lunes, 6 de abril de 2020

¿Es hora de morir?

Esa es la pregunta. Y tenemos dos opciones: morir tras haber salvado al sistema, al borde del precipicio por el coronavirus, o salvarnos nosotros.

Ahora que todavía estamos confinados os recomiendo que veáis, o volváis a ver, "Blade Runner", donde los replicantes son utilizados como esclavos -con intelecto y fuerza superior a los humanos- pero con vida limitada a los 4 años. Y quienes se rebelan son cazados, "retirados del servicio", eliminados por los "corredores de cuchillas", por los blade runner.

Pues ahí estamos. En un tiempo distópico y despótico en el que el sistema decide quién vive y quién muere -aunque queda en manos del coronavirus- mientras su preocupación son las fábricas, las empresas y no la gente y discute si hay que destinar dinero a la gente o a las empresas y en qué cantidades y durante cuánto tiempo. Mientras se invoca una normalidad perdida -que es el problema, porque de ahí ha llegado todo- y se pretende volver a esa "normalidad" (véase los nuevos "Pactos de la Moncloa") como si nada hubiera pasado aunque haciendo alguna reformilla.

Pasado o futuro. Nosotros somos los replicantes, los esclavos. Ellos son los blade runner, los cazadores. ¿Volveremos a estar perdidos en el tiempo neoliberal? ¿Nos limitaremos a llorar en la lluvia, donde las lágrimas se pierden entre todas las gotas de agua, ante todos los desmanes del neoliberalismo? ¿Es el "presente" donde queremos estar o invocaremos el futuro al que queremos ir (y en algunos países, regresar)?

¿Es hora de morir o de perseguir un sueño, otra vez: la utopía alcanzable que supone anteponer la vida a las ganancias?


El Lince

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