoyo al acuerdo nuclear mientras que está por ver si la UE lo va a hacer), sí se centró la cuestión en normalizar la relación entre India y Pakistán en lo que es el nuevo paradigma geopolítico de Eurasia: evitar cualquier conflicto en esa zona y entre países asiáticos. Estos dos países era la primera vez que participaban como miembros de pleno derecho de la OCS y han salido con nota.

OCS frente a G-7. Respeto a la diversidad cultural, confianza mutua y consenso para resolver las contradicciones versus "exclusividad moral y de valores" y gusto por la injerencia con quienes no les comparten (casi siempre, más débiles que el G-7). Diálogo en Oriente contra "orden" desde una posición de fuerza (o supuesta) por Occidente.

La hegemonía occidental ya no lo es más. Si hay alguna imagen que ilustra la historia de dos cuentos con el mismo final  es esta:


El Lince